PÁGINAS COMPLEMENTARIAS

jueves, 23 de abril de 2026

1º DE MAYO DE 2026: FIESTA DE SAN JOSÉ OBRERO. DÍA DE LOS TRABAJADORES Y TRABAJADORAS: Celebración de la Eucaristía, el Sábado 02 de mayo, a las 19:30 horas. En Algeciras, Parroquia Ntra. Sra. del Carmen, Cl Patriarca Pérez Rodríguez, Nº 44. Presidida por el Obispo Administrador Apostólico D. Ramón Valdivia Jiménez.





Manifiesto 1º de Mayo 2026: Ante la exclusión, trabajo decente

En este 1º de Mayo, Día Internacional del Trabajo y fiesta de san José Obrero, las entidades que formamos la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente alzamos nuestra voz bajo el lema que guía nuestro compromiso este año: Ante la exclusión, trabajo decente”.

Constatamos con preocupación que el mundo del trabajo sigue siendo un espacio donde demasiadas personas quedan fuera, descartadas. El desempleo, la precariedad, los salarios insuficientes, la temporalidad abusiva, la siniestralidad laboral y el deterioro de la salud mental siguen marcando la vida de miles de trabajadores y trabajadoras.

Como nos recuerda el papa León XIV en su mensaje de Cuaresma de 2026, “la escucha del clamor de los oprimidos es el comienzo de una historia de liberación”. Queremos escuchar ese clamor que hoy se eleva desde quienes no encuentran empleo, desde quienes lo pierden con facilidad, desde quienes trabajan sin derechos suficientes y desde quienes aportan a la economía en condiciones de invisibilidad y miedo.

Afirmamos que el trabajo debe cuidar la vida de quienes lo realizan. Sin embargo, lo que podemos ver es una realidad distinta, que no podemos aceptar como inevitable: mueren 2 personas trabajadoras al día en accidentes laborales, lo que supone aproximadamente 700 personas al año en el puesto de trabajo. Detrás de cada muerte hay un rostro, una historia, una familia rota. Son personas trabajadoras que salieron a ganarse el pan y no regresaron. Son hogares que, además del dolor, deben afrontar largos procesos legales, sanitarios y psicológicos.

El papa León XIV ha advertido que los lugares de trabajo deberían ser espacios de vida, pero “con frecuencia se transforman en lugares de muerte y desolación”. Una sociedad que se acostumbra a estas muertes se degrada moralmente. Nadie debería perder la vida por ganarse el pan.

La precariedad también deteriora la salud mental, debilita la estabilidad familiar y dificulta la posibilidad de proyectar un futuro. Los riesgos psicosociales, la sobrecarga, la falta de desconexión digital o los efectos del cambio climático en determinados sectores exigen respuestas decididas.

Sabemos que cuanto mayor es la precariedad laboral, mayores son las consecuencias negativas derivadas de la misma. Por ello queremos visibilizar la realidad de las personas trabajadoras migrantes, que a menudo se ven obligadas a aceptar condiciones más duras y peligrosas. A esto se suma la crisis por la escasez de vivienda asequible, uno de los factores determinantes de la exclusión, más agravado si cabe en el caso de las familias migrantes.

No basta con lamentar estas situaciones. Reclamamos reforzar los mecanismos de inspección laboral, impulsar una verdadera cultura preventiva en las empresas y avanzar en la actualización de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, con un amplio acuerdo, para adaptarla a las nuevas realidades del trabajo.

Pedimos a las fuerzas políticas responsabilidad y altura de miras para alcanzar acuerdos que sitúen la vida en el centro. Exigimos a las empresas un compromiso firme con la seguridad y la salud de quienes trabajan.

Ante la exclusión, proponemos fraternidad. Queremos relaciones laborales basadas en los derechos, el respeto, la corresponsabilidad y el cuidado mutuo. Queremos escuchar a las víctimas y hacerlas protagonistas del cambio. Queremos una economía al servicio de la dignidad humana frente al afán de ganancia exclusiva que descarta y “mata”.

Este 1º de Mayo renovamos nuestro compromiso con el derecho a un trabajo decente que garantice condiciones justas, seguras y estables.  y nos comprometemos a seguir esforzándonos por construir una sociedad en la que se respete la dignidad de cada persona, independientemente de nuestro lugar de origen.

Ninguna persona debería perder la vida por ganarse el pan 

La iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente advierte de que la precariedad laboral deteriora la salud mental, debilita la estabilidad familiar y limita las expectativas de futuro

El mundo del trabajo continúa siendo un espacio de exclusión para miles de personas. El desempleo, la precariedad, los salarios insuficientes, la temporalidad abusiva y la siniestralidad laboral siguen marcando la vida de quienes trabajan o buscan empleo. A esta realidad se suma el deterioro de la salud mental y unas condiciones laborales que, en muchos casos, impiden desarrollar un proyecto de vida digno.

Con motivo del 1º de Mayo, Día Internacional del Trabajo y la festividad de san José Obrero, la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente (ITD) alerta de que demasiadas personas quedan fuera del sistema laboral o atrapadas en condiciones indignas e inseguras.

El trabajo no puede costar la vida

Bajo el títuloAnte la exclusión, trabajo decente, el manifiesto pone el foco en una de las expresiones más graves de esta realidad: la siniestralidad laboral. En España, mueren de media dos personas trabajadoras al día en accidentes laborales. “Detrás de cada muerte hay un rostro, una historia, una familia rota”, señala el texto.

El papa León XIV ha advertido que los lugares de trabajo deberían ser espacios de vida, pero “con frecuencia se transforman en lugares de muerte y desolación”. Una sociedad que se acostumbra a estas muertes se degrada moralmente. Nadie debería perder la vida por ganarse el pan.

Asimismo, la iniciativa advierte de que la precariedad laboral no solo afecta a las condiciones materiales, sino que deteriora la salud mental, debilita la estabilidad familiar y limita las expectativas de futuro. Factores como la sobrecarga de trabajo, la falta de desconexión digital o los riesgos derivados del cambio climático están incrementando los riesgos psicosociales.

Especial atención merecen las personas trabajadoras migrantes, que con frecuencia se ven obligadas a aceptar empleos más duros y peligrosos, así como la creciente dificultad de acceso a una vivienda digna, un elemento clave en los procesos de exclusión social.

Medidas urgentes frente a la exclusión

Ante esta situación, ITD reclama reforzar los mecanismos de inspección laboral, impulsar una cultura preventiva real en las empresas y avanzar en la actualización de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales para adaptarla a los nuevos desafíos del mundo del trabajo.

Asimismo, pide a las fuerzas políticas responsabilidad para alcanzar acuerdos que sitúen la vida en el centro, y exige a las empresas un compromiso firme con la seguridad y la salud de las personas trabajadoras.

“Ante la exclusión, proponemos fraternidad”, recoge el manifiesto, que apuesta por relaciones laborales basadas en los derechos, el respeto y el cuidado mutuo, así como por una economía al servicio de la dignidad humana.

En este 1º de Mayo, la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente renueva su compromiso con la defensa de un trabajo digno, con derechos, seguro y estable, como base imprescindible para una sociedad más justa e inclusiva.

CIFRAS DEL MUNDO DEL TRABAJO

  • Personas trabajadoras desempleadas: 2.477.100 (EPA 4T2025, enero 2026)
  • Tasa de paro: 9,93%
  • Personas trabajadoras activas: 22.463.300
  • Tasa de temporalidad: 12,4%
  • Trabajo a tiempo parcial: 452.000 personas trabajadoras. 419.500 mujeres, 35.500 hombres
  • Siniestralidad laboral con resultado de muerte: 735 personas trabajadoras (Ministerio Trabajo, Balance 2025)
  • Siniestralidad laboral de carácter grave: 4.650 personas trabajadoras
  • Siniestralidad laboral con baja: 620.386 personas trabajadoras
  • Siniestralidad laboral sin baja: 542.661 personas trabajadoras




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