Bajar de la cruz a los pobres.
En estas fechas de Semana Santa suelo hacer alguna reflexión para situarme en la vida desde la fe, este año también lo hago. Que tengáis una Semana de la Pasión y Muerte de Jesús Obrero sentida y morada. Y que su Resurrección nos lleve al camino del compromiso con los pobres.
Pepe Carrascosa
“Necesidad de la fe en Dios, en su Hijo Jesús de Nazaret
en su Iglesia para acompañar a los/as trabajadores/as
precarizados/as y excluidos/as”.
Este
trabajo forma parte de una reflexión que durante bastante tiempo he estado
llevando a cabo sobre la ausencia o presencia de Dios en nuestras vidas y cómo esto
afecta a las personas, en cómo se relacionan entre sí, en cómo desde la
libertad buscamos la paz, la justicia, el bien común, el amor fraterno. En esta Semana de la Pasión de Jesús podemos
ver multitudes de personas que van a ver, que buscan por las calles de la
ciudad o pueblo encontrarse con el Cristo, éste previamente ha sido vestido,
enjoyado, decorado, subido a un pedestal. Muchos asistentes a las procesiones tienen fe,
en ese cristo, otros lo perciben de manera intimista, muchos también lo ven
como una tradición cultural religiosa. Cada
uno es libre de manifestar la religión a su manera, pero ¿es esa la mejor
manera de ir a encontrarse con Jesús el galileo?, pero seguramente éste transita
por calles aledañas vestido de indigente, sin hogar, sin trabajo, mugrientos,
con hambre, quizá enfermos en el cuerpo y en el alma.
Por
otro lado, hoy parece que muchos creen que ya no necesitamos a Dios, algunos
lo creen porque quizá su vida le haya sido muy dura con él y no han encontrado
en su camino un auténtico seguidor del Nazareno que le mostrara cuanto amor
este le tiene, los “seguidores de Jesús” estaban quizá en las procesiones y
entre tanto bullicio, no se percatan de la presencia de tantos marginados que
habían sido ocultados a nuestros ojos. También
los hay que ven a Dios como un estorbo, para ellos seguir dominando al
mundo y cuanto en él existe sin medida: la vida vegetal, animal, y en muchos casos, hasta las personas,
en no pocas ocasiones piensan que la felicidad se alcanza con el poder, el
éxito, el ganar el gastar, el gozar sin
límites, siendo estos los únicos criterios y valores que han de regir la vida y
la sociedad. Desde esta perspectiva y
para seguir manteniendo en el ser humano, ese anhelo innato por la
trascendencia, han sustituido a ese Dios que teníamos como referente
para nuestros actos que tanto estorba, por ese otro que satisface nuestras
ambiciones y placeres, un dios éste que no cuestiona ni la moral ni la ética,
incluso que tengamos cualquier religión, a condición de que esta sea vivida de
manera intimista y dual, sin que altere ni cuestione al dios de la economía
y de la razón.
Quizá
esta pretensión mía de escribir sobre la religiosidad popular en forma de
religión cultural, y qué sienta la espiritualidad más apegada al Jesús, el
Cristo que camina sin adornos pero que va sosteniendo a los pobres, sus
preferidos. Esto puede parecer pretencioso,
“vanidad de vanidades, todo es vanidad” (Eclesiastés 1,2) y se me
puede decir que: “Doctores tiene la iglesia”, y he de dejar que sean ellos con
todo su intelecto los que hagan teología, cristología, eclesiología. Tendrían razón los que esta crítica me
hicieran, si no fuera porque el conocimiento, la experiencia del encuentro, el
sentir cercano a Dios, a su Hijo Jesucristo, al Espíritu Santo, a la Iglesia y,
a los que “no tienen ni donde caerse muerto” que, no está cerrada a los no
sabios, a los no intelectuales, a los no ordenados…, también tendrían razón si
el objeto de estas páginas, fuera meramente académico, pero no son estas mis
motivaciones, lo que trato es de manifestar por escrito. Cuanto amor a puesto Dios en sus creaturas,
en concreto, las personas que sufrieron amenazas, despidos e injusticia, que
son invisibilizados por parte de la Iglesia diocesana por puras razones
económicas, reflejándose pues, una fe dual e incoherente entre lo que se dice
ser discípulos de Cristo y lo que realmente se práctica con los más débiles.
También en esta mi persona, que se
siente violentada en su conciencia cristiana por quienes tienen la misión de
ser, pastor bueno con sus hermanos más pequeños. ¡Cuánto amor traicionamos nosotros los seres
humanos!. Un amor gratuito que recibimos
en la vida cotidiana, en la relación con la familia, con los miembros de la
comunidad eclesial y social más cercana, más afín a la vocación recibida.
En esta
importante etapa de mi vida, que me llegó a partir de recibir el Sacramento de
la Confirmación, cumplido ya los cuarenta años, creo
que, como cristiano es significativo este hecho, pues, el Espíritu Santo sopla
cuando quiere, hacia donde quiere y sobre quien quiere, una etapa esta, que
alcanza hasta el momento presente y que son muchas las personas a las que tengo
que mostrar mi agradecimiento por cuanto me acompañaron, me formaron, me
mostraron que la manera de seguir a Cristo era estando sirviendo a los pobres,
no decorando imágenes, y hacerlo con quienes compartí compromiso socio político
en organizaciones del mundo obrero y de la iglesia, que me condujo a entrar en
un movimiento especializado de Acción Católica, la Hermandad Obrera de Acción
Católica, HOAC, y con otros que Jesús de Nazaret puso en mi vida que me
ayudaron a sentirme orgulloso, de ser miembro de un pueblo que era pobre,
obrero marginado y excluido de los bienes de la Creación y del trabajo, todos
ellos grandes luchadores contra las injusticias que se dan en esta sociedad,
personas que por razón de su dignidad y mi misión cristiana ha de ser los con que
yo tendría que gastar mi vida, con mis aciertos y errores, pero convencido de
que mi misión, mi camino, era, es, que junto con los obreros como
protagonistas, buscar la justicia del Reino de Dios, en este tiempo que me
ha tocado vivir.
En esta
sociedad en que la ignorancia, la incultura, el sufrimiento de gran parte del
pueblo obrero, fue y sigue siendo lo que llevó a Guillermo Rovirosa,
su primer militante e impulsor de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) y a Tomás Malagón,
consiliario nacional de la misma, a llevar, acercar los conocimientos
básicos, social y eclesial a los trabajadores, para con ello, éstos, puedan
saber cómo actuar ante las opresiones que recibían en la vida social,
política y económica que tanto condicionaba sus vidas y las de sus familias,
también desde dentro de la Iglesia, en la que generalmente muchos están
relegados a ser simples monaguillos y el resto a simple espectadores.
No
quiero decir que yo a lo largo de más de veinte años haya alcanzado un nivel de
conocimiento que me permita debatir o rebatir, cuestiones teológicas o de fe,
ni mucho menos, que el Señor me libre de tal vanidad, pero sí que digo
que un mínimo de conocimiento como el mío es posible para los no intelectuales.
Como ejemplo de este razonamiento,
podemos encontrarlo en los Evangelios con la frase:
«Te doy
gracias, Padre de cielo y
tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las ha
revelado a la gente sencilla». (Mt 11,25).
Otro
ejemplo lo tenemos en S. Ignacio de Loyola, cuando él elaboro los
“ejercicios espirituales” que tanto ayudó a los creyentes, era
solamente un seglar, sin más conocimiento que el militar, ni conocimientos en
teología o filosofía tenía. Pero ese
librito religioso suyo, sobre “los ejercicios espirituales" arrasó por
toda Europa y el mundo, promoviendo una espiritualidad, también seglar. Tristemente esa espiritualidad que manaba de
los ejercicios espirituales, más tarde fue encerrada al uso exclusivo para
los sacerdotes y religiosos, hasta que el cristianismo en la sociedad no
entró en decadencia, entonces fue devuelto los ejercicios para su uso general
de los creyentes católicos, aunque hoy aún sigue predominando su uso para
los seglares de manera clerical el desarrollo de los mismos.
Por
último, el más grande de los teólogos, Santo Tomás de Aquino, al
final de sus días dejó de escribir y cayó en una angustia que no lo dejó hasta
el último momento de su vida y que le hacía repetir sin cesar, “que todo lo que había escrito, no valía nada,
ni servía para nada”.
A toda
la situación que se daba y se da en la Iglesia sobre cuanto acontece a los
pobres, los trabajadores mayoritariamente, la respuestas actual por parte de
responsables de ésta, es encerrarse dentro de los templos, las distintas
pastorales que se viven y se potencian son las que se desarrolla especialmente
hacia el interior de los templos, la de la liturgia, la caridad que es la
función más amorosa hacia los pobres, aunque insuficiente por la escasa promoción
de éstos, que es lo que rompe los lazos con la reproducción de la pobreza,
también es permanentemente la función catequética y poco más, en la
mayoría de las parroquias sin embargo, esas otras pastorales de cercanía con
las personas, en los barrios, en los ambientes con los que sufren injusticias,
etc. no se desarrollan de la manera que la Iglesia debiera según nos
relatan los Evangelios y la formación en los seminarios se centra fundamentalmente
en formarlos como funcionarios en los sacramentos y en el gobierno de las
parroquias, esas otras pastorales, como la Acción Católica, la pastoral de
la juventud, la pastoral obrera, etc. se dan escasamente. Se argumenta por parte de algún obispo, que
esa necesidad pastoral se cubre con la actividad general parroquial, algo
difícil de hacer si no se aceptan a los diferentes en los carismas que compone
el Cuerpo Místico de Cristo. La realidad
es, que muchos curas sienten recelos de esas otras pastorales, por temor a
que los laicos habituales de sus parroquias pasen a ser creyentes laicos fueras
de los templos, en el fondo, muchos de ellos lo que quieren es ser los
líderes de los laicos. Un hecho es
también que en los últimos tiempos es que cada vez más frecuentemente, hay
sacerdotes en las ciudades que ya no residen en los mismos barrios en que se
asientan las parroquias, con lo que el encuentro que propician el “conocer”
a las familias, y los vecinos, con sus alegrías y dificultades, a los trabajadores
cada vez más explotados y excluidos, y las enormes posibilidades para atraerlos
a todos ellos a la misión de la Iglesia, que es evangelizar, esto se
hace algo cada vez más difícil por la ausencia de sacerdotes y laicos que
propicien con su testimonio el encuentro con Jesucristo en los ambientes en que
viven su desarrollo humano, social o profesional.
Estas
razones, como otras que hacen que en todo ello hacen sentirlas como participación
en la obra creadora del Dios Creador, el cual quiso que el mundo fuera la casa
común del ser humano, así pues, le concedió ser la fuerza motora de cuanto
se tenía que hacer para modelar esta hermosa vasija en la que vivimos que es la
tierra, toda ella repleta de vida vegetal, animal y humana, por lo cual es
modelo a imitar y seguirlo, nos envió a su Hijo para liberarnos de toda
esclavitud, a fin de que alcancemos lo que Dios quiso para todos los hombres
y mujeres desde el principio de los tiempos, la vida eterna.
«¿Qué
problemas reales plantea a la Iglesia y a sus teólogos el trabajo humano? Hay que conciliar dos perspectivas. Es necesario partir del término general de lo
que significa teología: como ciencia que trata de Dios y del conocimiento del
mismo a través de la fe o la razón teológica cristiana. Por lo que teología del trabajo trata de dar
un sentido al esfuerzo colectivo de la humanidad que intenta dominar el
universo entero: bajo este aspecto la teología del trabajo será una teología de
lo que hace el ser humano a través de su inteligencia, creatividad, ingenio y
su fuerza física para transformar la naturaleza desde los criterios del Dios de
la Creación. Por otro hay que
revalorizar, el aspecto personal del trabajo elaborando una teología de la
acción: y en este sentido la teología del trabajo será una teología del acto
humano.
Quizá
algunos teólogos, dado el ambiente materialista, "las connotaciones
históricas" y las condiciones inhumanas del trabajo, han descuidado este
aspecto personal de la acción dedicándose tan sólo a elaborar una teología del
producto. Pero el acto no puede ser
considerado como un simple medio, sino que tiene en sí mismo una consistencia
de orden objetivo y una significación propia».
Sin
embargo, tanto amor manifestado en la creación para con los hombres por el
Dios creador, recibiría como pago la expropiación egoísta de la naturaleza,
el maltrato y el asesinato de hombres por los hombres, para así poseer en
propiedad exclusiva la fuerza del trabajo de las personas y de los bienes de la
naturaleza. Lo que tenía que ser propiedad
compartida, e incluso, la misma libertad de los hombres y mujeres las
poseían. Y lo que fue: “ganarás el pan con el sudor de tu frente”, frase ésta que muchos consideran como
una maldición bíblica por nuestra traición al Creador, ha ocultado la verdad
del deseo de Dios para con los hombres, que es hacernos copartícipes de la
Creación, sin embargo, el sentido del trabajo se siente como algo indigno a
causa del sufrimiento que este provoca, siendo pues rechazado por la perversión
que el egoísmo humano ha hecho del trabajador y de su trabajo. Y éste trabajo pasó a verse como, "ganarse
el pan con el sudor del de enfrente".
«Así, casi desde el
principio de los tiempos el trabajo pasó a ser algo detestado e indigno por los
poderosos, a la vez que necesario para sus vidas de placeres y seguridades, por
lo que ellos se rodearon de una serie de hombres y mujeres que les resolvieran
esa necesidad, pero que lo harían teniéndolos como esclavos, criados,
campesinos, obreros, artesanos que trabajaban para ellos, y los poderosos
pasaron a ser dueños del trabajo y que cínicamente decían que “gracias a su benevolencia” nos
permitían realizarlos a nosotros los obreros y trabajadores. Y el trabajo nos fue robado, y con ello
nuestra capacidad creadora de las cosas necesarias, a la vez que nos impedían
que fuésemos con-creadores junto con Dios de la naturaleza. Pero ellos eran conscientes de su mal y se
sentían inseguros ante tantos trabajadores expoliados y ellos, los poderosos
crearon a partir de trabajadores sumisos, una clase intermedia, los
gobernantes, los jueces, los soldados, los policías… que los defendían de los
trabajadores molestos por las injusticias sufridas. El amor, la justicia, la paz, fueron mareados
hasta lo que hoy conocemos, una sociedad pervertida y corroída, sin sentimiento
de servicio y entrega a los demás, solo es natural el ‘gozar’, ‘ganar’ y ‘gastar’
y para ello hay que ser competitivos adaptado a las necesidades de la economía,
Dios hoy es usurpado por el dios dinero y el dios mercado»
Pero en
esta realidad que nos narra el anterior “cuento del trabajo” en la que
hoy se ha convertido la Creación y el trabajo humano, se produce una
apatía e indiferencia para que el hombre-mujer pase a ser lo que fueron
llamados a ser: sujetos del trabajo cuya dignidad es sagrada y que todo
cuanto acontece en la sociedad, en la economía, en la política ha de estar
subordinado al ser humano.
Por
supuesto que existen grandes personas, grupos, organizaciones que están en
permanente tensión y que luchan contra la realidad dominante, muchos de
ellos aún creen que este cambio de paradigma se ha de llevar a cabo devolviendo
a Dios a la historia del hombre-mujer para así traer la liberación del pueblo,
de los trabajadores, todos ellos son también santos por sus vidas de entrega.
También los hay que no son creyentes y
esta liberación también les ha de venir desde un humanismo social, pero no
antagónico, siendo los verdaderos héroes en la sociedad, no los artistas,
futbolistas o políticos. Ninguno de éstos,
están excluido de esta ansia liberadora para el hombre-mujer, pero todos
tenemos necesidad de razones para la lucha por el bien, entre estas razones
está el conocimiento que nos dé argumentos religiosos, históricos, ideológicos,
sociales, etc. Conocimientos y
argumentos para compartir. Y la fe,
“que aunque se guarde en vasijas de barro, no es para tenerla oculta, sino
para ofrecérsela a todos”, hasta para los que no creen en Dios.
Ante
esto, ¿Qué hacer?. Esta
es la gran pregunta que se viene haciendo y cuya respuesta no puede ser la de
siempre, evasiva, como si no fuera conmigo, o, “ya soy mayor”, “somos muy
pocos”..., la respuesta tiene que responder a las necesidades de las
personas, a los problemas que le aquejan, a la dignidad arrebatada, y
decir:
«¡Aquí
estoy Señor
para hacer tu voluntad!.
Tú no quisiste víctima ni oblación;
pero me diste un oído atento;
no pediste holocaustos ni sacrificios,
entonces dije: “aquí estoy"». (Salmo
39)
También
hay que colocar en su justo lugar la teología, la espiritualidad. La teología como ciencia de Dios y que en
formulación de Tomás Malagón Almodóvar dirigió a los obreros, a
los que les abrió la mente para un mayor conocimiento de la Iglesia, de la
sociedad y de sus propias capacidades para ser apóstoles de Jesús de Nazaret en
el mundo obrero.
«Como
una teología social y haciendo una distinción entre la fe y la teología, porque
ambas son realidades distintas, aunque en un plano de continuidad. Porque mientras la fe es entrega amorosa del
hombre a Dios, la teología es una actividad humana, una ciencia elaborada por
la razón creyente.
El
papel de la teología es estudiar los elementos de la Revelación sobrenatural,
profundizando en ellos, hallar sus relaciones recíprocas, reducirlos a sistemas
ordenados de pensamiento, deducir consecuencias de todo orden. Pero ha de ser todo
esto mirando al hombre, al que ha de ayudar así a sumergirse en la vida de la Iglesia
como realidad colectiva. La teología
pues, perfecciona al hombre, lo humaniza, lo ayuda… a sobre naturalizar su
existencia; pero hace todo esto socializando…, al hombre en la iglesia y
haciendo de él un hombre con viva comunión social. Más aún, la teología ha de enseñarnos cuál es
el Plan de Dios sobre la vida individual y colectiva, aquí, en este mundo… Ella no debe ser solamente un conjunto de
ideas abstractas, ni una especie de metafísica religiosa de las realidades
humanas y temporales que nos dice cuáles son las primeras causas y las últimas
finalidades de las cosas, y esto sólo como apéndice o como una consideración
que se expone a propósito de otra cosa que es la que de verdad se toma en
consideración. La teología ciertamente
deberá estudiar las realidades que constituyen el universo sobrenatural (Dios,
la Trinidad, Cristo, la Gracia, los Sacramentos, la Iglesia…todo lo cual está
lleno de aspectos sociales); pero debe además enseñarnos a mirar
sobrenaturalmente todas las cosas (el universo entero de la naturaleza de la
historia y de la conciencia), mostrarnos como deben ser según las exigencias de
su propio ser y de la Revelación que sobre todo ello es preciso realizar.
«Los tiempos, sin
embargo, han cambiado. La teología hoy
quiere abrirse al mundo, al diálogo con todos los hombres, a todos los
problemas de la humanidad. Se pone de
relieve la importancia del laicado, se estudia el compromiso temporal de los
seglares, las relaciones de la Iglesia con la sociedad, se da importancia a los
aspectos comunitario del mensaje cristiano... Es que la teología está tomando conciencia más
clara de cuál es su objeto, del principio o facultad que la edifica, de su fin
y de los métodos que se le adaptan, todo lo cual hace de ella la ciencia social
por excelencia». (Teología
fe y creencia en Tomas Malagón, por Alfonso Fdez. Casamayor)
Además,
es necesario recuperar la filosofía, las ciencias sociales, la historia, las
tradiciones..., porque los gobiernos los estudios de humanidades los están
sacando de los planes de estudios, porque éstos junto con los compromisos
sociopolíticos, la solidaridad y el gastar la vida para que otros vivan con
alegría y eficiencia la fe y la razón que la sociedad y el trabajo
requieren son más necesario que nunca.
A esa
pregunta que antes me hacía, hay que sentir la necesidad de conocer a Dios, a su
obra creadora, al ser creado, su devenir histórico, a pensadores cristianos, al
sentido del trabajo, de cómo lo percibieron antes que nosotros, también lo que
escribieron, y comenzar a buscar a través de textos escritos, razones para
compartir: en la Biblia y sus distintos libros ¿la Iglesia, la HOAC busca la
dignificación del trabajo y del trabajador?. Esto lo confronté con esos textos que leía,
haciéndolo a través de documentos, de Rovirosa, de Malagón,
de Asambleas generales, planes de formación, cuadernillos…, testimonios de
militantes, y la respuesta que de todo ello recibía, y, es que “sí”, que toda
la acción liberadora de Jesucristo, de la Iglesia, de tantos creyentes de la
historia lo atestiguan y que, no puede ser un obstáculo para seguir los pasos
del Nazareno el que algunos o muchos no sigan ese camino que nos señaló Jesús
de Nazaret.
En este
discernir la historia desde el misterio del Dios de la Creación por el que
fuimos creados para compartir todo lo creado, que en Jesucristo se perfecciona
la Creación de la humanidad terminada, que por Él los hombres-mujeres
alcanzarán su misma condición: la de ser todos hijos/as del mismo Dios,
que, para ello tuvo que morir de manera ignominiosa en la cruz, para redimirnos
con el Padre al que apartábamos de nuestras vidas para que nuestro yo ocupara
su lugar, y, que a pesar de ello, Él sigue estando entre nosotros en el
Espíritu Santo para inspirarnos actitudes, valores, conocimientos. Que Dios en la historia del hombre-mujer: -Dios
Creador del universo entero - nos hace con creadores - Él siempre está presto a
acudir en nuestro socorro - Por su Amor para con nosotros nos envió a su Hijo
Encarnado entre los hombres, pobre y obrero - para liberarnos de toda
esclavitud.
¿Podemos
pues, encerrar a Jesús el Nazareno en una serie de pasos de cofradías en la que
se representa su Pasión y Muerte durante una semana y no seguir el camino que
nos señaló?:
«Ama a Dios con todo tu
corazón, con toda tus fuerzas y ama al
prójimo como a ti mismo» (Mt 22,37-39)
Tomás
Malagón, como ya hemos visto antes, y Guillermo Rovirosa,
tuvieron una gran preocupación por los cambios que se estaban produciendo en
la sociedad de una España convulsa tras una terrible guerra civil, y cómo
esto afectaba a la Iglesia, y en cómo debía responder ésta a esos cambios. Ambos en sus escritos hablan de la teología
social, y a lo largo de sus vidas tanto las que vivieron dentro de la HOAC
como las que pasaron apartados de ella por decisión de la jerarquía eclesial. Fue tal la aportación que realizaron en
materia eclesial y social que pueden considerarse a ambos como unos adelantados
al Concilio Vaticano II.
«Todo cuanto existe tiene una especie u otra de amor, que es buscar la propia
perfección adecuada. Esta perfección, en
los seres inorgánicos, está en el hecho de existir; en los seres vivos consiste
en alcanzar el desarrollo de su vida determinada. En los hombres está, además, la de amar en el
sentido propio de la palabra.
En Dios
el amor solamente es dar. Su acción
hacia fuera no tiene el carácter perfectivo. En la Creación el amor es equilibrio: dar y
recibir.
En el
hombre tiende a hacerse centro. Es la
forma rudimentaria de afirmar la propia imperfección: buscar una perfección en
un punto falso.
La
realidad del paraíso la renueva el
hombre, cuando se sitúa en la verdadera jerarquía de valores. La visión y el uso de las cosas creadas es lo
que convierte en paraíso o en adversarias, según que este uso sea correcto o
incorrecto.
La
creación en sí misma no ha sido afectada por el pecado. Solo cuando se usa para un fin indebido se
convierte en hostil y trágica para el hombre.
El
hombre que usa mal la creación experimenta que ella se rebela: la creación se
ve como forzada a ser para lo que no debería ser, y, en este sentido san Pablo
afirma que la creación espera también su propia redención.
El
hombre, a pesar del pecado, no ha perdido la imagen de Dios (la inteligencia),
y por ello pueden aún dominar la creación. Pero al perder la semejanza de Dios y usando
mal de las criaturas constata que este dominio no es un dominio pacífico, sino
que se convierte en una continua hostilidad.
Solamente
con el amor pueden cambiar las perspectivas. Pues con el amor puede el hombre encontrar el
equilibrio en la creación.
Hay que
buscar pues, el punto de partida para la sociología en el amor o tendencia a la
perfección; y el desarrollo total de la perfección del individuo será también
constituir el Cuerpo Místico de Cristo. El
Cuerpo Místico será, pues, la finalidad totalmente perfectiva, capaz de ofrecer
toda la perfección al hombre… Como la
única perfección total está en Dios, el Cuerpo Místico encuentra su última
razón de perfección en ser ordenado a la Gloria de Dios. Aquel crear desinteresado no tiene otra
finalidad que Dios: tender hacia la
causa de donde procede, Dios… La primera
relación social, pues, está en Dios como causa, orden y término de la creación».
En la actualidad puedo decir que las razones que provocan
dudas, interpelaciones, crisis de pertenencia a esta mi Iglesia van desapareciendo,
no podía ser de otra manera, el
pecado de algunos, incluido el de éste que escribe, no puede ensuciar las vidas
cristianas llenas de amor hacia los más débiles y excluidos de ésta mi diócesis
o la del resto de las diócesis que tengan pastores entregados en servir a sus
feligreses, empezando por los más empobrecidos. Reconozco
que, aunque dada mi permanente insatisfacción a cuanto hago en la vida, en
algún otro momento tendré que volver a profundizar en la fe en Jesús de Nazaret
y en orarle a Cristo, para estar
más cerca de los empobrecidos, los excluidos de los bienes de la Creación, de
la justicia, de la dignidad de Hijo de Dios. Razones
todas estas que provocaron este trabajo que tanto me ha enriquecido
espiritualmente, y que confió que de alguna manera pueda ser útil a mis
hermanos en la fe en nuestro Señor Jesús de Nazaret.
Bajar de la cruz al pobre que por justicia a éstos, también
serían resucitados en Él, esto es lo que
Jesús desde su trono, “La Cruz”, mandó a sus discípulos hacer.
Semana Santa del año 2022
José Manuel Carrascosa Freire