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miércoles, 23 de noviembre de 2022

MARÍA MAGDALENA, por José Manuel Carrascosa Freire




María Magdalena.



A propósito del próximo día contra la violencia machista trató de expresar mi solidaridad con ellas y mi repulsa contra el trato y el maltrato dado a la mujer, lo cual ha sido una constante en toda la historia incluso en la Iglesia cristiana primitiva y reciente, aún condicionada por la ley judaica en los discípulos de Jesús de Nazaret. Por tal fin recojo unos textos que despiertan mi admiración por ellas a partir de una mujer seguidora de Jesús de Nazaret: María Magdalena.


María de Magdala fue una joven de un pueblo de pescadores de Galilea. Ella tenía el oficio de partera por lo cual era doblemente marginada, por su profesión y por ser mujer. Cuando ella se entera que un tal Jesús predica por aquella zona va a escucharlo, convirtiéndose pronto en seguidora suya. La Resurrección de Jesús resalta el papel de ésta, por ser una de las mujeres que contó que el maestro no estaba en el sepulcro. Pero ella antes ya realizaba labores de ayuda en la intendencia de Jesús y de sus discípulos en la predicación en Galilea.


Los Evangelios de Marcos, Mateo y Juan, la sitúan en el lugar de la crucifixión junto con María la madre de Jesús, el apóstol Juan y otras mujeres. La identidad de María Magdalena, como María de Betania y la “mujer quién fue una pecadora", fue establecida por el Papa Gregorio I en el año 591.


Tras la resurrección de Jesús, María Magdalena continuó difundiendo la palabra junto a otros apóstoles. Según la tradición oriental, Magdalena acompañó a Juan a Éfeso, donde murió y fue enterrada.


María Magdalena es un personaje bíblico fascinante que la Iglesia católica de los primeros años del cristianismo estigmatizó como prostituta arrepentida sin serlo, a pesar de que no había prueba sobre ello, esto quizá debido a los celos de los apóstoles, no olvidemos el rol que a las mujeres se le había concedido, tanto en la tradición como en la religión. Estaban marginada, sus vidas nada valía más que para casarse y dar hijos a su esposo, pero a Magdalena no se le conocía esposo, a pesar de qué tenía una buena posición económica que le permitió ayudar a Jesús y a los apóstoles en la misión por Israel. Pero esa sociedad patriarcal no iba a permitir la carismática espiritual como lideresa que la distinguirán los apóstoles masculinos.


Tras la muerte de Jesús de Nazaret los apóstoles se encontraban desorientados y tristes, pero María Magdalena los serena. En el evangelio apócrifo de María Magdalena datado entre el año 30-180 d. C. Pedro le dice a María Madalena:

“hermana, nosotros sabemos que El Salvador te apreciaba más que a las demás mujeres. Danos cuenta de las palabras del Salvador que recuerdes, que tú conoces y nosotros no hemos escuchado. María responde: lo que está escondido para vosotros os lo anunciare…”


Pedro y Andrés que no creyeron que tuviese una visión de Jesús se enfadaron con ella y Mateo salió en defensa de ella, diciéndole a Pedro 
[Sánchez Tostado. “María Magdalena pudo cambiar la historia"]:


“Pedro, siempre fuiste impulsivo. Ahora te veo discutiendo contra una mujer como si fuera un adversario. Sin embargo, si El Salvador la hizo digna, ¿quién eres tú para rechazarla?. Bien es cierto que El Salvador la conoce perfectamente; por esto la amó más que a nosotros. Más bien, pues, avergoncémonos y revistémonos del hombre perfecto portémonos tal como nos lo ordenó y prediquemos el Evangelio, sin establecer otro precepto ni otra ley fuera de lo que nos dijo el Salvador” [“Evangelio apócrifo de María Magdalena”. Fragmento griego].


“El relato de Juan contiene elementos históricos… que va mostrando cómo la comunidad de los discípulos fue tomando conciencia de la Resurrección del maestro. En este proceso de toma de conciencia parece que la primacía estuvo en las mujeres, en especial en María Magdalena, que fue llamada apóstol de los apóstoles en la antigüedad.


Los textos apuntan que es la Magdalena quien comenzó a tomar conciencia de la existencia de un misterio en la muerte de Jesús y guio a los dos apóstoles para que también tomaran conciencia de ese misterio. Las figuras de Pedro y de Juan, tienen un carácter altamente simbólico. Juan representa a la Iglesia carismática, Pedro a la Iglesia institucional. En el orden experimental es la de Juan la que tiene primacía (es la que más corre, es quien llega antes al sepulcro y de quien se afirma, ve y cree, en el orden social es Pedro quien tiene la primacía, por ello, deja Juan que entre primero al sepulcro, parece que es una muestra de reconocimiento y respeto social de su primacía institucional. Ambas dimensiones son necesarias en la Iglesia, los carismáticos que mantienen viva la experiencia y los que ejercen la labor institucional necesaria para poder percibir y transmitir el mensaje de generación en generación en medio de una sociedad hostil. Cuando la institución persigue a los carismáticos pierden la visión y enferma, cuando los carismáticos no respeta la labor de la institución, pierden la humildad y enferman de individualismo” 
[José A. Vázquez Mosquera].



Esta posición de la Iglesia sobre María Magdalena ha cambiado en la actualidad, sin embargo aún no se acepta su evangelio apócrifo por el liderazgo que tenía entre los apóstoles, muchos años de infundio sobre quien fue tan amada por Cristo, y llegó el momento en que se reconoce en ella el papel tan importante que tuvo la mujer en el seguimiento de Jesús de Nazaret en aquellos primeros año del cristianismo y que, a pesar del patriarcado en la iglesia, cómo fruta ya madura fue aceptada María Magdalena en la iglesia como Santa, la apóstol de los apóstoles. Y por deseo del papa Francisco, desde junio del año 2016 María Magdalena es “festejada” litúrgicamente igual que los demás apóstoles.


Esta figura de la mujer en la Iglesia cómo es la de Magdalena tiene que seguir dándose, no sólo por su ser mujer, cuidadora de Jesús y de los discípulos, también porque es la mujer la que tiene una especial capacidad y visión sobre la realidad humana que aportaría a la Iglesia un plus, un modelo de ser más parecido a Jesús de Nazaret. Más humano, más sensible, más humilde, más entregado, en definitiva: más constructor del Reino de Dios.


José Manuel Carrascosa Freire


José Manuel Carrascosa Freire, presidente diocesano de la HOAC (de 2014 a 2019), Representante de la HOAC en el Secretariado diocesano de Pastoral Obrera y Coordinador del Sector 2: «Paro, pobreza marginación y exclusión social generadas por el mercado de trabajo».