«Todos empezamos hoy
un nuevo curso».
Los seres humanos somos procesos en permanentes cambios. Aunque cumplamos muchos años, nunca “estamos acabados” porque la vida nos sigue transformando constantemente. Cada experiencia modifica nuestra manera de pensar y de sentir; nuestros conocimientos siempre serán limitados y, cuanto más aprendamos, más descubriremos lo que desconocemos.
Nuestros deseos cambian. Lo que parecía importante a los veinte años deja de serlo a los cincuenta, a los ochenta y, mucho más, a los noventa. Si, aunque más lentamente, seguimos caminando, cambiaremos nuestras metas y también nuestra persona en sus diferentes aspectos. La perfección es una idea, no una realidad humana. Ser perfecto implicaría no tener errores, contradicciones ni límites, pero las imperfecciones forman parte de nuestra condición humana. Siempre existe la posibilidad de crecer, de desarrollar nuevas habilidades, de cambiar de opinión, de reconciliarnos con alguien o de descubrir una nueva forma de entender el mundo.
Heráclito expresaba esta idea diciendo que nadie se baña dos veces en el mismo río, porque el río cambia y las personas también cambiamos. De forma parecida, nunca somos exactamente los mismos de ayer. No estamos llamados a ser "perfectos y acabados", sino a estar en un proceso continuo de construcción. La riqueza de la vida no está en llegar a una versión final, sino en seguir transformándonos.
La idea central de Gilbert Simondon un filósofo francés, conocido por su teoría de la individuación, fuente principal de inspiración para Gilles Deleuze y para Bernard Stiegler, es que los individuos nunca somos proyectos definitivos, sino que nos vamos configurando mediante el proceso llamado "individuación". Reconozcamos que existe un potencial de posibilidades que nunca se realizan completamente, porque siempre queda un fondo sin desarrollar que da lugar a nuevas transformaciones y a seguir creciendo, y que, por lo tanto, nos seguimos construyendo y reconstruyendo a través de nuevas experiencias incluso durante la ancianidad. Nunca somos individuos acabados porque “ser humano” significa estar siempre en proceso de convertirnos en alguien nuevo. La identidad no es un punto de llegada, sino una dinámica en continua transformación. Todos empezamos hoy un nuevo curso.
Nuestros deseos cambian. Lo que parecía importante a los veinte años deja de serlo a los cincuenta, a los ochenta y, mucho más, a los noventa. Si, aunque más lentamente, seguimos caminando, cambiaremos nuestras metas y también nuestra persona en sus diferentes aspectos. La perfección es una idea, no una realidad humana. Ser perfecto implicaría no tener errores, contradicciones ni límites, pero las imperfecciones forman parte de nuestra condición humana. Siempre existe la posibilidad de crecer, de desarrollar nuevas habilidades, de cambiar de opinión, de reconciliarnos con alguien o de descubrir una nueva forma de entender el mundo.
Heráclito expresaba esta idea diciendo que nadie se baña dos veces en el mismo río, porque el río cambia y las personas también cambiamos. De forma parecida, nunca somos exactamente los mismos de ayer. No estamos llamados a ser "perfectos y acabados", sino a estar en un proceso continuo de construcción. La riqueza de la vida no está en llegar a una versión final, sino en seguir transformándonos.
La idea central de Gilbert Simondon un filósofo francés, conocido por su teoría de la individuación, fuente principal de inspiración para Gilles Deleuze y para Bernard Stiegler, es que los individuos nunca somos proyectos definitivos, sino que nos vamos configurando mediante el proceso llamado "individuación". Reconozcamos que existe un potencial de posibilidades que nunca se realizan completamente, porque siempre queda un fondo sin desarrollar que da lugar a nuevas transformaciones y a seguir creciendo, y que, por lo tanto, nos seguimos construyendo y reconstruyendo a través de nuevas experiencias incluso durante la ancianidad. Nunca somos individuos acabados porque “ser humano” significa estar siempre en proceso de convertirnos en alguien nuevo. La identidad no es un punto de llegada, sino una dinámica en continua transformación. Todos empezamos hoy un nuevo curso.
José Antonio Hernández Guerrero, reflexiona, semanalmente en nuestro “blog”, sobre las Claves del bienestar humano el sentido de la dignidad humana y el nuevo humanismo. Nos suele enviar también una reseña semanal sobre libros de pensamiento cristiano, evangelización, catequesis y teología. Con la intención, de informar, de manera clara y sencilla, de temas y de pensamientos actuales, que gustosamente publicamos en nuestro “blog”.
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