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martes, 13 de agosto de 2024

¡ADIÓS AL PADRE D. ANTONIO TROYA MAGALLANES! ¡POR SIEMPRE EN NUESTROS CORAZONES!


¡ADIÓS AL PADRE D. ANTONIO TROYA MAGALLANES!
¡POR SIEMPRE EN NUESTROS CORAZONES!


Con gran tristeza recibimos la noticia del fallecimiento de nuestro querido padre y pastor Antonio Troya Magallanes.


Hoy (13 de agosto 2024) tenemos que compartir la triste noticia del fallecimiento del P. Antonio Troya. En principio, el funeral será a las 17,00 aquí en la Prioral. Y presidido por el Vicario General, el P. Oscar González.


Esta tarde (13 de agosto), aunque está aún por confirmar, se trasladará su cuerpo al Tanatorio de Puerto Real. Ya os confirmo cualquier novedad.


CONFIRMADO: El velatorio es en el Tanatorio de Puerto Real, y el funeral mañana 14 de agosto en la Iglesia de San Sebastián de Puerto Real, a las 17 horas.  El cuerpo presente de Antonio, lo trasladan a la Parroquia San Sebastián a las 4 de la tarde mañana 14 de agosto.

Aleluya, el buen Padre ha llamado al cura sencillo que era Antonio Troya, fue amigo del los obreros, de la HOAC. Un abrazo en nuestro Señor Jesús.





Fallece el sacerdote Antonio Troya Magallanes,
a los 96 años, 
por José Antonio Hernández Guerrero




En Puerto Real, donde era hijo adoptivo y donde fue párroco de las diferentes parroquias durante quince años (1970 – 1985) acompañado de un equipo de varios sacerdotes, ha fallecido a los 96 años Antonio Troya. Era uno de esos creyentes que, por la coherencia de sus ideas, de sus palabras, de sus actitudes y de sus comportamientos, se inscriben en la tradición más evangélica de la historia de la Iglesia. En las palabras pronunciadas en la entrega del título de Hijo Adoptivo dijo, pronunciando cada palabra con singular énfasis, “Yo amo a Jesús de Nazaret, soy su discípulo, y quien me ha dado a Jesús ha sido su Iglesia”. Después, en varias ocasiones, nos fue explicando sus esfuerzos por reducir la fe a su médula más íntima y despojar de las adherencias que, con el paso del tiempo, se habían ido acumulando.


A sus amigos, compañeros y feligreses nos llamaba la atención su obstinada fidelidad al fondo de los evangelios, y, sobre todo, su capacidad para armonizar, en una sorprendente síntesis vital, las dos sendas que, a veces, se presentan como paralelas o, incluso, como divergentes: la contemplación y la acción. Su reflexión le empujaba al compromiso y su sentido de la trascendencia proporcionaba consistencia a su sensibilidad social. Aunque era respetuoso con la tradición, la interpretaba desde las claves que le suministraba la perspectiva actual. Poseía una fina sensibilidad para captar los signos de los tiempos y las condiciones de los lugares en los que, con su voz, hacía resonar la Palabra del Evangelio. Era consciente de la época y del lugar en que vivía y de las luchas que libraban conciudadanos en las diarias batallas de la subsistencia, de la inmigración, del paro, de la droga y de la marginación.


Antonio Troya era uno de los exégetas que, a mi juicio, mejor han calado en el fondo de los mensajes evangélicos y uno de los que lo exponían con mayor sencillez y lo explicaban con mayor claridad. Gracias a la observación reflexiva de la realidad y a la lectura evangélica de los sucesos cotidianos, iluminaba sus actividades con una perspicaz lucidez y, al mismo tiempo, las impregnaba de un intenso realismo. Su austeridad personal o, en otras palabras, su pobreza evangélica -paradójicamente rica y enriquecedora-constituía una llamada a la conciencia moral y una interpelación para todos los que, ansiosamente, sólo luchan por acumular bienes materiales. Su manera sencilla de vivir esa radical renuncia le proporcionaba una libertad y una credibilidad superiores a las que prestan las ínfulas presuntuosas y los títulos honoríficos. Era un servidor de sus hermanos que predicaba el perdón, la generosidad y la solidaridad.


Ha fallecido un hombre frágil de cuerpo y robusto de espíritu, modesto y compasivo, carente de afán de poder y de riquezas: un sacerdote en el que se concentraban los valores estrictamente cristianos. Que descanse en paz.


El velatorio es en el Tanatorio de Puerto Real, y el funeral mañana 14 de agosto en la Iglesia de San Sebastián de Puerto Real, a las 17 horas.

Fallece el sacerdote Antonio Troya Magallanes, a los 96 años – Diocesis de Cadiz y Ceuta (obispadocadizyceuta.es)

https://www.obispadocadizyceuta.es/2024/08/13/fallece-el-sacerdote-antonio-troya-magallanes-a-los-96-anos/


Puerto Real despide con cariño a Antonio Troya, hijo adoptivo y párroco durante 15 años - Puerto Real Hoy

https://www.puertorealhoy.es/puerto-real-despide-con-carino-a-antonio-troya-hijo-adoptivo-y-parroco-durante-15-anos/

OBITUARIO A ANTONIO TROYA PUBLICADO POR
JUANLU BOY GAVIÑO EN 'FACEBOOK' 

Desde hace algunos días tenía en cierta manera conocimientos de su delicado estado de salud, pues así me lo indicaban precisamente desde donde pasó sus últimos años de Vida, compartiendo y viviéndolo en la Residencia de Mayores "Joaquina de Vedruna", en la población donde gran parte de su Ministerio Sacerdotal ofreció durante tantos años un servicio Pastoral al frente de la Prioral de San Sebastián Mártir de Puerto Real.
El Padre Troya Magallanes llegó hasta Puerto Real en años precisamente difíciles y complicados, por aquellos entonces coincide entre otras muchas circunstancias con la Reforma Litúrgica del Vaticano Segundo, todo ello unido a un sin fin de despropósitos, inconvenientes para poder llevar a cabo tantas iniciativas, ideas, programas para seguir avanzando en una Evangelización por aquellos tiempos, lo que no cabe duda es que fue por muchísimas adversidades un Sacerdote Valiente, desafiando tempestades que junto a otros compañeros en el Ministerio por aquellos momentos le acompañaron y así ayudaron sin dejarlo solo en momentos algunos, fueron muchos aquellos compañeros verdaderos inseparables que así quisieron acompañarlos, muchos a buen seguro de los nuestros lo recordaran sin quizás necesidad para citarlos a Todos y cada uno de Ellos.
Indudablemente fue un hombre de bien como todo ser humano ante todo con las limitaciones para todos/as que la propia Vida nos ofrece, con Él compartí muchas vivencias en la fe cristiana, sin descartar por si puesto discusiones en momentos puntuales, pero aún puedo decir simplemente a forma de anécdotas guardo con cierto recelo, Convocatorias, Actas de Aquellos Consejos Pastorales en la Parroquia de San Sebastián, yo siendo evidentemente por aquellos entonces muy joven, representando al Grupo de Jóvenes de mi hermandad.
Hoy parte Padre Troya para otros horizontes, esos que con tu vida en la Tierra te ganaste para la bien aventurada del Padre Celestial, hasta hace pocos meses tus homilías las cuales me consta difundidas y guardabas con recelo seguirán teniendo al menos cierta respuesta entre los Que aquí nos quedamos para entre otros menesteres al menos algo ir sembrando
(q.e.p.d.) Rvdo. Padre.
Que Nuestra Señora siempre bajo sus distintas advocaciones interceda por Siempre ante el Padre Celestial.-

 
PORQUE TÚ ME HICISTE MEJOR PERSONA

Porque tú me hiciste mejor Persona
Siempre me contabas con una bella sonrisa lo guapa y lo buena que yo te parecía de pequeña cuando venias a visitarme con la abuela María y me encontrabas relajada y entretenida jugando en mi cunita.

Disfrutaba las vacaciones junto a ti y tu mama los veranos plácidos en las Mogarizas donde yo ya empezaba a crecer y aprender mis primeras lecciones de ti.

Porque tú me hiciste mejor Persona
Este lugar sagrado, tu casa por tantos años la visité tantas veces porque tu estabas aquí, porque yo en mi poca sabiduría infantil pensaba que este lugar era tuyo y me permita entrar y salir de el a mi antojo, buscarte en la sacristía y hacerte travesuras que tú me reprendías con mucho amor y paciencia.

Porque tú me hiciste mejor Persona
Así comenzaron mis primeras experiencias de vida contigo, así comencé a admirarte. Iba creciendo mi cuerpo y mi admiración por ti a la vez.

Observando como te entregabas a los demás con carácter y vocación.

Porque tú me hiciste mejor Persona
Mi mamá que es tu prima a la que tu familia acogió en vuestra casa desde muy pequeña al quedarse huérfana de padres, te siente como un hermano y así os habéis tratado siempre.

Ella hoy no está capacitada para un Hasta luego primo como ella hubiese querido darte pero tú sabías cuanto os queríais y yo lo confirmo. Y Vengo en su nombre Y también darte las gracias.

Las gracias por las llamadas a casa cada día para saber de su estado.

Las gracias por tu esfuerzo de ir a despedirte de ella a pesar de tu impedimento para caminar y existir una barrera arquitectónica entre vosotros.

Porque tú me hiciste mejor Persona
Que en los años que hemos coincidido en este mundo nunca te vi un mal gesto, una palabra fea ni un comentario negativo hacia nadie.

Que siempre me recibías con una sonrisa cuando te visitaba y ensaltabas lo guapa que yo te parecía

Yo... Te respondía:

Guapo Tú

Que te quiero mucho

Y te sonrojabas

Porque tú me hiciste mejor persona
Desconocía la información de tu partida y no he podido despedirme de ti como yo hubiese deseado.

Realidad que me tiene desconcertada y muy dolorida pero tus recuerdos y ejemplos de vida me ayudará para transformarlo en positivo y acordarme de ti con una sonrisa permanente en mi rostro.

Dios te bendiga y te acoja en su gloria como tú lo acogiste a Él en tu corazón.

Porque tú, tú nos has echo a todos los que se han cruzado en tu camino mejor Persona.

Gracias tito. Te quiero


Isabel María Cárdenas,
sobrina de Antonio Troya






Antonio Troya Magallanes, nace en San Fernando (Cádiz), el 28 de diciembre del año 1927, un cura al que a muchos nos ha alegrado conocer y a los que a muchos nos ha dejado una gran huella de humanidad. Fiel defensor del Concilio Vaticano II, su labor pastoral y su compromiso evangélico y social chocó con una sociedad autoritaria y caciquil. Y parte a la Casa del Padre el 13 de agosto de 2024, a los 96 años.





Fallece el sacerdote Antonio Troya Magallanes, a los 96 años (diariodecadiz.es)








Acabo de recibir la noticia de la muerte del Padre Antonio Troya Magallanes. Tuve la suerte de conocerle, fue Párroco de San Paulino aquí en Barbate. Un cura con olor a oveja, comprometido con los pobres, con todo tipo de pobreza, con tantas pobreza de nuestra sociedad. Su actividad inagotable, su cercanía, su mensaje social en una iglesia diocesana en estos momentos tan perdida de sus objetivos. Era muy mayor dirán algunos, y es cierto, pero no menos cierto es que su pérdida es grande. En estos momentos estamos muy necesitados de calidad humana y evangélica. Recuerdo con mucho cariño aquella tarde con Juan Piña en San Fernando, hablando del devenir de nuestra Diócesis, de la juventud y de vuestras experiencias. Descansa en paz Antonio, ya en la presencia del Padre. (Paqui Amores)
Presencia del Evangelio que deja una huella profunda en los que han vivido a su lado. Hasta sus últimos días en la residencia Vedruna de Puerto Real, una vida de entrega. El abrazo de Dios Padre ha sido fuerte y 'apretao'. Descanse en paz. (Mame Baturone Dominguez)
Antonio Troya, el llamado " cura rojo" nos ha dejado. Toda una generación de curas obreros y comprometidos con la realidad social y las situaciones de precariedad y pobreza se ha ido, pero nos han dejado el ejemplo inequívoco de que el Evangelio de Jesús Nazaret solo se puede vivir plenamente desde el compromiso con el prójimo, especialmente con los más pobres y vulnerables. (Paco González Álvarez)
Él se llevó el afecto y reconocimiento de los que lo conocieron, a la vez que el dejó una huella como persona, como sacerdote imborrable, por lo que será recibido con todo el amor por el Creador. Descanse en Paz. Que el Señor le dé el descanso eterno. (Manuel Pinedo Mota)
Un gran hombre, siempre al servicio de los que lo necesitaban. Merece un agradecido recuerdo. (Manuel Ruiz Martínez)
De mi relación con él guardo un recuerdo imborrable. Descanse en paz. (Juan José Iglesias Rodríguez)
D.E.P., y que Dios lo acoja en su gloria. Gran sacerdote y gran persona. (Eduardo Gutiérrez Ramírez)
Descanse en la paz del Señor. Este gran sacerdote me dio la Primera Comunión. Lo echaré mucho de menos. (Francisco Javier Cerezo Benitez)
Hoy el mundo sonríe un poco menos, un cura obrero y grande, ojalá sientas todo el cariño que has originado. DEP. (Andres Sainz Fernandez)
Una gran pérdida, lo siento mucho. Le recuerdo con mucho cariño y admiración. (Bárbara Shunyi)
Lo recuerdo de pequeña cuando estaba en Medina durante nuestras catequesis. D.E.P. (Ana Sánchez Gonzalez)
Lo recordaremos siempre estuvo de sacerdote en Medina fue una muy buena persona... (Juani Gomez Marchante)
No tuve la oportunidad de relacionarme con el, Pero se lo querido que ha sido para muchísimos Puertorealeñ@s, por algo será!!! Padre Troya, Descansa en Paz. Y a ti Isabel María, mi más sentido Pésame!!! Has escrito un relato precioso, has conseguido emocionarme!!! DEP. El Padre Troya. (Tirso Calvo Manso)






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Antonio Troya Magallanes, perfil sacerdotal (Pág. 23), por JAHG:
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Antonio Troya Magallanes, 2 octubre 1976

Antonio Troya Magallanes, 2 octubre 1976


lunes, 1 de noviembre de 2021

CONMEMORACIÓN DE TODOS LOS FIELES DIFUNTOS (02 de noviembre de 2021), por
Antonio Troya Magallanes




CONMEMORACIÓN DE TODOS LOS FIELES DIFUNTOS
(02 de noviembre de 2021)





Rom 8,31b-35.37-39;
Sal 114, 5.6.115,10.11.15-16;
Jn 17,24-26

Introducción: La felicidad de cielo consiste en el amor.


El evangelio está tomado del sermón de la cena, que es como el testamento de Jesús abierto a la consideración del Padre eterno. A éste le hace una petición que revela al mismo tiempo su confianza con el Padre y su amor a los hombres. Le dice sencillamente que quiere que los suyos –sus amigos– estén con Él en la gloria y que allí participe de la felicidad con que Él se verá colmado en el cielo. Pero de alguna manera revela en qué consiste esa felicidad: que el amor que el Padre le tiene a Él colme también a sus amigos ya que Él estará personalmente en ellos. Habrá, pues, una comunión íntima entre el Padre que ama, el Hijo, que pondrá su morada en los hombres y éstos, que serán el objeto del amor de ambos: ser amados de Dios y amar intensamente a Dios ¡qué mayor felicidad! Esto es lo que hoy, día de los difuntos, están gozando los que se han ido; esto es lo que nosotros podemos ya pregustar, porque es lo que nos toca.


1. Las posibilidades que tenemos de ir al cielo.

Pero ¿llegaremos nosotros al cielo? San Pablo nos ha querido desvelar las posibilidades que tenemos. Nos dice que el Dios Padre que entregó a su Hijo a la muerte ¡por nosotros! ¿cómo no nos va a dar todo con él?. Y en este todo entra la salvación eterna. Pablo monta una especie de juicio en el que el Padre es el fiscal y Jesús el que preside. El fiscal es el que acusa, pero, ¿cómo nos va a acusar el que nos ha lavado con la sangre de su Hijo amado? El presidente es quien condena, pero ¿cómo puede condenarnos quién ha entregado su vida en tormentos para salvarnos? ¿cómo pronunciará una sentencia condenatoria quien día y noche está intercediendo ante el Padre, y mostrándole sus llagas, para alcanzar nuestra salvación?. De aquí lo que se deduce es que tenemos que tener muchas ganas de condenarnos para que lo consigamos, ¡y no tenemos ninguna!. La salvación está conseguida –la consiguió Jesús en la cruz– y nosotros, buscando participar de los frutos de la cruz imitando en nuestra vida al crucificado, la obtenemos; hay que ser muy desastre para perderla. Por tanto, ya desde hoy, día de los difuntos, podemos recrearnos como si ya la poseyéramos, podemos recrearnos con la compañía de aquellas personas queridas por las que hoy ofrecemos la misa y nuestras oraciones. Por lo que nos dicen las Escrituras hay más posibilidades de salvarse que de condenarse; y todo, porque Alguien tomó la delantera y pagó por nuestros pecados, sufriendo lo que a nosotros nos tocaba: se adelantó y ocupó el puesto que nos estaba reservado para purgar nuestros delitos, que no era otro que el infierno eterno.


2. El Dios amor engendra a un Hijo que es el Amor infinito.

En este asunto podemos, y debemos, pensar en nuestros pecados, que no son pocos; pero debemos sobre todo pensar en un Dios Padre que entregó a su Hijo a la muerte para que no se pierda ninguno de los que creen en Él, sino que tengan vida eterna; y ¿cómo no? en un Hijo Dios que ocupó el puesto que nosotros merecíamos, para que nosotros ocupáramos el que a Él le corresponde como Dios y Señor. Un Dios así no hay por donde cogerlo: sólo merece amor y acción de gracias. Este es el consuelo con que nos regala hoy cuando recordamos a los que se fueron.


Conclusión: La presencia de la salvación en medio de la comunidad celebrante.

Y para hacernos más fácil la fe ha querido confirmarla con su presencia real en medio de la comunidad que celebra la Eucaristía: y no sólo se hace presente Él, hace también presente el sacrificio por el que consigue para todos los hombres la salvación eterna. Hoy mismo lo estamos celebrando gozosos por aquellos que se fueron.



Antonio Troya Magallanes, nace en San Fernando (Cádiz), el 28 de diciembre del año 1927, un cura al que a muchos nos ha alegrado conocer y a los que a muchos nos ha dejado una gran huella de humanidad. Fiel defensor del Concilio Vaticano II, su labor pastoral y su compromiso evangélico y social chocó con una sociedad autoritaria y caciquil.


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SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS (01 de noviembre de 2021), por Antonio Troya Magallanes




SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS
(01 de noviembre de 2021)





Introducción: Todos los Santos.

¿Quiénes son los santos?. Los que habitan con Dios en el cielo. Pero, ¿podríamos penetrar siquiera sea un poco que es eso del cielo?. San Juan en la segunda lectura nos ha querido dar un camino para llegar. Nos dice que por el amor que Dios nos tiene nos ha hecho hijos, pero en seguida aclara que ahora no somos reconocidos como tales. Y afirma tajantemente que un día, cuando veamos a Dios cara a cara, se descubrirá ante todos que ¡somos semejantes a Él!. Luego estar en el cielo es antes que nada ser semejantes a Dios. ¿Habéis pensado la luz y la gloria que irradiaríamos si cada uno de nosotros es semejante al Dios vivo?. Y, ¿qué felicidad no sentiríamos dentro de nosotros si esa felicidad se parece, al menos, a la que experimenta el Dios Altísimo?. Pues ya podéis prepararos para vivirlo, porque sois vosotros, los hijos de Dios, quienes habéis sido llamados a compartir su gloria y su felicidad.


1. La multitud de los salvados que a una alaban al Dios trino.

Hablamos de hijos, pero Dios sólo tiene un Hijo, y ése sí que comparte su gloria desde toda la eternidad. Pero ese Hijo ha querido ofrecer su vida al Padre para que nosotros, pecadores, fuésemos hecho también como Él, hijos de Dios y hermanos suyos; y el Padre la ha aceptado gustosamente porque nos ha amado desde toda la eternidad, y la desobediencia de los hombres no agotó ese amor, aunque sí la posibilidad de que nosotros participáramos de su felicidad; la oblación de su Unigénito restableció las cosas dejándolas como fueron en un principio. Por la fe y el bautismo –en la Iglesia– fuimos lavados con la sangre de Cristo y restituidos, por tanto, a la dignidad de hijos. Y ese bautismo es el que nos ha hecho miembros de Cristo, porque la realidad “Cristo” no se acaba en su naturaleza humana unida a la divinidad, sino que se extiende a todos cuantos por el bautismo fuimos hecho miembros de la Iglesia y, por tanto, miembros de Cristo. Eso tampoco es ahora visible, pero después de nuestro paso por este mundo nos veremos atados a Cristo como los miembros del cuerpo se atan todos a un mismo cuerpo con lo que estaremos capacitados para amar a Dios con un amor indecible, con el que también nos amaremos unos a otros. En definitiva, seremos una misma cosa con Dios.


2. Una muchedumbre inmensa que nadie podía contar.

Esta es la realidad que viven los que llamamos santos, que no son solamente quienes han sido reconocidos oficialmente por la Iglesia, sino otros muchísimos que durante su vida terrena amaron a Dios y al prójimo, no de palabra, sino de obra, y han sido acogidos en su muerte por la imponderable misericordia del Padre, de nuestro Padre Dios, que en su benignidad acepta la eficaz intercesión de su Unigénito. Éstos son los que veneramos hoy, sin olvidarnos de otros, no escasos, que todavía viven en la tierra, pero están ya destinados por su vida a ocupar un lugar en compañía de los ya salvados. ¡Qué fiesta tan grande, tan hermosa!. En la liturgia de hoy escuchamos también la receta para la santidad ¡para el cielo!. Son las bienaventuranzas que no sólo se dirigen a los pobres y sufridos, sino también a los que trabajan por mitigar la pobreza y el sufrimiento de modo que con la colaboración de todos, este mundo llegue a ser el Reino de Dios. Un mundo en el que todos puedan vivir como hijos de Dios y todos, unos a otros, respetemos la inmensa dignidad con que Dios nos ha enriquecido al hacernos a su imagen y semejanza y destinándonos desde la creación a gozar por siempre de su compañía: destino que perdimos por la desobediencia, pero que nos fue restituido por una obediencia mucho más valiosa, la del Hijo único encarnado, que obedeció al Padre hasta entregar su vida entre terribles tormentos por la salvación de los siervos.


Conclusión: La Eucaristía, avance del cielo.

Ahora vamos a vivir por unos momentos el cielo en la tierra: Jesús va a borrar en esta Eucaristía nuestros pecados con su sangre, el Padre bajará para recibir el ofrecimiento de su Hijo, y el Espíritu Santo, que convertirá el pan de nuestra mesa en su cuerpo nos unirá a Jesús y con Él, unos con otros, formando con Él un solo cuerpo.



Antonio Troya Magallanes, nace en San Fernando (Cádiz), el 28 de diciembre del año 1927, un cura al que a muchos nos ha alegrado conocer y a los que a muchos nos ha dejado una gran huella de humanidad. Fiel defensor del Concilio Vaticano II, su labor pastoral y su compromiso evangélico y social chocó con una sociedad autoritaria y caciquil.


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sábado, 30 de octubre de 2021

DOMINGO TRIGESIMOPRIMERO DEL TIEMPO ORDINARIO (31 de octubre de 2021),
por Antonio Troya Magallanes




DOMINGO TRIGESIMOPRIMERO
DEL TIEMPO ORDINARIO
(31 de octubre de 2021)





Introducción: Lo que es importante para poseer el Reino.

Podemos devanarnos los sesos, como hacían los letrados del tiempo de Jesús para descubrir cuáles son los preceptos más importantes de la ley. Pero no es necesario, porque ya Jesús nos da resuelto el problema. A aquel letrado, hombre de buena voluntad parece, que le presenta el problema le responde con toda claridad: El primero es “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma…” y el segundo “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Y remacha: “No hay mandamiento mayor que estos”. Está claro ¿no?. Ya puedes ir a misa los domingos, observar la abstinencia en cuaresma, guardar la castidad, no mentir… cosas todas muy importantes, pero ¡no son las primeras!. Todo esto hecho sin amor nada vale, el amor solo –a Dios y por Él al prójimo– es suficiente para poseer el reino preparado desde la creación del mundo (Mt 25,34). Es desdichado que nos perdamos en tantas cosas cuando nos enseñan tan claramente cuáles son la que importan.


1. Lo que encierran sólo dos mandamientos.

Claro que éstas tan importantes encierran como en una cajita mágica todas las demás, porque ¿quién adorará un ídolo si ama al Dios vivo y verdadero con todo su corazón? ¿quién matará a un hombre si lo quiere como a sí mismo? Y así podríamos ir examinando todos los preceptos de la ley. Estos dos preceptos parecen lo más sencillo del mundo, pero encierran tela. Sólo el cumplirlo nos harían hombres o mujeres distintos a lo que ahora somos; y, si fueran todos los hombres y mujeres quienes los cumplieran, haríamos una sociedad distinta: en la que no habría pobres ni marginados, en la que todos pudieran gozar de la alegría de vivir, en la que nadie careciera de la dignidad que corresponde a hombres creados por Dios para gozarse eternamente con su compañía. Esto es, haríamos realidad ese Reino de Dios que Jesús anuncia en toda su predicación. Y Dios ¡estaría tan contento con nosotros! No haría más que mandarnos gracias y favores, no habría petición alguna que no fuera escuchada. ¡Qué felicidad!. No nos atrevemos ni a imaginarla. Y todo por cumplir, no diez, sino sólo dos mandamientos.


2. Dos mandamientos que se funden en UNO.

Y digo sólo dos, pero a Jesús le parecen demasiados y al final de su vida los reduce a uno ¡uno solo!. Que reza así: «Amaos los unos a los otros como yo os he amado» (Jn 15,12). ¿Es que Jesús se ha cegado tanto con el amor a los hombres que se ha olvidado hasta de Dios? Nada de eso; es que sabe que amar a los demás como Él los ha amado, los ama, y los amará, no es posible sin un fuerte amor a Dios. Dejarse la vida en la cruz, que es lo que va a hacer, no puede ni entenderse sin un amor tan grande a Dios, que se refleje en quienes Él ha creado a su imagen y semejanza y por cuya salvación no ha dudado en entregar a la muerte a su Hijo único. Es que el amor al hombre en lo más íntimo de su ser no es otra cosa que amor a Dios.


Conclusión: El compromiso de comulgar.

Pero esto es muy difícil. Ya lo sabía Cristo, por eso nos hace tragarnos su entrega amorosa a los hombres que le lleva a la cruz ¡cuando comemos la hostia consagrada!. En ella va escondida la pasión y muerte del Señor, y comerla es comprometernos a entregarnos con Él al servicio de los hermanos.



Antonio Troya Magallanes, nace en San Fernando (Cádiz), el 28 de diciembre del año 1927, un cura al que a muchos nos ha alegrado conocer y a los que a muchos nos ha dejado una gran huella de humanidad. Fiel defensor del Concilio Vaticano II, su labor pastoral y su compromiso evangélico y social chocó con una sociedad autoritaria y caciquil.


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sábado, 23 de octubre de 2021

DOMINGO TRIGÉSIMO DEL TIEMPO ORDINARIO Domingo del DOMUND (24 de octubre de 2021),
por Antonio Troya Magallanes




DOMINGO TRIGÉSIMO DEL TIEMPO ORDINARIO
Domingo del DOMUND (24 de octubre de 2021)




Introducción: Los misioneros encienden en los hombres la luz de la fe.

Hoy celebramos el Domingo Mundial de la Propagación de la fe, vulgarmente el DOMUND. Y la liturgia de hoy nos presenta al Gran Misionero, Cristo Jesús. El ciego Bartimeo puede representar al pueblo que busca a Dios sin verlo: está al borde del camino, pero no anda por él, pide limosna, porque necesita saciar su hambre, su ceguera le impide ver la luz. Pero la luz pasa a su lado, él la intuye y comienza a gritar, porque algo de esperanza anida en su corazón. Tiene muchos inconvenientes para llegar a ella, porque la gente le manda callar, pero confiado grita más fuerte. El Gran misionero lo llama para que se acerque a Él, y escuchada su petición comienza por solucionar su problema material, da luz a sus ojos para que vean la luz del día, pero abre su corazón a la fe. Y el que era ciego y estaba sentado al borde del camino, ahora camina por él siguiendo a Jesús. Esta es la labor de nuestros misioneros –sólo de la diócesis de Cádiz y Ceuta son 48–: los instruyen para que puedan sacar para su sustento cultivando la tierra, curan sus enfermedades y los enseñan a vivir como personas. Pero su ayuda no se queda en eso: le abren los ojos para que conozcan al Salvador y le sigan. Y emprenden su marcha por el nuevo camino que Jesús les ha mostrado: se hacen cristianos. Y la Iglesia crece con sus nuevos miembros.


1. La misión ad gentes obra de la Iglesia toda.

Pero la evangelización es labor de la Iglesia. Por eso Jesús, el Gran Misionero, no anuncia le fe sin la palabra de los misioneros, y los misioneros no la pronuncian sin saber que detrás de ellos está una cantidad ingente de fieles que oran al Padre para que ese anuncio abra a la luz los ojos ciegos de los infieles. Ahí está la razón por la que todos ¡todos! somos misioneros. La misión es proclamar el kerigma cristiano: Jesús muerto y resucitado; pero lleva consigo el levantar a los no creyentes de su vida de pobreza proporcionándoles el modo de vivir de su trabajo. Y para eso hacen falta medios materiales: dinero. Por eso la misión de los creyentes tiene dos partes: rezar para que sea fructífera la predicación de los misioneros y aportar fondos para que puedan ejercer con ellos la caridad cristiana enseñándoles y dándoles medios para que vivan dignamente. El Gran Misionero primero abre los ojos al ciego, y a través de esa acción les da a conocer el Dios misericordioso que se ocupa de las necesidades de sus hijos. Proclamar la Palabra sin mostrar con hechos la caridad es desautorizar la misma Palabra que se anuncia. El Día del DOMUND pretende excitar a todos los fieles cristianos para hacerse misioneros primero con la oración, pero también cooperando con sus bienes a la misión.


2. Nuestros frutos del DOMUND.

Por eso hemos de sacar de esta celebración dos frutos muy importantes: el primero, sentirnos profundamente misioneros; el segundo cooperar seriamente con los que en nombre de todos nosotros llevan la Palabra de vida a los infieles con una intensa oración –a ser posible comunitaria– y cooperar generosamente para que la acción de los misioneros no se vea impedida por falta de medios materiales.


Conclusión: Imitando al Gran Misionero.

Y como ejemplo de vida no tenemos otro que a Jesús, quien por comunicar la Palabra de Vida no sólo bajó de los cielos a anunciarla personalmente, sino que entregó su vida como oración que la hiciera eficaz. Anunciemos nosotros la Palabra a nuestro alrededor y cooperemos con nuestra oración y nuestro óbolo con quienes la anuncian en lejanas tierras. Esto nos recuerda la Eucaristía que celebramos.



Antonio Troya Magallanes, nace en San Fernando (Cádiz), el 28 de diciembre del año 1927, un cura al que a muchos nos ha alegrado conocer y a los que a muchos nos ha dejado una gran huella de humanidad. Fiel defensor del Concilio Vaticano II, su labor pastoral y su compromiso evangélico y social chocó con una sociedad autoritaria y caciquil.


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domingo, 17 de octubre de 2021

DOMINGO VIGESIMO NOVENO DEL TIEMPO ORDINARIO (17 de octubre de 2021), por Antonio Troya Magallanes




DOMINGO VIGESIMO NOVENO
DEL TIEMPO ORDINARIO
(17 de octubre de 2021),




Introducción: La oposición que existe entre Jesús y el mundo.

En el evangelio de hoy descubrimos la oposición frontal que existe entre Jesús y el mundo. Están subiendo a Jerusalén y Jesús les revela los sufrimientos que le esperan allí. A renglón seguido Santiago y Juan se acercan para pedirle los dos primeros puestos en el reino del que piensan que se va a hacer rey. Algo les tocará por haber seguido a Mesías. Jesús le da la vuelta a la tortilla y les ofrece tomar parte en la muerte que les espera: «¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?» y, ante su respuesta positiva, les contesta: «El cáliz que yo he de beber lo beberéis… pero el sentarse a mi derecha o mi izquierda no me toca a mí concederlo». Es decir: Ahora tenéis que pensar en trabajo y lucha, no en honores y ganancia. Esto es lo que nos toca: a mí y a vosotros


1. La verdadera Iglesia de Jesús es la Iglesia del servicio.

Pero no eran ellos solos los que buscaban prebendas: los otros diez se enfadaron con ellos: ¿Y a nosotros, qué? Jesús aprovecha para darles una lección. En su reino no hay dominio, sino servicio. El más grande es el que sirve más y quien quiera ser el primero tiene que hacerse esclavo de todos. Esta lección no ha sido bien aprendida por todos los que vinieron después; más bien algunos han seguido el mal ejemplo de los primeros, pero éstos, en cambio, sí que al fin la aprendieron y dieron la vida en servicio del Evangelio; por llevar la doctrina y la salvación a los reinos más lejanos. Es una pena que teniendo en la mano una cosa tan valiosa como son los evangelios, nos entretengamos en saborear los honores que da el mundo. En la reforma de la Iglesia que Francisco tiene en su mente este asunto es primordial: estamos en la Iglesia para servir a los más pequeños; y sólo intentarlo encuentra una fuerte oposición en los mundanos. Pero el Espíritu está con los que sueñan con una Iglesia que se les pueda ofrecer sin complejos a las nuevas generaciones, a esos que se está ahora apartando en muchas cosas del Evangelio de Jesús.


2. Os he dado ejemplo, para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.

¿Acaso no ha sido Jesús el primero en dar ejemplo? Siendo el Hijo de Dios ha tomado la condición de esclavo: se ha humillado postrándose ante sus discípulos para lavarle los pies, y al día siguiente se ha subido en la cruz para prestar el gran servicio al mundo: lavarlo de sus pecados con su sangre y abrirle de par en par las puertas de paraíso, que se habían cerrado por la pretensión del hombre de ser como Dios: lo que Dios ofrece generosamente con su humillación –morir entre malhechores–, el hombre pretende alcanzarlo con su exaltación: ser como Dios comiendo la manzana del árbol prohibido. No es que se equivoque el hombre en lo que pretende, es ¡que se ha equivocado de camino! Y, cuando uno de equivoca de camino, no puede llegar a buen fin. Aprendamos del evangelio de hoy que el camino es el servicio, sobre todo a los más débiles.


Conclusión: Práctica lo que celebras.

Y, porque Jesús no quería que olvidásemos el servicio nos dejó su gran servicio congelado en el sacramento de la Eucaristía para que, comiéndolo, lo practicásemos siempre. Practiquemos lo que con tanto gozo celebramos.



Antonio Troya Magallanes, nace en San Fernando (Cádiz), el 28 de diciembre del año 1927, un cura al que a muchos nos ha alegrado conocer y a los que a muchos nos ha dejado una gran huella de humanidad. Fiel defensor del Concilio Vaticano II, su labor pastoral y su compromiso evangélico y social chocó con una sociedad autoritaria y caciquil.


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domingo, 10 de octubre de 2021

DOMINGO VIGESIMOOCTAVO DEL TIEMPO ORDINARIO (10 de octubre de 2021), por Antonio Troya Magallanes




DOMINGO VIGESIMOOCTAVO
DEL TIEMPO ORDINARIO
(10 de octubre de 2021)




Introducción: el desasimiento de lo temporal.

Creo que no nos será difícil identificarnos con aquel fulano que sale al encuentro con Jesús. Nosotros, como él, queremos la vida eterna y buscamos la manera de llegar a ella; nosotros desde pequeños hemos cumplido los mandamientos –con algunos pequeños fallos–, nosotros sentimos en nuestro interior la sensación de que algo nos puede faltar. Y hoy le vamos a preguntar a Jesús qué es lo que nos falta. Exactamente como aquel individuo. Jesús, al contestarle, no se va por las ramas: adivina que su interlocutor está demasiado apegado a sus riquezas y le dice escuetamente: «Anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo». Para llegar a Dios –Dios es la vida eterna– hay que estar desasido de lo temporal, y no hay mejor desasimiento que renunciar a ello.


1. Todos tenemos una misión que realizar aquí.

Es verdad que la conciencia no nos acusa de importantes fallos en el cumplimiento de los diez mandamientos, somos personas honradas y decentes y siempre hemos intentado cumplirlos, pero, ¿no nos faltará algo? Y ese algo es sin duda nuestra respuesta positiva a aquello que Dios nos ha encomendado particularmente a cada uno de nosotros. Quizás nunca nos hemos preguntado: ¿Para qué nos ha traído Dios a este mundo? Y es bueno que alguna vez lo hagamos, porque presentarse en la otra vida sin haber cumplido aquello para lo que vinimos a ésta no debe ser muy agradable. A aquel individuo Dios le había dado las riquezas para que ayudara a los necesitados, ¡y no se había dado cuenta! Su corazón, sin embargo, se había apegado tanto a sus bienes temporales que, cuando descubre que tiene que dejarlos, se echa para atrás, ya parece que hasta languidece aquel deseo de conseguir la salvación. Nos puede pasar a nosotros algo igual: estamos muy tranquilos y sosegados en nuestra indolencia y no nos preocupamos de cumplir la misión que, al traernos a este mundo, nos encomendaron; hasta nos hemos apegado tanto a los medios que Dios nos ha dado para ello que los consideramos propiedad inalienable nuestra: es nuestro y no estamos dispuestos a emplearlo a favor de los hermanos. Pues hay que cambiar de conducta: nuestros bienes –los talentos que Dios nos ha dado– son para nosotros, pero tienen asignada una misión, y esta misión han de cumplirla, ¡para eso estamos en el mundo!


2. Además de nuestra misión particular, atender a los necesitados y anunciar la palabra a quienes no la hayan recibido.

Y no tenemos que calentarnos mucho la cabeza para descubrir nuestra misión: las circunstancias especiales de nuestra vida nos la ponen por delante; es cuestión de entregarse a ella con entusiasmo. Sin olvidar que hay muchos necesitados que dependen para su subsistencia de lo que nosotros hemos recibido; y existen también otros que no recibirán nunca la palabra de la salvación si nosotros –yo en concreto– no se la acercamos.


Conclusión: Vivamos lo que comemos.

Y ahora hacemos presente en el altar un ejemplo inigualable: Jesús ha puesto a nuestro servicio su comodidad, su honra, su fama, su cuerpo y ¡hasta su Madre! ¡Podemos comulgar su cuerpo sin aceptar imitarlo en su vida? De nada vale una comunión que no nos haga semejante a Él en todo. Para eso se quedó en nuestra mesa.



Antonio Troya Magallanes, nace en San Fernando (Cádiz), el 28 de diciembre del año 1927, un cura al que a muchos nos ha alegrado conocer y a los que a muchos nos ha dejado una gran huella de humanidad. Fiel defensor del Concilio Vaticano II, su labor pastoral y su compromiso evangélico y social chocó con una sociedad autoritaria y caciquil.


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sábado, 2 de octubre de 2021

DOMINGO VIGESIMOSÉPTIM0 DEL TIEMPO ORDINARIO (03 de octubre de 2021), por Antonio Troya Magallanes




DOMINGO VIGESIMOSÉPTIMO DEL TIEMPO ORDINARIO (03 de octubre de 2021)



Introducción: El problema del divorcio.

El problema que plantean hoy las lecturas es el del divorcio. Se lo plantean unos fariseos a Jesús para ponerlo a prueba. Jesús contesta yéndose al origen: Al principio Dios creó al hombre y a la mujer para que fueran una sola carne y multiplicaran los hombres sobre la tierra: una unión tan íntima es de suyo irrompible. Es el núcleo de una familia en el que crecerían y se educarían los hijos, que en ella encontrarían todo cuanto necesitarían para su desarrollo, sobre todo el amor de padres y hermanos. Pero esto parece chocar con la debilidad del hombre, que no es siempre capaz de captar la belleza del amor conyugal; ya lo entendió Moisés y rebajó en ocasiones la fuerza irrompible del lazo conyugal. Pero hoy ¿qué dice la moral?


1. La belleza de la familia.

Para no caer en el moralismo, lo primero será considerar la belleza de la familia, el encanto de un amor para siempre, el valor de unos niños que crecen al cobijo de la ternura de sus padres, que pueden decir con toda confianza “mamá” y “papá”, que pueden hacer frente a cualquier adversidad que se les presente acudiendo a la protección de los papás. Creo que en principio no hay palabras para expresar el entorno familiar. Romper ese encanto parece obra de locos. Pero hay que tener en cuenta la debilidad humana, porque es que existe. Y esa debilidad humana termina a veces con el encanto familiar, haciendo imposible la convivencia. Y se rompe.


2. La ley y la misericordia no son excluyentes.

Y, como no hay pecado que no se pueda perdonar, no se puede sin más excluir de la comunidad a quienes rompiendo el vínculo familiar, han optado por repetir la experiencia a ver si la segunda vez sale mejor que la primera. Y no es que haya que ser muy benévolo con ellos, pero tampoco se les puede condenar al ostracismo, en casos al menos en que no haya habido culpa moral en el rompimiento del vínculo. La “Amoris letitia” –encíclica del papa Francisco– opta por el diálogo con los interesados para salvar por todos los medios la comunión con Dios y con la comunidad cristiana. Ese diálogo será entre los interesados y los responsables de la comunidad cristiana para determinar en cada caso el grado de culpabilidad y las circunstancias concretas en que se dio el primer compromiso y el más tardío. Se trata ni más ni menos que de salvar a la persona, porque Dios no relega a nadie mientras viva en este mundo, sino que su norma de siempre –en todo y con todos– ¡es la misericordia!. Las frías leyes olvidan a veces esta misericordia, que es lo mismo que olvidarse del Dios Amor, a quien se pretende servir con las leyes. ¿Cómo olvidaremos en el tiempo del amor la misericordia, que ya vislumbró Moisés en la pasada época de la justicia?


Conclusión: Imitemos la misericordia que celebramos.

Estamos celebrando la Eucaristía y en ella recordamos sobre todo la gran misericordia de quien ofrece su vida en medio de grandes tormentos para salvar al hombre de los pecados y reintegrarlo en la comunión con el Dios Amor, abriéndolo así a la salvación eterna. Los que celebramos este misterio cada día ¿podremos olvidarnos de la misericordia al juzgar a nuestros hermanos, poniendo por excusa una tradición obsoleta?



Antonio Troya Magallanes, nace en San Fernando (Cádiz), el 28 de diciembre del año 1927, un cura al que a muchos nos ha alegrado conocer y a los que a muchos nos ha dejado una gran huella de humanidad. Fiel defensor del Concilio Vaticano II, su labor pastoral y su compromiso evangélico y social chocó con una sociedad autoritaria y caciquil.


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sábado, 25 de septiembre de 2021

DOMINGO VIGESIMOSEXTO DEL TIEMPO ORDINARIO Jornada Mundial del Migrante y Refugiado
(26 de septiembre de 2021), por Antonio Troya Magallanes




DOMINGO VIGESIMOSEXTO
DEL TIEMPO ORDINARIO
Jornada Mundial del
Migrante y Refugiado
(26 de septiembre de 2021)




Introducción: El criterio del mundo frente al espíritu del Evangelio.

Hoy es la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado. Un día estupendo para mirar cómo los tratamos y cómo tendríamos que hacerlo según el Evangelio de Jesús. Los textos de la misa nos darán respuesta a estas preguntas. En la primera lectura vemos cómo Josué pide a Moisés que mande callar a dos individuos que están profetizando sin estar en el grupo; en el evangelio leemos cómo Juan el apóstol comunica a Jesús cómo han querido impedirle a uno, que no era de ellos y echaba demonios en nombre de Jesús, que lo hiciera. Así tratamos nosotros a los emigrantes y refugiados: “No son de los nuestros, que se vayan a su tierra”. En los dos casos anteriores las respuestas coinciden: Moisés responde que ojalá todo el pueblo fuera profeta; y Jesús reprende a los apóstoles diciendo claramente: “No se lo impidáis”. El espíritu del mundo es echar fuera porque no son de los nuestros; el espíritu de Jesús es acoger, porque seremos más: en el primer caso se trata de un espíritu cerrado de grupo, en el segundo el grupo está abierto a recibir a quienes vienen de fuera.


1. Un gran portazo a quienes vienen huyendo del hambre y de las armas de guerra.

El caso de los emigrantes y refugiados es doloroso. Vienen huyendo, unos del hambre, otros de la muerte; buscan asilo en las naciones civilizadas, supuestamente de cultura cristiana, y les dan con las puertas en las narices: “No queremos que entréis, porque tendremos que repartir entre más lo que tenemos”. No puede ser un planteamiento más egoísta. Hemos leído en el evangelio la severidad con que Jesús trata a los que escandalicen a los pequeños. Y ¿no es un escándalo para unos niños que, en vez de estar jugando en sus casas, hacen marchas forzadas para huir de la miseria y se encuentran con unas naciones cristianas que le impiden el paso y se niegan a socorrerlos en sus necesidades? ¿cómo podrán compaginar lo que les enseñan sus catequistas con la conducta de los “cristianos”? Sólo encuentran unas vidas en oposición evidente a su fe. Y nosotros desaprovechamos una magnífica ocasión no sólo de socorrer al necesitado sino de propagar nuestra fe, instruyendo a los que vienen intentando salvar sus vidas humanas.


2. La falta de caridad de los que tienen.

En la segunda lectura Santiago hace una tremenda crítica contra los que se dedican a amasar monedas de cambio, con aquellos que se dedican de exportar sacos de euros a los bancos extranjeros, porque les parece que no caben en España. Son esos los que se oponen a dar asilo a los que vienen; pero también se oponen los que, sin tener muchos euros, tiran cada día a los contenedores lo que les sobra de las comidas. Todos viven muy bien y no quieren verse impedidos por la tromba que llega. Que los dejen vivir y que ellos se coman su miseria, que los dejen en paz y que aguanten sus guerras.


Conclusión: Eucaristía y emigración.

No podemos compaginar la celebración eucarística, en la que se hace presente la entrega total del Maestro para que los discípulos tengamos vida con la falta de generosidad con los que vienen huyendo de males que les impiden vivir. O celebramos la Eucaristía y abrimos de par en par los brazos a los que llegan o cerramos nuestras iglesias para poder cerrarle las puertas a emigrantes y refugiados. La religión por un lado y la vida por el contrario, no. Está feo.



Antonio Troya Magallanes, nace en San Fernando (Cádiz), el 28 de diciembre del año 1927, un cura al que a muchos nos ha alegrado conocer y a los que a muchos nos ha dejado una gran huella de humanidad. Fiel defensor del Concilio Vaticano II, su labor pastoral y su compromiso evangélico y social chocó con una sociedad autoritaria y caciquil.


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