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UNA MIRADA CRISTIANA DEL TRABAJO HUMANO Y EL BIEN COMÚN
¡ACOGE, ABRAZA, CUIDA, ACOMPAÑA...!
LA VIDA DEL MUNDO OBRERO Y DE LOS POBRES,
CON MISERICORDIA Y COMPASIÓN.


¡Bienvenido/bienvenida! al "blog" de la HOAC diocesana de Cádiz y Ceuta.


sábado, 20 de junio de 2020

«VIDA NUEVA» REVISTA Nº 3.183 (del 20 al 28 de junio de 2020): Estimada ministra de Educación…


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SUMARIO
Portada VN Nº 3183

REVISTA Nº 3.183

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NOTAS AL PIE

  • Los lunes del nuncio Auza. Por José Beltrán, director de Vida Nueva [leer]

EDITORIAL

  • Suspenso en consenso educativo [leer]
  • La bandera de la justicia misericordiosa [leer]

TRIBUNA

  • Carlos Amigo, cardenal arzobispo emérito de Sevilla: Brindis al sol
  • Jesús Sánchez Camacho, periodista: Vuelta al cole improvisada
  • Rosa Ruiz, misionera claretiana: Depende
  • Fernando Vidal, sociólogo: La profesión del poeta

A FONDO

  • 10 peticiones de la escuela católica para la vuelta al cole en la era postcovid [leer]
  • Los patios virtuales: también hay recreo en tiempos de COVID
  • Cuando el colegio rescata a los padres
  • Angelo Vincenzo Zani, secretario de la Congregación para la Educación Católica: “Si marginamos la escuela, renunciamos al futuro”
  • América no pasa de curso
  • Caminos de resurreción, por José Cobo Cano
  • Las huellas del primer peregrino

PLIEGO

  • Y cuando salgamos, ¿qué? [resumen]

IGLESIA EN ESPAÑA

  • Unicef: “La Iglesia puede y debe sumarse a la Ley de Infancia”
  • No habrá protocolo común post-covid
  • Santiago Gómez Sierra, obispo de Huelva: “No podemos dormirnos en los laureles”
  • Europa: unidad e integración para aguar los populismos

VATICANO

  • Francisco centra el Corpus y el Mensaje de la Jornada de los Pobres en redoblar el compromiso social

IGLESIA EN EL MUNDO

  • Los obispos franceses celebran su Plenaria de primavera reflexionando sobre la crisis sanitaria y sus efectos
  • Entrevista al jesuita Andreu Oliva, rector de la UCA: “El Salvador ha negado justicia a sus mártires”

CULTURAS

  • CULTURA: ‘Reencuentro’ con la memoria interior
  • CINE EN CASA: Lo que arde con el fuego : Los incendios del alma
  • DE PALABRA: Escáner bíblico, por Pedro Barrado. Orar en un tuit, por José María Rodríguez Olaizola, sj. Más listo que un profeta, por Mateo González
  • CUESTIÓN DE FE: Sonsoles Ónega: “Ahora entiendo mucho más a los sacerdotes y su amor”

LIBROS

  • ‘Hermano Islam’, Juan José Tamayo (Trotta)
  • ‘Solidaridad y misericordia’, Juan María de Velasco y Javier de la Torre (PPC)
  • ‘Has cubierto mi desnudez’, Anne Lécu, (Narcea)

LA ÚLTIMA

  • La tentación. Por Jesús Sánchez Adalid
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VidaNueva

19/06/2020 - Boletín semanal nº 521

 
portadaVidaNuevaEstimada ministra de Educación…

10 peticiones de la Iglesia para la vuelta al cole

Isabel Celaá, hay una carta para usted… La escuela católica escribe en Vida Nueva un decálogo de medidas para la vuelta a las aulas en septiembre dirigido a la ministra de Educación, en el que las entidades cristianas buscan, de forma propositiva, sumar en pro del alumnado, aun cuando, pese a la inclusión de la educación dentro de la Comisión para la Reconstrucción del Congreso de los Diputados, el ansiado pacto educativo parece que seguirá en cuarentena.


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 Sumario nº 3.183
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'Vida Nueva' refuerza su cobertura sobre la crisis del coronavirus en su edición digital e impresa y, en su vocación de servicio, ofrece todo su contenido de forma gratuita. Leer más

 Consejo de Cardenales: 'Un plan para resucitar'

Encuentro Vida Nueva online

El próximo miércoles 24 de junio tendrá lugar este coloquio, organizado por esta revista, con la colaboración de PPC y Banco Sabadell. Participará el cardenal arzobispo de Barcelona, Juan José Omella; el cardenal arzobispo de Huancayo (Perú), Pedro Barreto; y el cardenal arzobispo de Rabat, Cristóbal López Romero. Leer más

  
  Y cuando salgamos, ¿qué?

Por Eugenio Campanario Larguero

A punto de incorporarnos a la "nueva normalidad", algunos personajes de la Biblia y las lúcidas reflexiones del papa Francisco en su encíclica Laudato si' nos guiarán en la necesaria búsqueda de nuevas propuestas y nuevos caminos para afrontar este tiempo nuevo. Leer más

Los lunes del nuncio Auza
'Notas al pie'. Por José Beltrán, director de Vida Nueva

Llegó en diciembre para trabajar. Ni un minuto perdido antes y durante del confinamiento. Con la desescalada, se rubrica el reparto de destinos. Astorga, Huelva… Por el momento, auxiliares en ascenso. Prólogo de lo que está por venir. No habrá relajación en los nombramientos. Hay quien los llama ya "los lunes del nuncio". Leer más

 

EDITORIAL: Suspenso en consenso educativo
CULTURA: Reencuentro en el Museo del Prado
EN LA WEB: Los Legionarios de Cristo ofrecen un congreso para sanar las heridas de la pandemia del coronavirus
EN LA WEB: El presidente de la UCAM: "Bill Gates quiere controlarnos con un chip al vacunarnos contra el Covid-19"
EN LA WEB: El Papa continúa con la feminización del Vaticano: coloca a dos mujeres en puestos de responsabilidad
EN LA WEB: Muere Carlos Ruiz Zafón tras una vida dedicada a combatir la "pobreza de espíritu"
EN LA WEB: El trinitario Pedro Huerta, nuevo secretario general de Escuelas Católicas
EN LA WEB: Juana Valentina, la religiosa colombiana del millón de vistas en Tik Tok
ESPECIAL: 
Toda la actualidad de la Iglesia sobre el coronavirus, al detalle
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jueves, 18 de junio de 2020

ORAR EN EL MUNDO OBRERO «12º DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO» CICLO “A” (21 DE JUNIO DE 2020)


12º Domingo del Tiempo Ordinario (21 junio)

18 JUNIO 2020 | POR 

Queridas hermanas y hermanos:

El miedo es lo contrario al amor,
y si falta el amor, falta la fe.

Cuando nuestra vida
no está habitada
por esa consciente
experiencia cotidiana
del amor de Dios,
somos vulnerables
a toda contrariedad.

El miedo imposibilita
construir una sociedad más justa,
humana, fraterna y solidaria.

La insistencia, por tres veces,
de Jesús en el evangelio de hoy
es precisamente:

“No tengáis miedo”.

Y la razón para no temer
es la confianza en el Padre,
la confianza que nace de
la experiencia amorosa
de Dios en nuestra vida,
del sabernos y sentirnos
amados por Dios,
del dejarnos
amar por Él.

Es este amor
el que es digno
de crédito y fe.

¡Hasta mañana en el altar!

Buena semana

Fernando Carlos Díaz Abajo
Consiliario General HOAC, y

Mª Ángeles Bayo Valderrama
Responsable de Organización
y Vida comunitaria




San Mateo 10,26-33.-
«No tengáis miedo».

En mi proyecto de vida
puede haber la necesidad
de dar pasos que,
sin embargo
distintos miedos,
paralizan.

Identifica esos miedos,
confíate al amor de Dios,
y de su mano plantéate
que pasos necesitas dar
para superarlos,
para transformarlos
en actitudes de vida,
de entrega,
de esperanza.

 

Accede a más oraciones aquí.

https://www.hoac.es/que-hacemos/espiritualidad/orar-desde-el-mundo-obrero/

 

También en Issuu

https://issuu.com/hoac/docs

 

https://issuu.com/hoac/docs/12__domingo_to

 

https://www.hoac.es/2020/06/11/el-cuerpo-y-la-sangre-de-cristo-14-de-junio-de-2020/

 

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UN NUEVO PACTO SOCIAL

Un nuevo pacto social

16 JUNIO 2020 | POR 

Si algo ha puesto de manifiesto la crisis social provocada por la COVID-19 es la enorme fragilidad y vulnerabilidad de nuestra sociedad y la total irracionalidad e inhumanidad del sistema económico capitalista neoliberal. Una vulnerabilidad vinculada, sobre todo, al olvido de los pobres, que es el olvido de la fraternidad. Una vulnerabilidad fruto de las enormes desigualdades generadas por décadas de políticas neoliberales. Tenemos recursos suficientes para hacer frente a las necesidades sociales, pero lo impide el acaparamiento en pocas manos de la riqueza social. Es imprescindible, como subraya el papa Francisco acabar con «la idolatría del dinero» que «descarta personas» en una «economía que mata». Porque «la necesidad de resolver las causas estructurales de la pobreza no puede esperar» (Evangelii gaudium, 202). Como señalan los obispos españoles en Iglesia, servidora de los pobres: «sin duda es el modelo mismo el que corresponde revisar» (n. 20).


Necesitamos ir más allá del inmediatismo y cortoplacismo político, que se instala en una realidad insostenible. Necesitamos algo que es evidente hace muchos años: construir un nuevo pacto social, porque lo que teníamos antes de esta crisis era cualquier cosa menos «normal». Mucho más ahora. Es una tarea que va mucho más allá, temporalmente, de lo que es la labor inmediata de un Gobierno y que, en lo que se refiere a su sujeto, necesita de una amplia implicación de muchos agentes sociales. Un nuevo pacto social que ponga en el centro el cuidado de la vida, que nos ayude a «pensar en grandes estrategias (…) que alienten una cultura del cuidado de la vida que impregne toda la sociedad» (Laudato si’, 231).


Un pacto social que contemple, al menos, dimensiones como las siguientes, estrechamente relacionadas entre sí:


1º. La promoción del trabajo digno y con plenos derechos, esencial para las personas y la sociedad, para acabar con la exclusión del empleo y su precarización, el reconocimiento social de los trabajos que no son empleos, particularmente los de cuidados, que afronte con seriedad la, tantas veces normalizada y olvidada, falta de condiciones de salud y seguridad en el trabajo.


2º. El fortalecimiento de los derechos sociales de personas y familias, incluido un Ingreso Mínimo Vital, para garantizar el acceso universal a los bienes básicos para vivir con dignidad y la necesaria protección social de todos sin que nadie sea excluido por ninguna razón.


3º. La promoción de la igualdad real de género, para acabar con todas las formas de violencia y de discriminación contra las mujeres, y con la invisibilización de su labor de atención a las necesidades básica de la vida.


4º. El impulso del cuidado integral del planeta, para transformar las formas de producción, consumo y estilo de vida que son incompatibles con el cuidado de la casa común y la familia humana que la habitamos.


5º. La promoción de un pacto intergeneracional para reconocer efectivamente el valor de las personas mayores, las potencialidades de los jóvenes, la importancia de la interrelación entre generaciones, y que nos ayude a pensar el mundo que dejamos a las futuras generaciones.


6º. La promoción de una educación integral de una ciudadanía ecosocial y abierta a la fraternidad universal.


7º. La implantación de una fiscalidad progresiva que redistribuya de forma justa la riqueza social.


8º. El impulso y el compromiso por un diálogo social que nos permita buscar en común desde la diversidad, buscando integrar a todos e impedir que los intereses egoístas, la codicia y los planteamiento reaccionarios socaven el bien común.

***

DIÁLOGO Y PARTICIPACIÓN | Este editorial está abierto a tu valoración. Lo puedes comentar y/o compartir en las redes sociales, en la página de la HOAC en Facebook y/o en la cuenta de Twitter.
Utilizamos la etiqueta 
#NuevoPactoSocial.
También puedes hacer llegar tu opinión al correo electrónico participacion@noticiasobreras.es

 

faldon portada y sumario


domingo, 14 de junio de 2020

«TIENDE TU MANO AL POBRE». IV MENSAJE DE LA JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES

Tiende tu mano al pobre. IV Mensaje de la Jornada Mundial de los Pobres

13 JUNIO 2020 | POR 


Publicamos a continuación el texto del Mensaje del Santo Padre para la IV Jornada Mundial de los Pobres, que se celebra el 15 de noviembre de 2020 (XXXIII domingo del Tiempo Ordinario) y cuyo tema es Tiende tu mano al pobre (cf. Sir 7, 32)



“Tiende tu mano al pobre” (cf. Sir 7, 32). La antigua sabiduría ha formulado estas palabras como un código sagrado a seguir en la vida. Hoy resuenan con todo su significado para ayudarnos también a nosotros a poner nuestra mirada en lo esencial y a superar las barreras de la indiferencia. La pobreza siempre asume rostros diferentes, que requieren una atención especial en cada situación particular; en cada una de ellas podemos encontrar a Jesús, el Señor, que nos reveló estar presente en sus hermanos más débiles (cf. Mt 25, 40).


1. Tomemos en nuestras manos el Eclesiástico, también conocido como Sirácida, uno de los libros del Antiguo Testamento. Aquí encontramos las palabras de un sabio maestro que vivió unos doscientos años antes de Cristo. Él buscaba la sabiduría que hace a los hombres mejores y capaces de escrutar en profundidad las vicisitudes de la vida. Lo hizo en un momento de dura prueba para el pueblo de Israel, un tiempo de dolor, luto y miseria causado por el dominio de las potencias extranjeras. Siendo un hombre de gran fe, arraigado en las tradiciones de sus antepasados, su primer pensamiento fue dirigirse a Dios para pedirle el don de la sabiduría. Y el Señor le ayudó.


Desde las primeras páginas del libro, el Sirácida expone sus consejos sobre muchas situaciones concretas de la vida, y la pobreza es una de ellas. Insiste en el hecho de que en la angustia hay que confiar en Dios: «Endereza tu corazón, mantente firme y no te angusties en tiempo de adversidad. Pégate a él y no te separes, para que al final seas enaltecido. Todo lo que te sobrevenga, acéptalo, y sé paciente en la adversidad y en la humillación. Porque en el fuego se prueba el oro, y los que agradan a Dios en el horno de la humillación. En las enfermedades y en la pobreza pon tu confianza en él. Confía en él y él te ayudará, endereza tus caminos y espera en él. Los que teméis al Señor, aguardad su misericordia y no os desviéis, no sea que caigáis» (2, 2-7).


2. Página tras página, descubrimos un precioso compendio de sugerencias sobre cómo actuar a la luz de una relación íntima con Dios, creador y amante de la creación, justo y providente con todos sus hijos. Sin embargo, la constante referencia a Dios no impide mirar al hombre concreto; al contrario, las dos cosas están estrechamente relacionadas.


Lo demuestra claramente el pasaje del cual se toma el título de este Mensaje (cf. 7, 29-36). La oración a Dios y la solidaridad con los pobres y los que sufren son inseparables. Para celebrar un culto que sea agradable al Señor, es necesario reconocer que toda persona, incluso la más indigente y despreciada, lleva impresa en sí la imagen de Dios. De tal atención deriva el don de la bendición divina, atraída por la generosidad que se practica hacia el pobre. Por lo tanto, el tiempo que se dedica a la oración nunca puede convertirse en una coartada para descuidar al prójimo necesitado; sino todo lo contrario: la bendición del Señor desciende sobre nosotros y la oración logra su propósito cuando va acompañada del servicio a los pobres.


3. ¡Qué actual es esta antigua enseñanza, también para nosotros! En efecto, la Palabra de Dios va más allá del espacio, del tiempo, de las religiones y de las culturas. La generosidad que sostiene al débil, consuela al afligido, alivia los sufrimientos, devuelve la dignidad a los privados de ella, es una condición para una vida plenamente humana. La opción por dedicarse a los pobres y atender sus muchas y variadas necesidades no puede estar condicionada por el tiempo a disposición o por intereses privados, ni por proyectos pastorales o sociales desencarnados. El poder de la gracia de Dios no puede ser sofocado por la tendencia narcisista a ponerse siempre uno mismo en primer lugar.


Mantener la mirada hacia el pobre es difícil, pero muy necesario para dar a nuestra vida personal y social la dirección correcta. No se trata de emplear muchas palabras, sino de comprometer concretamente la vida, movidos por la caridad divina. Cada año, con la Jornada Mundial de los Pobres, vuelvo sobre esta realidad fundamental para la vida de la Iglesia, porque los pobres están y estarán siempre con nosotros (cf. Jn 12, 8) para ayudarnos a acoger la compañía de Cristo en nuestra vida cotidiana.


4. El encuentro con una persona en condición de pobreza siempre nos provoca e interroga. ¿Cómo podemos ayudar a eliminar o al menos aliviar su marginación y sufrimiento? ¿Cómo podemos ayudarla en su pobreza espiritual? La comunidad cristiana está llamada a involucrarse en esta experiencia de compartir, con la conciencia de que no le está permitido delegarla a otros. Y para apoyar a los pobres es fundamental vivir la pobreza evangélica en primera persona. No podemos sentirnos “bien” cuando un miembro de la familia humana es dejado al margen y se convierte en una sombra. El grito silencioso de tantos pobres debe encontrar al pueblo de Dios en primera línea, siempre y en todas partes, para darles voz, defenderlos y solidarizarse con ellos ante tanta hipocresía y tantas promesas incumplidas, e invitarlos a participar en la vida de la comunidad.


Es cierto, la Iglesia no tiene soluciones generales que proponer, pero ofrece, con la gracia de Cristo, su testimonio y sus gestos de compartir. También se siente en la obligación de presentar las exigencias de los que no tienen lo necesario para vivir. Recordar a todos el gran valor del bien común es para el pueblo cristiano un compromiso de vida, que se realiza en el intento de no olvidar a ninguno de aquellos cuya humanidad es violada en las necesidades fundamentales.


5. Tender la mano hace descubrir, en primer lugar, a quien lo hace, que dentro de nosotros existe la capacidad de realizar gestos que dan sentido a la vida. ¡Cuántas manos tendidas se ven cada día! Lamentablemente, sucede cada vez más a menudo que la prisa nos arrastra a una vorágine de indiferencia, hasta el punto de que ya no se sabe más reconocer todo el bien que cotidianamente se realiza en el silencio y con gran generosidad. Así sucede que, sólo cuando ocurren hechos que alteran el curso de nuestra vida, nuestros ojos se vuelven capaces de vislumbrar la bondad de los santos “de la puerta de al lado”, «de aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios» (Exhort. ap. Gaudete et exsultate, 7), pero de los que nadie habla. Las malas noticias son tan abundantes en las páginas de los periódicos, en los sitios de internet y en las pantallas de televisión, que nos convencen que el mal reina soberano. No es así. Es verdad que está siempre presente la maldad y la violencia, el abuso y la corrupción, pero la vida está entretejida de actos de respeto y generosidad que no sólo compensan el mal, sino que nos empujan a ir más allá y a estar llenos de esperanza.


6. Tender la mano es un signo: un signo que recuerda inmediatamente la proximidad, la solidaridad, el amor. En estos meses, en los que el mundo entero ha estado como abrumado por un virus que ha traído dolor y muerte, desaliento y desconcierto, ¡cuántas manos tendidas hemos podido ver! La mano tendida del médico que se preocupa por cada paciente tratando de encontrar el remedio adecuado. La mano tendida de la enfermera y del enfermero que, mucho más allá de sus horas de trabajo, permanecen para cuidar a los enfermos. La mano tendida del que trabaja en la administración y proporciona los medios para salvar el mayor número posible de vidas. La mano tendida del farmacéutico, quién está expuesto a tantas peticiones en un contacto arriesgado con la gente. La mano tendida del sacerdote que bendice con el corazón desgarrado. La mano tendida del voluntario que socorre a los que viven en la calle y a los que, a pesar de tener un techo, no tienen comida. La mano tendida de hombres y mujeres que trabajan para proporcionar servicios esenciales y seguridad. Y otras manos tendidas que podríamos describir hasta componer una letanía de buenas obras. Todas estas manos han desafiado el contagio y el miedo para dar apoyo y consuelo.


7. Esta pandemia llegó de repente y nos tomó desprevenidos, dejando una gran sensación de desorientación e impotencia. Sin embargo, la mano tendida hacia el pobre no llegó de repente. Ella, más bien, ofrece el testimonio de cómo nos preparamos a reconocer al pobre para sostenerlo en el tiempo de la necesidad. Uno no improvisa instrumentos de misericordia. Es necesario un entrenamiento cotidiano, que proceda de la conciencia de lo mucho que necesitamos, nosotros los primeros, de una mano tendida hacia nosotros.


Este momento que estamos viviendo ha puesto en crisis muchas certezas. Nos sentimos más pobres y débiles porque hemos experimentado el sentido del límite y la restricción de la libertad. La pérdida de trabajo, de los afectos más queridos y la falta de las relaciones interpersonales habituales han abierto de golpe horizontes que ya no estábamos acostumbrados a observar. Nuestras riquezas espirituales y materiales fueron puestas en tela de juicio y descubrimos que teníamos miedo. Encerrados en el silencio de nuestros hogares, redescubrimos la importancia de la sencillez y de mantener la mirada fija en lo esencial. Hemos madurado la exigencia de una nueva fraternidad, capaz de ayuda recíproca y estima mutua. Este es un tiempo favorable para «volver a sentir que nos necesitamos unos a otros, que tenemos una responsabilidad por los demás y por el mundo […]. Ya hemos tenido mucho tiempo de degradación moral, burlándonos de la ética, de la bondad, de la fe, de la honestidad […]. Esa destrucción de todo fundamento de la vida social termina enfrentándonos unos con otros para preservar los propios intereses, provoca el surgimiento de nuevas formas de violencia y crueldad e impide el desarrollo de una verdadera cultura del cuidado del ambiente» (Carta enc. Laudato si’, 229). En definitiva, las graves crisis económicas, financieras y políticas no cesarán mientras permitamos que la responsabilidad que cada uno debe sentir hacia al prójimo y hacia cada persona permanezca aletargada.


8. “Tiende la mano al pobre” es, por lo tanto, una invitación a la responsabilidad y un compromiso directo de todos aquellos que se sienten parte del mismo destino. Es una llamada a llevar las cargas de los más débiles, como recuerda san Pablo: «Mediante el amor, poneos al servicio los unos de los otros. Porque toda la Ley encuentra su plenitud en un solo precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. […] Llevad las cargas los unos de los otros» (Ga 5, 13-14; 6, 2). El Apóstol enseña que la libertad que nos ha sido dada con la muerte y la resurrección de Jesucristo es para cada uno de nosotros una responsabilidad para ponernos al servicio de los demás, especialmente de los más débiles. No se trata de una exhortación opcional, sino que condiciona de la autenticidad de la fe que profesamos.


El libro del Eclesiástico viene otra vez en nuestra ayuda: sugiere acciones concretas para apoyar a los más débiles y también utiliza algunas imágenes evocadoras. En un primer momento toma en consideración la debilidad de cuantos están tristes: «No evites a los que lloran» (7, 34). El período de la pandemia nos obligó a un aislamiento forzoso, incluso impidiendo que pudiéramos consolar y permanecer cerca de amigos y conocidos afligidos por la pérdida de sus seres queridos. Y sigue diciendo el autor sagrado: «No dejes de visitar al enfermo» (7, 35). Hemos experimentado la imposibilidad de estar cerca de los que sufren, y al mismo tiempo hemos tomado conciencia de la fragilidad de nuestra existencia. En resumen, la Palabra de Dios nunca nos deja tranquilos y continúa estimulándonos al bien.


9. “Tiende la mano al pobre” destaca, por contraste, la actitud de quienes tienen las manos en los bolsillos y no se dejan conmover por la pobreza, de la que a menudo son también cómplices. La indiferencia y el cinismo son su alimento diario. ¡Qué diferencia respecto a las generosas manos que hemos descrito! De hecho, hay manos tendidas para rozar rápidamente el teclado de una computadora y mover sumas de dinero de una parte del mundo a otra, decretando la riqueza de estrechas oligarquías y la miseria de multitudes o el fracaso de naciones enteras. Hay manos tendidas para acumular dinero con la venta de armas que otras manos, incluso de niños, usarán para sembrar muerte y pobreza. Hay manos tendidas que en las sombras intercambian dosis de muerte para enriquecerse y vivir en el lujo y el desenfreno efímero. Hay manos tendidas que por debajo intercambian favores ilegales por ganancias fáciles y corruptas. Y también hay manos tendidas que, en el puritanismo hipócrita, establecen leyes que ellos mismos no observan.


En este panorama, «los excluidos siguen esperando. Para poder sostener un estilo de vida que excluye a otros, o para poder entusiasmarse con ese ideal egoísta, se ha desarrollado una globalización de la indiferencia. Casi sin advertirlo, nos volvemos incapaces de compadecernos ante los clamores de los otros, ya no lloramos ante el drama de los demás ni nos interesa cuidarlos, como si todo fuera una responsabilidad ajena que no nos incumbe» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 54). No podemos ser felices hasta que estas manos que siembran la muerte se transformen en instrumentos de justicia y de paz para el mundo entero.


10. «En todas tus acciones, ten presente tu final» (Sir 7,36). Esta es la expresión con la que el Sirácida concluye su reflexión. El texto se presta a una doble interpretación. La primera hace evidente que siempre debemos tener presente el fin de nuestra existencia. Acordarse de nuestro destino común puede ayudarnos a llevar una vida más atenta a quien es más pobre y no ha tenido las mismas posibilidades que nosotros. Existe también una segunda interpretación, que evidencia más bien el propósito, el objetivo hacia el que cada uno tiende. Es el fin de nuestra vida que requiere un proyecto a realizar y un camino a recorrer sin cansarse. Y bien, la finalidad de cada una de nuestras acciones no puede ser otro que el amor. Este es el objetivo hacia el que nos dirigimos y nada debe distraernos de él. Este amor es compartir, es dedicación y servicio, pero comienza con el descubrimiento de que nosotros somos los primeros amados y movidos al amor. Este fin aparece en el momento en que el niño se encuentra con la sonrisa de la madre y se siente amado por el hecho mismo de existir. Incluso una sonrisa que compartimos con el pobre es una fuente de amor y nos permite vivir en la alegría. La mano tendida, entonces, siempre puede enriquecerse con la sonrisa de quien no hace pesar su presencia y la ayuda que ofrece, sino que sólo se alegra de vivir según el estilo de los discípulos de Cristo.


En este camino de encuentro cotidiano con los pobres, nos acompaña la Madre de Dios que, de modo particular, es la Madre de los pobres. La Virgen María conoce de cerca las dificultades y sufrimientos de quienes están marginados, porque ella misma se encontró dando a luz al Hijo de Dios en un establo. Por la amenaza de Herodes, con José su esposo y el pequeño Jesús huyó a otro país, y la condición de refugiados marcó a la sagrada familia durante algunos años. Que la oración a la Madre de los pobres pueda reunir a sus hijos predilectos y a cuantos les sirven en el nombre de Cristo. Y que esta misma oración transforme la mano tendida en un abrazo de comunión y de renovada fraternidad.


Roma, en San Juan de Letrán, 13 de junio de 2020, memoria litúrgica de san Antonio de Padua.



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