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UNA MIRADA CRISTIANA DEL TRABAJO HUMANO Y EL BIEN COMÚN
¡ACOGE, ABRAZA, CUIDA, ACOMPAÑA...!
LA VIDA DEL MUNDO OBRERO Y DE LOS POBRES,
CON MISERICORDIA Y COMPASIÓN.


¡Bienvenido/bienvenida! al "blog" de la HOAC diocesana de Cádiz y Ceuta.


lunes, 18 de mayo de 2015

DÍA DE LA ACCIÓN CATÓLICA
Y DEL APOSTOLADO SEGLAR 2015

«SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS»
Domingo, 24 de mayo de 2015



«FAMILIA CRISTIANA,
APÓSTOLES EN EL MUNDO»

24 de mayo de 2015
(Solemnidad de Pentecostés)

DÍA DE LA ACCIÓN CATÓLICA
Y APOSTOLADO SEGLAR
 

15 de mayo de 2015

Queridos todos/as: 

El próximo día 24 del presente mes celebraremos a las 12:00 de la mañana en la Catedral de Cádiz, presidida por el Sr. Obispo, la Pascua de Pentecostés, a la cual estáis invitadas todas las realidades diocesanas, simbolizando y mostrando la comunión con nuestro pastor y la riqueza del cuerpo místico en nuestra Diócesis de Cádiz y Ceuta, en la labor evangelizadora desde la riqueza de carismas que el Señor suscita.

Como veréis este año no celebraremos la Vigilia,
sino que todo se centraliza en el día 24.

Nuestro obispo os anima y os llama para celebrar con él una celebración tan importante.  Tenemos un subsidio litúrgico que tendremos que coordinar.  No es necesario que haya una reunión previa, con que estemos una media hora antes en la catedral podremos repartir las distintas partes de la eucaristía.


Un abrazo fraterno a todos/as y nos vemos en la fecha indicada.
Que Dios os bendiga. 

Fernando María Campos Rosa
Vicario General





22 de mayo de 2015
 
Queridos todos:
    Como os comunicamos hace breves fechas, este domingo 24 a las 12,00 de la mañana en la Catedral de Cádiz, tendrá lugar la eucaristía de Pentecostés. Os recuerdo que estáis todos invitados, mostrando así la riqueza del cuerpo místico presente en la Diócesis con la multiplicidad de carismas existentes.
 
    Pentecostés es el momento de la salida de la Iglesia en su misión evangelizadora desde la comunión, signo del efecto de la gracia de Dios que une y dinamiza la vida de la Iglesia. Sin comunión efectiva y afectiva no podrá haber nunca evangelización verdadera.
 
Como hemos escuchado estos días en el evangelio de San Juan la petición de Jesús: "que todos sean uno...y el mundo pueda reconocer así que tú me has enviado, y que los amas a ellos como me amas a mí" (jn 21-23).
 
    Don Rafael nos anima y convoca como pastor de la Diócesis a mostrar nuestra comunión con él y el envío a dinamizar la Iglesia de la Nueva Evangelización, del siglo XXI.
 
    Un abrazo fraterno a todos. 
Fernando María Campos Rosa
Vicario General
 




 
MATERIALES DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA
Comisión Episcopal de Apostolado Seglar
Familia cristiana, apóstoles en el mundo
24 de mayo de 2015
(Solemnidad de Pentecostés)

 
Mensaje de la Comisión

Subsidio litúrgico

Material para el trabajo personal

Vigilia de Pentecostés

Cartel


Familia cristiana, apóstoles en el mundo

20 mayo 2015 | Por
 
Familia cristiana, apóstoles en el mundo
     

 
Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar 2015. Mensaje de los obispos de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar (CEAS). Solemnidad de Pentecostés, 24 de mayo de 2015
 
 
El anuncio del Evangelio de la familia constituye una urgencia para la nueva evangelización como nos recuerdan los padres sinodales (n. 29). Esta tarea es responsabilidad de todo el Pueblo de Dios.
 
 
En el seno de la Iglesia existen diversas vocaciones, carismas, ministerios, condiciones de vida y responsabilidades que se complementan. Como nos propone la exhortación Christifideles laici, gracias a esa diversidad y complementariedad, cada fiel laico está en disposición de ofrecerle su propia aportación[1]. Toda vocación cristiana es, pues, una vocación al apostolado, a la misión. El matrimonio que funda la familia, es una vocación a la que Dios llama como camino de seguimiento y santidad, haciendo así de la familia lugar y fuente de evangelización, por ser vocación cristiana.
 
 
La familia debe tomar conciencia gozosa de su misión en la Iglesia, para ello hay que proponer caminos que permitan a la familia alcanzar su plenitud de vida humana y cristiana[2]. A esta apasionante tarea estamos llamados todos los que formamos parte de la Iglesia, asumiendo cada uno su papel. Esto conlleva alumbrar un cambio que permita trasformar la pasividad en protagonismo, animando a la familia a asumir su misión evangelizadora[3]. Ello pasa porque los cónyuges, y toda la familia, asuman la responsabilidad que les viene conferida por su pertenencia a la Iglesia a través del bautismo y concretada de una forma especial por la gracia sacramental del matrimonio. Para conseguir este objetivo, toda la comunidad eclesial debe alentar a las familias a descubrir el plan que Dios ha establecido para ellas y ayudarles a conseguir que se convierta en realidad.
 
 
La familia se enfrenta hoy a un gran cambio social que repercute profunda y agresivamente en ella.
 
 
«La familia atraviesa una crisis cultural profunda, como todas las comunidades y vínculos sociales.
 
 
En el caso de la familia, la fragilidad de los vínculos se vuelve especialmente grave porque se trata de la célula básica de la sociedad, el lugar donde se aprende a convivir en la diferencia y a pertenecer a otros, y donde los padres transmiten la fe a sus hijos. El matrimonio tiende a ser visto como una mera forma de gratificación afectiva que puede constituirse de cualquier manera y modificarse de acuerdo con la sensibilidad de cada uno»[4]. Existen, además, los grandes problemas sociales que asolan a tantas familias (paro, vivienda, seguridad, emigración, droga…).
 
 
En este contexto hay que ayudar a la familia cristiana a redescubrirse siendo ella misma, con todo el potencial misionero que tiene. Nacida del amor, la familia recibe la misión de «custodiar, revelar y comunicar el amor»[5]. La familia cristiana, reunida por el Señor a través del sacramento del matrimonio, es una verdadera «iglesia doméstica», una imagen viva y una representación histórica del misterio mismo de la Iglesia. Lo propio y original de esta «iglesia doméstica», lo que la distingue de las otras manifestaciones de la Iglesia de Cristo, es su condición de comunidad de vida y amor. En ella la comunión que crea el Espíritu, se expresa y realiza en la íntima y total unión de los esposos, como unión de cuerpos, de sentimientos y de voluntades, como entrega y aceptación mutua y generosa de todo lo que constituye a las personas que la integran. De manera que el amor y la vida son, al mismo tiempo, gracia que la familia recibe de Dios y testimonio que ella transmite para renovación de la humanidad.
 
 
Una tarea fundamental para la familia es la construcción responsable y generosa de la comunión de personas. Esa comunión es parte de la misión encomendada a la «iglesia doméstica». Por eso los cónyuges deben trabajar para construir esa comunión íntima que implica la donación personal y total, la unidad, la fidelidad y el valor de la indisolubilidad. Esta comunión se extiende a los demás miembros de la familia recibidos con generosidad, como signo de sentirse copartícipes de la obra creadora de Dios. Así todos ellos cumplen su misión dentro de la Iglesia confirmando y perfeccionando la comunión familiar. La oración compartida en el seno de la familia ayuda a construir esa comunión. Asumiendo esta tarea la familia descubre el gozo de la búsqueda común de la plenitud y se convierte en Buena Noticia para las demás familias.
 
 
Todo ello viene marcado por el sacramento del matrimonio que da comienzo a un apostolado especial, que hace partícipe a la familia de la misma misión de Cristo. Caer en la cuenta de esto es fundamental para asumir su propia misión eclesial. Esta debe asociarse a la acción de la Iglesia, por ser parte de la Iglesia; debe hacerlo de una forma especial, conforme el sacramento recibido y en las circunstancias que la vida familiar le ofrece. La familia se convierte entonces en sujeto activo de evangelización, no por un encargo recibido o una delegación, sino por su propio ser, la vida misma de las familias. Se constituye en vida de la Iglesia misma y por ello, construyéndose como familia cristiana, realiza en la historia la misión sacerdotal, profética y real conferida por Cristo y la Iglesia.
 
 
En la concreción de esta triple misión, que la convierte en auténtica familia misionera, la familia deberá ser fiel a sí misma, testimoniando de modo silencioso una vida vivida en Cristo. La familia cristiana, conforme va madurando en la fe, debe ser cada vez más consciente de que es necesaria su participación en el anuncio explícito de Jesucristo[6], convirtiéndose en sujeto activo de la pastoral familiar (cf. Sínodo, n. 30). Este anuncio debe llegar a los alejados, las familias que no creen todavía y a las familias cristianas que no viven coherentemente la fe recibida[7]. Es entonces cuando tomamos conciencia, se descubre que la familia necesita una continua evangelización para llegar a ser comunidad evangelizadora y poder cumplir su misión en la Iglesia y en el mundo. Ahí es donde se concreta la vocación de los cónyuges: ser, entre ellos y para los hijos, testigos del amor de Cristo. Ese testimonio debe llegar también a la sociedad.
 
 
La familia cristiana está también llamada por Cristo a servir al Reino de Dios y a difundirlo en la historia. Es parte de su misión. La familia cristiana no debe vivir replegada egoístamente sobre sí misma sino que ha de vivir encarnada en la sociedad y la ilumina y enriquece por los valores compartidos y experimentados en el seno familiar. El fundamento del amor orienta en la comunidad de personas a un reconocimiento profundo de la dignidad y vocación de todos los que la constituyen y, consiguientemente, al reconocimiento y promoción de sus derechos. Esta tarea es una de las manifestaciones del protagonismo de la familia en la misión de la Iglesia y contagia a la función de la familia en la construcción de la sociedad.
 
 
Las familias deben estar siempre al servicio de todos sus miembros, especialmente de los niños, los enfermos y los más ancianos, que son los más vulnerables. Este servicio crea una sensibilidad nueva, pues ayuda a valorar a todos, no por lo que tienen o por lo que aportan, sino por lo que son. Servir al evangelio de la familia y de la vida implica además el servicio a las otras familias y, sobre todo, a las familias necesitadas.
 
 
Queridos laicos y queridas familias: en este año los obispos de la CEAS, siguiendo la estela de trabajo y reflexión a la que nos convocan los actuales Sínodos de los Obispos, os animamos a redescubrir la gran fuerza evangelizadora que tiene la familia cristiana y a ponerla al servicio de la Iglesia y de la sociedad.
 
 
✠ Javier Salinas Viñals, obispo de Mallorca, Presidente
 
✠ Mario Iceta Gavicagogeascoa, obispo de Bilbao, Vicepresidente
 
✠ Juan Antonio Reig Plá, obispo de Alcalá de Henares
 
✠ Carlos Manuel Escribano Subías, obispo de Teruel y Albarracín
 
✠ Antonio Algora Hernando, obispo de Ciudad Real
 
✠ Francisco Cases Andreu, obispo de Canarias
 
✠ Francisco Gil Hellín, arzobispo de Burgos
 
✠ Xavier Novell Gomà, obispo de Solsona
 
✠ José Mazuelos Pérez, obispo de Jerez de la Frontera
 
✠ Ángel Rubio Castro, obispo, emérito, de Segovia
 
✠ Gerardo Melgar Viciosa, obispo de Osma-Soria
 
✠ Juan Antonio Aznárez Cobo, obispo auxiliar de Pamplona y Tudela
 
 
Notas

[1] Juan Pablo II, Christifideles laici, n. 20.

[2] DPF n. 3; cf. FSVES n. 177.

[3] Cf. Relatio Synodi, n. 30.

[4] Francisco, Evangelii gaudium, n. 66.

[5] Juan Pablo II, Familiaris consortio, n. 22.

[6] Pablo VI, Evangelii nuntiandi, n. 22.

[7] Juan Pablo II, Familiaris consortio, n. 54.
 

 
 Material para el trabajo personal (pdf)
 

 
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ORAR EN EL MUNDO OBRERO:
«RECIBID EL ESPÍRITU»
DOMINGO DE PENTECOSTÉS
(24 mayo 2015) Ciclo “B”


VER: Amantes de la vida 

“Actuemos de tal manera que
nuestras acciones e instituciones
permitan la existencia de la vida
en el planeta Tierra
para siempre, perpetuamente”
.

La «vida perpetua» es el postulado
ecológico-político fundamental.
 



Dibujos de Cerezo

 

ORAR EN EL MUNDO OBRERO
Ciclo “B”  (2014-2015)

«RECIBID EL ESPÍRITU» 

DOMINGO DE PENTECOSTÉS
(24 de mayo de 2015)


«¡Oh Espíritu divino, líbranos
de la inconsciencia de vivir
como si no supiéramos
del riesgo mortal
que tiene nuestra actual
civilización materialista
para tu vida creada!».


----------------------------------------------------------------------------------
24 de mayo de 2015
DOMINGO DE PENTECOSTÉS (B)

Día de Pentecostés, en el que se concluyen los sagrados cincuenta días de la Pascua y se conmemoran, junto con la infusión del Espíritu Santo sobre los discípulos en Jerusalén, los orígenes de la Iglesia y el inicio de la misión apostólica a todas las tribus, lenguas, pueblos y naciones (elog. del Martirologio Romano).

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 2, 1-11
Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar.

Salmo 103, 1ab y 24ac. 29bc-30. 31 y 34 (R.: cf. 30)
Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12, 3b-7. 12-13
Hemos sido bautizados en un mismo Espíritu,
para formar un solo cuerpo.


O bien:

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 5, 16-25
El fruto del Espíritu.

Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 19-23
Como el Padre me ha enviado,
así también os envío yo.

 Recibid el Espíritu Santo.

O bien:

Lectura del santo evangelio según san Juan 15, 26-27; 16, 12-15
El Espíritu de la verdad os guiará hasta la verdad plena.
----------------------------------------------------------------------------------
El Espíritu Santo en la Iglesia. El Padre y el Hijo envían al Espíritu para continuar en la Iglesia el plan salvífico universal (1 lect.); para llevar a término la obra de Cristo después de la Ascensión; y convertir a los discípulos en mensajeros de paz y de perdón (Ev.). La ausencia de Jesús hace que Pablo exhorte a vivir según la vocación recibida en el Espíritu (2 lect.)y para comunicar sus dones a favor del bien común.

Las oraciones semanales y el material de la HOAC
lo podéis encontrar archivado en:
http://issuu.com/hoac/docs


sábado, 16 de mayo de 2015

«46.- EL RETROCESO HUMANO»
(Hacia un nuevo humanismo),
por José Antonio Hernández Guerrero




Ocupados sólo en el logro de un bienestar inmediato y atraídos exclusivamente por pequeñas esperanzas de unos beneficios efímeros, somos muchos los que corremos el riesgo de empobrecer el horizonte de nuestra existencia perdiendo el anhelo de un crecimiento verdaderamente humano, ético, social e, incluso, estético. Deberíamos preguntarnos si este debilitamiento de las aspiraciones es realmente un progreso humano o si, por el contrario, estas conquistas materiales representan un retroceso inhumano. Hemos de tener en cuenta dos hechos fácilmente comprobables en nuestra sociedad: por una parte, crecen los deseos de un mundo mejor, más digno, más humano y más dichoso. Pero, por otra parte, también aumentan el desencanto, el escepticismo y la incertidumbre ante un futuro lleno de serias amenazas de sufrimientos absurdos en las personas, de oscuros augurios de conflictos envenenados entre los pueblos y de graves advertencias de alarmantes abusos contra el Planeta.


Es cierto que el desarrollo de la ciencia y el crecimiento de la tecnología están logrando resolver muchos males y agudos sufrimientos, y es verdad que aún no somos capaces de intuir la capacidad que se encierra en el ser humano para desarrollar un bienestar físico, psíquico y social. Pero no sería honesto olvidar que este desarrollo prodigioso sólo nos está “salvando” de algunos males y que sólo lo consigue de una manera desequilibrada, injusta y limitada.


La consideración del envejecimiento progresivo, de la muerte inevitable o del poder extraño del mal, por ejemplo, hacen que muchos comiencen a sentir que la ciencia, la técnica o, incluso, muchas de las doctrinas ideológicas no nos valen -no son suficientes- para salvarnos de una vida encerrada dentro de los estrechos límites de la economía y del bienestar exclusivamente material, ajeno a los misterios de la Bondad, de la Belleza, de la Solidaridad y del Amor.


José Antonio Hernández Guerrero, reflexiona, semanalmente en nuestro “blog”, sobre el sentido de la dignidad humana y el nuevo humanismo.
45.- «ALGUNOS DESAFÍOS DEL MUNDO ACTUAL»
(Hacia un nuevo humanismo)





lunes, 11 de mayo de 2015

ORAR EN EL MUNDO OBRERO:
«LA ASCENSIÓN »
7º DOMINGO DE PASCUA
(17 mayo 2015) Ciclo “B”


VER: 

Lo que hemos ido viendo
y/o oyendo a lo largo
de estos años
en tertulias obreras...
 



 
 

ORAR EN EL MUNDO OBRERO
Ciclo “B”  (2014-2015)

«LA ASCENSIÓN» 

7º DOMINGO DE PASCUA
(17 de mayo de 2015)


«¿Qué señales nos están pidiendo
hoy a nosotros –cristianos–
nuestros hermanos empobrecidos,
injusticiados, robados en sus derechos…
a quienes tenemos la misión
de anunciarles la Buena Nueva?
¿Qué demonios hay que expulsar,
qué serpientes inutilizar,
qué veneno desprestigiar?
¿Qué lenguaje nuevo
están esperando de nosotros?».

 


 







----------------------------------------------------------------------------------
17 de mayo de 2015
7º domingo de Pascua
LA ASENCIÓN DEL SEÑOR (B)



Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 1, 1-11
Lo vieron levantarse.

Salmo 46, 2-3. 6-7. 8-9(R.: 6)
Por Cristo, sentado a la derecha del Padre, viene al mundo el reino de Dios.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 1, 17-23
Lo sentó a su derecha en el cielo.

O bien:

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 4, 1-13
A la medida de Cristo en su plenitud.

Lectura del santo evangelio según san Marcos 16, 15-20
Subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios.
----------------------------------------------------------------------------------
La ausencia de Jesús y la misión de la Iglesia.
La Ascensión del Señor es la última aparición
del Resucitado a los discípulos.
Es la fiesta de una ausencia en beneficio
de una presencia en el Espíritu.
Dos páginas bíblicas y dos estilos narrativos cuentan
la Ascensión de Jesús al cielo y la misión
que confía a sus discípulos (1 lect. y Ev.).
La ausencia de Jesús hace que Pablo exhorte
a vivir según la vocación recibida en el Espíritu (2 lect.).
La misión de Jesús está ahora en manos
del Espíritu Santo y de la Iglesia.


Las oraciones semanales y el material de la HOAC
lo podéis encontrar archivado en:
http://issuu.com/hoac/docs


sábado, 9 de mayo de 2015

«45.- ALGUNOS DESAFÍOS DEL MUNDO ACTUAL»
(Hacia un nuevo humanismo),
por José Antonio Hernández Guerrero




La humanidad vive en estos momentos un giro histórico que podemos apreciar, por ejemplo, en algunos de los adelantos que se producen en diversos campos. No tengo la menor duda a la hora de alabar los avances científicos y técnicos que contribuyen al bienestar de muchos seres humanos como, por ejemplo, los progresos que se suceden en la sanidad, en la educación y en la comunicación. Pero no podemos olvidar que, al mismo tiempo, crece el número de hombres y de mujeres que viven precariamente el día a día sufriendo unas graves consecuencias en la salud personal, en el trabajo, en la armonía familiar y en la convivencia social.


Por poco que examinemos las estadísticas, advertiremos que algunas patologías individuales, familiares y sociales hasta tal punto aumentan que el miedo y, a veces, la desesperación se apoderan del corazón de numerosas personas, incluso en los llamados países ricos. No es extraño, por lo tanto que, en amplios sectores de nuestra sociedad, se apague la alegría de vivir, que aumente la falta de respeto, que crezca la inequidad y que, como consecuencia, surja la violencia. Por eso es necesario y urgente que todos luchemos para que nosotros vivamos y para que los demás vivan con la dignidad que a todos nos corresponde como seres humanos.


Hemos de reconocer que son muchos los millones de conciudadanos que aún permanecen ajenos a las mejoras que proporcionan el desarrollo científico y las innovaciones tecnológicas aplicadas en distintos campos de la naturaleza y de la vida humana.


José Antonio Hernández Guerrero, reflexiona, semanalmente en nuestro “blog”, sobre el sentido de la dignidad humana y el nuevo humanismo.
44.- «LA FRAGMENTACIÓN DE LA VIDA HUMANA»
(Hacia un nuevo humanismo)





viernes, 8 de mayo de 2015

DÍA DE LA HOAC 2015: «TRABAJO Y FAMILIA»



Estimada/o amiga/o:

Reciba un saludo muy cordial de la HOAC de Cádiz y Ceuta, que tiene el gusto de hacerle partícipe que con motivo de la Celebración del Día de la HOAC, se instalará una:

MESA INFORMATIVA.
DÍA: Jueves, 14 de MAYO de 2015.
HORA DE COMIENZO: 6:30 de la tarde.
HORA DE FINALIZACIÓN: 8:15 de la tarde.
LUGAR: En CÁDIZ. Plaza de La Libertad
JUNTO AL EDIFICIO DE CORREOS.
Al objeto de que puedan darle el tratamiento informativo que consideren más oportuno.  Con este motivo, aprovechamos la ocasión para saludarle atentamente,
José Manuel Carrascosa Freire
Presidente Diocesano de la HOAC
e-mail: jmcarrascosa1953@gmail.com
Móvil: 653 840 290
CÁDIZ



En el Día de ayer 14 de mayo
celebramos nuestro Día de la HOAC,
a pesar de nuestra pequeñez satisfechos,
hemos cumplido con nuestra misión, Anunciar a Jesucristo.
Difundimos en cantidad nuestros materiales de difusión entre los viandantes.


Pepe Carrascosa
Presidente Diocesano de la HOAC



PUBLICAMOS ALGUNAS FOTOS
DE LA MESA INFORMATIVA

 
 
 
 
 
 
 

PUBLICADO EN EL BLOG DE JUAN CEJUDO
 http://juancejudo.blogspot.com.es/
A QUIEN SE LO AGRADECEMOS
 

Querido amigo Juan Cejudo: 

La HOAC de Cádiz y Ceuta, te agracemos el que haya querido compartir con nosotros este gesto y que lo hayas acogido en tu blog, 

 
 del que nos hacemos eco -con tu permiso- en el nuestro. 

Recibe nuestro fraternal abrazo en Cristo obrero. 

La HOAC de Cádiz y Ceuta.
 
 
 

ASISTÍ A LA MESA INFORMATIVA CONVOCADA POR LA HOAC. Juan Cejudo

Asistí el jueves (14 de mayo) a la Mesa informativa que los compañeros de la HOAC habían convocado en la Plaza de la Libertad, cerca de Correos. El lema era interesante:" Derechos familiares de las personas y derechos sociales de las familias". Y es que la crisis está golpeando muy duramente a las familias, especialmente a las de los sectores populares y más desfavorecidos. 


En las relaciones laborales y económicas lo que prima es el dinero, la rentabilidad a costa de lo que sea. Ahí están las reformas laborales que machacan los derechos conquistados de los trabajadores, ahí están los innumerables desahucios, la legión de personas desempleadas, una gran mayoría de ellas sin prestaciones de ningún tipo....



Como dice Francisco es una economía que mata, cuando la persona debe ser lo primero, como bien ponía el cartel que estaba de fondo en la mesa.

Un grupo de unas 15 personas estuvimos allí mientras los compañeros de la HOAC repartían folletos y revistas relacionados con el tema.

Antes de terminar se leyó un comunicado entre varios compañeros sobre el tema. Ojalá los nuevos escenarios políticos que se den después de la elecciones ayuden a que la situación de las familias pueda mejorar en dignidad y en condiciones de vida en muchas de nuestras comunidades autónomas y en miles de municipios...

1 comentario:

HOAC CADIZ dijo...
 
Querido amigo Juan Cejudo:

La HOAC de Cádiz y Ceuta, te agracemos el que haya querido compartir con nosotros este gesto y que lo hayas acogido en tu blog, del que nos hacemos eco -con tu permiso- en el nuestro.
http://hoaccadizyceuta.blogspot.com.es/2015/05/dia-de-la-hoac-2015-trabajo-y-familia.html
Recibe nuestro fraternal abrazo en Cristo obrero.

La HOAC de Cádiz y Ceuta.

 



Derechos familiares de las personas
y derechos sociales de las familias.
¿Familia o/y trabajo?
 

La Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) convoca para este mes de mayo la jornada de celebración, festiva y reivindicativa, del Día de la HOAC, encuentro que reúne a militantes, simpatizantes, familias, amigos y amigas en cada una de las diócesis de España.
 

La cita es un momento importante para la vida de la HOAC y permite seguir insistiendo en profundizar y abordar la dimensión familiar del trabajo digno como elemento vertebrador de la sociedad.  La situación actual de las familias trabajadoras justifica que elijamos este tema por el sufrimiento que vienen padeciendo tantas de ellas desde hace años y por el carácter decisivo que la institución familiar es para la vida de las personas y de la sociedad.
 

Además, se plantea renovar y actualizar la aportación realizada por la HOAC a propósito del Encuentro mundial de las familias con la reflexión «Un trabajo digno para la familia. Una familia para la vida» y su estrecha relación con la propuesta del Movimiento Europeo de Trabajadores Cristianos de la «Carta Europea de las Familias», que reclama los derechos familiares de las personas y los derechos sociales de las familias.  Así mismo, tiene continuidad con la trayectoria de años anteriores en los que centramos nuestra atención en la exigencia de «trabajo digno para una sociedad decente».
 

El acento del Día de la HOAC de este año es coincidente en el tiempo con los trabajos preparatorios del Sínodo de la Familia que, bajo el lema «Desafíos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización», ha sido convocado por el Papa para el mes de octubre y que, con toda probabilidad, tendrá una importante repercusión sobre la forma de abordar en la Iglesia todos los temas relacionados con la institución familiar.  Dentro de ellos estará sin duda el trabajo por su decisiva repercusión, como son «la dificultad de organizar la vida familiar común en el contexto de una repercusión dominante del trabajo, que exige de la familia cada vez mayor flexibilidad. Los ritmos de trabajo son intensos y en determinados casos extenuantes; los horarios son a menudo demasiado largos y a veces se extienden incluso al domingo: todo esto resulta un obstáculo a la posibilidad de estar juntos.  A causa de una vida cada vez más convulsa, son raros los momentos de paz e intimidad familiar.
 

Se pone de relieve el precio que paga la familia por el crecimiento y el desarrollo económico, a lo que se añade la repercusión mucho más vasta de los efectos producidos por la crisis económica y por la inestabilidad del mercado de trabajo.  La creciente precariedad laboral, junto con el crecimiento del desempleo y la consiguiente necesidad de desplazamientos cada vez más largos para trabajar, tienen graves consecuencias sobre la vida familiar, producen –entre otras cosas– un debilitamiento de las relaciones, un progresivo aislamiento de las personas con el consiguiente aumento de la ansiedad» (IL, 70).
 

Por otro lado, la convocatoria de la XIII Asamblea General de la HOAC, «Construyendo Iglesia en las periferias del mundo obrero”, Justicia, trabajo digno y solidaridad», viene a poner de manifiesto la necesidad de ser una comunidad eclesial al servicio de los trabajadores y las trabajadoras, sobre todo a los más desprotegidos, para que les sea reconocida, en la práctica, su dignidad.

 

 







Derechos familiares de las personas y derechos sociales de las familias[1]
TRABAJO Y FAMILIA
Comisión Permanente HOAC* @hoac_es
 
El cada vez más difícil acceso
a un trabajo digno
se ha convertido en un gran obstáculo
para la vida de las familias,
con graves consecuencias
para las personas
y para la sociedad.
 

La HOAC considera que esta situación es una de las manifestaciones más importantes del empobrecimiento y la vulnerabilidad que padece el mundo obrero y del trabajo.
 
Las dificultades para la vida familiar han aumentado y el empobrecimiento se han extendido de forma alarmante.  Por eso, más que nunca es esencial la afirmación de esos derechos familiares de las personas y de los derechos sociales de las familias, lo que implica luchar por un trabajo digno que posibilite y no obstaculice la vida y la función de las familias, lograr una relación más armónica y «más conforme a la realidad» entre trabajo y familia.
 
En el contexto y en la perspectiva del Sínodo de los Obispos sobre la Familia, del próximo octubre, ofrecemos esta aportación para reflexionar sobre cómo podemos ayudar a construir las condiciones que hagan posible la vida familiar.  Queremos que nos ayude a crecer en nuestras prácticas en defensa de la vida familiar al servicio de las personas y de la sociedad.  Y la ofrecemos como un medio para la reflexión, personal y en grupo concreta de las familias del mundo obrero y del trabajo.
 
 
1.        UNA SITUACIÓN DIFÍCIL PARA MUCHAS FAMILIAS.
 
La experiencia cotidiana en la realidad del mundo obrero y del trabajo nos muestra que muchas familias trabajadoras están atravesando una difícil situación que tiene mucho que ver con el profundo deterioro del empleo, por condiciones laborales cada vez más precarias o por la exclusión del empleo.  La privación de un trabajo digno está dañando gravemente a muchas familias trabajadoras.
 
El reciente Sínodo extraordinario de los Obispos (octubre de 2014), dedicado a la familia, ha constatado este hecho, que volverá a ser tratada en el próximo Sínodo ordinario.  Algunos párrafos de los documentos de trabajo sirven de punto de partida, pues expresan muy bien lo que es la experiencia y el sufrimiento de muchas familias, así como también el desafío que esto supone para la sociedad y para la Iglesia.
 
En la «Relación», de las conclusiones, del Sínodo se afirma:
 
«Existe también una sensación general de impotencia ante una situación socioeconómica que a menudo acaba aplastando a las familias.  Ello se debe a la pobreza y a la precariedad laboral crecientes, que se viven a veces como una auténtica pesadilla (…)  Con frecuencia las familias se sienten abandonadas por el desinterés y la poca atención que les prestan las instituciones.  Las consecuencias negativas desde el punto de vista de la organización social son evidentes: desde la crisis demográfica hasta las dificultades educativas, desde la dificultad para acoger la vida naciente hasta la percepción de la presencia de los ancianos como un peso y la difusión de un malestar afectivo que, en ocasiones, llega a la violencia.  Es responsabilidad del Estado crear las condiciones legislativas y laborales para garantizar el porvenir de los jóvenes y ayudarles a realizar su proyecto de fundar una familia» (n. 6).
 
Y en el Instrumento de Trabajo del Sínodo:
 
«Las familias no son solo una entidad que el Estado debe proteger, sino que deben recuperar su papel como sujetos sociales.  En este contexto, son numerosos los desafíos para las familias: la relación entre la familia y el mundo del trabajo, entre la familia y la educación, entre la familia y la salud; la capacidad de unir entre ellas a las generaciones, a fin de que jóvenes y ancianos no sean abandonados» (n. 34).
 
«Es unánime la referencia al impacto de la actividad laboral en los equilibrios familiares.  En primer lugar, se registra la dificultad de organizar la vida familiar común en el contexto de una repercusión dominante del trabajo, que exige de la familia cada vez mayor flexibilidad.  Los ritmos de trabajo son intensos y en determinados casos extenuantes; los horarios son a menudo demasiado largos y a veces se extienden incluso al domingo: todo esto resulta un obstáculo a la posibilidad de estar juntos.  A causa de una vida cada vez más convulsa, son raros los momentos de paz e intimidad familiar (…)  A lo que se añade la repercusión… de los efectos producidos por la crisis económica y por la inestabilidad el mercado de trabajo.  La creciente precariedad laboral, junto con el crecimiento del desempleo, y la consiguiente necesidad de desplazamientos cada vez más largos para trabajar, tiene graves consecuencias sobre la vida familiar, produce –entre otras cosas– un debilitamiento de las relaciones, un progresivo aislamiento de las personas con el consiguiente aumento de la ansiedad» (n. 70).
 
«En diálogo con el Estado y con las instituciones públicas, se espera de parte de la Iglesia una acción de apoyo concreto para un empleo digno, para salarios justos, para una política fiscal en favor de la familia, así como la activación de una ayuda para las familias y los hijos.  Se señala al respecto, la falta frecuente de leyes que tutelen a la familia en el ámbito del trabajo y, en particular, a la mujer-madre trabajadora» (n. 71).
 
 
Hay dos cosas especialmente importantes y graves en esta situación:
 
a)        El sufrimiento de muchas familias.  Necesitamos fijarnos en el dolor y el desastre humano de esta situación y
 
b)        La negación de algo esencial: una vida familiar que acompañe y cuide la vida de las personas, que pueda hacer real y efectivo el crecimiento humano de cada persona.

 
«Hay que favorecer
un contexto social,
que garantice, a través del trabajo,
la posibilidad de construir una familia
y de educar a los hijos»
 
 
2.        ¿QUÉ NOS ESTÁ PASANDO?
 
En la raíz de la difícil situación de muchas familias trabajadoras está un hecho que el papa Francisco denuncia:
 
«Dios quiso que en el centro del mundo no hubiera un ídolo, sino el hombre y la mujer, para que saquen adelante, con su trabajo, el mundo.  Pero ahora, en este sistema sin ética, en el centro hay un ídolo, y el mundo se ha convertido en idólatra de este «dios-dinero».
 
La situación actual es una consecuencia de
 
«…¡la negación de la primacía del ser humano!… la dictadura de la economía sin un rostro y sin un objetivo verdaderamente humano».
 
En el funcionamiento de nuestra economía, determinante en nuestro modelo social, la persona no es lo primero, en el trabajo la persona no es lo primero.  Su lugar lo ha ocupado el ídolo de la rentabilidad.  Los trabajadores y trabajadoras han sido convertidos en instrumentos de un ídolo que exige sacrificios humanos.
 
Por eso, el papa Francisco planteó en el Parlamento Europeo que en el cambio que necesitamos es esencial situar en el centro de todo la sagrada dignidad del ser humano y la afirmación práctica de los derechos de las personas: «Ha llegado la hora de construir juntos la Europa que no gire en torno a la economía, sino a la sacralidad de la persona humana», porque «el ser humano corre el riesgo de ser reducido a un mero engranaje que lo trata como un simple bien de consumo para ser utilizado, de modo que… cuando la vida ya no sirve a dicho mecanismo, se la descarta sin tantos reparos».
 
Y al referirse, a la necesidad de crear las condiciones sociales que hagan posible el desarrollo de la centralidad de la persona, se refirió a dos ámbitos básicos y estrechamente vinculados entre sí para promover el reconocimiento de la dignidad de la persona: la familia y el trabajo:
 
«El primer ámbito es seguramente el de la educación, a partir de la familia, célula fundamental y elemento precioso de toda sociedad».
 
«El segundo ámbito en el que florecen los talentos de la persona humana es el trabajo.  Es hora de favorecer las políticas de empleo, pero es necesario sobre todo volver a dar dignidad al trabajo, garantizando también las condiciones adecuadas para su desarrollo.  Esto implica, por un lado, buscar nuevos medios para compaginar la flexibilidad del mercado con la necesaria estabilidad y seguridad de las perspectivas laborales, indispensables para el desarrollo humano de los trabajadores; por otro lado, significa favorecer un adecuado contexto social, que no apunte a la explotación de las personas, sino a garantizar, a través del trabajo, la posibilidad de construir una familia y de educar a los hijos».
 
El cuidado es una necesidad radical de toda persona, porque el amor que expresa el cuidado es lo que nos humaniza.  Sin una estructura de acogida el ser humano no puede desarrollarse.  En el cuidado de unos hacia otros es donde se manifiesta de forma privilegiada el profundo sentido del valor propio e insustituible de cada ser humano.
 
En la realidad social podemos crear, y de hecho hemos creado como fruto de una mayor conciencia de la dignidad humana, espacios y medios diversos para cuidar la vida y posibilitar su desarrollo.  Por ejemplo, los servicios educativos, sanitarios, de pensiones, de prestaciones sociales, las leyes que protegen derechos laborales, etc.  Pero hay dos esferas de acogida y cuidado de la vida que son los más básicos y fundamentales.  La primera esfera de acogida y cuidado de todo ser humano es el seno materno; la segunda es el entorno familiar, el hogar, un entorno afectivo e incondicional donde la persona se sabe acogida incondicionalmente, por lo que es.  Son dos esferas son frágiles que debemos cuidar y atender.
 
Sin embargo, en nuestro modelo laboral, se penalizan esas dos esferas porque se perciben como costes, como «cargas».  Así, vemos cómo en muchas ocasiones las mujeres tienen que elegir entre maternidad o empleo.  Y vemos cómo se penaliza la familia, porque se desean individuos, ya que la vida familiar es considerada una «carga».
 
La crisis ha agudizado esta situación en las familias:
 
·           En primer lugar, porque siguen presentes los mismos problemas que ya existían antes, con horarios y una movilidad laboral que dificulta seriamente la vida familiar, más incluso que antes por la amenaza y el miedo de perder el empleo.
 
·           En segundo lugar, porque el paro y la extrema precarización del empleo les han privado de recursos para una vida digna.
 
·           En tercer lugar, porque muchas familias trabajadoras se han visto abocadas a una situación de exclusión o muy próxima a ésta.
 
·           Y en cuarto lugar, porque se han reducido y recortado aún más las prestaciones y servicios sociales.
 
Las familias necesitan de un trabajo digno y de unas prestaciones y servicios sociales que posibiliten y faciliten la vida familiar.  Por eso, las personas tenemos derecho al trabajo digno y a derechos sociales.  Y, consecuentemente, la sociedad, la responsabilidad de hacer posibles esos derechos.  Y para servir al bien común, el Estado tiene la responsabilidad de garantizar el ejercicio de esos derechos.
 
El cuidado es una necesidad radical de la persona porque expresa lo que nos humaniza
 
 
3.        LOS DERECHOS FAMILIARES DE LAS PERSONAS
Y LOS DERECHOS SOCIALES DE LAS FAMILIAS.
 
Las personas no somos individuos aislados, sino seres singulares y comunitarios.  Somos en nuestra relaciones con los demás y nuestro yo se va forjando y desarrollando en nuestras relaciones con los otros.  Es esencial mirar los derechos de las personas también desde la perspectiva de la vida familiar,  como el ámbito más básico para el desarrollo de nuestra humanidad.
 
El cuidado de la vida significa, entre otras cosas, que las personas, por el hecho de serlo, tenemos unos derechos familiares y las familias unos derechos sociales.  Unos y otros son los que hacen posible las condiciones básicas de desarrollo de la vida humana.
 
Si son derechos vinculados a la dignidad de las personas reclaman su reconocimiento y, por tanto, son una responsabilidad que todos debemos atender para que los derechos se hagan efectivos.
 
 
3.1.  LOS DERECHOS FAMILIARES DE LAS PERSONAS.
 
1º.-      El derecho a un entorno familiar adecuado, por tanto, el derecho a formar una familia y a desarrollar la vida familiar.
 
2º.-      El derecho a la propiedad, es decir, a los bienes que permiten el desarrollo de la vida familiar y que hacen posible una vida libre, digna y que permite desarrollar un proyecto de vida.
 
3º.-      El derecho a ser lo que cada persona es en la familia: madre, padre, hijo/a, abuelo/a.
 
4º.-      El derecho a educar a los hijos y el de los hijos a la educación.
 
5º.-      El derecho a cuidar a los ancianos y el de los ancianos a ser cuidados.
 
6º.-      El derecho a cultivar las relaciones de pareja y todas las demás relaciones familiares.
 
7º.-      El derecho a cultivar la propia vocación, la singularidad de cada persona.
 
8º.-      El derecho a un trabajo compatible con la vida y la situación familiar.
 
9º.-      El derecho a desarrollar un compromiso en la vida social y política, a contribuir a la construcción de la vida social.
 
10º.-    El derecho a no ser penalizado de ninguna manera por el ejercicio de estos derechos.
 
 
3.2.  LOS DERECHOS SOCIALES DE LAS FAMILIAS.
 
1º.-      El derecho al trabajo y a que la organización del mismo se subordine a las necesidades de la vida familiar, facilitándola.
 
2º.-      El derecho a un salario familiar o a unos ingresos que hagan posible el desarrollo de la vida familiar.
 
3º.-      El derecho a una red de servicios sociales que garanticen el acceso a los bienes básicos de la vivienda, la educación, la sanidad…
 
4º.-      El derecho a la protección social que atienda las necesidades de los miembros de la familia en caso de maternidad-paternidad, desempleo, enfermedad, jubilación…
 
5º.-      El derecho a recibir la ayuda social necesaria que garantice el ejercicio de los derechos familiares de las personas.
 
6º.-      El derecho a la participación y el protagonismo de la familia en la vida social y política.
 
 
4.        ¿QUÉ PODEMOS HACER?
 
4.1.  Cambiar de forma de pensar: reconocer el valor de la familia para la vida de las personas y de la sociedad.
 
Colaborando al cambio de mentalidad, pasando de una consideración individualista de las necesidades de las personas a otra consideración comunitaria de ellas y, en particular, a contemplar las necesidades de las personas desde la perspectiva de la vida familiar, de las familias.
 
Para ello es fundamental crecer en conciencia de lo que significa que la familia es la primera sociedad humana, el lugar natural y el instrumento más eficaz de humanización y personalización de la sociedad, ámbito capaz de sacar a la persona del anonimato, de mantenerla consciente de su dignidad, de enriquecerla en humanidad y de insertarla activamente en la construcción de la vida social.  Las personas y las propias familias reconocer la función insustituible de la familia.  La familia es un bien precioso a proteger, promoviendo las condiciones adecuadas para que pueda ejercer sus funciones al servicio de las personas y de la sociedad.
 
Tiene mucho valor el crear o promover ámbitos donde podamos hablar de la situación de las familias, de sus necesidades, de sus problemas, profundizar en cómo realizar mejor las funciones, compartir experiencias, buscar caminos para facilitar la vida familiar…
 
 
4.2.  Promover la conciencia social de los derechos familiares de las personas y de los derechos sociales de las familias.
 
Es necesario promover la conciencia social de los derechos familiares de las personas y de los derechos sociales de las familias.  Avanzar en que esos derechos sean considerados como derechos fundamentales y que se les dé socialmente la importancia que merecen.
 
Es fundamental colaborar a difundir esos derechos; buscar caminos para concretarlos en cada realidad; convertirlos en reivindicaciones concretas ante las instituciones públicas; asumir nuestra responsabilidad en promoverlos, defenderlos y reivindicarlos; promover que las diversas organizaciones sociales los vayan asumiendo; animar que se luche por ellos desde las organizaciones sindicales, sociales, políticas…
 
Es muy importante convertir esos derechos en objetivos sociales, en reivindicaciones concretas, incorporarlos como algo importante a la tarea de las organizaciones sociales.
 

 
4.3.  Reivindicar verdaderas políticas familiares.
 
Es fundamental reivindicar ante las instituciones públicas la práctica de políticas dirigidas a garantizar el ejercicio efectivo de los derechos familiares de las personas y de los derechos sociales de las familias.
 
Debemos exigir que las políticas fiscales y presupuestarias estén orientadas a facilitar la vida de las familias, en particular de las familias en situación de pobreza y exclusión, como un derecho básico y fundamental de las personas.
 
 
4.4.  Defender los derechos sociales.
 
Defender los derechos sociales de los trabajadores, de las familias trabajadoras, es un deber de justicia.  Lo exige la dignidad de las personas, el bien de la sociedad y, en particular, las necesidades de los empobrecidos.
 
Para ello necesitamos extender algunas convicciones y prácticas:
 
a)        Existen recursos suficientes para financiarlos.  No es que no existan sino la opción política elegida ha sido la de dedicar más recursos sociales a la acumulación de riqueza en lugar de responder a las necesidades sociales.
 
b)       Son una prioridad porque son indispensables para la libertad de las personas, en particular de los empobrecidos.  Significan la defensa de la dignidad de las personas y crean condiciones para desarrollar humanamente la vida personal, familiar, social.
 
c)        Necesitan de servicios públicos suficientes, no pueden ser privatizados ya que significa someterlos a la lógica del negocio y provocar mayores desigualdades e injusticias.
 
d)       Requieren políticas fiscales justas que redistribuyan de manera equitativa la riqueza y favorezcan la corresponsabilidad y honradez de todos la ciudadanía.
 
e)        Están ligados a la dignidad de toda persona.  No son derechos que emanen de tener o no un empleo, de haber nacido en un lugar u otro, pertenecen a todo persona por el hecho de serlo.
 
 
4.5.  Defender el trabajo digno.
 
El derecho de toda persona capaz a un trabajo (no solo al empleo, que es trabajo asalariado, sino a realizar una actividad útil socialmente) y a un trabajo realizado en condiciones dignas de la persona, que es siempre el sujeto del trabajo.  La forma en que trabajan muchos hombres y mujeres es un obstáculo para la vida familiar.  La defensa del trabajo digno es esencial para la realización de las personas y de las familias.
 
Hoy se están negando en el trabajo (particularmente en el empleo) principios básicos de humanidad.  Principios que la Doctrina Social de la Iglesia subraya insistentemente:
 
«El conjunto del proceso productivo debe (…) adaptarse a las necesidades de la persona (…) de su vida familiar».
 
«El trabajo es el fundamento sobre el que se forma la vida familiar (…)  Se debe reconocer y afirmar que la familia constituye uno de los punto de referencia más importantes según los cuales debe formarse el orden socio-ético del trabajo humano».
 
«La realización de los derechos del hombre del trabajo no puede estar condenada a constituir solamente un derivado de los sistemas económicos, los cuales (…) se dejen guiar sobre todo por el criterio del máximo beneficio.  Al contrario, es precisamente la consideración de los derechos objetivos del hombre del trabajo (…) lo que debe constituir el criterio adecuado y fundamental para la formación de toda la economía»
 
Entre otras cosas, defender el trabajo digno significa:
 
a)        Romper la actual lógica de pensar y organizar el trabajo desde las exigencias de la economía y la de adoptar las decisiones políticas desde la adaptación forzada de los trabajadores a la lógica económica.  Necesitamos plantearnos las cosas en sentido contrario: ¿qué funcionamiento de la economía es necesario para que en ella el trabajo pueda ser el instrumento de comunión y realización humana que está llamado a ser?  Y lo mismo en las decisiones políticas: ¿qué decisiones políticas son necesarias para que el trabajo pueda realizarse en condiciones dignas para el ser humano y que colaboren a la libertad, la solidaridad y la fraternidad entre las personas?
 
b)       Plantear el sentido y el valor del trabajo más allá del empleo: necesitamos el reconocimiento del valor que para las personas y para la sociedad tienen muchos trabajos que no son empleos y que, precisamente por ello, sufren una minusvaloración social que, en demasiadas ocasiones, es también una minusvaloración social de las personas que los realizan.  Un ejemplo muy claro lo tenemos en el cuidado del hogar y la vida familiar; o también en la dedicación para que funcionen las organizaciones sociales, cívicas, educativas…  Necesitamos ordenar el trabajo –tanto el que es empleo como el que no– para responder a las necesidades humanas.  Y necesitamos liberar tiempo para construir relaciones en las que el trabajo de unos puesto al servicio de los otros no esté regido simplemente por relaciones mercantiles, sino por la gratuidad, la solidaridad y los intercambios voluntarios de dones y capacidades.
 
c)        Luchar por condiciones dignas de empleo: Tener o no tener empleo depende cada vez más del grado de sumisión que la persona está dispuesta a aguantar.  Sin afirmar los derechos de las personas en el empleo no es posible humanizar el trabajo.  La acción sindical y las políticas laborales son fundamentales en este sentido y necesitan priorizar la situación de los trabajadores más vulnerables y empobrecidos.
 
d)       Articular de forma humanizadora el trabajo y el descanso: frente a la lógica que nos hace vivir para trabajar y consumir, necesitamos construir la lógica de trabajar y consumir para vivir.  Esto implica que hemos de conquistar tiempo y espacio para hacer posible la vida y el cuidado de la vida.  Necesitamos igualmente romper la dinámica de que el tiempo libre esté, en gran medida, organizado por el consumismo.  Necesitamos convertir el descanso en tiempo personal y comunitario de contemplación de nuestra vida, de comunión, de celebración, de gratuidad…, desde el que cobre sentido el conjunto de nuestra existencia.  Todo esto es esencial para la vida familiar.
 
e)        Luchar por la defensa y extensión de los derechos sociales: hay que subrayar que el reconocimiento efectivo de los derechos sociales es una condición fundamental para liberar el trabajo de la esclavitud economicista a la que está sometido.  Son un elemento decisivo para la libertad de las personas y, especialmente, para la libertad ante el empleo y las condiciones en que se realiza.
 
f)         Desvincular derechos sociales y empleo: es necesario desvincular progresivamente el reconocimiento efectivo de los derechos sociales del empleo.  De lo contrario, empleo precario y desempleo supondrán cada vez más derechos sociales más precarios.  Para liberar el empleo de la esclavitud economicista es necesario caminar hacia la garantía universal de todos los derechos sociales, con independencia del empleo de las personas y de su contribución individual a las prestaciones.  Pensemos, por ejemplo, lo que supone para las futuras pensiones en empleo tan precario y el desempleo que hoy sufren tantos jóvenes: ¿qué pensiones de jubilación tendrán de mantenerse la actual tendencia?  En la desvinculación entre derechos sociales y empleo es necesario contemplar el asegurar socialmente una renta para todas las personas y familias, porque hoy el salario, sujeto al empleo escaso y precario, en muchos casos ya no puede cubrir las necesidades básicas de todas las personas y familias.
 
 
4.6.  Asumir la responsabilidad social en la defensa y promoción de las familias.
 
Todos debemos asumir nuestra responsabilidad en la defensa y promoción de la función insustituible de las familias, implicándonos activamente en todo lo que hemos señalado anteriormente.  Sin asumir esa responsabilidad los derechos no son posibles.
 
Pero es igualmente importante otra cosa: construir desde la sociedad experiencias de solidaridad, de comunión, de otra manera de vivir, de otra forma de situarnos ante el ocio, el consumo responsable, el cuidado de la naturaleza, de colaboración y apoyo entre las familias.  No podemos contentarnos con ser simplemente «reivindicadores» ante las instituciones públicas.  Sin dejar de hacerlo, es necesario también que asumamos la responsabilidad de construir desde la iniciativa social nuevas formas de relacionarnos.  El protagonismo de las familias trabajadoras es esencial en este sentido.
 
«La familia cristiana está llamada a ofrecer a todos el testimonio de una entrega generosa y desinteresada a los problemas sociales»
 
 
5.        UNA TAREA PROPIAMENTE ECLESIAL.
 
Todo cuando hemos planteado en el apartado anterior para avanzar hacia la afirmación práctica de los derechos familiares de las personas y de los derechos sociales de las familias es una tarea de toda la sociedad.  Pero es también una tarea propiamente eclesial.  Los cristianos y las comunidades eclesiales estamos llamados a implicarnos activamente en todo ello, a asumir nuestra responsabilidad en el necesario cambio de mentalidad, en la reivindicación de políticas familiares, en la defensa de los derechos sociales y de un trabajo digno, en promover y participar en iniciativas concretas de otras formas de vivir.  Es un camino necesario para la evangelización, para acoger la permanente llamada del Evangelio de Jesucristo al cuidado de la vida.
 
Involucrándonos en las tareas y caminos que hemos señalado en el apartado anterior, hay tres aspectos que son especialmente importantes para avanzar en ser comunidades eclesiales más y mejor al servicio de las personas y familias:
 
a)        Proponer la visión cristiana de la familia y de su servicio al cuidado de la vida.  Aprender vitalmente a mirar y valorar la realidad de las familias trabajadoras a la luz del Evangelio y de la Doctrina Social de la Iglesia, compartiendo con otros esa manera de mirar y valorar.
 
b)       Crear y cuidar espacios abiertos en nuestras comunidades eclesiales donde podamos compartir, reflexionar, orar… la realidad concreta de las familias trabajadoras.
 
c)        Ofrecer un testimonio comunitario de entrega y servicio a las necesidades de las personas y familias, de servicio a la causa de la justicia que reclama la situación de los pobres, de tantas familias trabajadoras empobrecidas.  Y en ello es fundamental, también, el testimonio de las familias cristianas: «La familia cristiana está llamada a ofrecer a todos el testimonio de una entrega generosa y desinteresada a los problemas sociales, mediante la “opción preferencial” por los pobres y los marginados».  Por ello es también llamada, desde la Doctrina Social de la Iglesia, a formar su conciencia sociopolítica como dimensión esencial de la vivencia de la fe en Jesucristo, a conocer e implicarse en la realidad.
 
Nuestras parroquias, grupos, comunidades, movimientos eclesiales, etc., necesitamos responder más y mejor a llamadas como las que nos hacen estas afirmaciones de la Iglesia:
 
«Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo.  Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón». ¢
 
Toda la actividad del Día de la HOAC puede seguirse en www.hoac.es 
 



[1] Reflexión planteada con motivo del día de la HOAC de 2015, disponible íntegramente, incluido el cuestionario para el trabajo personal y en grupo en http://www.hoac.es/