
La brecha digital excluye a miles de mujeres del empleo digno
Ante la exclusión, trabajo decente
Manifiesto de Iglesia por el Trabajo Decente con motivo del 8 de Marzo
En este 8 de Marzo de 2026, Día Internacional de la Mujer, desde la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente alzamos la voz para recordar que no podremos construir una sociedad justa mientras millones de mujeres sigan viviendo en condiciones de exclusión, precariedad laboral y desigualdad.
Este nuevo año pastoral lo iniciamos escuchando con atención la invitación del papa León XIV, quien nos llamaba a “ser una Iglesia cercana al mundo del trabajo, compasiva y encarnada, para que el anuncio del Evangelio se convierta en presencia concreta de consuelo y esperanza, pero también en palabra profética que recuerde la importancia de garantizar el trabajo para todos”.
Estas palabras, dirigidas a toda la Iglesia, resuenan de manera especial hoy, cuando miramos la realidad de tantas mujeres para quienes el trabajo no es fuente de vida, sino causa de sufrimiento, riesgo o discriminación, cuando no de abusos
Este año, desde ITD proponemos como eje central para el 8 de marzo, introducir en nuestra reivindicación los efectos de las nuevas tecnologías en el mundo del trabajo, como un elemento que afecta directamente a las mujeres.
En los últimos tiempos, vemos como la digitalización, la introducción de plataformas y la IA avanzan con rapidez y redefinen el acceso al trabajo, la formación, la participación social y el ejercicio de derechos. Sin embargo, no todas las personas caminan al mismo ritmo. No disponer de dispositivos, conexión estable o competencias digitales implica quedar fuera de oportunidades laborales, formativas y administrativas. Es una vulnerabilidad silenciosa que multiplica todas las demás.
El informe FOESSA revela que un tercio de los hogares vulnerables, muchos de ellos encabezados por mujeres, vive en «apagón digital». Por otra parte, los hogares en pobreza severa combinan el 35% sin conexión estable con el 34% sin destrezas.
Esta problemática agrava la desigualdad porque hay muchas mujeres que no pueden inscribirse a una oferta de empleo o iniciar los trámites esenciales para su legalización porque la plataforma es demasiado compleja. Mujeres con trabajos feminizados, o atrapadas en empleos precarios como en el caso de los cuidados o el mundo rural, que no disponen de tiempo ni de recursos para adquirir competencias digitales, lo que les va a imposibilitar salir de la situación en la que se encuentran, sin olvidar la problemática de hombres y mujeres de edad avanzada.
A estos factores, se les añade que la participación de las mujeres en el desarrollo de plataformas y la Inteligencia Artificial, que están presentes en todos los ámbitos de nuestra vida y muchos trabajos, es mínima. Los desarrolladores son básicamente hombres blancos, lo que provoca un sesgo muy peligroso para las mujeres de hoy y más aún para las del mañana, y por tanto para la humanidad, si no conseguimos revertir esta situación.
Es tarea de toda la sociedad, con sus instituciones, facilitar los recursos para que las mujeres podamos reducir la brecha digital de género, que no es sólo técnica: es una brecha de dignidad. Cuando la tecnología se convierte en un filtro que decide quién accede a un trabajo o quién queda fuera, la desigualdad adopta nuevas formas, más sofisticadas, pero igualmente injustas.
Como Iglesia, no podemos permanecer indiferentes y por ello, en este 8 de marzo, Iglesia por el Trabajo Decente afirma con rotundidad:
- Que el trabajo digno es un derecho inalienable y una expresión concreta del amor cristiano.
- Que la tecnología debe estar al servicio de la vida y de la igualdad.
- Que es urgente transformar las estructuras laborales injustas que afectan a las mujeres.
- Que la participación de todas y todos es el camino imprescindible de transformación social.
- Que la Iglesia debe seguir encarnada en el mundo del trabajo.
La brecha digital excluye a miles de mujeres del empleo digno
ITD denuncia que la desigualdad adopta formas más sofisticadas pero igualmente injustas cuando la tecnología se convierte en un filtro que decide quien accede a un trabajo
Con motivo del Día Internacional de la Mujer, la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente (ITD) denuncia que no será posible construir una sociedad justa mientras millones de mujeres continúen atrapadas en la exclusión, la precariedad laboral y nuevas formas de desigualdad vinculadas a la digitalización.
Bajo el lema “Ante la exclusión, trabajo decente”, ITD pone, en el manifiesto de este año, el foco en un fenómeno creciente y silencioso: el impacto de las nuevas tecnologías, las plataformas digitales y la inteligencia artificial en el acceso al empleo y a los derechos laborales, una realidad que está afectando de manera especial a las mujeres.
“Cuando la tecnología se convierte en un filtro que decide quién accede a un trabajo y quién queda fuera, la desigualdad adopta formas más sofisticadas, pero igualmente injustas”, advierte la iniciativa.
Brecha digital: una nueva frontera de exclusión
La rápida digitalización del mercado laboral exige competencias, dispositivos y conexión estable. Sin embargo, no todas las personas parten del mismo punto. Según el IX Informe FOESSA, un tercio de los hogares vulnerables —muchos de ellos encabezados por mujeres— vive en situación de “apagón digital”. En los hogares en pobreza severa, el 35% carece de conexión estable y el 34% no dispone de destrezas digitales suficientes.
Esta realidad tiene consecuencias directas: mujeres que no pueden inscribirse en ofertas de empleo, iniciar trámites administrativos o regularizar su situación porque las plataformas resultan inaccesibles o excesivamente complejas. La situación es especialmente grave en sectores feminizados y precarios, como los cuidados o el trabajo en el ámbito rural, donde la falta de tiempo y recursos dificulta adquirir competencias digitales. También afecta a personas de edad avanzada que quedan progresivamente desconectadas del sistema.
Tecnología sin mujeres, riesgo de sesgo
ITD alerta además de la escasa participación femenina en el desarrollo de plataformas e inteligencia artificial. La baja presencia de mujeres en estos ámbitos puede generar sesgos estructurales que reproduzcan y amplifiquen desigualdades de género en el acceso al empleo y en la toma de decisiones automatizadas.
“La brecha digital no es sólo técnica: es una brecha de dignidad”, subraya la iniciativa.
Un llamado a la responsabilidad colectiva
En este contexto, ITD reclama a las instituciones públicas y a la sociedad en su conjunto que impulsen políticas que garanticen recursos, formación y acompañamiento para reducir la brecha digital de género y evitar que la innovación tecnológica se convierta en un nuevo factor de exclusión.
Asimismo, recuerda que el trabajo digno es un derecho inalienable y una expresión concreta de la dignidad humana, y que la tecnología debe estar siempre al servicio de la vida y de la igualdad. En este sentido, el Papa León XIV recuerda que la Iglesia está llamada a ser “cercana al mundo del trabajo, compasiva y encarnada, para que el anuncio del Evangelio se convierta en presencia concreta de consuelo y esperanza, pero también en palabra profética que recuerde la importancia de garantizar el trabajo para todos”.
En este 8 de marzo, Iglesia por el Trabajo Decente reafirma su compromiso de seguir encarnada en el mundo del trabajo y de denunciar las estructuras laborales injustas que afectan a las mujeres. “Reclamamos justicia. Reclamamos igualdad. Reclamamos trabajo decente: derecho, no privilegio”.
CIFRAS SOBRE MUJER Y EMPLEO
Las mujeres cobran un 20% menos que los hombres. (EPA 2024)
El 75% de los contratos a tiempo parcial en España están ocupados por mujeres, una parcialidad que “no es deseada ni voluntaria”
El 22% de las mujeres trabaja a tiempo parcial, frente al 7% de los hombres.
El 39% de la diferencia salarial entre hombres y mujeres se eliminaría si estas no atendieran los cuidados. (CCOO)
El 93,43% de las personas que trabajan a tiempo parcial por motivos familiares son mujeres. (UGT)
Las mujeres adultas dedican 55,2 horas semanales a cuidados, frente a las 38,2 horas de los hombres, una brecha de 16,9 horas.
El 50,5% de las mujeres se encarga de la mayor parte de los quehaceres domésticos, mientras que solo lo hace el 18,9% de los hombres.
El 62,0% de las mujeres que nunca han trabajado señalan el cuidado de hijos o pareja como el principal motivo, en contraste con el 19,3% de los hombres.
El 26,7% de los hogares sustentados por mujeres experimenta exclusión en el eje económico, frente al 21,3% de los sustentados por hombres.
Las mujeres enfrentan peores indicadores de calidad en empleos tecnológicos (formación, autonomía y carrera), situándose casi 10 puntos porcentuales por debajo de los hombres. (Caritas, IX Informe FOESSA)
Imágenes para redes sociales
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