
«Mi carta a los Reyes Magos».
Os pido –queridos Reyes Magos- que me ayudéis a pensar, a explicar y a vivir el tiempo con el fin administrar lo mucho o lo poco que aún me quede. Me gustaría acertar a la hora de repartirlo y, sobre todo, de ser capaz de agradecerlo a todas esas personas que hacen posible que lo disfrute y lo aproveche. Me gustaría aprender a pensar, a administrar la vida con responsabilidad y a sentirla con libertad paladeando cada segundo con detenimiento.
Vamos a ver si soy capaz de comprender que el ocio es, además de descanso corporal un recreo espiritual mucho más que una moneda de cambio para comprar bienes materiales, objetos y servicios que, a veces, nos despojan de otros bienes más necesarios y más gratificantes como la libertad, la tranquilidad y la calidad de la vida humana. Creo que debería pensar más sobre lo que sucede a mi alrededor, en mi entorno cercano o en el mundo más allá de las fronteras familiares y geográficas.
Me gustaría aprender a escuchar y atender las llamadas de mi cuerpo un poco más cansado y de mi espíritu más despistado, que nos advierten los regalos que, a pesar de la edad, nos ofrece la vida cada día, los pequeños placeres, las llamadas de atención, las súplicas de quienes realmente nos quieren. Me refiero a esas llamadas que brotan descaradamente y se reflejan en las miradas de quienes conviven conmigo.
Vamos a ver si soy capaz de no alejarme de la vida ni de salirme de las sendas del compromiso y de la solidaridad, esas tareas que son las que realmente protegen y dan sentido a mis tiempos. Incluso me gustaría seguir sintiéndome hermanado con los animales, las plantas, los bosques, los océanos y con la atmósfera, como partes integrantes del ecosistema de mi propia vida. Por lo pronto, y antes de hacer nuevos proyectos concretos, me conformo con mostrar mi agradecimiento a esas personas próximas o lejanas en el tiempo y en el espacio, que han hecho posible mi vida y me han regalado tiempo, ideas, palabras, comprensión y ayuda.
Vamos a ver si soy capaz de comprender que el ocio es, además de descanso corporal un recreo espiritual mucho más que una moneda de cambio para comprar bienes materiales, objetos y servicios que, a veces, nos despojan de otros bienes más necesarios y más gratificantes como la libertad, la tranquilidad y la calidad de la vida humana. Creo que debería pensar más sobre lo que sucede a mi alrededor, en mi entorno cercano o en el mundo más allá de las fronteras familiares y geográficas.
Me gustaría aprender a escuchar y atender las llamadas de mi cuerpo un poco más cansado y de mi espíritu más despistado, que nos advierten los regalos que, a pesar de la edad, nos ofrece la vida cada día, los pequeños placeres, las llamadas de atención, las súplicas de quienes realmente nos quieren. Me refiero a esas llamadas que brotan descaradamente y se reflejan en las miradas de quienes conviven conmigo.
Vamos a ver si soy capaz de no alejarme de la vida ni de salirme de las sendas del compromiso y de la solidaridad, esas tareas que son las que realmente protegen y dan sentido a mis tiempos. Incluso me gustaría seguir sintiéndome hermanado con los animales, las plantas, los bosques, los océanos y con la atmósfera, como partes integrantes del ecosistema de mi propia vida. Por lo pronto, y antes de hacer nuevos proyectos concretos, me conformo con mostrar mi agradecimiento a esas personas próximas o lejanas en el tiempo y en el espacio, que han hecho posible mi vida y me han regalado tiempo, ideas, palabras, comprensión y ayuda.
José Antonio Hernández Guerrero, reflexiona, semanalmente en nuestro “blog”, sobre las Claves del bienestar humano el sentido de la dignidad humana y el nuevo humanismo. Nos suele enviar también una reseña semanal sobre libros de pensamiento cristiano, evangelización, catequesis y teología. Con la intención, de informar, de manera clara y sencilla, de temas y de pensamientos actuales, que gustosamente publicamos en nuestro “blog”.
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