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UNA MIRADA CRISTIANA DEL TRABAJO HUMANO Y EL BIEN COMÚN
¡ACOGE, ABRAZA, CUIDA, ACOMPAÑA...!
LA VIDA DEL MUNDO OBRERO Y DE LOS POBRES,
CON MISERICORDIA Y COMPASIÓN.


¡Bienvenido/bienvenida! al "blog" de la HOAC diocesana de Cádiz y Ceuta.


martes, 24 de diciembre de 2019

ORAR EN EL MUNDO OBRERO «NAVIDAD» CICLO “A” (25 DE DICIEMBRE DE 2019)


Navidad (25 de diciembre 2019)

24 DICIEMBRE 2019 | POR 
Queridas hermanas y hermanos:

El misterio de la Santa Navidad
proclama esta inviolable
dignidad humana con un vigor
y una autoridad inapelable,
que sobrepasa infinitamente
a la que podrían conseguir
todas las posibles declaraciones
de los derechos del hombre.

Navidad, la gran fiesta del Hijo de Dios,
que ha aparecido en nuestra carne.
(Rovirosa, Obras Completas,
Tomo III. pág. 528).

¡VEN, SEÑOR! 
¡Feliz Navidad!

¡Hasta mañana
en el altar!

Fernando Carlos Díaz Abajo
Consiliario General HOAC, y

Mª Ángeles Bayo Valderrama
Responsable de Organización
y Vida comunitaria


San Lucas 2,1-14.-
«Os anuncio una buena noticia
que será de gran alegría»
(Misa de Medianoche)
Contempla tu vida que, quizá,
también está llena de lugares
de sombras y de muerte que
necesitan que una luz le brille.

¿Qué espacios vitales ilumina
este mensaje del Dios hecho niño,
que habita con nosotros?

¿Qué orientación radical
puedo darle a mi proyecto de vida?
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https://issuu.com/hoac/docs/navidad_2019





lunes, 23 de diciembre de 2019

UNA LECTURA NECESARIA, por José Manuel Carrascosa Freire


San Francisco de Asís y Santa Clara

Una lectura necesaria,
por José Manuel Carrascosa Freire

En este día ya cercano a la Navidad, y la vorágine comercial que la rodea, he estado leyendo unos fragmentos de Eloi Lecrerc, de su libro "Sabiduría de un pobre".  Trata del santo de Asís.  En él leo una conversación entre Francisco de Asís, que estaba pasando por una crisis de fe importante, como consecuencia de diferencias entre los hermanos menores de su comunidad por causa del modo de vida de la comunidad.  Esta conversación era con Santa Clara:

«Dios no participa de nuestros miedos ni de nuestro orgullo, ni de nuestra impaciencia.  Sabe esperar, como Dios sólo sabe esperar.  Como sólo un Padre infinitamente bueno sabe esperar.  Es longánimo, misericordioso.  Espera siempre.  Hasta el fin.  ...

Pero Dios, que no mira las apariencias, sabe que con el tiempo de su misericordia puede cambiar el corazón de los hombres.

Hay un tiempo para todos los seres.  Pero ese tiempo no es el mismo para todos.  El tiempo de las cosas no es el de los animales.  Y el de los animales no es el de los hombres.  Y, sobre todo y diferente a todo, está el tiempo de Dios que encierra todos los otros y los sobrepasa.

El corazón de Dios no late al mismo ritmo que el nuestro.  Tiene su movimiento propio.  El de su eterna misericordia, que se extiende de edad en edad y no envejece nunca.  Nos es muy difícil entrar en este tiempo divino.  Y, sin embargo, solamente en él podemos encontrar la paz.

—Tienes razón hermana Clara.  Mi turbación e impaciencia brotan de un fondo demasiado humano.  Lo veo bien, pero no he descubierto a Dios todavía.  Yo no vivo todavía el tiempo de Dios.

—¿Quién se atrevería a pretender que vive en el tiempo de Dios? —preguntó Clara—.  Sería preciso para eso tener el corazón mismo de Dios.

—Aprender a vivir en el tiempo de Dios —volvió a decir Francisco—; ahí está seguramente el secreto de la Sabiduría.

—Y la fuente de una paz grandísima –añadió Clara».

San Francisco de Asís y Santa Clara


Tomado del libro: «Sabiduría de un pobre»,
Escrito por: Éloi Lecrerc (Pags. 50 y 51)


¡¡Feliz Navidad!!.  ¡¡Paz y bien!!


José Manuel Carrascosa Freire



LA CONTEMPLACIÓN EN LA CALLE

En las prisas detectamos una de nuestras mayores faltas de fe.  Quizá hemos de tener en cuenta la paciencia que Dios ha tenido y tiene con cada uno de nosotros en nuestra propia vida.

Las prisas nacen del choque entre nuestro ideal y la realidad.  Se tiene una visión muy clara de lo que hay que hacer, y la realidad es mucho más pobre.

No llegamos a tanto.  Este choque puede determinar la frustración o una mayor capacidad de fe.

En efecto, si queremos ir más rápido que Dios, podemos “quemarnos” y “quemar” a otros para siempre.  Es la actitud del que, con buena voluntad, en el fondo trabaja por uno mismo y para sus estructuras y no para los demás.

En cambio, el contemplativo hace de la propia incapacidad, de sus prisas e impaciencia, materia de oración, de diálogo abierto y sincero con Dios.

Y ahí se encuentra con la infinita espera de Dios, con su paciencia de Padre al que le preocupan sus hijos, y no las cosas.

Ello nos devuelve a esa paz interior que no es “calma chicha”, sino serenidad y esperanza en el trabajo de cada día.



Foto: DIARIO SUR


El cansancio y la rutina.

La calle nos muestra cada día el mismo rostro: prisas, individualismo, insolidaridad, sufrimiento,… tantas situaciones que reclaman nuestra respuesta y nuestra presencia cristiana.

Pero, con el tiempo podemos correr el grave peligro de “acostumbrarnos” a estas realidades, de verlas como “normales”, sin hacer ningún tipo de referencia al Evangelio, sin contemplarlas.

Cae en la rutina quien hace de su fe asunto de horario que se cumple en un tiempo determinado, quien vive del recuerdo de aquella experiencia de trabajo que tuvo en un momento dado, quien hace de su fe una máquina de repetición: las mismas oraciones, las mismas acciones, el mismo trabajo, el mismo tipo de relación con los demás sin encontrar ya ninguna novedad.

La contemplación nos ayuda a vivir la NOVEDAD de cada día, que no consiste en ningún gran descubrimiento (ya está casi todo descubierto), sino en la fidelidad cotidiana a lo de cada día: al trabajo, a la oración, a la relación con los demás… hecho con amor y esperanza.

Esto nos ayuda a vivir cada día “a tope”, sacándole todo el jugo posible.  Esto significa también tener la capacidad de ver el lado bueno y positivo de las cosas, de verlas objetivamente, siendo capaces de sacar partido de todo.

Esta capacidad, este optimismo que viene de la esperanza, que comunica la alegría y que se alimenta de la contemplación es fundamental hoy, pues constituye un auténtico testimonio cristiano, del que todos estamos necesitados.


Foto: EL DIARIO INTERNACIONAL


El espiritualismo.

Normalmente, nos encontramos en la calle con situaciones no queridas, a veces desagradables, y a las que, respondemos con la evasión y el refugio que nos proporciona una oración descomprometida con la realidad.

En efecto, a veces por miedo, por cansancio, o porque, sencillamente, no hemos descubierto la calle y la gente con sus problemas cotidianos como un lugar de contemplación y de respuesta evangélica, utilizamos la oración para pedir a Dios que haga lo que nosotros no estamos dispuestos a realizar.  Así

· Pedimos a Dios por los pobres, en lugar de descubrirlos con nuestros propios ojos y enfrentarnos a sus problemas.

·  Pedimos a Dios por los que sufren cuando huimos sistemáticamente de todo el que padece en la calle, del que está tirado, del borracho y drogadicto; o lo menospreciamos, o pensamos que están fingiendo.

·  Pedimos a Dios que “cambien las cosas”, en vez de cambiar nosotros y descubrir qué “otras cosas” han de cambiar, aquí y cómo.

Utilizamos la oración como refugio y pedimos a Dios nos supla en nuestra propia responsabilidad.






LA ORACIÓN DE CONTEMPLACIÓN.

El hombre que vive radicalmente el Evangelio no es necesariamente aquel que más destaca, que más hace o que mejor habla; es el más contemplativo, es el que va haciendo, día a día, de Jesús y su Reino el absoluto y el motor de su vida, desde el cual integra y reordena todas las demás dimensiones de su vivir y su hacer: su afecto, su capacidad de trabajo, de donación, su salud, su dinero…

Pero, además de este talante contemplativo, hemos de ejercitarnos en la oración de contemplación, la cual no es ciertamente, fruto de ningún método, pero tiene relación con el proceso normal de la experiencia orante.





Tomado del libro:
«Iniciación de los Jóvenes a la Oración»,
Escrito por: José Ramón Urbieta (Pags. 92 a 95)



viernes, 20 de diciembre de 2019

NUESTRA NAVIDAD, por José Antonio Hernández Guerrero




Nuestra Navidad



Nuestra Navidad, mezcla de realismo y de idealismo, de objetos sencillos y de episodios hermosos, de canciones tradicionales y de cantes irreverentes, nos transmite -como ha quedado reflejado en la poesía de Antonio Murciano- unas nuevas ganas de ser más buenos y unos sinceros deseos de amistad, de respeto y de generosidad. Tengo la impresión de que, a pesar de la continua invasión de “modas” procedentes de las más remotas civilizaciones, los valores medulares de la cultura cristiana siguen nutriendo nuestra peculiar manera de celebrar estas fiestas. Si prestamos atención a los comportamientos realmente populares llegamos a la conclusión de que en su fondo laten unas emociones que tienen mucho que ver con los mensajes que nos transmiten las escenas del portal de Belén conforme a la descripción del Evangelio de San Lucas: en un establo en el que hay animales, un buey y una mula, una mujer, María, un hombre, José, y un niño, Jesús, envuelto en pañales.


La sencillez de los comportamientos cotidianos, simbolizada de esta manera tan humana, nos descubre, con una singular fuerza comunicativa, las justas dimensiones de nuestras vidas de cada día. Para calar en la profundidad de estos sentidos íntimos, hemos de estar atentos y recordar -“revivir”- aquellas vivencias hondas de nuestra infancia que nos siguen ayudando -ahora que seguimos siendo pequeños- a acompañarnos, a respetarnos, a comprendernos y a acogernos, esas experiencias que nos proporcionan alegría y nos enseñan a sentir las sensaciones y a “experimentar los sentimientos”, a saber qué es el calor y el frío, el hambre y la comida, la sed y el agua, la enfermedad y la salud, a palpar qué es la soledad, la lejanía o la ausencia de la familia, el abandono de los ancianos, a interpretar el sentido de nuestros miedos y suspiros, a darnos aliento y a ayudarnos y a querernos un poquito más.


El Papa Francisco lo acaba de formular de manera clara, aguda y precisa: “Si queremos celebrar la verdadera Navidad, contemplemos este signo: la sencillez frágil de un niño recién nacido, la dulzura al verlo recostado, la ternura de los pañales que lo cubren. Allí está Dios”. Él nos explica cómo el Belén «es realmente un ejercicio de fantasía creativa, que utiliza los materiales más dispares para crear pequeñas obras maestras llenas de belleza. Y es que, efectivamente, las formas poseen mayor fuerza persuasiva que los argumentos racionales por muy cartesianos que éstos sean. Este principio explicado durante más de veintiséis siglos en los tratados de comunicación solemos olvidarlo los profesionales de la enseñanza, los periodistas y, sobre todo, los líderes políticos. Hemos de tener en cuenta, además, que la Navidad es la fiesta en la que celebramos el reconocimiento de la propia debilidad, de la personal pobreza y de la permanente inseguridad. Como dice el papa Francisco: “Ayudar bien sólo se hace desde la propia vulnerabilidad. Todos somos vulnerables”.



José Antonio Hernández Guerrero, reflexiona, semanalmente en nuestro “blog”, sobre las Claves del bienestar humano el sentido de la dignidad humana y el nuevo humanismo. Actualmente, nos envía también una reseña semanal sobre libros de pensamiento cristiano, evangelización, catequesis y teología. Con la intención, de informar, de manera clara y sencilla, de temas y de pensamientos actuales, que gustosamente publicamos en nuestro “blog”.


ACTUALIDAD DE LA DIÓCESIS:
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miércoles, 18 de diciembre de 2019

ORAR EN EL MUNDO OBRERO «IV DOMINGO DE ADVIENTO» CICLO “A” (22 DE DICIEMBRE DE 2019)


4º Domingo de Adviento (22 diciembre 2019)

18 DICIEMBRE 2019 | POR 
Queridas hermanas y hermanos:

Culminando este
tiempo de Adviento,
al contemplar
nuestra realidad,
crece nuestra
invocación,
nuestro deseo
de cercanía de Dios,
nuestra necesidad de
sentirlo con nosotros.

¡VEN, SEÑOR!

¡Feliz Navidad!


¡Hasta mañana
en el altar!

Fernando Carlos Díaz Abajo
Consiliario General HOAC, y

Mª Ángeles Bayo Valderrama
Responsable de Organización
y Vida comunitaria


San Mateo 1,18-24.-
«Dios con nosotros».

Dios está cerca.

Está en medio
de nosotros.

Mi proyecto de vida
debe ayudarme
a reconocer,
agradecer,
acoger esa
presencia de Dios
en mi vida.

¿Desde la oración,
qué puedo concretar
para avanzar en ello?

¿Qué puedo aportar
para que el equipo
sea la “reunión
en nombre
de Jesús”?
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lunes, 16 de diciembre de 2019

LA AMABILIDAD ES ALGO MÁS QUE CORTESÍA, por José Antonio Hernández Guerrero




La amabilidad es algo más que cortesía.



En contra de la definición simple de la palabra “amabilidad” como la manifestación de una actitud educada, cortés y complaciente en el trato entre las personas, el autor nos explica que es algo o mucho más porque constituye la demostración de la calidad humana y la prueba de la autenticidad cristiana. En un análisis detallado nos demuestra cómo las personas amables ponen de manifiesto una serie de virtudes morales que, además de revelar su equilibrio mental y su calidad ética, alcanzan su mayor sentido cuando fundamentan sus actitudes y comportamientos en una intensa vida teologal: en la fe, en la esperanza y en la caridad alimentadas por la oración. El padre Lawrence G. Lovasik, Fundador de las Hermanas del Divino Espíritu, parte del supuesto de que la amabilidad nace en el alma del hombre: “es la nobleza del hombre, un ser más divino que humano”. El fundamento de esta categórica afirmación estriba en el hecho de que, la amabilidad es una cualidad humana que tiene mucho que ver con la bondad cristiana cuyo núcleo es el amor. El autor llega incluso a afirmar textualmente que “la amabilidad es nuestra imitación de la Divina Providencia” y que, “si te modelas a imagen de Jesucristo, desaparecen la aspereza, el rencor y el sarcasmo”.


Me ha resultado especialmente atractivo su dibujo de la amabilidad de Jesús. Nos dice textualmente: “En el transcurso de los años solo ha existido una persona capaz de encarnar todas las características de un perfecto caballero: Jesucristo. A lo largo de sus treinta y tres años de vida, no se le conoció un solo gesto antipático. La dulzura de su sonrisa, el brillo de su mirada, la comprensión que emanaba de su rostro cuando daba consuelo, confortaba o animaba a quien necesitaba aliento: todo en él traslucía una amabilidad y un afecto auténticos por los hombres. Incluso cuando amonestaba a los hipócritas, lo hacía movido por los oprimidos” (p. 30)


¿Cómo -le preguntamos- alcanzamos y perfeccionamos esa cualidad? Nos responde con detalle en las tres partes del libro: en la primera, nos propone la exigencia de adoptar una actitud amable profundizado en sus fundamentos, evitando los juicios negativos sobre los comportamientos de los demás, venciendo la avaricia, controlando la ira o la impaciencia y tratando de descubrir el poder transformador de los pensamientos amables. En la segunda parte traza diferentes vías convergentes para que aprendamos a hablar con amabilidad: entregarnos plenamente a la verdad, vivir la caridad y descubrir las bondades de las conductas amables. En la tercera parte nos proporciona diferentes pautas para demostrar nuestro amor comportándonos amablemente. Nos proporciona diferentes criterios para que, examinando las motivaciones hondas de nuestras actitudes y de nuestros comportamientos, identifiquemos las raíces de nuestros malos modos, de nuestra dañina agresividad, de nuestra incontrolable antipatía. Y es que, como el autor afirma, incluso las acciones más nobles pueden estar incitadas por motivos fraudulentos, esas razones que, por no estar impulsadas por la bondad, sólo son “disfraces de la caridad”. Su denuncia de este riesgo es clara y contundente: “El orgullo y el afán de poder también se revisten con el manto de la caridad”. (p. 245)


[ Lawrece G. Lovasik
"El poder oculto de
la amabilidad"
Madrid, Rialp].



José Antonio Hernández Guerrero, reflexiona, semanalmente en nuestro “blog”, sobre las Claves del bienestar humano el sentido de la dignidad humana y el nuevo humanismo. Actualmente, nos envía también una reseña semanal sobre libros de pensamiento cristiano, evangelización, catequesis y teología. Con la intención, de informar, de manera clara y sencilla, de temas y de pensamientos actuales, que gustosamente publicamos en nuestro “blog”.



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miércoles, 11 de diciembre de 2019

LA PAZ INTERIOR ES LA CONSECUENCIA DE UNA VERDADERA COMPASIÓN, por José Antonio Hernández Guerrero




La paz interior es la consecuencia de una verdadera compasión.



Por muy diferentes que sean nuestras interpretaciones del momento en el que actualmente vivimos, todos coincidimos en que estamos sumergidos en un tempestuoso mar de agitaciones sociales, de revueltas políticas y de alborotos religiosos. Hemos de reconocer, además, que los orígenes de esta situación están instalados en el fondo de nuestros espíritus y que su consecuencia principal es el deterioro de nuestro bienestar personal. Esta inicial constatación, avalada por nuestras propias experiencias, es el objeto de este pequeño libro que nos explica con claridad y con profundidad la íntima relación que existe entre la paz colectiva y la paz espiritual.


En su primera parte enuncia y desarrolla un principio básico: la paz interior depende del recorrido que cada uno realice hacia la santidad: “Para comprender la importancia fundamental que tiene, en la vida cristiana, el afán por adquirir y conservar lo más posible la paz del corazón, en primer lugar hemos de estar plenamente convencidos de que todo el bien que podemos hacer viene de Dios y sólo de Él”.


Nos advierte -a mi juicio, de manera oportuna en las circunstancias actuales- que esa paz interior tal como la muestra el Evangelio, no consiste en una especie de impasibilidad, en la anulación de la sensibilidad o en una fría indiferencia, sino que es el corolario del amor, la consecuencia de una auténtica sensibilidad ante los sufrimientos del prójimo y de una verdadera compasión.


En la segunda parte señala que la causa más común que nos hace perder la paz es el temor generado por situaciones que interpretamos como amenazas como, por ejemplo, ante dificultades, presentes o futuras, el miedo a fallar en algo importante o de no ser capaces de realizar algunos proyectos. Para superar esos obstáculos propone desarrollar mediante la oración la confianza en Dios, esa honda convicción que se manifiesta en el abandono pleno en sus manos -en su Providencia- con la sencillez de los niños. Más que en cambiar las cosas que nos rodean, más que en alterar las circunstancias en las que vivimos, somos nosotros los que, hemos de purificar el interior de nuestras convicciones y las raíces de nuestras emociones: “El problema de fondo es que estamos demasiado apegados a nuestras opiniones sobre lo que es bueno y lo que no lo es” . (p. 45)


En la tercera parte ilustra sus reflexiones con una selección de textos de siete santos de diferentes épocas de la historia de la Iglesia y de distintas corrientes espirituales que abordan de manera convergente esta misma doctrina ascética. Nos puede servir de ejemplo las palabras del sacerdote capuchino, el padre Pío: “La paz es la sencillez del espíritu, la serenidad de la conciencia, la tranquilidad del alma y el lazo de amor. La paz es el orden, la armonía en cada uno de nosotros, una alegría constante que nace del testimonio de una buena conciencia, la santa conciencia de un corazón en el que reina Dios. La paz es el camino de la perfección o, mejor, la perfección se encuentra en la paz”.


[Jacques Philippe
“La paz interior”
Madrid, Rialp, 2019, 15º edición]



José Antonio Hernández Guerrero, reflexiona, semanalmente en nuestro “blog”, sobre las Claves del bienestar humano el sentido de la dignidad humana y el nuevo humanismo. Actualmente, nos envía también una reseña semanal sobre libros de pensamiento cristiano, evangelización, catequesis y teología. Con la intención, de informar, de manera clara y sencilla, de temas y de pensamientos actuales, que gustosamente publicamos en nuestro “blog”.



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ORAR EN EL MUNDO OBRERO
III DOMINGO DE ADVIENTO «GAUDETE»
CICLO “A” (15 DE DICIEMBRE DE 2019)


3er Domingo de Adviento (15 diciembre 2019)

11 DICIEMBRE 2019 | POR 
Queridas hermanas y hermanos:

¿Qué vemos y oímos nosotros
cuando miramos y escuchamos
la vida que nos rodea:
la propia y la de nuestra familia,
la de los compañeros y
compañeras de trabajo;
la de vecinos y vecinas
del barrio o pueblo,
la de nuestras comunidades
parroquiales, nuestros equipos…?

¿Qué signos de esperanza descubrimos?

¿A qué nos convocan?

¿Qué lugares humanos habitamos?

¡Buena semana!

¡Hasta mañana
en el altar!

Fernando Carlos Díaz Abajo
Consiliario General HOAC, y

Mª Ángeles Bayo Valderrama
Responsable de Organización
y Vida comunitaria



San Mateo 11,2-11.-
«¡Bienaventurado el que
no se escandalice de mí!».
Abrir los sentidos
para ver, escuchar,
palpar, percibir,
sentir, gustar y
sentir la
Buena Noticia
se hace posible
si mi proyecto de vida
se va realizando
desde lugares vitales
concretos.

Desde la oración
¿qué necesito
convertir aún
en mi vida?

sábado, 7 de diciembre de 2019

NAVIDAD 2019 | CONVIVENCIA DE NAVIDAD DE LA HOAC: DOMINGO, 15 DE DICIEMBRE DE 2019. EN CÁDIZ, PARROQUIA DE SAN FRANCISCO JAVIER. «LA FIESTA DE DIOS ESTÁ PRESENTE»






FELICITACIÓN DE NAVIDAD
DE LA HOAC DIOCESANA
¡GOZOSA Y SOLIDARIA NAVIDAD!
Y UN ¡FELIZ AÑO 2020!

Querido amigo/a:


La Comisión Diocesana de la

HOAC de Cádiz y Ceuta,

le deseamos una

¡GOZOSA Y SOLIDARIA NAVIDAD!

Y UN ¡FELIZ AÑO 2020!


Que el Señor les llene

de bendiciones a Vd.,

su familia y seres queridos,

que les acompañe siempre,

en su compromiso por

el bien, la paz, la igualdad

el amor y la justicia.


Reciba junto a su familia

toda nuestra cercanía,

nuestro abrazo fraternal

y nuestras más sinceras

felicitaciones.

LA COMISIÓN DIOCESANA DE
LA HOAC DE CÁDIZ Y CEUTA



Mensaje de Navidad

«Navidad, la gran fiesta de Dios con nosotros»

No es fácil sostener la esperanza en estos tiempos, como no lo ha sido nunca a través de la historia.

Y, pese a la dificultad, sabemos que no podemos vivir sin Esperanza en este mundo nuestro, necesitado de tener respuestas que alienten, que den esperanza, que den nuevo vigor en el camino.

Nuestro mundo está necesitado hoy de esperanza, porque se ha convertido en un «cementerio de esperanzas».

Y cuando ya no esperamos nada de la historia nos vemos abocados a esperar resignados que sucedan ininterrumpidamente las irracionalidades de este sistema.


Los creyentes en el Dios de Jesucristo somos invitados, continuamente, y más en este tiempo a reafirmar nuestra esperanza en el Dios encarnado en nuestra humanidad, en el Dios que se hace débil, pequeño, acogido, impotente, que busca ser amado porque nos ama sin medida.

Llegar a conocer a Dios, al Dios verdadero, eso es lo que significa recibir esperanza.

Algo que surge del encuentro personal con Cristo en nuestra vida; del encuentro que hace renacer en nosotros la alegría y que provoca una esperanza que el papa Francisco nos urge a no dejarnos robar.

Esta gran esperanza solo puede ser Dios, que abraza el universo y que nos puede proponer y dar lo que nosotros por sí solos no podemos alcanzar.

De hecho, el ser agraciado por un don forma parte de la esperanza.

Dios es el fundamento de la esperanza; pero no cualquier dios, sino el Dios que tiene un rostro humano y que nos ha amado hasta el extremo, a cada uno en particular y a la humanidad en su conjunto.

Para ser hombres y mujeres de esperanza no debemos apegarnos a nada y vivir, en cambio, en tensión hacia el encuentro con el Señor.

Sí, puesto que si perdemos esta perspectiva, la vida se vuelve estática y las cosas que no se mueven se corrompen.

Si queremos ser hombres y mujeres de esperanza debemos ser pobres, pobres, no apegados a nada.

Pobres, porque la esperanza es humilde, y es una virtud que se trabaja –digamos así– todos los días: todos los días hay que retomarla,… todos los días es necesario recordar que tenemos la prenda, que es el Espíritu que trabaja en nosotros con cosas pequeñas.

Alegraos con la esperanza, sed pacientes en el sufrimiento, perseverantes en la oración  (Rom 12,12).

La esperanza se hizo carne de nuestra carne, y habitó entre nosotros; se hizo Dios-con-nosotros.

Navidad es la historia de amor de Dios con su pueblo, comenzada mucho antes.

Una esperanza que se transforma en fuente de alegría porque hace posible la vida. 

Celebramos en Navidad que si hay algo definitivamente eterno es la vida.

La esperanza nos encamina a la alegría, nos hace perseverantes en la oración, nos mantienen en medio de las dificultades.

Nos sostiene para poder sostener a nuestras hermanas y hermanos.

Dios va delante de nosotros, y así descubrimos y experimentamos que la humanidad tiene futuro.

La alegría está hermanada con la esperanza.

Alegría porque Dios está-con nosotros salvando; porque es-el-que está ahí, por y-con-nosotros.

Somos la Iglesia, la comunidad de la esperanza, responsables de suscitar signos de esperanza y alegría que necesita nuestro pueblo.

Tenemos la misión de descubrir los signos de vida que existen en la vida sufriente del mundo obrero empobrecido para poder experimentar cómo Dios pone vida donde los seres humanos ponemos muerte y deshumanización.

Tenemos que aprender a descubrir cómo a las afueras de Belén, en la periferia marginada donde la esperanza se vuelve cara para los pobres, Dios hace surgir la Esperanza y la alegría para toda la humanidad.

Nace Dios como signo del desacuerdo con un modo inhumano de vivir y construir nuestras relaciones humanas, como grito de esperanza frente a la injusticia fatal.

 Dios pone vida donde nosotros solo dejamos espacio a la muerte.

El Hijo de Dios hace carne en nuestra carne la alegría y la esperanza.

Por eso caminamos en búsqueda y encuentro esperanzado de los signos de alegría que suscita esa presencia de Dios en nuestra historia humana.

Es tiempo de encaminarnos a la gran alegría, a la fiesta del encuentro con Dios que viene a nuestro encuentro para quedarse.

Es el tiempo de la gratitud porque Dios en su amor ha querido habitarnos.

Belén es el signo de nuestra esperanza comenzada, de nuestra alegría incoada, de nuestro encuentro con la ternura de Dios-con-nosotros, en nuestra vida, que nos hace testigos de su amor.

Somos –tenemos que ser–, en definitiva, alegres servidores de la esperanza, porque somos hijos e hijas del amor.

Que nuestra alegría se vuelva mensaje profético de esperanza para el mundo obrero.

diciembre 2019
noticias obreras 1623
Mensaje de Navidad
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CONVIVENCIA DE LA NAVIDAD

El nuevo Adán,
Jesús de Nazaret
se nos hace presente
en la historia
de la humanidad.

La nueva Eva,
una joven judía
ha dado a luz
a un Niño,
al Hijo de Dios.


Él se ha encarnado
en la pequeñez
y debilidad
de lo humano,
a fin de liberarnos
del pecado,
y elevarnos
a ser hermanos
de Jesús de Nazaret
e hijos del mismo Padre,
Dios Creador.

"Aleluya. Jesús
está con nosotros".

Demos gracias a Dios
porque ha sido Bueno
con nosotros.


Ha sido un día hermoso
nuestra convivencia,
la fraternidad
entre nosotros
era visible,
bien podría decirse
aquello que se decía de
las primeras comunidades:

"Mirad como se aman".


Ese era el deseo de Jesús,
y su mandato:

"Que nos amaramos
los unos a los otros,
cómo Él lo hizo".

Un abrazo en Jesús
el Niño de Belén,
que ha venido entre
los obreros y los pobres,
para ser como nosotros.


Feliz Navidad
para todos y todas,
para todos
nuestros amigos
y hermanos en la fe,
para nuestros compañeros
del mundo obrero.

Pepe Carrascosa