
Los fardos de Pericón (1512):
«Un volumen excesivo».
Espero que este título no se interprete como censura a la obra de Javier Osuna sino, simplemente, como una muestra de la impresión visual que me han producido el volumen y el peso de su rigurosa y detallada investigación. Su título, además, ya lo declara palmariamente porque, como es sabido, la palabra “fardo” significa “carga grande”. Estas dimensiones, sin embargo, están plenamente justificadas por la calidad y por la variedad –por la “riqueza”- de las aportaciones artísticas de Pericón, un cantaor “singular” por la pluralidad de sus estilos flamencos y por la solidez de su riqueza humana.
Javier Osuna nos regala una exhaustiva cantidad de datos –todos ellos pertinentes y documentados- que él ha obtenido buceando en un extenso y profundo mar de obras repartidas por bibliotecas, archivos y hemerotecas. Desde las primeras páginas hasta el final de su dilatada relación de “fuentes bibliográficas” nos ilustra sobre la variada aportación humana y artística de Juan Martínez Vílchez a un modelo de cante flamenco que es “estrictamente” gaditano. La ductilidad, la exquisitez e, incluso, la gracia de su arte ha situado a Pericón en la cumbre de los más genuinos cantaores de este trozo de tierra, de mar y de cielo. Es comprensible, por lo tanto, que Fernando Quiñones lo definiera como “impecable tenor jondo”.
La densidad y extensión de esta obra, que contiene datos precisos y sugerentes aportados por Javier Osuna, muestra cómo el cante de Pericón se define como “esencialmente bello” por su manera de interpretarlo y de vivirlo. Nos descubre cómo era –sigue siendo- un cantaor que a armonizaba sus actividades vitales y artísticas, como el triunfo pleno de la autenticidad personal, como el cauce anchuroso de su intensa creatividad y como la plataforma poderosa de su fecunda expresividad emocional.
Su cante, su figura y su simpatía constituían la personificación de un culto sagrado a las genuinas raíces, a la fidelidad estricta a los cánones tradicionales y, al mismo tiempo, un compromiso irrenunciable para lograr que sus cantes poseyeran un sello diferente y un aire singular. Las alegrías, romeras, cantiñas y tanguillos conservadas en sus grabaciones reflejan su inconfundible personalidad definida por su justo compás y por la manera de cortar los cantes. Javier Osuna nos proporciona datos imprescindibles para comprobar cómo la gracia, la humanidad y el arte de Pericón son los tres rasgos definidores de su rica personalidad.
Javier Osuna nos regala una exhaustiva cantidad de datos –todos ellos pertinentes y documentados- que él ha obtenido buceando en un extenso y profundo mar de obras repartidas por bibliotecas, archivos y hemerotecas. Desde las primeras páginas hasta el final de su dilatada relación de “fuentes bibliográficas” nos ilustra sobre la variada aportación humana y artística de Juan Martínez Vílchez a un modelo de cante flamenco que es “estrictamente” gaditano. La ductilidad, la exquisitez e, incluso, la gracia de su arte ha situado a Pericón en la cumbre de los más genuinos cantaores de este trozo de tierra, de mar y de cielo. Es comprensible, por lo tanto, que Fernando Quiñones lo definiera como “impecable tenor jondo”.
La densidad y extensión de esta obra, que contiene datos precisos y sugerentes aportados por Javier Osuna, muestra cómo el cante de Pericón se define como “esencialmente bello” por su manera de interpretarlo y de vivirlo. Nos descubre cómo era –sigue siendo- un cantaor que a armonizaba sus actividades vitales y artísticas, como el triunfo pleno de la autenticidad personal, como el cauce anchuroso de su intensa creatividad y como la plataforma poderosa de su fecunda expresividad emocional.
Su cante, su figura y su simpatía constituían la personificación de un culto sagrado a las genuinas raíces, a la fidelidad estricta a los cánones tradicionales y, al mismo tiempo, un compromiso irrenunciable para lograr que sus cantes poseyeran un sello diferente y un aire singular. Las alegrías, romeras, cantiñas y tanguillos conservadas en sus grabaciones reflejan su inconfundible personalidad definida por su justo compás y por la manera de cortar los cantes. Javier Osuna nos proporciona datos imprescindibles para comprobar cómo la gracia, la humanidad y el arte de Pericón son los tres rasgos definidores de su rica personalidad.
[Javier Osuna García, 2026,
Los fardos de Pericón, (1512),
Cádiz, Diputación Provincial].
José Antonio Hernández Guerrero, reflexiona, semanalmente en nuestro “blog”, sobre las Claves del bienestar humano el sentido de la dignidad humana y el nuevo humanismo. Actualmente, nos envía también una reseña semanal sobre libros de pensamiento cristiano, evangelización, catequesis y teología. Con la intención, de informar, de manera clara y sencilla, de temas y de pensamientos actuales, que gustosamente publicamos en nuestro “blog”.
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