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jueves, 8 de enero de 2026

ORAR EN EL MUNDO OBRERO «BAUTISMO DEL SEÑOR» (11 de enero de 2026) ● CICLO “A”


Bautismo del Señor

08 enero 2026 | Por 

Con este domingo se acaba este tiempo de Navidad tan sorpresivo, desconcertante y muy preocupante: entre el inmenso agradecimiento a Dios por la Encarnación, los deseos de felicidad que se repiten hasta el aburrimiento, sí, hasta el aburrimiento… (no quiere decir que no sean sinceros…) y, por otra parte, nos nacen “los matones” que acaban con la teoría de Fukuyama del fin de la historia y renacen las interpretaciones más interesadas y “colonialistas” –quien lo iba a decir– y peligrosas de la doctrina Monroe; caro le va a costar a Venezuela (y al mundo) quienes “llamaron” al primo zumosol…

¡Perdón!, a lo que íbamos, tenemos ya el comienzo de la vida pública de Jesús, donde hay un principio de identidad clave: “este es mi Hijo amado, en quien me complazco” y una escenificación en continuidad con ese deseo de Dios de ser uno más, que es mensaje navideño por excelencia. En ese pasar por la historia, esa pequeña historia con sus días, sus caminos polvorientos, sus amigas y amigos, sus colonos y gente empobrecida, sus beatos, sus clasismos… en ese pasar por la historia –repito– tozudamente entrando por donde entraba toda su gente, sin privilegios, una vez más sin ese “sabes con quién estás hablando”, sin robar discipulado, y en la cola, como uno más –repito– para ser hundido, como penitente, en las aguas del Jordán por un profeta marginal… y sólo el Padre es capaz de recordar quién es, para que aprendamos a ser, a sentir como Él. Y no para arrodillarnos, tan de moda en estos tiempos, donde parece que la mejor forma de acercarnos a Él es desde los gestos de sumisión, todo un Dios que se “emperreta” en ser igual a nosotras y nosotros, y nosotros (aquí no vale el nosotras) que nos “emperretamos” en distanciarlo en función de determinados cargos o funciones* y es grotescamente visual en la liturgia unos (varones y curas) de pie en la consagración y en la comunión y otros diáconos y laicos, laicas de rodillas… y eso que ser bautizado o bautizada, se nos dice también en el documento final del sínodo, es la más alta dignidad (21)… y Él, “maestro y señor”, queriendo ser igual a nosotras y nosotros, hermanándose, invitándonos a ser amigos y no siervos (Jn 15,15)… El clericalismo que nace solo de la “potesta” (que –por cierto– está al servicio de la santidad de todo el pueblo de Dios… EG 104) es el mayor enemigo de la sacramento de la fraternidad del Reino la Iglesia, y esa ruptura la “sacramentalizamos” cada vez más en la liturgia y la convertimos en un espacio de visualización del poder, del clericalismo a base de gestos, ropajes y símbolos… cosas que se superaron después del Concilio y que así nos recordaba Antonio, el Obispo de Almería, en un artículo de Vida Nueva “Código de barras”**.


El Bautismo es el fundamento de la sinodalidad, son dos cosas que tenemos que poner de moda… (Sinodo DF 22).


* “Las funciones no dan lugar a la superioridad de los unos sobre los otros (u otras). De hecho, una mujer, María, es más importante que los obispos”. EG 104

** https://www.vidanuevadigital.com/blog/el-codigo-de-barras-antonio-gomez-cantero/


PD.: Tomen estas introducciones como “boutad”, “butades” de Jorge, me da “no sé qué” ;-De mandar el correo de forma fría… un gran abrazo y que el Espíritu Santo nos ayude a encauzar estos tiempos donde lo más importante es ser capaces de construir “la paz desarmada y desarmante”, y ejercer como Iglesia la profecía social, hasta mañana en el altar… Jorge




Del Evangelio de
san Mateo 3,13-17:

«Apenas se bautizó Jesús,
salió del agua y vio que
el Espíritu de Dios
bajaba sobre él».


Recuperar el Espíritu que se nos da en el Bautismo y la Confirmación es devolver a la Iglesia su fuerza creativa y vivir, sin miedo, sin complejos, el proyecto de Dios para este mundo, su reino, en el que cada uno de nosotros entrega su vida.

El Bautismo es una fiesta para introducir en el espacio de Dios, en los sueños de Dios, en el proyecto de Dios a una persona… que le va a llamar Padre, y que educamos para hacer todo lo posible para que esa paternidad sustente, genere fraternidad.



Tenemos que recuperar el orgullo de sentirnos bautizados, porque «no solo recibimos los dones de Dios, sino al mismo Dios trino y uno».

Y, por lo tanto, tratar a Dios como un auténtico Padre, como Jesús, y guiados por la fuerza del Espíritu hacer posible hoy, su sueño de fraternidad, por lo que Jesús dio la vida.

Somos esperanza de un Dios que sueña con que el nosotros, nosotras, de la fraternidad sirva para hacerle creíble a Él (Jn 17,21-23).


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«ORAR CON LA IGLESIA»

[Oraciones de y para la semana]

«PRIMERA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO»
Del
11 al 17 de enero de 2026.
● CICLO “A”

https://www.vaticannews.va/es/evangelio-de-hoy.html




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