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UNA MIRADA CRISTIANA DEL TRABAJO HUMANO Y EL BIEN COMÚN
¡ACOGE, ABRAZA, CUIDA, ACOMPAÑA...!
LA VIDA DEL MUNDO OBRERO Y DE LOS POBRES,
CON MISERICORDIA Y COMPASIÓN.


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jueves, 18 de mayo de 2017

ORAR EN EL MUNDO OBRERO:
SEXTO DOMINGO DE PASCUA,
Ciclo “A” (21 DE MAYO DE 2017)

6º Domingo de Pascua (21 de mayo de 2017)


18 mayo 2017 | Por

6º Domingo de Pascua (21 de mayo de 2017)
   
El compromiso temporal, nos obliga a un hacer,
que era a lo que se obligaban los israelitas de la Antigua Ley,
mientras que el compromiso bautismal nos obliga a un ser:

SER CRISTO, ¡nada menos!

Y en Él, y con Él, y por Él,
entrar en la Vida Trinitaria.

(Rovirosa, OC, T.II, 172).

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San Juan 14,15-21:
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domingo, 14 de mayo de 2017

«MATAR Y MORIR»,
por José Antonio Hernández Guerrero




Matar y morir



La muerte es el hecho que mejor nos descubre la relatividad de otros valores, a veces, proclamados como absolutos. Ni los bienes económicos, culturales o estéticos, ni las instituciones religiosas, sociales o políticas, valen una vida humana: ni la patria, ni la bandera, ni la lengua pueden defenderse matando ni muriendo. En mi opinión, este principio que, quizás a algunos le suene a doctrina, constituye el mínimo denominador común de todas las personas de buena voluntad y de todos los grupos democráticos.


En los momentos de dolor generados por los frecuente y brutales atentados terroristas deberíamos guardar un profundo silencio para reflexionar sobre las consecuencias mortíferas que se siguen de la sacralización de un pedazo de tierra o de una serie de convicciones. Como afirmé en el artículo de la semana pasada, es cierto que tenemos el derecho y necesidad de gritar con fuerza para desahogar la rabia, para mostrar la indignación y para expresar nuestra solidaridad a los que están sufriendo la agresión, pero nuestras voces serán estériles si no logran que los criminales descubran su maldad, si no conseguimos que los fanáticos duden de sus certezas, que los sectarios debiliten sus adhesiones o que, al menos, todos rebajemos nuestra agresividad.


Para lograr estos objetivos, más que sesudas reflexiones, bastaría con que fuéramos capaces de acercarnos, uno por uno, por ejemplo, al viudo de aquella mujer a la que una mochila, estratégicamente colocada debajo de su asiento, le arrancó su vida y la del hijo que llevaba en sus entrañas. Ahora mismo, contemplo en la pantalla del televisor a ese grupo de vecinos que llora por la muerte de una joven de veintitantos años apuñalada por su “pareja sentimental”.


Corremos el riesgo de que el volumen de este sangriento bosque, de este río de crímenes, nos nuble la vista y nos impida acercarnos a cada uno de los árboles, que han sido arrancados de cuajo dejando desolados para siempre a los familiares y a los amigos. Pongamos, por favor, nombres, caras, sentimientos, ilusiones, temores y proyectos a cada uno de esos números y, después, sigamos hablando y discutiendo de política, de economía, de filosofía o de arte.


En mi opinión, en la mayoría de los casos, la adjetivación -como política, religiosa o cultural- de los asesinatos, en vez de atenuar su gravedad, la aumenta: más que amor o identificación con una idea, con una tierra o con una bandera, son consecuencias de un odio irreprimible a los otros. Mientras que no descubramos que una sola vida humana, con independencia de la edad, del sexo, de la profesión, de la fortuna o del cargo, vale más que todos los tesoros, no seremos capaces de controlar y de disminuir la fuerza aniquiladora que, a veces, está encubierta por los más bellos y apasionantes ideales.






José Antonio Hernández Guerrero, reflexiona, semanalmente en nuestro “blog”, sobre las Claves del bienestar humano el sentido de la dignidad humana y el nuevo humanismo.


«EL ODIO»,
por José Antonio Hernández Guerrero,
(Claves del bienestar humano)




viernes, 12 de mayo de 2017

«VIDA NUEVA» Boletín semanal: 12/05/2017 – núm. 373


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VidaNueva
12/05/2017 - Boletín semanal nº 373
 
portadaVidaNueva¿Cuánto (dinero) cuesta subir a los altares?
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Una beatificación cuesta 18.000 euros, y una canonización 7.000 euros más. Un año después de que el Papa actualizara los procesos de la Congregación para las Causas de los Santos, Vida Nueva indaga cómo están afectando estos cambios a la hora de reconocer la santidad, y desvela las tarifas.

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Martes 9. Regreso de la presentación del libro de Riccardi. En el coche, Ramón y yo conversamos del panorama eclesial. Ramón interviene: "Osoro ha dicho algo que me ha hecho desconectar. 'Nos preguntamos quién soy, cuando la pregunta que hemos de hacernos es para quién soy'. Ahí es donde la Iglesia tiene que buscar respuestas"... Leer más
La imperfección es bella
'Un minuto'. Por José Lorenzo, redactor jefe de Vida Nueva
Lo mismo que en su día Adolfo Domínguez revolucionó la moda española reivindicando la belleza de la arruga, el caudal de ternura que fluye por Amoris laetitia nos hace ver sin temor a decirlo que la imperfección también es bella... Leer más
 
 
 
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jueves, 11 de mayo de 2017

ORAR EN EL MUNDO OBRERO:
QUINTO DOMINGO DE PASCUA,
Ciclo “A” (14 DE MAYO DE 2017)

5º Domingo de Pascua (14 mayo 2017)


11 mayo 2017 | Por

5º Domingo de Pascua (14 mayo 2017)

Una anécdota del Cursillo Nocturno.

Uno de los últimos días, un cursillista,
como hablando consigo mismo, dijo:


¡Claro!

La Encuesta es Cristo…

Ante mi extrañeza por estas palabras
que me parecían excesivas, dijo:


¡Sí!

¡Él mismo lo dijo!

Yo soy el Camino: Ver.

Yo soy la Verdad: Juzgar.

Yo soy la Vida: Actuar

(Rovirosa, OC, T.VI. 131).

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sábado, 6 de mayo de 2017

«EL ODIO»,
por José Antonio Hernández Guerrero




El odio



Todos sabemos que, a veces, es necesario gritar, llorar o protestar para desahogarnos, para aliviarnos de esa presión interior que nos provoca una injusticia flagrante, un reproche inmerecido o un trato vejatorio; las agresiones, efectivamente, reclaman una compensación biológica que reestablezca el equilibrio emocional. Hemos de evitar, sin embargo, que la reacción, en vez de curarnos el daño causado, agrave nuestro mal y nos despierte un virus tan mortífero, homicida y suicida como es el odio, cuyo germen aletargado llevamos todos en los pliegues de nuestras entrañas.


Quizás sea inevitable sentir indignación, rabia, ira, cólera y hasta furia, pero el odio es otro impulso más grave y más peligroso: es un sentimiento permanente e intenso, que genera ideas vinculadas a generar daño, a destruir su objeto, a aniquilarlo y hacerlo desaparecer de la realidad y hasta del recuerdo. Como ha explicado Castilla del Pino, el odio es una relación virtual con una persona y con la imagen de esa persona, a la que se desea destruir, por uno mismo, por otros o por circunstancias tales que deriven en la destrucción que se anhela; odiamos todo objeto que consideramos una amenaza de nuestra integridad y lo odiamos para salvaguardarnos de ella ante nosotros mismos.


Pero, en mi opinión, es posible que no tengamos tan claro que, frecuentemente, nuestra visión es maniquea y simplificadora porque vertemos todo el mal sobre nuestros enemigos y consideramos que nosotros somos los buenos, los que estamos libres de culpa. En los deportes, en la política y en la religión es frecuente que definamos a los adversarios -a los otros, a los diferentes- como la encarnación del mal radical y que, por eso, los demonicemos y los pintemos como figuras monstruosas. No advertimos que las raíces del mal y del odio están también ocultas en el interior de nuestros propios corazones. Poner todo el mal en un platillo -el de los enemigos- es librarse inútilmente de un peso que cada uno de nosotros debemos soportar.


Acabo de leer unas ideas que por su sencillez, claridad y actualidad, son de las que más me han llamado la atención de los libros que, en estos momentos, tengo entre manos. La trascripción textual es la siguiente: “Aunque no hubiese más que un solo alemán decente, él solo merecería ser defendido frente a esa banda de bárbaros y, gracias a él, no habría derecho a verter odio sobre un pueblo entero. Esto no significa ser indulgentes ante determinadas tendencias, hay que tomar posiciones, indignarse por algunas cosas en determinados momentos, tratar de comprender; pero ese odio indiferenciado es lo peor que hay. Es una enfermedad del alma”.


Estas palabras recobran todo su valor cuando sabemos que fueron escritas por Etty Hillesum (1914-1943) una joven judía que, antes de morir en Auschwits, escribió sus dolorosas experiencias interiores y sus profundas convicciones de que, incluso ante el supremo sufrimiento, hemos de alabar la vida y vivirla “con la plenitud de sentido que la vida requiere”.






José Antonio Hernández Guerrero, reflexiona, semanalmente en nuestro “blog”, sobre las Claves del bienestar humano el sentido de la dignidad humana y el nuevo humanismo.


«VIAJAR Y LEER»,
por José Antonio Hernández Guerrero,
(Claves del bienestar humano)