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UNA MIRADA CRISTIANA DEL TRABAJO HUMANO Y EL BIEN COMÚN
¡ACOGE, ABRAZA, CUIDA, ACOMPAÑA...!
LA VIDA DEL MUNDO OBRERO Y DE LOS POBRES,
CON MISERICORDIA Y COMPASIÓN.


¡Bienvenido/bienvenida! al "blog" de la HOAC diocesana de Cádiz y Ceuta.


jueves, 6 de agosto de 2009

Más de 50.000 hogares sucumben al paro (en la provincia de Cádiz) y carecen de ingresos laborales

El volumen de familias sin ningún miembro ocupado ha crecido casi un 70% en un año · Uno de cada tres desempleados ya depende de la ayuda familiar porque ha agotado o no tiene derecho a la prestación.

Beatriz Revilla / Diario de Cádiz - 06.08.2009 - 09:11

Mes a mes, las estadísticas escupen nuevos datos sobre el desempleo. Datos que luego se difunden como números fríos, más o menos impactantes que los anteriores, pero números al fin. La última referencia la dio el Ministerio de Trabajo, que otorgaba a la provincia un censo de 149.587 desocupados al término de julio. Un mes antes eran casi 3.000 más, por lo que la mejoría era considerable. Pero tras estos cálculos, cada gaditano tiene su propia referencia, el caso cercano que representa en carne y hueso el impacto del paro en la provincia.


El crecimiento en los dos últimos años ha sido tal que hoy en día 50.400 hogares carecen ya de miembros empleados y, por lo tanto, no ingresan ningún salario. El número, otro más, es, sin embargo, mucho más elocuente que la mayoría de los que se conocen porque ofrece una visión más cercana y cotidiana que otros indicadores de esa llamada coyuntura laboral negativa.


Puede incluso parecer insostenible que haya un volumen tan alto de familias gaditanas afectadas, pero hay que tener en cuenta que muchas dependen aún de un solo sueldo, el del hombre, porque el 55,1% de las mujeres en edad de trabajo se mantienen inactivas (fuera del mercado laboral) y porque el aumento del paro ha generado una mayor precariedad en el sistema de contratación que favorece este fenómeno, con menos puestos indefinidos y más empleos temporales y casos de fraude de falsos autónomos o falsos fijos discontinuos.


La proliferación de hogares con todos sus miembros en paro ha sido progresivo y, según los cálculos realizados por el PP a través de preguntas parlamentarias y de información del Ministerio de Trabajo, el aumento en el último año es del 68,5%, lo que equivale a 20.500 familias más (entre las que, por supuesto, no se contabilizan aquellas formadas exclusivamente por jubilados, viudos o sin ningún miembro en situación activa), según difundió ayer la parlamentaria Esperanza Oña.


Si, además, el espectro se abre a aquellas en las que hay al menos un caso de desempleo, el volumen de afectadas es de 118.500, lo que significa más de un tercio (36,3%) de todas las unidades domésticas, unas 326.500 en el conjunto de la provincia gaditana.


La consecuencia es un nivel de improductividad que, por un lado, merma los ingresos de afiliación de la Seguridad Social y, por otro, genera un gasto público extra. Es decir, el desequilibrio de la caja de pensiones es creciente. Pero, además, el alto nivel de desempleo y la dificultad para la reinserción están provocando un incremento de los parados de larga duración y el agotamiento de las prestaciones o la incapacidad para generar nuevos derechos (el mínimo es de cuatro meses cotizados), de ahí la urgencia del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero para aprobar un subsidio fijo durante, posiblemente, un máximo de doce meses que impida que las familias se queden en el desamparo absoluto.


Esta situación se refleja en el descenso de los beneficiarios del paro y la subida de aquellos que recurren al subsidio o la llamada ayuda familiar. En julio, el número de personas con ingresos por desempleo eran 95.144 (un 63% del total). De estos, 40.531 cobraban la prestación contributiva, mientras que 33.460 (el 35,2%) dependían del subsidio, un cantidad fija de 420 euros que no se cobra automáticamente, sino que depende de la aprobación del Ministerio de Trabajo (antiguo Inem). Según el informe del pasado mes, el 92,2% de las 9.080 nuevas solicitudes presentadas en la provincia de Cádiz recibió el visto bueno de la Administración, un nivel ligeramente superior a la media española (91,3%).



martes, 4 de agosto de 2009

Vida diaria de los encerrados en Santo Domingo

Las duras jornadas de los parados de Santo Domingo
Las personas que optaron por el encierro para exigir un trabajo estable pasan las horas en el convento intentando que sus condiciones de vida sigan siendo dignas



Fuente: Diario de Cádiz / Miguel Ángel Alfonso / 04.08.2009

En el convento de Santo Domingo, residencia de la Galeona, siguen encerrados 20 parados en busca de un trabajo digno tras 28 jornadas. Entre juegos, visitas familiares y alguna que otra discusión van y vienen los días. Al verlos pasear por el atrio del recinto dominico parece que estén recluidos en una cárcel siendo su condena la causa de su encierro, pues no saldrán en libertad hasta que no pongan solución a su problema.


Se levantan diariamente a las siete de la mañana con más valor que moral. Las noches son muy frías y las mantas que Cáritas les ha donado contrarrestan el efecto térmico del mármol que cubre el suelo. Ya perdieron a un compañero a causa de las duras condiciones, el querido Guati: "cada vez que abría la boca nos hacía reír, ahora se ha recuperado y viene a visitarnos a menudo", comenta Joaquín, un oficial de albañilería que lleva dos años en paro y que tiene a su cargo a dos hijos. Luego viene la hora del desayuno, en la que una única tostadora abastece a esta veintena de hombres formando largas colas.


En el lugar cuentan con tres cuartos de baño, uno para familiares ya que tiene pestillo y en cuya puerta se puede leer "señoras y niños", otro que alberga la única ducha existente, pero como el agua es fría lo contrarrestan con una manguera que ponen al sol. Al tercero lo han habilitado como cocina y cuenta con un frigorífico que recogieron y arreglaron, también han pedido permiso al prior Pascual Saturio para tener una pequeña placa a gas donde hacen la comida. Este religioso afirma que el comportamiento de estos parados es "ejemplar, reivindicando sus derechos".


Estos fontaneros, escayolistas, oficiales de albañilería, electricistas y demás albañiles podrían levantar una obra entre ellos pero no encuentran trabajo. "Que la gente sepa que no estamos aquí de camping, esto es duro", comenta Vicente, otro oficial que lleva un año en paro. Llega la hora del almuerzo y en los fogones se encuentra Rafael, un encerrado más, quien voluntariamente ha aceptado ese oficio porque le gusta y lo tratan como a una madre responsable que se encarga de que todo funcione a la perfección; "el menú más repetido son las papas con carne", dice este improvisado cocinero. Pero las tareas de limpieza son otra cosa y se crean turnos diarios de cuatro personas para mantener el patio de Santo Domingo en perfecto estado.


Luego en la sobremesa y en otros ratos libres han creado, mediante tablas y pinturas, un parchís y una diana que junto a las cartas o al dominó los mantienen entretenidos hasta que llega el mejor momento del día que es la hora de las visitas. Entre las 20 y las 22 horas el convento se llena de chiquillos y mujeres, y el improvisado presidio rebosa alegría y vida. Como asegura Nene, uno de los parados, "las mujeres ya se han hecho amigas entre ellas y los niños juegan juntos, pero cuando se van nos quedamos realmente tristes". Y la noche cae de nuevo sobre el lugar dando paso al frío y a la ropa de abrigo, y estas personas que han decidido privarse voluntariamente de su libertad recuerdan aquello por lo que luchan sin sentirse solos porque están acompañados de buenos compañeros.


Así son aquí las jornadas, duras pero con pequeños momentos de satisfacción inherentes al ser humano. El lunes empezarán sin remedio una huelga de hambre para intentar alzar más su voz. Los compañeros que se concentran a diario en San Juan de Dios les apoyan, así como toda una ciudad por la que también luchan.


lunes, 3 de agosto de 2009

DOSSIER DE PRENSA DE LA XII ASAMBLEA GENERAL DE LA H.O.A.C.



PRESENTACIÓN

Este dossier, dirigido a los profesionales de los medios de comunicación social, pretende facilitar la labor de informar a la opinión pública de la celebración de la XII Asamblea General de la HOAC (Hermandad Obrera de Acción Católica), que tendrá lugar los días del 13 al 16 de agosto de 2009, en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid (Ciudad Universitaria)


En esta XII Asamblea General participarán 1.300 representantes de la HOAC procedentes de todas las comunidades autónomas del Estado, obispos de la Conferencia Episcopal Española y de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, representantes de los movimientos de Acción Católica Española e Internacional y de otros movimientos eclesiales, teólogos, representantes del Movimiento Mundial de Trabajadores Cristianos, del Movimiento de Trabajadores Cristianos de Europa y sus movimientos afiliados, del Movimiento Obrero de Acción Católica de Latinoamérica y representantes de los medios de comunicación social.

Para cualquier información que necesitéis antes de la celebración de la Asamblea, podéis poneros en contacto con los responsables de difusión de la HOAC de vuestra localidad y a nivel general con Mª del Castillo Oliva Peña, responsable de difusión de la Comisión Permanente de la HOAC; e-mail: difusión@hoac.es.

: 91 701 40 85; Fax: 91 522 74 03


Durante el transcurso de la Asamblea funcionará una Secretaría de Prensa cuya responsable será Mª Dolores Medina Pérez, delegada general de nuestras publicaciones Noticias Obreras y el periódico ¡TÚ!


Queremos expresaros nuestro reconocimiento por la tarea informativa que prestáis a la sociedad y, en concreto, por la difusión que realizáis de todos aquellos acontecimientos que ayudan a configurar una realidad más justa y solidaria.

LA COMISIÓN PERMANENTE

MIEMBROS DE LA COMISIÓN PERMANENTE DE LA HOAC

Presidente General: Francisco Güeto Moreno

Consiliario General: Isaac Núñez García

Responsable de Organización: José Antonio Sánchez Fernández

Responsable de Formación: Francesc Llorens Pascual

Responsable de Encuadramiento: Salvador Tejera de León

Responsable de Difusión: Mª del Castillo Oliva Peña


HOAC Comisión Permanente
c/ Alfonso XI, 4-4º - 28014 MADRID
e-mail: hoac@hoac.es

: 91 701 40 80. Fax: 91 522 74 03


http://www.hoac.es/
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LA HERMANDAD OBRERA DE ACIÓN CATÓLICA

1. ¿Qué es la HOAC?

La Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) es un Movimiento Apostólico de Acción Católica especializado en el Mundo Obrero.

La HOAC está formada por hombres y mujeres que han decidido vivir la fe y el seguimiento a Jesucristo en las condiciones de vida y trabajo del mundo obrero, en sus sectores más débiles y empobrecidos.

La vida y misión de la HOAC se expresa en la vida de sus militantes, que, encarnándose en las circunstancias actuales de fragmentación y precarización del mundo obrero, comprometiéndose y trabajan para que los sectores más empobrecidos tengan voz y protagonismo, denunciando toda realidad que atenta contra el plan de Dios…, testimonian a Jesucristo e invitan a sus compañeros y compañeras a seguirle.

Así comprometidos en su lugar de trabajo, en el barrio, en las organizaciones obreras y participando vivamente en su Iglesia diocesana, la HOAC va acercando la Iglesia al mundo obrero y el mundo obrero a la Iglesia.

Para vivir todo lo anterior, la HOAC siempre ha concedido un papel fundamental a la formación de militantes obreros cristianos. Formación, entendida como el logro progresivo de un modo de ser, de pensar, de sentir, de actuar y de vivir, personal y comunitariamente, profundamente cristiana.

La HOAC nace en 1946 como Movimiento Apostólico de Acción Católica, con la misión de hacer presente a Jesucristo y a su Iglesia en el mundo obrero. Su promotor y primer militante fue Guillermo Rovirosa, actualmente en proceso de canonización, quien aceptó el encargo de los obispos de poner en marcha la rama obrera de la Acción Católica.


A lo largo de su historia la HOAC ha mantenido unas constantes:

● Estar al servicio de la misión evangelizadora de la Iglesia en el Mundo Obrero ayudando a los trabajadores a su promoción y desarrollo personal, a descubrir su dignidad de ser personas y obreros, a despertar la conciencia obrera cristiana vivida desde la solidaridad con los empobrecidos y a vivir en la Iglesia del Obrero de Nazaret.

● Conservar, por su condición de Movimiento Apostólico de Acción Católica, una profunda espiritualidad laical que hace que el hombre y la mujer se sumerjan en el mundo para intentar prolongar, allí donde estén, la acción de Dios.

● Sentirse vinculada a los otros movimientos de Acción Católica, a través de la Federación de Movimientos de la Acción Católica Española, manteniendo una estrecha relación y comunión con los obispos.

● Y, por su condición obrera, pertenecer al departamento de Pastoral Obrera de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar (CEAS) para contribuir a una Pastoral Obrera de toda la Iglesia.

En definitiva, el caminar de la HOAC en estos 63 años ha discurrido en una vida de fe en la que lo cristiano y lo obrero se funden, y cuya mayor aportación al Mundo Obrero ha sido Jesucristo mismo.


2. Guillermo Rovirosa y Tomás Malagón

Presentamos los datos biográficos más importantes de dos personas que han marcado la identidad de la HOAC y cuya impronta continúa viva en ella: Guillermo Rovirosa, promotor y primer militante de la HOAC, hoy en proceso de canonización, y Tomás Malagón, sacerdote consiliario de gran talla teológica y cultural, del que celebramos el 25º Aniversario de su muerte.


Guillermo Rovirosa Albet nace en Vilanova i la Geltrú (Barcelona) el 4 de agosto de 1897.

A los 18 años rompe con la vida cristiana y comienza los estudios en la Escuela Industrial de Barcelona. Allí inicia su trabajo profesional como experto en electricidad y mecánica aplicada. Vive un tiempo de desorientación y de búsqueda de la verdad en las filosofías y corrientes religiosas del momento. En 1925 se casa con Catalina Canals. Se trasladan a París. Son años de incredulidad y escepticismo, en los que su fuerte personalidad y su gran capacidad intelectual no encuentran, más allá de la ciencia, respuesta a sus inquietudes vitales.

Unas palabras casualmente oídas al arzobispo de París le hacen ver que ha rechazado a Jesucristo sin conocerlo realmente. Por honestidad, emprende un proceso de información sobre la figura de Jesús y de acercamiento a su persona que culmina con su conversión a la fe cristiana en El Escorial en la Navidad de 1933.

Se queda a trabajar en Madrid. Allí le sorprende la Guerra Civil. Es elegido presidente del comité obrero de su empresa. Entra en contacto con la Doctrina Social de la Iglesia, lo que le ayuda a organizar su pensamiento y sus planteamientos sociales con rigor. Este cúmulo de experiencias le lleva a descubrir y valorar definitivamente el apostolado obrero.

A finales de 1940 se incorpora a la Acción Católica. En mayo de 1946 los obispos de España deciden la creación de la HOAC como movimiento apostólico especializado para los obreros adultos, y encargan a G. Rovirosa la tarea de organizarlo y ponerlo en marcha. Este entiende que Dios ha aceptado el compromiso de su conversión y se dedicará ya por entero al apostolado en el mundo del trabajo, viviendo como un obrero pobre.

Viaja infatigablemente por toda España, organiza cursillos, hace posible el semanario obrero ¡Tú!, dirige el Boletín de la HOAC, visita la mayoría de los seminarios, cuida especialmente la formación de militantes. Su palabra, honda y directa, conmueve siempre, reclamando la vivencia genuina del Evangelio, la valoración del trabajo y la dignidad del obrero. Él, como la HOAC, hacen presente la Iglesia en el mundo obrero y el mundo obrero en la Iglesia.

Esta tarea, en el momento histórico que España vive entonces, no podría ser realizada sin oposición y conflictos. En 1957, la jerarquía eclesiástica, fuertemente presionada, lo retira de la dirección de la HOAC. Rovirosa lo asume con inmensa paz y, en adelante, tras un accidente en que pierde un pie, hará largas estancias en Montserrat. Será este un tiempo muy fecundo, de profundización espiritual, de avance en su pensamiento, tal como se refleja en sus escritos, y de colaboración apostólica con militantes y amigos.

Muere en Madrid el 27 de febrero de 1964.

La apertura del proceso de canonización de Guillermo Rovirosa tuvo lugar en Madrid el 8 de julio de 2003.

La HOAC promueve este proceso para dar a conocer la vida y obra de Rovirosa porque él es para sus militantes un referente de militante obrero cristiano; una persona que entregó su vida, en cuerpo y alma, y gracia, como él decía, a «devolver a Cristo a los pobres de su tiempo, al mundo obrero».


Tomás Malagón Almodóvar nació en Valenzuela de Calatrava (Ciudad Real) en 1917.

Ingresa en el Seminario de Ciudad Real en 1929. En 1933 continúa sus estudios eclesiásticos en la Universidad Pontificia de Comillas (Santander). Durante la Guerra Civil combate como soldado de transmisiones en el frente de las Alpujarras. Se especializa en Meteorología y da clases a los oficiales del ejercito republicano. Terminada la contienda, continúa su carrera eclesiástica en Comillas, coronada con excelentes calificaciones. Se ordena sacerdote en julio de 1943.

Regresa a Ciudad Real, donde es profesor de Teología Dogmática, rector del Seminario Menor y canónigo de la catedral. En 1944 funda la Hermandad Ferroviaria de Acción Católica de Ciudad Real. El movimiento ferroviario católico es una de las fuerzas que convergen en la fundación de la HOAC en 1946. Don Tomás es el primer consiliario de la HOAC de su diócesis.

Se le designa consiliario de la Comisión Nacional (hoy Comisión Permanente) de la HOAC en noviembre de 1953. Durante diez años desarrolla una fructífera colaboración con Guillermo Rovirosa. En 1964 es destituido como consiliario general de la HOAC, pero siempre supo mantener plenamente la comunión eclesial, el amor a la Iglesia y su vinculación a la HOAC.

Anteriormente interviene en la gestación y desarrollo de la Editorial ZYX, promovida por militantes de la HOAC. Vive intensamente entregado a su misión de formar militantes cristianos. Trabaja en las Semanas Impacto de las Mujeres de Acción Católica, colabora con los Centros de Cultura Popular y es inspirador y realizador de la experiencia pedagógica «Nuevo Equipo». En esta misma etapa desempeña la dirección del Instituto Superior de Cultura Religiosa y es profesor del Centro de Estudios Teológicos de Sevilla. En sus años finales colaboró también activamente con el Movimiento Cultural Cristiano y con la Fraternidad Cristiana de Enfermos y Minusválidos.

El 27 de febrero de 1984, después de un día de convivencia con la Comisión Permanente de la HOAC, terminó su vida de apóstol de Cristo.


3. La HOAC en el momento actual

La HOAC, con unos 1.300 militantes y 160 personas en iniciación, está presente en 44 diócesis de la Iglesia española e implantada en todas las comunidades autónomas del Estado español, excepto en Baleares.

Los militantes de la HOAC viven su compromiso, tanto a nivel personal como comunitario, desde la situación de conflicto que padece el mundo obrero en torno a cinco situaciones: la precariedad laboral, la exclusión social que genera el mercado de trabajo, las crecientes dificultades para la vida familiar y la educación, las condiciones de vida y trabajo de los inmigrantes y la discriminación de la mujer en el mundo del trabajo; promoviendo la implicación y el protagonismo de las personas, muy especialmente de aquellas que sufren las consecuencias del empobrecimiento y la deshumanización, en afrontar sus problemas, en la transformación de su realidad y su acercamiento vital al proyecto de felicidad de Jesucristo a través de la HOAC.

Los militantes de la HOAC están presentes tanto en organizaciones sociales (sindicatos y partidos políticos, asociaciones de madres y padres de alumnos, asociaciones de vecinos) como en organizaciones eclesiales (otros movimientos eclesiales, parroquias, equipos de Pastoral Obrera, consejos diocesanos…).


Las publicaciones de la HOAC

Desde su creación, la HOAC ha contado con diferentes instrumentos de difusión para llegar a los ambientes obreros. Son más de 60 años de prensa obrera cristiana.

Actualmente edita las siguientes publicaciones:

¡TÚ!: Se trata de una publicación mensual, ágil, fácil de leer, que pretende llegar a amplios sectores del mundo obrero. Con brevedad, trata de profundizar en los hechos cercanos y cotidianos que vivimos, con el fin de promover y formar una conciencia social, cristiana y adulta entre los trabajadores y trabajadoras.

NOTICIAS OBRERAS: Revista de periodicidad quincenal, que aborda distintos temas de actualidad tanto sociopolíticos y laborales como eclesiales, ofreciendo elementos de reflexión desde una perspectiva cristiana.

Ediciones HOAC: Una editorial que, a través de sus libros y cuadernos, intenta abordar aspectos que son claves para la militancia cristiana hoy.


Algunos aspectos de la vida y presencia pública de la HOAC

● La HOAC comparte cada año con los trabajadores y trabajadoras, y con la sociedad en general, una dinámica de vida y acción en torno a las situaciones más sangrantes que afectan actualmente al Mundo Obrero y del Trabajo (p. ej., situación de los trabajadores extranjeros en nuestro país, las condiciones de trabajo, los accidentes laborales, las dificultades que vive la familia obrera, la situación de la mujer, la precariedad laboral…) y en las que puedan vincularse los compañeros y compañeras en los lugares de trabajo, en los barrios, en las parroquias, para poder poner en el centro de la tarea a las personas y facilitar la implicación y el protagonismo de las mismas.


● Cada diócesis, al hilo de lo anterior, organiza un conjunto de actividades (centros de interés, campañas, concentraciones, recogida de firmas…), para reflexionar, concienciar y denunciar las causas y consecuencias de aquellas situaciones, e implicar tanto a las organizaciones sociales como a las eclesiales.


● La HOAC, en situaciones concretas o ante acontecimientos importantes para los trabajadores, desde su ser Iglesia en el mundo obrero, se manifiesta a través de comunicados y reflexiones (1º de Mayo, elecciones políticas y sindicales, conflictos laborales, huelga general, conflictos bélicos, crisis económica…).


La dimensión internacional de la HOAC

● La HOAC es miembro activo del Movimiento Mundial de Trabajadores Cristianos (MMTC) y de su sección europea, el Movimiento de Trabajadores Cristianos de Europa (MTCE)


● La HOAC cuenta con un Fondo de Solidaridad Internacional dirigido a promover proyectos de formación cristiana de los trabajadores de los países del Sur. A través de este fondo, la HOAC quiere contribuir a la sensibilización y concienciación de las trabajadoras y trabajadores españoles ante la realidad de sus compañeros y compañeras en otros países del Sur. La HOAC viene desarrollando, desde el año 1991, esta iniciativa de solidaridad internacional como expresión de su conciencia obrera cristiana. A lo largo de estos últimos seis años, el Fondo de Solidaridad Internacional ha apoyado y financiado unos 83 proyectos en África, Asia y América Latina, que han supuesto unos 510.000 euros.



Del 13 al 16 de agosto de 2009 se celebrará en Madrid la XII Asamblea General, bajo el lema: «PARA EVANGELIZAR EL MUNDO OBRERO Y DEL TRABAJO, HUMANICEMOS LA CULTURA».


LA CELEBRACIÓN DE LA XII ASAMBLEA GENERAL

La celebración de una Asamblea General es un momento muy importante de la vida de la HOAC. La Asamblea General es el máximo órgano de debate, valoración, concreción y decisión sobre la vida, objetivos y tareas de la HOAC. Todos los militantes de la HOAC participan en la preparación y en la celebración de dicha asamblea.

A lo largo de su historia, la HOAC se ha ido preguntando cómo ir definiendo y concretando su misión evangelizadora en cada circunstancia histórica del mundo obrero y de la Iglesia.


1. Qué nos planteamos en la XII Asamblea General

Los hombres y mujeres que formamos la HOAC queremos plantearnos en esta asamblea cómo configurar, desde nuestra identidad como movimiento de Acción Católica y nuestra misión evangelizadora en el mundo obrero y del trabajo, una manera de sentir, pensar y actuar y ofrecerla como propuesta que transforme la cultura que genera el sistema de producción y consumo


En continuidad con las dos asambleas generales anteriores, donde la HOAC nos planteamos el Compromiso Evangelizador personal y comunitario (Quehacer Apostólico Comunitario), en esta XII Asamblea General queremos reflexionar en la respuesta que hemos de dar a los retos que nos plantea la actual situación de empobrecimiento y deshumanización que vive el mundo obrero y del trabajo para su evangelización.


Esta situación actual viene marcada por el hecho de que el sistema económico de producción y consumo se ha convertido en sistema social y cultural que está configurando un modelo de ser persona, una sensibilidad, una manera de conocer y de actuar que nos hace vivir desde la máxima normalidad e indiferencia la explotación de las personas, la injusticia y el empobrecimiento que el mismo sistema produce. La actual crisis económica es un claro ejemplo de lo que esto significa.


Este empobrecimiento y deshumanización se manifiestan especialmente en las cinco situaciones del mundo obrero y del trabajo que queremos que sigan vertebrando nuestra Acción Evangelizadora.


Pero la cultura dominante también está influyendo en la Iglesia, y por tanto en la HOAC, y está siendo un obstáculo a la tarea evangelizadora. Por ello es fundamental construir y vivir unos nuevos valores que fructifiquen y transformen la cultura y la forma de pensar, sentir y actuar de las personas.


Por tanto, el problema fundamental que nos encontramos es la supervivencia del ser humano y la deshumanización. Combatir esta situación pasa por que la Iglesia y la HOAC seamos capaces de presentar a Jesucristo como propuesta de humanización y de liberación para todos los hombres y mujeres. También para el mundo obrero y del trabajo. Experiencia que vivimos y transmitimos en la medida en que dejamos a Cristo ganar terreno en nuestras vidas, en la medida en que somos místicos en el corazón del mundo obrero.


Esta experiencia de Jesucristo, desde nuestra existencia obrera, se ha de convertir en formas de vida y acción que hagan posible la humanización y la comunión, que se conviertan en proyecto de felicidad para responder al hombre y a la mujer de hoy.


Estas propuestas de vida y acción queremos que nos ayuden a:

● Construir y vivir un proyecto de humanización que sea expresión de la experiencia y del encuentro personal con Jesucristo.

● Desarrollar una vida de comunión en la familia, en la HOAC, en la Iglesia, en la sociedad… que posibilite vivir dicho proyecto de humanización encarnado en la debilidad del mundo obrero.

● Realizar, fruto del encuentro con Cristo, una Acción Apostólica Comunitaria y un Proyecto Evangelizador de los militantes generador de comunión y de humanización.
La HOAC


2. Apertura y clausura de la XII Asamblea General

La Asamblea comenzará el día 13 de agosto a las 10:30 horas, con el acto de apertura, al que asistirán, entre otros, varios obispos de la Conferencia Episcopal Española. Finalizará con el acto de clausura el día 16 de agosto, a partir de las 10:30 horas, dando lectura al comunicado final de la XII Asamblea General de la HOAC y celebrando la Eucaristía.



ORDEN DEL DÍA DE LA XII ASAMBLEA GENERAL

1. Oración y saludos.

2. Presentación de la Asamblea y de los asistentes.

3. Ratificación del Acta de la XII Asamblea General.

4. Informe de la Comisión Permanente.

5. Ponencia: «La mística de la HOAC».

6. Celebración del 25º Aniversario de D. Tomás Malagón.

7. Encuentro para compartir las experiencias de los Sectores.

8. Diálogo y aprobación de las propuestas de Vida y Acción y del
Plan de Trabajo para desarrollarlas.

9. Cambios en los Estatutos y las BEFI debidos a la ratificación de las «Modificaciones para avanzar en un funcionamiento organizativo al servicio de la misión».

10. Despedida y acogida de los miembros de la Comisión Permanente.

11. Clausura.



domingo, 2 de agosto de 2009

UNA REALIDAD A EVANGELIZAR


Publicado en: NOTICIAS OBRERAS:
Tema de la quincena. Núm. 1.484-1.487 [16-7-09 / 15-9-09]
Comisión Permanente de la HOAC
Resumen del documento de trabajo de la
XII Asamblea General de la HOAC.




En la preparación de nuestra XII Asamblea General, los militantes de la HOAC hemos dialogado y compartido los rasgos fundamentales del contexto social y eclesial en el que vivimos, aquellos que nos parece hemos de tener especialmente en cuenta en nuestra manera de vivir y de actuar en el mundo obrero y del trabajo. Ofrecemos en este Tema Complementario una síntesis del documento compartido por la HOAC. Teniendo en cuenta estos rasgos de la realidad social y eclesial, hemos compartido los retos a los que creemos hemos de intentar dar respuesta hoy y de cara al futuro. En la Asamblea General concretaremos las propuestas de vida y acción que nos ayuden a caminar en esa dirección.

Consideramos que los rasgos fundamentales de la realidad social y eclesial que hemos de tener especialmente presentes son los siguientes:


1º.- JUSTICIA, EMPOBRECIDOS Y MUNDO OBRERO

En nuestra sociedad no existe una clara conciencia del escándalo que representa la pobreza en nuestro mundo. Por lo general, sabemos que existen pobres, incluso muchos, pero no somos realmente conscientes de lo que este hecho significa. Vivimos en un mundo con recursos económicos, científicos, técnicos…, más que sobrados para que todas las personas pudiéramos vivir con lo suficiente para tener una existencia digna y, sin embargo, esto está muy lejos de ser así. Y no existe una conciencia social generalizada de que se trata de un radical problema de injusticia. Injusticia en el conjunto del planeta e injusticia en cada uno de los países, incluidos los ricos, donde también abundan los empobrecidos.


En sociedades ricas como la nuestra incluso podríamos decir que existe una notable indiferencia social ante ese hecho de la pobreza. Vivimos como si no existiera. Incluso los pobres molestan e incomodan. Predomina la convicción social de que el crecimiento económico resolverá por sí mismo las necesidades de la sociedad y no nos damos cuenta de que un enorme crecimiento económico como el de las últimas décadas no ha representado nada para resolver el problema de la pobreza. De hecho, falta en el conjunto de nuestra sociedad una real conciencia de lo que significa la existencia de una multitud de empobrecidos en nuestro mundo, de la radical injusticia y falta de humanidad que esto representa, y de la relación que existe entre el enriquecimiento de unos y el empobrecimiento de otros en nuestro mundo globalizado.


Así, socialmente, el objetivo de buscar justicia para todos, que sólo puede construirse en la medida en que se busca expresamente y cuando orienta las actuaciones sociales y personales, se ha ido debilitando cada vez más y ha sido sustituido por el objetivo del bienestar asentado sobre un crecimiento económico permanente, y por la búsqueda de la afirmación de derechos individuales de todo tipo, con muy escasa conciencia de las responsabilidades hacia los demás, especialmente hacia los empobrecidos, y hacia el bien común. Por eso mismo tampoco somos realmente conscientes de lo que representa el problema ecológico para las futuras generaciones ni lo entendemos como el problema de justicia que es.


Este debilitamiento o pérdida de la perspectiva de la justicia no significa que no existan personas y organizaciones que luchan con toda generosidad, solidaridad y entrega por y con los empobrecidos. Lo que significa es que socialmente no se cuestionan las causas de ese empobrecimiento, se da por bueno el sistema social y la forma de vida que lo genera y lo sostiene. Con ello se hace mucho más difícil acabar con él, ir más allá de combatir sus manifestaciones más extremas e, incluso, verlo como el problema social que es.


Algo parecido a lo que ha pasado con la justicia ha ocurrido con el mundo obrero. En otro tiempo existía una, al menos, relativa conciencia social de la estrecha relación entre mundo obrero y empobrecidos, entre la forma en que se organiza el trabajo, las condiciones laborales, y la dependencia y pobreza de muchos trabajadores. Por eso lo que ocurría en el mundo obrero se consideraba muy importante socialmente. Hoy no es así. Esa conciencia social ha desaparecido, incluso en el seno del mundo obrero y del trabajo.


La conciencia social que hoy predomina no ve en absoluto la relación entre trabajo y empobrecimiento, y no percibe tampoco la situación del mundo obrero como un problema social importante. Es más, tiende a considerar los problemas del mundo obrero y del trabajo como algo superado, más bien propio del pasado. Un ejemplo de esta carencia de conciencia social sobre los problemas del mundo obrero es lo que está ocurriendo con los accidentes laborales. Un problema tan extraordinariamente grave, con tantos muertos, inválidos y familias destrozadas cada año, apenas tiene lugar en la conciencia social, es como si no existiera. Seguramente porque se percibe más como una fatalidad, algo inevitable, que como lo que es, una realidad vinculada a las condiciones laborales. Lo mismo ocurre con otras muchas situaciones del mundo obrero.


Es conciencia social generalizada que lo que ocurre en el mundo obrero y del trabajo es lo normal y que es necesario aceptarlo como lo que hay. Para corregir las situaciones más desfavorables a los trabajadores ya están la acción de los gobiernos y de los sindicatos. Más allá de esto no se cuestionan las causas de una situación laboral que se considera la normal para el mundo de hoy. Entre los propios trabajadores, aún cuando existe una situación de malestar, lo más extendido es la resignación ante lo que hay.


Estos dos problemas, el debilitamiento de la justicia y de la conciencia de la importancia de la situación del mundo obrero, están estrechamente relacionados. En nuestra opinión son dos manifestaciones del hecho de que el capitalismo se ha hecho dueño y señor de la vida social.


2º.- EL CAPITALISMO SE HA ENSEÑOREADO DE LA VIDA SOCIAL

Desde nuestro punto de vista, un elemento esencial del actual contexto social es que el capitalismo ha logrado dominar en gran medida la vida social, extendiendo su lógica individualista y economicista al conjunto de la vida social y colonizando cada vez más esferas de la vida de las personas.


El capitalismo es una forma de entender y organizar la economía, un sistema económico. Pero, por su propia naturaleza, para poder funcionar necesita ser mucho más que eso. Necesita el crecimiento continuo y sin límites de la economía para generar beneficios económicos siempre crecientes. Porque el lucro particular es su motor (en la creencia de que lo que mueve al ser humano y dinamiza la vida social es la búsqueda por cada uno de su propio interés, el egoísmo individual). Y para ello necesita estar constantemente eliminando los obstáculos que se opongan a la competencia entre unos y otros en la búsqueda permanente del mayor beneficio económico posible. Por eso el capitalismo tiende a convertirlo todo en mercancías de las que se puede obtener un beneficio (las cosas, pero también el trabajo, las relaciones, la naturaleza…). Y su pretensión permanente es situar la lógica economicista del beneficio en el centro de la vida social, haciendo que todo gire a su alrededor y no permitiendo que la rentabilidad económica sea subordinada a otros fines sociales, la justicia por ejemplo.


«El capitalismo ha logrado dominar en gran medida la vida social, extendiendo su lógica individualista y economicista al conjunto de la vida social y colonizando cada vez más esferas de la vida de las personas»

Esa es la lógica que ha caracterizado al capitalismo desde sus orígenes hasta hoy. Pero como esa lógica de convertirlo todo en mercancía es destructiva para la vida (porque hay realidades que cuando se convierten en mercancías se destruyen, como es el caso del trabajo y de la naturaleza), los seres humanos se han resistido socialmente a esa extensión de la lógica economicista. El resultado de esa resistencia ha sido la conquista de espacios de no mercantilización de la vida social, para que las personas no se vieran a merced de la lógica de la competencia por el beneficio. Estos diques de contención de la marea de la lógica economicista han sido los derechos laborales, sociales, políticos…, de las personas, y los servicios públicos, las prestaciones sociales, la regulación de la economía por el Estado, etc. Pero esos derechos, prestaciones, regulación…, se convierten para la lógica economicista en costes que es necesario reducir para que no limiten el crecimiento de los beneficios económicos privados. Y, por eso, la lógica economicista busca formas de reducirlos lo más posible. De hecho, es la tendencia que ha predominado en las últimas décadas de la mano del neoliberalismo: para incrementar los beneficios económicos particulares se han debilitado esos diques de contención de la lógica economicista. Es lo que se expresa habitualmente con palabras como «liberalizar» o «flexibilizar» la economía, pero que en realidad significa su desregulación, la eliminación de normas, regulaciones, límites… Esta desregulación tiene como consecuencia la desestructuración de la vida de las personas y su subordinación a los intereses económicos.


Esta desestructuración de la vida de las personas incide tanto en su dimensión personal como en su dimensión social. Así, por ejemplo, cada vez resulta más difícil organizarse y mantener una participación activa en la vida social. Cuando no lo dificulta la falta de conciencia ante la realidad, lo dificulta la falta de tiempo y disponibilidad provocados por la aceleración de los ritmos de vida, las largas jornadas laborales, la inestabilidad en el trabajo, la flexibilidad impuesta, la dispersión geográfica y familiar, la alta exigencia de hoy para la educación de los niños y la atención a los mayores… Un sistema social que desestructura la vida de las personas hasta el punto de dificultar tanto sus posibilidades de actividad social, política y eclesial, es un sistema tremendamente empobrecedor y deshumanizador.


3º.- SUFRIMIENTO Y DESHUMANIZACIÓN EN EL MUNDO OBRERO Y DEL TRABAJO

A pesar de que en la conciencia social generalizada se considera poco relevante lo que ocurre en el mundo obrero y del trabajo, este dominio de la vida social por el sistema de producción y consumo está generando situaciones de un gran sufrimiento y deshumanización en amplios sectores del mundo obrero y del trabajo, y configurando un modelo de vida social en el que se extienden la explotación de las personas, la inseguridad social, la dependencia, el empobrecimiento y la deshumanización.


Esta situación tiene diversas manifestaciones:

a) El modelo de la estabilidad laboral con un cierto grado de seguridad vital de los trabajadores y sus familias y con un cierto reconocimiento práctico de derechos laborales, está siendo sustituido por el modelo de la flexibilidad y la precariedad laboral que genera inseguridad en el empleo y debilita radicalmente el ejercicio de los derechos en el trabajo. A medida que se extiende y consolida el modelo de la flexibilidad y la precariedad laboral, las condiciones de trabajo se van degradando para cada vez más trabajadores y se acentúa la explotación, la dependencia y la inseguridad laboral. Es un modelo laboral que convierte a las personas en instrumentos al servicio de la mayor rentabilidad de la producción, adaptándolas a la fuerza a los requerimientos de la rentabilidad económica.


b) Pero este modelo de la flexibilidad y precariedad laboral no sólo genera inseguridad y dependencia en el trabajo, también genera inseguridad y dependencia vital. Por una parte, porque la inseguridad en el empleo (por tanto en los medios de subsistencia) genera en sí misma, inseguridad vital y se convierte en un mecanismo que facilita la aceptación de cualquier tipo de trabajo. Por otra, porque el tiempo productivo invade cada vez más espacios del tiempo de vida, del tiempo personal, familiar, social…, desestructurando la vida de las personas y dificultando poder vivir humanamente. Dicho de otra manera: el sistema de producción y consumo configura la vida de las personas de forma que resulte funcional para su pretensión de producir y consumir para generar rentabilidad económica. Moldea la vida de las personas estructurándola desde la producción y el consumo, genera forzosamente una forma de vida que adapta y somete a la persona a las exigencias de la economía, mutilando y atrofiando las dimensiones de la vida humana que no son funcionales a la producción y el consumo.


«Un sistema social que desestructura la vida de las personas hasta el punto de dificultar tanto sus posibilidades de actividad social, política y eclesial, es un sistema tremendamente empobrecedor y deshumanizador»

c) Junto a los dos aspectos anteriores, el sistema de producción y consumo genera también otra realidad que, en nuestra opinión, resulta decisiva: una forma de sentir, pensar y actuar (una cultura) que se ha convertido en hegemónica y que orienta la vida de las personas en la dirección que el sistema de producción y consumo necesita para su funcionamiento, hace deseable la forma de vida que necesita para funcionar. Se ha ido imponiendo como lo normal, lo natural y lo deseable una orientación de la vida humana centrada en el ser productor y consumidor. Lo cual está provocando un radical empobrecimiento de las personas y dificultando seriamente la posibilidad misma de ser persona. En la medida en que la vida de las personas se configura desde los presupuestos y desde la cultura que genera el sistema de producción y consumo, se nos hace mucho más difícil vivir como personas. Y cuando esto ocurre se hace también más difícil luchar contra la explotación, la injusticia y el empobrecimiento que niegan la dignidad del ser humano.


La situación de empobrecimiento y vulnerabilidad afecta de modo particularmente negativo: a los jóvenes, a las mujeres; y a los trabajadores inmigrantes, que en su inmensa mayoría padecen los peores efectos del modelo de la flexibilidad y la precariedad laboral, muchas veces con las peores condiciones de trabajo, a lo que se añade la vulnerabilidad que representa el hecho de que suelen ser considerados como mano de obra barata antes que como personas, y también la vulnerabilidad que supone su condición de «extranjeros».


4º.- UNA RADICAL DEFORMACIÓN DE LA POLÍTICA

Los tres aspectos de la realidad social que hemos considerado hasta aquí no se han producido por generación espontánea. Son el resultado de todo un conjunto de decisiones, de acciones y omisiones, de relaciones sociales… En definitiva, son una construcción política.


El dominio de la vida social por la lógica economicista del sistema de producción y consumo ha ido configurando una muy determinada manera de orientar la política, un modelo político acorde con esa hegemonía social de la producción y el consumo. Este es un elemento muy importante del contexto social en el que vivimos, pues representa, por una parte, un obstáculo importante para combatir la situación de explotación, dependencia y empobrecimiento de las personas; y, por otra, un poderoso mecanismo de deshumanización, porque supone una atrofia o mutilación de la capacidad humanizadora de la acción política, como dimensión constitutiva de la existencia humana e instrumento para construir relaciones sociales humanas.


El modelo político dominante en nuestra sociedad se caracteriza, entre otras cosas, por la subordinación y sometimiento de la acción política a la lógica economicista. En buena medida, la orientación predominante de la política es, en lugar de la búsqueda de construir justicia en las relaciones sociales, la búsqueda de la adaptación de las personas y de la vida social a las exigencias de la producción y el consumo. Más que como instrumento para modificar las relaciones sociales que dificultan la vida digna de todas las personas, la política se orienta desde la perspectiva de la gestión de una situación dada que se considera inmutable e incuestionable.


Se produce así un divorcio cada vez mayor entre la vida cotidiana de las personas y la perspectiva que predomina en la actividad política. Son como dos mundos paralelos. La mayoría de los problemas sociales no se perciben como problemas políticos. No se considera vida política lo que ocurre en la realidad cotidiana del trabajo, del barrio, de la escuela, etc. Espacios en los que, por lo demás, las formas predominantes de vida, las condiciones del trabajo y la cultura dominante favorecen cada vez más una menor participación y sentimiento de responsabilidad.


Es muy importante el hecho de que la mayoría de los problemas sociales no se perciban como problemas políticos. Lo que eso significa es que en la conciencia común se perciben cada vez más como lo normal y natural. Es lo que hay. Además, de hecho, la mayoría de los problemas de la vida cotidiana de las personas y muchas de las situaciones que antes hemos señalado al referirnos al mundo obrero y del trabajo ocupan un lugar muy secundario o simplemente no están en la agenda política.


Lo que queremos subrayar especialmente es que este modelo político dominante es un poderoso mecanismo de deshumanización, porque lo que hace es atrofiar la dimensión política de la existencia humana, mutilando la capacidad de las personas de vivir la responsabilidad de los unos hacia los otros en la vida social, que es camino de humanización. Además, la despolitización de los problemas sociales y la crisis de la participación social que este modelo político impulsa, dificultan enormemente construir relaciones sociales humanas: la búsqueda de la justicia para los empobrecidos se debilita mucho desde esta manera de vivir la política.


El dominio que el capitalismo ejerce sobre la vida social y la manera de orientar la política que predomina en nuestra sociedad, están suponiendo un profundo proceso de destrucción de la sociabilidad humana, un cada vez mayor predominio de lo individual sobre lo comunitario, y una notable pérdida del sentido comunitario de la lucha por la justicia y del valor de las organizaciones para esta lucha. Esto tiene muchas consecuencias para el desprestigio de lo público puesto al servicio de las personas y de finalidades colectivas, para la vocación del ser humano a la comunión, para la valoración de las organizaciones sociales como un bien de la sociedad, y para la conciencia de la responsabilidad que tenemos los unos hacia los otros, hacia la vida social y hacia el bien común, todo lo cual ha provocado una desmovilización de las personas ante los problemas que sufrimos. Esta dinámica nos está configurando cada vez más como sujetos con escasa conciencia de nuestra responsabilidad social, a la vez que sitúa a los empobrecidos en una posición de mayor debilidad, vulnerabilidad e indefensión.


En ese sentido, el desafío de ayudar a descubrir el valor de lo comunitario para la realización de nuestra humanidad nos parece que resulta fundamental hoy y de cara al futuro.


Esto último tiene una especial importancia, pues las organizaciones sociales, también las del mundo obrero, se ven profundamente afectadas y debilitadas por esta situación, precisamente en un momento en que las organizaciones son más necesarias que nunca para luchar contra el empobrecimiento, la injusticia y la deshumanización. Por eso, hoy es fundamental colaborar a recuperar el papel de las organizaciones sociales y centrar su trabajo en el servicio a los sectores más débiles y empobrecidos del mundo obrero y del trabajo.


5º.- UNA CULTURA QUE DEFORMA Y DESORIENTA NUESTRA HUMANIDAD

Siendo tan radical la deshumanización que genera lo que hasta aquí hemos apuntado, en nuestra opinión lo más radicalmente deshumanizador es la cultura de matriz economicista que domina nuestra sociedad. Porque es lo que más deforma y desorienta nuestra humanidad.


La cultura es un hecho social propio del ser humano. Contiene muchos elementos, pero lo central en toda cultura es la forma de sentir, pensar y actuar (la forma de vivir y comportarse) que genera y extiende hasta lograr que se considere normal y natural para el ser humano. En cierta forma podemos decir que la cultura responde a la pregunta: ¿Qué es lo que nos hace ser personas y realizar nuestra humanidad? La cultura es un hecho social, pero no es un hecho externo al ser humano si no que lo impregna y lo configura. Es creación de la acción del ser humano en sociedad, pero es a la vez el ambiente en el que vivimos, como el aire que respiramos y en el que nos desarrollamos. Por eso la cultura es decisiva para la humanización: en la medida en que la cultura que domina en una sociedad orienta nuestra vida en un sentido humanizador, nos facilita crecer como personas; y en la medida en que lo hace en un sentido deshumanizador, dificulta ese crecimiento.


Decimos «facilita» y «dificulta», porque la cultura no determina la libertad y responsabilidad personal, pero sí influye en ella, porque es la que establece la normalidad en una sociedad. Así, tanta importancia tiene prestar atención al hecho de que las personas somos sujetos de la cultura, constructores de cultura, que con nuestra libertad podemos orientar nuestra vida personal y la vida social en uno u otro sentido, como al hecho de que la cultura que domina en una sociedad puede ayudarnos a la realización de nuestra humanidad o hacerla más difícil al promover la tendencia al pecado (a la deshumanización) que existe en nosotros. Porque, igual que puede empujarnos a «sacar lo mejor de nosotros mismos», también puede «sacar lo peor», nuestro individualismo, egoísmo, deseo de dominio…


Por esa misma razón la cultura es tan importante en la evangelización. Pablo VI decía que en gran medida evangelizar es evangelizar la cultura. Es decir, sumergirse en la realidad concreta de la vida de las personas para transformar la cultura de manera que la forma de sentir, pensar y actuar se asemeje lo más posible a la forma de sentir, pensar y actuar que Jesucristo nos muestra como la más humana, la que mejor realiza nuestra humanidad. Y por eso mismo, Juan Pablo II, siguiendo la reflexión del Concilio Vaticano II, insiste en que el Evangelio necesita hacerse cultura para poder vivirse plenamente, necesita traducirse en una forma de sentir, pensar y actuar en la vida personal y social.


«El Evangelio necesita hacerse cultura para poder vivirse plenamente, necesita traducirse en una forma de sentir, pensar y actuar en la vida personal y social»

La cultura que genera el sistema de producción y consumo es, ante todo, una manera de orientar la vida del ser humano, una propuesta práctica del tipo de persona que debemos ser. En este sentido, se ha dicho con razón que el peor daño que ha causado el capitalismo al ser humano es que ha puesto en el corazón de las personas y en el centro de la vida social aquello que Jesús quiso quitar del corazón del hombre y de las relaciones sociales para que pudiéramos vivir humanamente. Esta antropología, que se ha convertido en cultura hegemónica en nuestra sociedad, se ha caracterizado acertadamente como la del ganar, gastar y gozar.


Las dos características más centrales de esta cultura dominante en nuestra sociedad son el individualismo y el hedonismo.


El individualismo, que supone una profunda deformación del valor de la individualidad y de la autonomía del sujeto. No somos una pieza más de un engranaje social, somos seres singulares que podemos asumir y vivir nuestra autonomía de sujetos y responsables de nuestra vida y de la vida de los demás. La cultura moderna ha subrayado este valor. Pero la cultura economicista lo que ha hecho es deformarlo al extender la convicción social de que lo normal y natural es la búsqueda por encima de todo del propio interés individual. Así, se ha ido extendiendo cada vez más la convicción social de que lo propio del ser humano es comportarse como un individuo que compite con los demás para buscar su propio interés.


El hedonismo, que supone una deformación del deseo del ser humano de ser feliz y disfrutar de la vida, porque sustituye este sano deseo por la consideración de lo que nos gusta como criterio de lo humano, de lo que es bueno para el ser humano. Igual que el individualismo es el imperio del propio interés, el hedonismo lo es del propio gusto.


La expresión mayor de este hedonismo en nuestra sociedad es el consumismo, que quizá es lo que caracteriza mejor la cultura dominante en nuestra sociedad. El consumo siempre creciente es una necesidad ineludible del sistema de producción capitalista. Por eso necesita generar una forma de vida consumista que se convierte en promesa de felicidad para las personas.


El consumo sin límites representa problemas sociales y medioambientales muy importantes. Pero, además, genera otra realidad fundamental desde un punto de vista cultural: necesita convertir a las personas en individuos consumidores. Para ello, lo que hace es, a través del poderoso sistema publicitario, sustituir las necesidades de las personas (que son limitadas) por los deseos sin límites. Pero, ese hacernos sujetos deseantes que responden a sus deseos sin límites y siempre cambiantes (por eso se ha dicho que en realidad lo que el consumismo fabrica es el capricho como norma de comportamiento) a través del consumo de productos y sensaciones, sólo es posible si adoptamos la personalidad de consumidores. Eso es lo más característico de la forma de sentir, pensar y actuar consumista: nos va moldeando como individuos que nos situamos ante todo como consumidores, para los que todo es elegible, desechable, intercambiable…


El dominio cultural de este individualismo y hedonismo consumista tiene repercusiones muy importantes para los humanismos, para la ética y para la vivencia de la fe. Sobre todo, porque supone una forma de sentir, pensar y actuar socialmente aceptada y considerada como la normal, en la que el propio interés, conveniencia y gusto se convierten en norma. Por eso, la cultura dominante en nuestra sociedad se caracteriza también por el subjetivismo y el relativismo, que son una deformación de nuestra humanidad y sobre cuya base se debilitan profundamente las relaciones sociales.


Subjetivismo y relativismo son una deformación del valor de la libertad y la autonomía personal, por la cual cada uno personaliza lo que es vivir humanamente y se hace cargo de su existencia. Porque convierten la libertad en la ausencia de límites al propio interés, conveniencia o gusto. Porque tienden a situarnos ante los otros como competidores, como un obstáculo para nuestra libertad, más que como lo que en realidad son: los necesitamos para realizar nuestra humanidad, son aquellos con quienes podemos construir nuestra humanidad. Por eso, el relativismo y el subjetivismo debilitan profundamente la vida social, porque socavan las bases comunes de la convivencia. Y en ese mismo sentido, la competencia permanente, la supremacía del más fuerte…, hacen que las relaciones de violencia estén muy presentes en nuestras vidas y en nuestros ambientes sociales.


Esta extensión del subjetivismo y del relativismo, vinculados al individualismo y al hedonismo crea grandes problemas a los planteamientos éticos, a los humanismos y a la fe cristiana. Porque se perciben frecuentemente como una limitación a la libertad individual, al proponer unas normas, valores, criterios…, objetivos, según los cuales construimos humanamente nuestra vida y a los que debemos someter nuestro criterio, conveniencia o gusto individual. Por eso, el subjetivismo y el relativismo son también tan negativos para reconocer, personal y socialmente, el lugar que corresponde a la situación de los empobrecidos y a la lucha por la justicia, porque nos dificultan sentirnos afectados por el dolor y el sufrimiento de los empobrecidos.


De ahí que la cultura dominante en nuestra sociedad fomente un secularismo práctico, que es una deformación del valor de la secularización, entendida como la capacidad de las personas de construir nuestra vida personal y social sin recurrir a ninguna divinización de la realidad (ya sea a través de una fe religiosa o de una ideología), que la convierte en algo inamovible e inmutable. El individualismo-hedonismo y el subjetivismo-relativismo son un poderoso mecanismo de secularismo, porque orientan la existencia en un sentido en el que se hace muy difícil vivir desde Jesucristo. Quien construye su vida desde el propio interés, gusto y conveniencia y se convierte a sí mismo en criterio de vida no puede construir su vida desde la confianza en Dios. Pero, de la misma forma, hace muy difícil vivir desde un humanismo consecuente, que reconozca prácticamente la importancia decisiva de los demás en nuestra existencia.


Además, el dominio social de esta cultura es una gran dificultad para combatir la injusticia y el empobrecimiento, que tanto abundan en nuestra sociedad y en nuestro mundo obrero.


Por lo que está en juego en la construcción de nuestra humanidad y en la lucha por la justicia y la solidaridad con los empobrecidos, es tan importante colaborar a construir una cultura humanizadora en nuestros ambientes sociales y, particularmente, colaborar a reconstruir una cultura y una conciencia obrera humanizadora y liberadora en el seno del mundo obrero y del trabajo.


6º.- UNA IGLESIA QUE NO ESTAMOS SABIENDO RESPONDER A ESTA SITUACIÓN

Nuestra Iglesia está teniendo grandes dificultades para dar una respuesta evangelizadora en este contexto social. En nuestra opinión ello es debido tanto a la propia influencia del contexto social, especialmente de la cultura dominante, en la vida de la Iglesia, como a algunos errores e incoherencias por parte de nuestra Iglesia. En ocasiones la misma manera de situarnos la Iglesia agrava las dificultades para la Evangelización.


Problemas como:

a) Una vivencia más individual que comunitaria de la fe.


b) Unas comunidades parroquiales con un escaso o inexistente dinamismo misionero y muy marcadas por el clericalismo.


c) Un laicado muy poco organizado, formado y escasamente presente en la realidad de la vida social y con grandes dificultades (entre otras cosas por falta de cauces adecuados de acompañamiento eclesial) para encarnar formas de vida cristianas en medio de la realidad social. Y, consecuentemente, un escaso testimonio comunitario de otra forma de vida distinta a la dominante en nuestra sociedad.


d) Una falta de real corresponsabilidad y protagonismo de los laicos en la vida de la Iglesia, muy marcada por la desconfianza hacia los seglares y por la debilidad, cuando no retroceso, de los cauces de corresponsabilidad y diálogo al interior de nuestra Iglesia.


e) Una falta de reconocimiento real y efectivo del papel de la mujer en nuestra Iglesia: las mujeres siguen teniendo en nuestra Iglesia un papel secundario y frecuentemente subordinado, que no se corresponde ni con su dignidad ni con su mayoritaria presencia en las comunidades eclesiales.


f) Una muy escasa conciencia social y política, que se sigue percibiendo por muchos cristianos como algo ajeno a la fe de la Iglesia.


g) Una importante dificultad para el diálogo con nuestra sociedad, sabiendo descubrir, asumir y promover los aspectos positivos que hay en ella, buscando mostrar y transformar lo que es deshumanizador, y ofreciendo la Buena Noticia de Jesucristo como la propuesta de humanización que es.


Por otra parte, nuestros obispos están especialmente preocupados, nos parece que con razón, por el problema de la cultura. Especialmente por lo que tiene la cultura dominante en nuestra sociedad de materialismo, subjetivismo, relativismo y secularismo. Subrayan insistentemente la deshumanización que esto representa y el problema de la influencia del secularismo dentro de la Iglesia. Con ello creemos que hacen un buen servicio a la sociedad y a la Iglesia.


Ahora bien, en nuestra opinión, se cometen con frecuencia algunos errores que dificultan la misión evangelizadora de la Iglesia:

a) Predomina una visión parcial del problema de la cultura. Porque se desvinculan del problema de los empobrecidos y la injusticia que sufren, del problema de las formas de vida y las dificultades que nuestro sistema social nos crea para vivir como personas y de la cultura que domina nuestra sociedad. Nosotros creemos que esas tres dimensiones no se pueden separar porque forman parte de una misma realidad. Desvincularlas lleva, nos parece, a una respuesta equivocada a lo que necesita el contexto social en el que vivimos:


Se pone el acento en la necesidad de la asimilación y difusión de las creencias cristianas como forma de responder a la cultura secularista y su influencia al interior de la Iglesia y, junto a ello, se propone el ejercicio de la caridad personal y social. Sin negar en absoluto la importancia de la personalización y difusión de las creencias cristianas, entendemos que el acento hay que ponerlo en la forma de vida, en la que ocupa un lugar central la solidaridad con los empobrecidos y la lucha por la justicia. La forma de vida no es un derivado de las creencias, sino su contenido fundamental.


«El acento hay que ponerlo en la forma de vida, en la que ocupa un lugar central la solidaridad con los empobrecidos y la lucha por la justicia.La forma de vida no es un derivado de las creencias,sino su contenido fundamental»

b) Lo anterior lleva a agravar un problema crónico en nuestra Iglesia: la inoperancia de la Doctrina Social de la Iglesia.


c) Pero, sobre todo, lleva con frecuencia a un alejamiento de la realidad de la vida cotidiana de las personas. En la práctica, las situaciones cotidianas de la vida laboral, familiar, del barrio, del conjunto de la sociedad…, parece que no tengan demasiada importancia para amplios sectores de nuestra Iglesia, cuando deberían ser lo más importante, para ayudar a vivirlas humanamente. Es muy llamativa en este sentido la permanente insistencia en algunos temas y el clamoroso silencio en otros, especialmente en los relativos a los problemas de justicia para los empobrecidos y a los de la vida cotidiana de la mayoría de las personas.


d) Pero, más aún, lleva en ocasiones a una confusión de lo que podríamos llamar el «sujeto» del secularismo. A veces da la impresión de que para algunos sectores de la Iglesia el secularismo está producido por la actuación de unos grupos ideológicos que tienen la voluntad de construir la vida social de espaldas a Dios y que la tarea de la Iglesia consiste en combatir a esos grupos. Nosotros creemos que, aún siendo verdad que existen grupos sociales secularistas, el problema real está en otro sitio: lo que produce secularismo es el sistema social en el que vivimos. Ese es el problema importante que hay que afrontar, y que comporta lo que hemos señalado en los puntos anteriores. Antes nos hemos referido a la renuncia que se ha producido en el conjunto de nuestra sociedad a modificar las raíces de nuestro sistema social y cómo esto ha generado la extensión de un modelo político que ha sustituido la lucha por la justicia para los empobrecidos por la adaptación de las personas a las exigencias del sistema de producción y consumo, por el reconocimiento de un conjunto de derechos individuales (que, ciertamente, en algunos casos suponen un avance social), y por la promoción de la libertad entendida como ampliación de la capacidad de elegir, cambiar, desechar…, y la eliminación de límites para hacer el propio interés, gusto o conveniencia. En torno a esto último se ha generado una dicotomía social entre «progresistas» y «conservadores» más aparente que real. Nuestra Iglesia ha entrado frecuentemente en esta misma dinámica, apareciendo casi siempre situada del lado del conservadurismo, lo cual ha reforzado aún más la imagen que fabrica la cultura dominante en nuestra sociedad de que la Iglesia es un obstáculo para la libertad. En nuestra opinión, es un gran error para la Iglesia entrar en esta dinámica y situarse de esta forma para combatir el secularismo. La forma de afrontarlo ha de ser, por fidelidad al Evangelio de Jesucristo, la solidaridad con los empobrecidos y la lucha por la justicia.


Esta manera, en nuestra opinión errónea, de afrontar el problema de la cultura está reforzando al interior de la Iglesia algunos efectos negativos del contexto social en el que vivimos, en un doble sentido:

a) Al igual que ocurre en la sociedad, está debilitando en nuestra Iglesia la lucha por la justicia. No cabe ninguna duda de que desde la Iglesia, a través de formas muy diversas, se vive la cercanía y el servicio a los empobrecidos. Pero, salvando el valor que este trabajo tiene siempre, en gran parte de la pastoral de la Iglesia está ocurriendo lo mismo que en la sociedad: se están dejando de lado el origen de la desigualdad y la injusticia y las causas del empobrecimiento. El problema es que así se hace mucho más difícil combatir el empobrecimiento y se produce una separación entre amor y justicia, que tiene nefastas consecuencias para la evangelización.


b) Al igual que ocurre en la sociedad, de forma muy mayoritaria en nuestra Iglesia no se comprende la importancia de lo que ocurre en el mundo obrero y del trabajo. No se comprende su estrecha relación con el empobrecimiento de muchas personas y con la deshumanización de la vida social. Por eso tampoco se ve la importancia de la Pastoral Obrera.


Por último, hay aspectos del contexto eclesial que nos parece importante destacar, porque no facilitan nada poder construir una respuesta evangelizadora adecuada al actual contexto social.


La actitud defensiva que con frecuencia adoptamos en la Iglesia frente a una sociedad que considera generalmente lo que plantea la Iglesia más como un estorbo, como un obstáculo para la libertad, que como otra cosa. Sobre todo, cuando esta actitud defensiva lleva a posturas condenatorias y poco comprensivas con las personas y las instituciones. Situarnos en otra actitud mucho más dialogante y positiva en las realidades de la vida cotidiana de las personas, lo cual no significa en absoluto renunciar a plantear con claridad la propuesta del Evangelio, es hoy un reto fundamental para la Iglesia. En este mismo sentido, es necesario superar las dificultades que algunos sectores eclesiales tienen para situarse de forma positiva en una sociedad democrática, pluralista y laica.


Especialmente preocupante en este sentido nos parece la dificultad que hoy existe en nuestra Iglesia para el diálogo, pues este hecho resulta muy negativo para una realidad esencial en la vida y misión de la Iglesia: ser signo de comunión en medio de la humanidad. En un doble sentido:

a) La dificultad que existe para un diálogo sincero y profundo en nuestra Iglesia, que nos permita avanzar en vivir la comunión desde la diversidad y en la búsqueda de cuáles son las respuestas pastorales hoy más adecuadas.


b) La dificultad que existe para un diálogo sincero con la sociedad que contribuya a la construcción de una laicidad positiva desde el reconocimiento y la valoración de la pluralidad para construir una convivencia en común, aportando también las propuestas del cristianismo a esa construcción de la convivencia en común desde la diversidad.


A pesar de estas dificultades, incoherencias y limitaciones, hemos de reconocer y dar gracias a Dios por tantas realidades eclesiales que son un ejemplo de encarnación en la realidad de los empobrecidos, de acogida y entrega solidaria a los empobrecidos, de denuncia de la injusticia y de trabajo por construir relaciones sociales más humanas. Así como por aquellas que están promoviendo y animando dinámicas nuevas en nuestra Iglesia, para que crezcamos en fidelidad al Evangelio, en la defensa de la dignidad de las personas, especialmente de los empobrecidos, y en ofrecer un testimonio de fraternidad. En este sentido, nos sentimos especialmente agradecidos por el trabajo que, con todas nuestras limitaciones e incoherencias, venimos intentando realizar el conjunto de los movimientos de Acción Católica y desde la tarea de la Pastoral Obrera. ■


«Hemos de reconocer y dar gracias a Dios por tantas realidades eclesiales que son un ejemplo de encarnación en la realidad de los empobrecidos, de acogida y entrega solidaria»

Publicado en NOTICIAS OBRERAS:
Tema de la quincena,
Núm. 1.484-1.487 [16-7-09 / 15-9-09]

sábado, 1 de agosto de 2009

Los parados atraen a los políticos tras anunciar la huelga de hambre

Los 20 encerrados se mostraron indignados con las administraciones que todavía no le habían escuchado y les trasladarán sus propuestas por escrito el lunes


Fuente: DIARIO DE CÁDIZ - Emilio López / 01.08.2009


Los parados encerrados en el convento de Santo Domingo, que el pasado jueves anunciaron que el próximo día 10 iniciarán una huelga de hambre si antes no consiguen un puesto de trabajo, recibieron ayer la visita de representante del Ayuntamiento, la Diputación, la Junta de Andalucía y el Gobierno central, con los que se comprometieron a presentarle sus propuestas para crear empleo en la ciudad.


Daniel Castiñeira, uno de los portavoces de la Plataforma de Parados de Cádiz, declaró que los primeros en visitarlos fueron el delegado de Gobernación, Gabriel Almagro, junto con el de Empleo, Juan Bouza, a los que demandaron que convocaran también a las demás administraciones.


Más tarde, junto con los dos representantes de la Junta de Andalucía citados, acudieron el subdelegado del Gobierno, Sebastián Saucedo; el vicepresidente de la Diputación, Federico Pérez Peralta, así como la alcaldesa Teófila Martínez y el concejal delegado de Fomento, Bruno García, que días atrás cumplimentaron los perfiles de cada uno de los parados para ofertarlos a empresas.


Según el portavoz, los encerrados les mostraron su indignación por no haber escuchado antes sus reivindicaciones y le plantearon sus propuestas, que les enviarán por escrito a cada una de las administraciones citadas a partir del próximo lunes, para convocar una nueva reunión en la que abordarlas.


Por otra parte, el colectivo de parados manifestó que no abandonarán el encierro en el claustro conventual de Santo Domingo ni retirarán la convocatoria para iniciar una huelga de hambre el próximo día 10 sin antes encontrar una salida a su actual situación laboral.



Bouza se compromete a ayudar a los parados
encerrados en Santo Domingo



01.08.09 - N. A. "LA VOZ DIGITAL" - CÁDIZ


La alcaldesa Teófila Martínez aprovechó ayer la asistencia al Ayuntamiento de Cádiz del delegado provincial de Empleo, Juan Bouza; del delegado del Gobierno de la Junta de Andalucía; Gabriel Almagro; del vicepresidente segundo de la Diputación Provincial, Federico Pérez Peralta, y del subdelegado del Gobierno, Sebastián Saucedo, para organizar una improvisada reunión con los parados que se encontraban a las puertas del Consistorio protestando por su situación.


Este encuentro fortuito tuvo mejores resultados de lo previsto y el propio delegado provincial de Empleo se comprometió a colaborar con este grupo de ciudadanos y ofrecer la ayuda del Servicio Andaluz de Empleo para configurar los currículums que le permitan estudiar una posible colocación.


Asimismo, tomó en consideración la propuesta de los trabajadores para poner en marcha nuevas políticas activas de empleo. Durante los próximos días, el colectivo presentará por escrito sus demandas al delegado y mantendrán reuniones para intentar buscar alguna solución a sus problemas.


Precisamente ayer, la alcaldesa Teófila Martínez aseguró que la mediación del Ayuntamiento había permitido que tres de los parados fuesen colocados en empresas, mientras que otros tres también recibieron ofertas de trabajo, aunque en esta ocasión fueron rechazadas porque los ciudadanos consideraban insuficiente los cinco meses de contrato que se les ofrecía.


De este modo, parece que las soluciones a este colectivo que lleva ya casi un mes encerrado en el convento de Santo Domingo comienzan a ser una realidad y no sólo promesas. En los próximos días podría haber incluso desenlace y la finalización de un encierro por necesidad.







UGT apoyará al colectivo de encerrados en Santo Domingo “si nos lo pide”

Noticia publicada en Andalucía Información el martes 21 de julio de 2009




Fuente: CÁDIZ INFORMACIÓN - 21/07 - Paco López





La Unión General de Trabajadores de Cádiz aseguró ayer que el sindicato no tendría ningún problema en apoyar las reclamaciones del colectivo de parados de la construcción que se encuentra encerrado en el patio del convento de Santo Domingo, siempre y cuando “nos soliciten esa ayuda”. “Nosotros no podemos actuar si no nos lo piden antes”, apuntaron desde el sindicato.


Desde el sindicato, se puso como ejemplo de ese apoyo, la solicitud de ayuda que reclamó un colectivo de desempleados de Barbate, y el inmediato traslado del secretario general de UGT Cádiz, Pedro Custodio, a dicho municipio para participar en una marcha hacia el Ayuntamiento y reunirse con el alcalde.


UGT sale así al paso de las críticas vertidas por los encerrados, quienes aseguraban que no habían recibido, durante el tiempo que llevan de protesta y encierro, ninguna ayuda ni apoyo de los sindicatos gaditanos.


Por su parte, el sindicato CCOO no ha querido pronunciarse ni sobre el encierro que mantiene el colectivo, ni sobre su reunión con la alcaldesa, ni con la propuesta que los encerrados entregaron a Teófila Martínez.


Quien sigue dando pasos en apoyo del colectivo de encerrados es el Ayuntamiento, a través del Instituto de Fomento, ya que después de que la alcaldesa gaditana y los concejales de Fomento y Vivienda se reunieran con los parados y se comprometieran a elaborar sus perfiles profesionales para tenerlos a disposición de las empresas que los demanden.


Este compromiso municipal se mejoró ayer notablemente después de que el Ayuntamiento accediese a trasladar un equipo de técnicos, capitaneado por el responsable del área de Fomento, Bruno García, al patio del convento donde se protagoniza el encierro, después de que varios integrantes del colectivo se mostraran reticentes a abandonar el encierro para trasladarse al Consistorio.


Se trata de una medida parecida a la que adoptó el Servicio Andaluz de Empleo con los trabajadores de Delphi, trasladando a la factoría a varios equipos de técnicos para apuntarlos al paro.


A lo largo del día de hoy, el equipo de técnicos de Fomento culminará los perfiles de los encerrados y seguirá con los que se encuentran fuera apoyando la protesta.


● Quince días “enclaustrados” en el convento

El colectivo de desempleados de la construcción, que el pasado 8 de julio decidió radicalizar sus protestas en demanda de un empleo estable, encerrándose en el patio del convento de Santo Domingo, cumple hoy dos semanas recluido, sin que hasta el momento hayan recibido noticia alguna ni de la Junta de Andalucía, ni del Estado, como apuntaba ayer, Daniel, uno de los portavoces del colectivo. “Reconocemos el trabajo que está llevando a cabo el Ayuntamiento, pero echamos en falta que la Junta se implique, llevamos dos semanas aquí y no parece que importemos a las administraciones”, apunta Daniel.


“Esto no está siendo fácil para ninguno de nosotros, la fatiga, el cansancio y el pesimismo que tenemos, ya ha empezado a hacer mella en la salud de alguno de los compañeros y queremos una solución”, dijo.




viernes, 31 de julio de 2009

José Comblin: Cincuenta años animando comunidades cristianas en América Latina

Fuente: ADITAL
Autor: Antonio Duato *


CONVERSACIONES CON...
José Comblin


José Comblin pertenece a esa generación que se alimentó ya antes del Concilio de la nueva teología y sobre todo de la nueva actitud pastoral. Los movimientos de Acción Católica especializada a partir del análisis de la realidad, la teología renovada de Congar, De Lubac y Rahner, la sociología religiosa de Boulard y Le Bras… El ambiente clerical de su primera parroquia en Bélgica como coadjutor le resultó insoportable y pronto levantó el vuelo… Hoy, a sus 85 años, es un testigo cualificado de la historia de la Iglesia latinoamericana en estos últimos cincuenta años.


-Antonio Duato: ¿Por qué dejaste tan pronto tu patria para enraizarte en América Latina?

-José Comblin: Salí de Bélgica en 1958, cinco años después de haber hecho la petición a mi arzobispo cardenal Van Roey. Estaba convencido de que el proceso de secularización en Europa era irreversible y no quería asistir a esa lenta decadencia de la Iglesia en Europa, sobre todo con la convicción de que ese proceso era el resultado de errores gigantescos de la jerarquía católica que nunca había entendido la evolución del continente, porque quería defender sus privilegios de la cristiandad medieval. Sucedió que el mismo Pío XII abrió la puerta para América Latina. Llegué a Brasil para descubrir. Vi que había una evolución diferente. La JOC me hizo recordar que era belga. Los jocistas vinieron a buscarme en Campinas, pensando que era un amigo de Cardijn por ser belga él también. Me pidieron que fuera su consiliario, porque ningún sacerdote quería serlo. Pronto me di cuenta de que una revolución se estaba gestando en América Latina: desde 1960.


-A.D.: Fuiste testigo del nacimiento de una nueva Iglesia en Latinoamérica antes del Vaticano II. ¿Cómo empezaron esos cambios en algunos obispos que después fueron tan influyentes?

-J.C.: En 1960 se inició en Brasil un proceso revolucionario que interrumpió el golpe militar de 1964. Poco a poco la mayoría de la Iglesia entró en la oposición al golpe militar participando en la preparación de una sociedad diferente. Vaticano II dio apoyo a una política social más acentuada. En la historia de América Latina, de 1960 a 1985 fue una época gloriosa para la Iglesia (hasta 1990 en América Central). Dom Helder Camara fue uno de los líderes de la Iglesia en esa época. Su gran conversión fue en 1955. Había sido un brillante sacerdote en su diócesis natal de Fortaleza y en Río de Janeiro. Fue obispo auxiliar de Río, director de toda la educación católica, asesor nacional de la Acción Católica, miembro del Consejo federal de educación. Había fundado la Conferencia episcopal con la colaboración de Montini en el Vaticano. Fue el organizador del Congreso Eucarístico internacional de Río de Janeiro en 1955. Después del Congreso, el cardenal Gerlier, de Lyon, fue a despedirse y le dijo que le felicitaba por el triunfo del Congreso. Pero le dijo que durante la misa final los obispos tenían ante sus ojos el triste espectáculo de las favelas. Le preguntó por qué la ciudad de Río toleraba ese espectáculo. Sugirió a Dom Helder que hiciera algo en esa materia. Dom Helder le tomó las manos y le dijo: "Hoy mismo mi vida cambia". Su vida cambió. Desde entonces se dedicó al problema de los pobres y de las favelas. Hasta tal punto que, después de algunos años, el cardenal de Río ya no lo soportó y pidió al nuncio que lo sacara de Río de Janeiro.


-A.D.: Pero fue en tiempos del Concilio cuando esos cambios cuajaron en un movimiento de renovación que llevaría a Medellín y creo que tú puedes dar testimonio de cómo cambiaron la actitud pastoral de muchos obispos por esos años.

-J.C.: Durante el Concilio un grupo de obispos latinoamericanos percibió que el Concilio no trataba de los problemas propios de América Latina. Don Manuel Larraín y Dom Helder Camara estaban al frente de ese movimiento. Formaron el proyecto de una conferencia del CELAM para aplicar el Concilio con una complementación. La intención era aplicar el Concilio más allá del Concilio. Los temas ya estaban presentes en el Pacto de las Catacumbas. Unos 40 obispos del mundo entero, muchos de ellos latinoamericanos, se comprometieron a aplicar un programa de reforma de la vida episcopal en sus diócesis. Fue el 16 de noviembre de 1965 en la catacumba de Santa Domitila.

Decidieron mudar de vida y vivir una vida pobre en su residencia, su alimentación, su transporte. En su pastoral decidieron dar prioridad a los pobres. Esto proporcionó los temas principales de la Conferencia de Medellín, pues don Manuel Larraín había convencido al Papa Pablo VI, quien aceptó convocarla con gran entusiasmo. De hecho la Conferencia de Medellín en 1968 respondió plenamente a los proyectos del Pacto de las Catacumbas. Por supuesto Medellín no correspondía a lo que pensaban la mayoría de los obispos de América Latina. Era el programa de una vanguardia. Medellín suscitó una oposición muy fuerte en una Curia romana que Pablo VI no lograba orientar.

La Curia decidió apagar el espíritu de Medellín. Escogieron a Alfonso López Trujillo para realizar su proyecto. Alfonso López fue hecho obispo, secretario del episcopado colombiano y secretario general del CELAM por voluntad de la Curia. Desde el CELAM Alfonso López hizo todo lo que pudo para destruir Medellín. No lo logró en Puebla, pero sí con la ayuda de la Curia consiguió crear en América Latina un episcopado nuevo radicalmente indiferente a Medellín. Alfonso López fue hecho presidente del CELAM y, después, cardenal. La generación de Medellín fue reemplazada por obispos totalmente diferentes.



-A.D.: ¿Podrías enumerar algunos nombres de obispos de la generación de Medellín?

-J.C.: ¡Se podrían decir tantas cosas de cómo fueron esas verdaderas conversiones episcopales a partir del testimonio de sus curas y comunidades! Sólo voy a evocar algunos de esos obispos verdaderos pastores de su pueblo:

    Leónidas Proaño, de Riobamba (Ecuador);
    Samuel Ruiz, de San Cristóbal de Las Casas (México);
    Sergio Méndez Arceo, de Cuernavaca (México);
    Óscar Romero, de San Salvador (El Salvador);
    Geraldo Valencia, de Buenaventura (Colombia);
    José Dammert, de Cajamarca (Perú);
    los obispos del Sur Andino (Perú);
    Santiago Benítez, de Asunción (Paraguay);
    Ramón Bogarin, de San Juan Baptista de las Misiones (Paraguay);
    Gutiérrez Granier, de La Paz (Bolivia);
    Enrique Alvear, de San Felipe (Chile);
    Fernando Ariztía, de Copiapó (Chile);
    Enrique Angelelli, de La Rioja (Argentina);
    Ponce de León, de San Nicolás (Argentina);
    Jerónimo Podestá, de Avellaneda (Argentina);
    Jaime de Nevares (Argentina);
    Luiz Baccino, de San José de Mayo (Uruguay);
    Carlos Parteli, de Montevideo (Uruguay);
    Marcos Mac Grath, de Panamá (Panamá);
    Antonio Fragoso, de Crateús (Brasil);
    José Tavora, de Aracaju (Brasil);
    Cándido Padin, de Baurú (Brasil);
    José Maria Pires, de João Pessoa (Brasil);
    Luciano Mendes, de Almeida de Mariana (Brasil);
Y los cardenales:
    Aloísio Lorscheider, de Fortaleza (Brasil);
    Paulo Evaristo Arns, de São Paulo (Brasil);
    J.Landazzuri Ricketts, de Lima (Perú) y
    Raúl Silva Enríquez, de Santiago (Chile).

-A.D.: Pero la renovación no vino sólo de los obispos, sino de las comunidades cristianas de base (CEBs). ¿Cómo viviste ese florecimiento?

-J.C.: Las primeras CEBs aparecieron ya en los años 50 en Panamá y en Brasil (Barrio Pirambu en Fortaleza-Brasil y São Paulo de Potengi-Brasil). El Concilio las apoyó y conocieron una gran expansión después de Medellín. Eran una verdadera promoción de los laicos ya que hacían de ellos los protagonistas de las comunidades cristianas. Sin embargo no entraron en el derecho canónico y sus ministerios no fueron reconocidos oficialmente. Esta laguna les fue muy perjudicial, porque no encontraron defensa canónica cuando el clero se apartó de ellas. Las CEBs fueron también una promoción de los pobres. De hecho se desarrollaron casi exclusivamente en medio de los pobres dándoles visibilidad en la Iglesia, pues en las parroquias los pobres nunca aparecían, salvo como objeto de la caridad, pero nunca como sujetos activos. Las CEBs se desarrollaron sobretodo en Brasil, Chile, Perú, algunas diócesis de Ecuador, Bolivia, Paraguay y algunas diócesis de América Central sobre-todo en Guatemala, algunas pocas diócesis de México o Argentina. En Brasil siempre fueron reconocidas como parte esencial de los planes de pastoral del episcopado.


-A.D.: Sin embargo, también fueron atacadas…

-J.C.: Fueron duramente atacadas desde Roma, sobre todo por el nuevo CELAM dirigido por Alfonso López. Fueron denunciadas como una Iglesia paralela. Esta acusación fue asumida por el Papa Juan Pablo II en Puebla. La denuncia provenía de los sectores burgueses de la Iglesia que querían una Iglesia que fuera de su propiedad. En varios países esa acusación fue adoptada por el episcopado y el clero: en Venezuela, en Colombia y en grandes regiones de Argentina y México, y sectores de las Iglesias en los otros países. Hubo otra acusación que se expandió en poco tiempo. Fueron acusadas de ser comunidades marxistas y de que a través de ellas el marxismo se estaba apoderando de la Iglesia en América Latina. En realidad, en algunos lugares cuando los marxistas eran perseguidos por los regímenes militares, algunos escondieron su condición de marxistas y encontraron un espacio social en comunidades eclesiales. En aquel tiempo la Iglesia era el único espacio en el que se podía todavía hablar con un poco de libertad. Pero nunca la comunidad se transformó en grupo marxista. La acusación era falsa, pero en América Latina cualquier conversación sobre problemas sociales ya es comunismo. Cualquier persona de cualquier partido o ideología que hablase de problemas sociales era un comunista. En las comunidades eclesiales de base sí se hablaba de problemas sociales. En ese sentido, en las CEBs había muchos comunistas, la conferencia episcopal de Brasil era comunista, lo que se dijo muchas veces, y obispos como Helder Camara eran peligrosos comunistas. Todas esas denuncias tuvieron consecuencias: en varios países las CEBs todavía son vistas como comunistas.

Las CEBs han sufrido otro mal: en general, la nueva generación de sacerdotes no acepta las CEBs. No acepta la promoción de los laicos. Quiere a los laicos como servidores disciplinados ligados a la parroquia. Obligaron las comunidades a integrarse en la pastoral de la parroquia sin ninguna autonomía o iniciativa. Desde entonces, muchas comunidades se dedican a los sacramentos o actividades de devoción. Algunas pocas subsisten en donde hay todavía un párroco de edad avanzada.



-A.D.: Cuarenta años separan la conferencia de Medellín de la de Aparecida. ¿Qué es lo que continúa y lo que ha cambiado de uno a otro hito eclesial?

-J.C.: Los obispos de Aparecida no conocieron Medellín. No tuvieron esa experiencia. La conocieron por lo que se dice. Algunos habrán leído una parte del documento de Medellín. Pero quisieron manifestar su voluntad de continuidad. Afirman que quieren ser continuadores de Medellín y Puebla. Pero hay una gran diferencia entre los obispos de entonces y los obispos de ahora. Los que prepararon y orientaron la Conferencia de Medellín habían optado por una vida pobre y una opción pastoral de prioridad a los pobres. En Medellín buscaron una confirmación de sus opciones. Cuando los obispos de Aparecida hablan de opción por los pobres, no saben lo que dicen porque no lo han experimentado en su vida, salvo una pequeña minoría. Al revés, la mayoría tiene la experiencia de una Iglesia retraída, encerrada en sí misma y con poca preocupación real por los problemas sociales y la liberación de los pobres. Han dejado de pensar en los pobres como víctimas de una inmensa injusticia social. Los pobres son los necesitados que nos piden la caridad. Por eso piensan que se ha de dar importancia a la ayuda a los pobres. Inconscientemente el clero ha asumido la posición de los nuevos dueños del poder y de la propiedad en esta era de la globalización. Medellín sabía que existía una situación de conflicto entre los dominadores y los dominados. Actualmente ya no hay dominadores y dominados: hay los que están más desarrollados y los que lo están menos. El desarrollo debe dar solución a la diferencia. Por eso la prioridad de Aparecida no es la liberación de los oprimidos. Es la misión, o sea, la difusión y el crecimiento de la Iglesia católica.


-A.D.: ¿Por qué la misión?

-J.C.: El documento no lo dice explícitamente. Pero hay en el episcopado un comienzo de inquietud por la rápida expansión de las Iglesias pentecostales y neopentecostales. La consecuencia es una fuerte disminución del número de los que se declaran católicos. Habría que frenar o invertir esa evolución, sobre todo dando más resistencia a los católicos que permanecen fieles. Aparecida convoca a todos los católicos para una gran misión. Toda la Iglesia tiene que cambiar de rumbo y hacerse misionera. Sin embargo, esta llamada a una conversión total de la Iglesia supone una visión muy voluntarista de la historia. Supone que la voluntad de los individuos hará que todas las instituciones de la Iglesia sean misioneras. Instituciones que nunca han sido misioneras porque no fueron establecidas para ser misioneras, en adelante van a ser misioneras porque los obispos así lo quieren: las diócesis, las parroquias, los sacramentos y el culto, las escuelas católicas, los colegios católicos y las universidades católicas van a ser misioneras. Las obras católicas van a ser misioneras porque así lo quieren sus miembros. Semejante milagro sociológico nunca sucedió en la historia. Una sociedad cambia, cuando aparecen en ella nuevas instituciones con hombres y mujeres nuevos. Las instituciones antiguas no cambian sus objetivos ni toda su dinámica. Por eso la reacción al documento de Aparecida ha sido insignificante hasta ahora. La Iglesia pierde peso en el mundo de los pobres.

Hasta ahora no se ha manifestado ningún fenómeno de nueva orientación de las instituciones eclesiásticas hacia los pobres. El pontificado de Juan Pablo II no orientó la Iglesia en ese sentido. Ha aumentando la separación entre la Iglesia y el mundo, reforzando todas las señales de identificación de la Iglesia y encerrándola en su tradición cultural: catecismo más tradicional, derecho canónico sin cambio real, insistencia en la moral tradicional en la familia, lucha contra el comunismo como prioridad social, promoción de los llamados nuevos movimientos que son todos burgueses, con mentalidad burguesa introducida en toda la pastoral. Habría que cambiar todas esas prioridades. Ahora bien, el clero es mucho más clerical que antes, los seminarios preparan para el clericalismo, el control de la Curia romana intimida a los obispos y al clero. Se necesitaría en la cumbre romana y en toda la jerarquía un cambio semejante al que se produjo en el Vaticano II.



-A.D.: ¿Y qué ha tenido que ver en todo este proceso la Teología de la Liberación?

-J.C.: La teología de la liberación ha muerto, proclamó Juan Pablo II. Ella nació alrededor de la Conferencia de Medellín hacia el final de la década de los 60. Nació con una generación de teólogos formados en el norte de Europa: Francia, Bélgica, Alemania... y no en Roma. Esos teólogos estaban impregnados por la teología de Vaticano II. Habían cortado los contactos con la teología neoescolástica que se enseñaba todavía en los seminarios y las facultades de teología del continente. No eran profesores académicos. Estaban trabajando más bien en movimientos sociales, en la pastoral universitaria o social, sobre todo en el mundo de los pobres. De ahí una connaturalidad con Medellín. La teología de la liberación partió de una práctica social en medio de los pobres.

Las circunstancias históricas la favorecían. Era una época revolucionaria en América Latina. La revolución cubana había tenido repercusiones muy fuertes en todos los países. En el mundo entero se daba la descolonización, la rebelión de los estudiantes, la contestación de todas las instituciones sociales y el despertar de las mujeres que entraban en la vida social y pública. La lucha por la justicia estaba al orden del día. El mundo hacía el descubrimiento de la dominación y de la lucha de todos los pobre, víctimas de la dominación, en vistas a su liberación. La misma palabra "liberación" triunfaba. La audacia de la nueva generación de teólogos latinoamericanos sorprendió a los teólogos de Europa, pero ella logró imponerse y fue reconocida. Esa teología de la liberación ofrecía a los cristianos una posibilidad de estar presentes en las luchas de los pueblos latinoamericanos.



-A.D.: También tuvo sus detractores…

-J.C.: La política de los Estados Unidos y las clases poderosas de América Latina en seguida percibieron el peligro. La teología de la liberación todavía no estaba constituida y ya se encontró con una oposición feroz. Fue denunciada como marxista y comunista. Fue identificada con el movimiento Cristianos por el socialismo que nació en Chile durante el gobierno de Allende.

Las acusaciones se multiplicaban y llegaron a Roma. El mismo cardenal Ratzinger se dejó impresionar y publicó la famosa Instrucción de 1984 que era una condenación muy severa. La nueva generación de teólogos no se dejó intimidar y lanzó un programa de publicaciones. Pero las campañas de difamación limitaron poco a poco el espacio de su libertad. Era prohibida en la Argentina, en Colombia, en Venezuela y en muchas diócesis de todos los países. Siempre pudo contar con el apoyo de los obispos de Medellín. Pero las nuevas generaciones de obispos y sacerdotes no conocían la teología de la liberación. Sólo sabían que era un asunto peligroso. Ya no se enviaron sacerdotes o seminaristas para estudiar en Europa del Norte: miles fueron enviados a Roma y regresaron con una teología diferente. El control de la Curia romana sobre la enseñanza de la teología cerró todas las puertas de las instituciones católicas a la teología de la liberación. Los teólogos de la generación de Medellín perseveran y publican. Falta la generación siguiente.

Desde los años 80 se desarrollaron teologías más contextuales: teología feminista, teología afro-americana, teología indígena... Trajeron nuevos puntos de vista. También aparecieron contactos con teólogos africanos y asiáticos que a veces adoptaron la perspectiva latino-americana, aunque en cada continente la liberación tenga significados propios. Existe una teología del Tercer Mundo; sin embargo hay una diferencia. La teología latinoamericana de la liberación tiene fundamentos bíblicos muy fuertes y por eso tiene valor universal. No es una teología contextual. Tiene valor para toda la Iglesia en todos los continentes; es un mensaje para la totalidad de la Iglesia, un mensaje que ya era de los Padres de los siglos IV y V, y reapareció muchas veces en los siglos de la cristiandad sin nunca llegar a ser mayoritaria. Puesto que los retos de Medellín todavía subsisten, podemos aguardar la aparición de una nueva generación de teólogos de la liberación. El problema es cómo liberarse del monopolio intelectual de Roma.



-A.D.: ¿Cómo ves las nuevas esperanzas que algunos tienen de que América Latina en los próximos años vaya encontrando el camino de una cooperación económica y cultural que la libere de la secular dependencia de otros imperios?

-J.C.: No podemos saber el futuro. Podemos solamente conocer algo del presente, aunque en forma siempre parcial y localizada. De él pueden salir varias posibilidades. En este momento la globalización está en declive. La crisis en los Estados Unidos ha destruido la fe en el mercado como solución universal de la economía.

El mismo gobierno norteamericano he tenido que tomar medidas francamente socialistas como la nacionalización de grandes empresas privadas. El Estado resucita en los Estados Unidos para salvar el país. Siguiendo el mismo camino, los Estados nacionales resucitan también en las naciones que son parte del Imperio. La ideología neoliberal está desacreditada y en cada país surgen políticos y economistas que buscan otros caminos. Siempre el Estado ocupa un lugar central. El Estado interviene en el mercado. En América Latina las élites son colonialistas, como siempre. Quieren el Imperio porque el Imperio les garantiza sus privilegios. Ya no pueden contar con las Fuerzas Armadas desacreditadas después de la caída de los regímenes militares. Su apoyo está en el Imperio de los Estados Unidos. Van a tratar de salvarlo por lo menos en su país. Pero ya no logran impedir el surgimiento de movimientos populares, conducidos por líderes populares que, en cierta manera, pero con diferencias sensibles, retoman la tradición de los líderes populistas tan característicos de la historia latinoamericana. El Estado nació en Venezuela, Bolivia, Ecuador. Tiene algunas manifestaciones, aunque limitadas por el poder de las élites, en Argentina y Brasil. Hay movimientos que están creciendo en Paraguay, Perú, México, El Salvador, Guatemala, Nicaragua (?).

En América Latina los partidos políticos siempre han sido débiles porque todos se dejan atrapar por las élites. Mantienen un espectáculo: una democracia formal, pero la democracia se detiene en la puerta de las élites. La única excepción podría ser Chile, aunque la historia reciente permita dudas: las élites dominan todos los partidos representados en el Congreso chileno. El populismo es la forma de democracia de América Latina porque es el único sistema en el que las masas populares pueden hacer oír su voz. No sabemos el destino de los nuevos gobiernos latinoamericanos. No sabemos si lograrán formar una unión verdadera para compensar la fuerza del Imperio. No sabemos si los Estados Unidos van a recuperarse rápidamente de tal modo que reconquisten el control de todo su imperio. El porvenir económico parece más determinado. Está sucediendo que la evolución económica del mundo sigue el modelo propuesto por las agencias norteamericanas: la industria para China, la comunicación para India, la agricultura para América Latina. Se trata de la monocultura para producir caña de azúcar, soja o eucalipto para el papel. Son todos productos para la exportación. Es lo que se está instalando en América Latina. Las élites son felices porque esa evolución no pone en peligro su dominio sobre los países y mantiene el estado colonial que siempre les favoreció.

No es probable que se pueda cambiar esa evolución. Hasta gobiernos populistas tendrán que doblegarse.



-A.D.: ¿Y el futuro de la Iglesia en Latinoamérica?

-J.C.: El futuro de la Iglesia Católica tampoco está determinado. La jerarquía ha descubierto el avance de los movimientos pentecostales o neopentecostales protestantes. No sabemos hasta cuándo o hasta dónde esos movimientos podrán crecer más. Su crecimiento ha sido favorecido porque la Iglesia católica ha abandonado las masas populares urbanas hechas de inmigrantes expulsados del campo. La llamada a la misión hecha en la Conferencia episcopal de Aparecida en 2007, puede recuperar una parte de las masas populares si el clero está decidido a cambiar de rumbo. Puede ser que movimientos carismáticos católicos sean capaces de proporcionar a las masas populares un mensaje semejante al mensaje de los pentecostales protestantes.

No lo sabemos todavía. De todos modos la Iglesia católica será siempre un monumento nacional defendido por las élites nacionales que la miran cono un aliado poderoso. La Iglesia siempre será monumento nacional como en Inglaterra o en Suecia. No habrá anticlericalismo como en Europa. Las élites que controlan todos los medios de comunicación, la TV, la radio o los periódicos no lo permitirán. La Iglesia católica siempre tendrá fuertes instituciones de enseñanza y de salud. Siempre tendrá una fuerte presencia del Opus Dei en la política y en el gobierno. Siempre habrá una minoría de católicos sobre todo laicos fieles al espíritu de Medellín. Sólo saldrán de su condición de minoría si hubiera una revolución en Roma, lo que es sumamente improbable.


-A.D.: Efectivamente, la Iglesia católica parece estar viviendo un proceso de contrarreforma que la aleja del alma de los pueblos. Pero tú sigues siendo un hombre de esperanza, sin dejar de ser realista. ¿En qué signos se apoya tu esperanza?

-J.C.: Los intentos de vuelta a la Contrarreforma están en la lógica de la estrategia romana. Los observadores creen que el Papa es perfectamente lúcido. El Papa sabe muy bien que la secularización invade todos los países de la antigua cristiandad. Sabe que esa evolución es irreversible. Por eso sabe que la Iglesia será reducida a una pequeña minoría. Esta minoría estará en ruptura con la cultura dominante. Para poder resistir à la penetración de la cultura dominante, los católicos tendrán que permanecer en una ortodoxia rigurosa: fidelidad radical al magisterio, observancia perfecta de la moral católica tradicional, sumisión total a la institución en todos los niveles. Son las normas de cualquier minoría que quiere permanecer. Sin embargo la Curia cree que podrá salvar una gran parte del poder político y económico de la Iglesia gracias a instituciones con fuerte presencia en el mundo político y económico. En América Latina la situación no es tan alarmante por diversas razones. En primer lugar, la práctica sacramental siempre ha sido muy débil dadas las condiciones de dispersión de la población en territorios inmensos. El fenómeno de la debilidad de la práctica era bastante general salvo en el departamento de Antioquía, en Colombia, y en los Estados mexicanos de Jalisco, Michoacán y Puebla.

Otra razón es que ya no hay anticlericalismo. En la segunda mitad del siglo XIX y al comienzo del siglo XX hubo un anticlericalismo dirigido por la masonería que reunía a los pocos intelectuales y a la clase política dirigente del tiempo. Ese movimiento no ha sido aceptado por las élites tradicionales y se apagó casi completamente. La masonería funcionaba sobre todo como club de clases privilegiadas, lo que fue substituido por los Rotary Club o Lions Club y otros clubes de los Estados Unidos. Estos no tienen ningún conflicto con la religión, al revés.

Una tercera razón es que en América Latina, la herencia de Medellín no está totalmente perdida. Claro está que la Iglesia de hoy es muy diferente de la Iglesia de entonces. Predominan los nuevos movimientos de los años 40 de Europa, el movimiento carismático y un nuevo clero que tiene nostalgia de los tiempos anteriores a Vaticano II. Sin embargo, la Conferencia episcopal de Aparecida (2007) afirma que quiere estar en continuidad con Medellín y Puebla; renueva el compromiso con los pobres y defiende las comunidades eclesiales de base por lo menos en algunos países. Es verdad que en la práctica el mensaje es muy diferente, pero permanece el prestigio de aquellos tiempos y el recuerdo de los grandes obispos que prepararon e hicieron Medellín. Existe la conciencia de que esa época fue la que fundó de alguna manera un catolicismo autóctono en América Latina y hay una minoría que permanece fiel y mantiene el mensaje. Nuevas circunstancias pueden darle una nueva actualidad. A largo plazo la nostalgia de la Contrarreforma va a disminuir. Un día reaparecerá la preocupación por el mundo y el lugar del cristianismo en el mundo. La esperanza de poder rehacer la cristiandad que fue la orientación de Roma desde la Revolución francesa, va a tener que ceder de nuevo y algo del espíritu de Juan XXIII va a reaparecer. La nueva sociedad que predomina en Occidente y se expande por el mundo entero no va a desaparecer. Un día los cristianos reconocerán que es inútil esperar la muerte de esta sociedad. La Iglesia va a tener que reconocer sus valores y entrar en diálogo.



[Publicado en IGLESIA VIVA - Nº 235, julio-sept. 2008 pp. 71-82
© Asociación Iglesia Viva - ISSN. 0210-1114].



* Teólogo y Editor de IGLESIA VIVA