24º Domingo del Tiempo Ordinario (17 septiembre)
14 SEPTIEMBRE 2023 | POR JORGE HERNÁNDEZ
Nos colocamos
en la presencia del Señor,
delante de nuestra
fuente de vida
y dejamos que su luz
descanse en mí.
¿Qué imágenes se nos presentan
de nuestra vida cotidiana:
relaciones familiares, personales,
en nuestro ambiente, en la HOAC,
en la lucha social política, sindical,
en los espacios estructurales
en los que estamos:
la palabra «perdón»?
Hagamos silencio…
y contemplemos el relato,
entremos dentro de él
y buscamos nuestro rincón,
nuestro lugar.
Del evangelio según
san Mateo 18,21-35:
«No te digo
que perdones hasta siete veces,
sino hasta setenta veces siete».
En el ADN del cristianismo
está el «nosotros y nosotras»,
nuestra fe no es algo
que yo me cuezo con Dios
y Dios conmigo.
La comunidad es clave
y fundamental para Jesús
y en el Evangelio
van apareciendo cosas concretas
que rompen la vida de comunidad
o que sirven para construirla.
La semana pasada hablaba
de la corrección fraterna,
en esta se nos plantea el perdón.
Estos tiempos difíciles para,
quienes somos creyentes,
es momento de transparentar
este rostro de Jesús
y nos convirtamos en
sanadores de las heridas
del odio y la venganza
que hay en nuestra sociedad.
Oramos
en silencio,
pedimos el don,
la gracia de saber perdonar
y transmitir el perdón,
y de dejarnos perdonar
por el Dios de la ternura y misericordia,
que sea toda una experiencia
de su amor incondicional.
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«ORAR CON LA IGLESIA»
24ª Semana del Tiempo Ordinario (Ciclo ‘A’)
Del 17 al 23 de septiembre de 2023.
Domingo 24º del Tiempo Ordinario.
San Roberto
Belarmino, obispo y doctor de la Iglesia,
miembro de la Compañía de Jesús.
17 de septiembre de 2023.
El perdón de las ofensas centra la
liturgia de la Palabra de hoy. Así en la
primera lectura: «Perdona la ofensa a tu prójimo y, cuando reces, tus pecados
te serán perdonados». Y el Evangelio nos
dice: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete». El perdón que pidamos a Dios está ligado al
perdón que demos a los demás. Así, en el
padrenuestro diremos: «perdona nuestras ofensas como también nosotros
perdonamos a los que nos ofenden». De
esa manera, perdonando, imitaremos y viviremos en nuestra vida la inapreciable
misericordia de Dios (Sal
resp). En la celebración de la eucaristía Cristo
sigue derramando su Sangre para el perdón de nuestros pecados.
- Siracida (Eclesiástico) 27,33-28.9: Perdona la ofensa a tu prójimo,
y se te perdonarán los pecados cuando lo pidas.
- Salmo 102: R./ El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en
clemencia.
- Rom 14,7-9: En la vida y en la muerte somos del Señor.
Del Evangelio de san
Mateo 18,21-35.
“No te digo
que le perdones hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”.
Se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: -"Señor,
si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar?. ¿Hasta siete veces?". Jesús le contesta: -"No te digo hasta
siete veces, sino hasta setenta veces siete". Con una parábola de un siervo que se negó a
perdonar la deuda a un compañero dijo: -"¡Siervo malvado!. Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo
pediste. ¿No debías tú también tener
compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?. Y el señor, indignado, lo entregó a los
verdugos hasta que pagara toda la deuda.
Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona
de corazón a su hermano".
COMENTARIO
Jesús dice que el perdón evangélico no ha de estar
sometido a tarifas ni medidas. El
principio básico del perdón está puesto por Jesús: Quien ha experimentado la
misericordia de Dios con un perdón total y reiterado, no puede andar calculando
las fronteras del perdón y de la acogida al hermano/a. Y este principio evangélico ha de ser la base
de la actuación de la comunidad cristiana y de cada uno/a de sus miembros. Lo que Jesús dice contrasta con lo que
nosotros/as hacemos o vemos hacer en muchas ocasiones: No me voy a rebajar
tantas veces...; no cederé en mis derechos un ápice...; que lo haga él
primero...; que sepa lo que es negarle la palabra, el saludo, la ayuda... Porque Dios te ha perdonado, perdona de
corazón a tu hermano/a.
ORACIÓN
Dios que perdonas y haces fiesta en el cielo cada
vez que un hombre-mujer se arrepiente. Sigue
siendo, Señor, en cada noche, el Padre en vela que ama, perdona y siempre
espera con los brazos abiertos. Que yo
viendo tu actuar sepa perdonar a mi hermano/a cada vez que me ofenda, y que no
olvide que el perdón al hermano/a es condición indispensable para pedir que Tú
me perdones Padre. Que sepa perdonar al
que me ofendió y que lo haga con gozo para vivir en paz. Que recuerde que el perdón nos convoca a fiesta y alegría, a la tarea
de amar.
Lunes de la 24ª Semana T. Ordinario.
San José de
Cupertino, presbítero de la Orden
de Hermanos Menores Conventuales.
18 de septiembre de 2023.
Del Evangelio de san
Lucas 7,1-10.
“Ni en Israel he encontrado tanta fe”.
Un centurión tenía enfermo, a punto de morir, a
un criado a quien estimaba mucho. Envió
unos amigos a decirle a Jesús: -"Señor, no te molestes; no soy yo quién
para que entres bajo mi techo; por eso tampoco me creí digno de venir
personalmente. Dilo de palabra, y mi
criado quedará sano. Porque yo también
vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes, y le digo a uno: ‘Ve’, y
va; al otro: ‘Ven’, y viene; y a mi criado: ‘Haz esto’, y lo hace". Al oír esto, Jesús se admiró de él, y,
volviéndose a la gente que lo seguía dijo: -"Os digo que ni en Israel he
encontrado tanta fe". Y al volver a
casa, los enviados encontraron al siervo sano.
COMENTARIO
Un pagano, un hombre de bien y de paz, sin
prejuicios raciales o sociales. Representa
al “buen pagano” que ha aceptado a Dios en la medida en que Dios se le ha
revelado. Es respetuoso con las
costumbres de los judíos, cuya simpatía se ha ganado. En su criado ve algo más que un instrumento de
servicio y acude a Jesús, de quien arranca la curación que pide y un elogio en
que no pensaba. La oración “yo no soy
digno” es un sincero autoconocimiento que llega a esta conclusión: Jesús es muy
diferente y no tengo derecho a utilizarle en beneficio mío. Pero confío en su bondad y en el poder de su
palabra. La honradez natural es el mejor
preámbulo de la fe.
ORACIÓN
Querido Dios grande y bueno ayúdame a creer en tu
amor sin medida, ayúdame a confiar plenamente en Ti. Dame Señor una fe profunda, una mirada limpia
y una conciencia recta. Señor no soy
digno, pero Tú eres misericordioso, no soy digno pero Tú eres compasivo, no soy
digno Señor pero di una palabra y mi alma quedará limpia. Creo en ti Señor, y quiero crecer en
confianza en ti quiero poner toda mi vida en tus manos Señor. Con fe quiero poner toda mi vida en tus manos Señor.
Martes de la 24ª Semana T. Ordinario.
San Jenaro, obispo y mártir.
19 de septiembre de 2023.
Del Evangelio de san
Lucas 7,11-17.
“¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!”.
Iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, e
iban con él sus discípulos y mucho gentío.
Cuando se acercaba a la entrada de la ciudad, resultó que sacaban a
enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable
de la ciudad la acompañaba. Al verla el
Señor, le dio lástima y le dijo: -"No llores". Se acercó al ataúd, lo tocó (los que lo
llevaban se pararon) y dijo: -"¡Muchacho, a ti te lo digo,
levántate!". El muerto se incorporó
y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre.
COMENTARIO
El Señor sigue dando la vida a todos los que
confían en Él y tienen fe en su Palabra: “Yo soy el Camino y la Vida”. Quien no acepta la invitación de Jesús, vive
triste o se pierde viviendo “muerto”. Quien
acepta la invitación de Jesús vive alegre y vive “la verdadera vida”. Para todos Jesús ofrece su mensaje hoy: “¡A ti
te lo digo: Levántate!”. Cuando aceptes
este mensaje, como lo hizo el joven del Evangelio, ¡volverás a la vida!;
¡saborearás lo que es vivir!.
ORACIÓN
Ante mis infidelidades y pecados que escuche tu
voz Señor: A ti te lo digo: Levántate. Ante
mis desánimos y frustraciones que escuche tu voz Señor: A ti te lo digo: Levántate. Ante mis faltas de fe y esperanza que escuche
tu voz Señor: A ti te lo digo: Levántate.
Para que crezca en la fe que escuche tu voz Señor: A ti te lo digo: Levántate. Para recibir tu perdón que escuche tu voz
Señor: A ti te lo digo: Levántate. Para
recibir tu abrazo de Padre que escuche tu voz Señor: A ti te lo digo: Levántate. Para recibir tu abrazo de Padre que escuche tu voz Señor: A ti te lo
digo: Levántate.
Miércoles de la 24ª Semana T. Ordinario.
San Andrés Kim
Taegon, presbítero,
san Pablo Chong Hasang y Compañeros Mártires.
20 de septiembre de 2023.
Del Evangelio de san
Lucas 7,31-35.
“Tocamos y no bailáis, cantamos lamentaciones
y no lloráis”.
Dijo el Señor: -“¿A quién se parecen los hombres
de esta generación?. Se parecen a unos
niños, sentados en la plaza, que gritan a otros: ‘Tocamos la flauta y no
bailáis, cantamos lamentaciones y no lloráis’.
Vino Juan el Bautista, que ni comía ni bebía, y dijisteis que tenía un
demonio; vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: ‘Mirad qué comilón
y qué borracho, amigo de publicanos y pecadores’. Sin embargo, los discípulos de la sabiduría
le han dado la razón”.
COMENTARIO
Jesús trae un mensaje y ofrece una Buena Noticia
que no es bien recibida por quienes esperan un Mesías hecho a su medida. Jesús ofrece la alegría del perdón, la Salvación
que no aceptamos a veces, porque esperamos otros modos de actuar de Dios. Pero los caminos de Dios no son nuestros
caminos. Solamente quien se deja llevar
de la "sabiduría divina" acierta en su elección.
ORACIÓN
Ven, luz verdadera. Ven, sabiduría divina, misterio escondido. Ven, felicidad sin fin. Ven, luz sin declive, esperanza infalible de
los que deben ser salvados. Ven,
resurrección de los muertos. Ven, mi
soplo y mi vida. Ven, consuelo de mi
alma, mi alegría, mi gloria, mi gozo sin fin.
Que te reciba Señor tal y como eres con tus modos de actuar y de hacerte
presente. Ven y dame la sencillez de aceptarte como mi
salvador. Amén.
San Mateo, Apóstol, Evangelista.
Jueves de la 24ª Semana T. Ordinario.
21 de septiembre de 2023.
Fiesta de san Mateo, apóstol y evangelista, llamado antes Leví,
que, al ser invitado por Jesús para seguirle, dejó su oficio de publicano o
recaudador de impuestos y, elegido entre los apóstoles, escribió un evangelio
en que se proclama principalmente que Jesucristo es hijo de David, hijo de
Abrahán, con lo que, de este modo, se da plenitud al Antiguo Testamento (elog.
del Martirologio Romano).
Del Evangelio de san
Mateo 9,9-13.
“Sígueme. Él se levantó y lo siguió”.
En
aquel tiempo, vio Jesús al pasar a un hombre llamado Mateo, sentado al
mostrador de los impuestos, y le dijo: -"Sígueme". Él se levantó y lo siguió. Jesús dijo: -"No tienen necesidad de
médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa ‘misericordia
quiero y no sacrificios’: que no he venido a llamar a los justos, sino a los
pecadores".
COMENTARIO
El
que no tiene la mirada limpia ve maldad en todo lo que hacen los demás. Un buen ejemplo es el duro comentario ante la
conducta de Jesús con los pecadores y en concreto con el aduanero Leví. Jesús no admite divisiones. Él no rechaza al rico por ser rico, ni
canoniza el simple hecho de ser pobre. Él
exige algo más en el corazón: Una disposición de apertura real a la riqueza que
nos viene de Dios. Jesús es para todos. Y quiere salvar a todo el hombre-mujer, es
decir, llevar a plenitud las capacidades que Él ha puesto en la naturaleza con
orientación a la plenitud final. También
los pecadores son aptos para el Reino de Dios. Y nunca es tarde para entrar en él. Es muy significativo que Jesús se llame
“médico”. Función del médico es proteger
la vida, y aliviar el dolor.
ORACIÓN
Soy
pecador, Señor, ¿por qué me llamas a mí?. Soy pecador pero quiero escuchar tu voz que me
dice: Sígueme. Y quiero hacer fiesta por
esta invitación. Hacer fiesta por Ti,
Señor que invitas a los pecadores. Quiero
levantarme de mis comodidades, de mis indolencias, de mis rutinas y como
enfermo acudir a Ti que eres la salud, vivir contigo que eres la vida. Aprender de Ti misericordia que no has venido
a llamar a los justos sino a los pecadores.
Soy pecador, Señor, pero quiero escuchar tu voz que me
dice: Sígueme.
Viernes de la 24ª Semana T. Ordinario.
Santos Mauricio,
Exuperio, Cándido, Víctor
y compañeros de la Legión Tebea, mártires.
22
de septiembre de 2023.
Del Evangelio de san
Lucas 8,1-3.
“Algunas mujeres
acompañaban a Jesús y le ayudaban con sus bienes”.
Jesús iba caminando de ciudad en ciudad y de
pueblo en pueblo, predicando el Evangelio del reino de Dios; lo acompañaban los
Doce y algunas mujeres que él había curado de malos espíritus y enfermedades:
María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de
Cusa, intendente de Herodes; Susana y otras muchas que le ayudaban con sus
bienes.
COMENTARIO
Era extraño el proceder de Jesús ya que en
aquella sociedad se tenía en muy segundo plano a la mujer y los maestros no las
admitían en su compañía. Para Jesús no
hay distinción entre esclavos y libres, hombres y mujeres, judíos o paganos. “Quien acoge mi palabra, ése es mi madre, mi
hermano y mi hermana”. Jesús, el Señor,
rompe con la tradición de relegar a la mujer y no solamente deja que le
acompañen sino que ellas van a ser las primeras y más directas testigos de su
muerte y resurrección.
ORACIÓN
Dios Padre que nos llamas a seguir a Jesús; que
su ejemplo sea para nosotros el fundamento de una comunión de hombres y mujeres
que sabemos compartir la vida en igualdad de derechos y deberes. Que desde la igual dignidad de cada ser
humano, sepamos respetar y vivir las diferencias en el enriquecimiento mutuo. Que todos seamos testigos del Evangelio que
proclamó tu Hijo. Amén.
Sábado de la 24ª Semana T. Ordinario.
San Pío de Pietrelcina, Presbítero de la Orden
de los Hermanos Menores Capuchinos.
23 de
septiembre de 2023.
Del Evangelio de san
Lucas 8,4-15.
“Los de la
tierra buena son los que escuchan la palabra,
la guardan y dan fruto perseverando”.
Entonces les dijo esta parábola: -"Salió el
sembrador a sembrar su semilla. Al
sembrarla, algo cayó al borde del camino, lo pisaron, y los pájaros se lo
comieron. Otro poco cayó en terreno
pedregoso, y, al crecer, se secó por falta de humedad. Otro poco cayó entre zarzas, y las zarzas,
creciendo al mismo tiempo, lo ahogaron. El
resto cayó en tierra buena, y, al crecer, dio fruto el ciento por uno".
COMENTARIO
¿Qué clase de tierra soy yo?. Quizás de los del borde del camino que
escuchan, pero viven en la superficialidad, no cultivan la palabra. Quizás mi terreno es pedregoso: Al
escucharla, recibo la palabra con alegría, pero en el momento de la prueba
fallo. Quizás escucho pero me dejo
arrastrar por la vida. Hazme tierra
buena, persona con un corazón noble y generoso para escuchar la palabra,
guardarla y dar fruto perseverando.
ORACIÓN
Que alegría Señor, escuchar tu Palabra de
salvación... pero que en la prueba no te falle Señor. Que los afanes de la vida, las prisas, el
buscar otro coche, un vestido nuevo... no ahoguen tu palabra de amor y vida. Que el dinero, los manjares, la comodidad,
los placeres no asfixien tu palabra de gracia y perdón. Que tu palabra madure en la reflexión y
contemplación de la vida de Jesús. Que
tu bondad me conceda Señor un corazón bueno, noble y generoso que sepa guardar
tu palabra y dar fruto en la perseverancia.
Que tu bondad me
conceda Señor un corazón bueno, que sepa guardar tu palabra.
LECTURA DE LA PALABRA
EN CLIMA DE ORACIÓN
1.
Hago silencio, exterior e interior.
Estoy
en la presencia del Señor:
Contemplo
a Dios que me quiere, me acoge, me escucha, me habla.
2.
Petición:
«Humildemente te pido, a ti, Señor, que eres la luz verdadera y la
fuente misma de toda luz, que, meditando fielmente tu Palabra, viva siempre en
tu claridad. Por Jesucristo, tu Hijo,
nuestro Señor».
3.
Palabra de Dios:
Leo tranquila y detenidamente el texto evangélico para hoy, en
comunión con toda la Iglesia. Me fijo
bien en todos los detalles.
4.
Ante la Palabra
leída:
Ø ¿Qué dice este texto? (Lectura honda: circunstancias, actitudes…).
Ø ¿Qué me dice a mí, personalmente? (Meditación).
Ø Desde esto, ¿qué te digo yo ahora, Señor? (Oración).
Ø ¡Quiero identificarme contigo, Señor!. ¿Qué hacer?.
(Contemplación,
iluminación de mi vida concreta).
5.
Oración:
Hay una oración-reflexión propia de cada día, como inicio de respuesta
al texto evangélico. Al final puede
añadirse la siguiente:
«Gracias, Señor, por tu presencia y tu cercanía en este rato de
oración; y por la luz y la fuerza que me has dado. Ayúdame a vivir según tu voluntad y sirviendo
siempre a mis hermanos/as. Por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor».