
José Antonio Barbudo Escobar:
«La conversación es el mejor cauce
de la oración y de la predicación».
Coincido con sus compañeros y alumnos que me repiten que la expresión del rostro del padre Barbudo transparenta las ideas sobre las que él asienta su vida y orienta su caminar. He prestado atención a las habilidades comunicativas que él muestra en sus tareas docentes, pastorales y litúrgicas. En todas ellas pone de manifiesto que es un verdadero maestro en el difícil “arte de la conversación”. Sus “discípulos” coinciden en que fue él quien “generó en el Colegio un aire nuevo, una brisa reparadora y una magia sorprendente por su nueva y clara forma de explicar las Matemáticas y la Física y, sobre todo, por su capacidad para asombrar con sus experimentos y ensayos aparentemente sencillos”. Sus destrezas para la conversación en las diversas actividades pastorales se siguen recordando, por ejemplo, en las Parroquias de la Atunara en la Línea de la Concepción y de San Bartolomé, en el madrileño barrio de Orcasitas e, incluso, en la misión que, desde Cádiz, llevó a cabo en las Conchas (Guatemala).
En esta ocasión sólo me refiero a su manera sencilla, clara y, al mismo tiempo, profunda, de explicar y de aplicar los mensajes evangélicos en las homilías dominicales. Sus comentarios revelan su delicadeza, su sentido de la cortesía y, sobre todo, su generosidad para que compartamos su profunda amistad con Jesús de Nazaret con el fin de que evitemos el sentimiento de desesperanza que, a veces, nos amenaza.
Su testimonio, que manifiesta la frescura de las enseñanzas evangélicas, constituye una invitación para que pensemos en nosotros mismos sin que nos asalten las oleadas de la nostalgia. Arroja luz a los problemas actuales de este mundo competitivo, y pautas concretas para sensibilizar nuestras conciencias y para sembrar las semillas de la libertad, de la justicia y del amor.
Lúcido y sagaz, nos anima para que recuperemos algunas de esas verdades esenciales que, a veces, se nos olvidan. Con sus actitudes, con sus gestos y con sus palabras cordiales, alimenta nuestra esperanza, incluso en estos momentos de confusión. Parte del supuesto de que las palabras sólo son válidas cuando explican las actitudes y los comportamientos coherentes, cuando abren surcos de comunicación, cuando son invitaciones a la convivencia con los oyentes, con el fin de que unos y otros “comulguemos” con las convicciones hondas que fundamentan, alimentan y orientan cada una de nuestras diferentes vidas. Y es que, efectivamente, la conversación es el mejor cauce de la oración y, por su puesto, de la predicación.
En esta ocasión sólo me refiero a su manera sencilla, clara y, al mismo tiempo, profunda, de explicar y de aplicar los mensajes evangélicos en las homilías dominicales. Sus comentarios revelan su delicadeza, su sentido de la cortesía y, sobre todo, su generosidad para que compartamos su profunda amistad con Jesús de Nazaret con el fin de que evitemos el sentimiento de desesperanza que, a veces, nos amenaza.
Su testimonio, que manifiesta la frescura de las enseñanzas evangélicas, constituye una invitación para que pensemos en nosotros mismos sin que nos asalten las oleadas de la nostalgia. Arroja luz a los problemas actuales de este mundo competitivo, y pautas concretas para sensibilizar nuestras conciencias y para sembrar las semillas de la libertad, de la justicia y del amor.
Lúcido y sagaz, nos anima para que recuperemos algunas de esas verdades esenciales que, a veces, se nos olvidan. Con sus actitudes, con sus gestos y con sus palabras cordiales, alimenta nuestra esperanza, incluso en estos momentos de confusión. Parte del supuesto de que las palabras sólo son válidas cuando explican las actitudes y los comportamientos coherentes, cuando abren surcos de comunicación, cuando son invitaciones a la convivencia con los oyentes, con el fin de que unos y otros “comulguemos” con las convicciones hondas que fundamentan, alimentan y orientan cada una de nuestras diferentes vidas. Y es que, efectivamente, la conversación es el mejor cauce de la oración y, por su puesto, de la predicación.

DIARIO DE CÁDIZ: Bodas de oro del marianista José Antonio Barbudo
José Antonio Hernández Guerrero, reflexiona, semanalmente en nuestro “blog”, sobre las Claves del bienestar humano el sentido de la dignidad humana y el nuevo humanismo. Nos suele enviar también una reseña semanal sobre libros de pensamiento cristiano, evangelización, catequesis y teología. Con la intención, de informar, de manera clara y sencilla, de temas y de pensamientos actuales, que gustosamente publicamos en nuestro “blog”.
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