José Antonio Galiana Martínez.- «La seriedad es compatible con la cordialidad».
José Antonio Galiana Martínez es una persona formal en los diferentes e importantes sentidos de esta palabra. Él sabe bien que los tonos las intensidades y los ritmos de la pronunciación de las palabras, y el control de los gestos corporales dotan de sentido a los comportamientos humanos y, por eso, suele repetir que descuidar las expresiones es devaluar sus significados valiosos y nobles. Es ahí donde, a mi juicio, radica su seriedad, su delicadeza y su cordialidad.
Su formalidad orienta sus actitudes ante la vida personal, familiar profesional, social y política, opuestas todas ellas, como es sabido, a la frivolidad. Movido por su pasión para defender la dignidad y la libertad humanas, armoniza la expresión de su pensamiento con un tono cordial creador de un intenso ambiente de comprensión, de lealtad y de sencillez. Por eso toma la vida en serio para colaborar en el bienestar de las personas a las que él regala su apoyo, su estima y su amistad.
Es un incansable luchador por la libertad y un encarnizado crítico de cualquier ideología totalitaria. Profesional de la salud de cuerpo y del espíritu, es un buscador apasionado de esas verdades y de esos valores que brotan de las raíces profundas de nuestro patrimonio cultural y de las fuentes de la racionalidad, esas que constituyen los fundamentos de la dignidad del ser humano. No es extraño, por lo tanto, que cultive las bellas artes y, en especial la música como imprescindibles ayudas para “vivir la vida” en el más amplio e intenso sentido de esta expresión.
Su trayectoria vital, orientada por su inteligencia y por su sensibilidad, constituye la ilustración de la aristocracia de su espíritu y de la llaneza de trato: dos rasgos complementarios que concurren en una rara simbiosis que –a mi juicio-, además de la herencia biológica, es el fruto de su esfuerzo personal.
Sus hondas convicciones éticas le impulsan a rechazar las imposiciones arbitrarias y explican su capacidad ilimitada para, tras conversar, dialogar y debatir los asuntos importantes, buscar consensos o, al menos, alcanzar acuerdos. José Antonio es un lector de la vida que presta atención a esos episodios que, aparentemente anodinos, encierran mensajes importantes y generan resonancias estéticas.
Es un crítico cauteloso que, gracias su compromiso ético, escucha antes de hablar. Él está convencido de que la palabra sólo se atiende y se entiende cuando responde a los interrogantes personales, y que hablar es preguntar y preguntarse para, después, callar y actuar.
Su formalidad orienta sus actitudes ante la vida personal, familiar profesional, social y política, opuestas todas ellas, como es sabido, a la frivolidad. Movido por su pasión para defender la dignidad y la libertad humanas, armoniza la expresión de su pensamiento con un tono cordial creador de un intenso ambiente de comprensión, de lealtad y de sencillez. Por eso toma la vida en serio para colaborar en el bienestar de las personas a las que él regala su apoyo, su estima y su amistad.
Es un incansable luchador por la libertad y un encarnizado crítico de cualquier ideología totalitaria. Profesional de la salud de cuerpo y del espíritu, es un buscador apasionado de esas verdades y de esos valores que brotan de las raíces profundas de nuestro patrimonio cultural y de las fuentes de la racionalidad, esas que constituyen los fundamentos de la dignidad del ser humano. No es extraño, por lo tanto, que cultive las bellas artes y, en especial la música como imprescindibles ayudas para “vivir la vida” en el más amplio e intenso sentido de esta expresión.
Su trayectoria vital, orientada por su inteligencia y por su sensibilidad, constituye la ilustración de la aristocracia de su espíritu y de la llaneza de trato: dos rasgos complementarios que concurren en una rara simbiosis que –a mi juicio-, además de la herencia biológica, es el fruto de su esfuerzo personal.
Sus hondas convicciones éticas le impulsan a rechazar las imposiciones arbitrarias y explican su capacidad ilimitada para, tras conversar, dialogar y debatir los asuntos importantes, buscar consensos o, al menos, alcanzar acuerdos. José Antonio es un lector de la vida que presta atención a esos episodios que, aparentemente anodinos, encierran mensajes importantes y generan resonancias estéticas.
Es un crítico cauteloso que, gracias su compromiso ético, escucha antes de hablar. Él está convencido de que la palabra sólo se atiende y se entiende cuando responde a los interrogantes personales, y que hablar es preguntar y preguntarse para, después, callar y actuar.
José Antonio Hernández Guerrero, reflexiona, semanalmente en nuestro “blog”, sobre las Claves del bienestar humano el sentido de la dignidad humana y el nuevo humanismo. Nos suele enviar también una reseña semanal sobre libros de pensamiento cristiano, evangelización, catequesis y teología. Con la intención, de informar, de manera clara y sencilla, de temas y de pensamientos actuales, que gustosamente publicamos en nuestro “blog”.
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