HOA DIOCESANA DE CÁDIZ Y CEUTA

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martes, 26 de mayo de 2009

REFLEXIÓN SOBRE LAS ELECCIONES EUROPEAS


¡¡POR LA EUROPA SOCIAL, LA JUSTICIA Y LA DIGNIDAD DE LAS PERSONAS!!


Entre el 4 y el 7 de Junio (fecha de las elecciones en nuestro país) los aproximadamente 375 millones de ciudadanos europeos con derecho a voto, de los 27 países miembros de la Unión Europea, estamos llamados a las Elecciones al Parlamento Europeo para el que elegiremos a 736 diputados (según el vigente Tratado de Niza), de los cuales los españoles elegimos a 50. Este número de diputados se puede ver ampliado hasta 751 en 2010, si se ratifica el Tratado de Lisboa, con lo que España elegiría 4 más.


El Parlamento actual cuenta con una mayoría conservadora constituida alrededor del Partido Popular Europeo (grupo en el que se integran tanto el PP como CiU) y que cuenta con 278 diputados y otros grupos entre los que destaca la Alianza de Liberales y Demócratas por Europa, que cuenta con otros 104; frente a la minoría progresista liderada por el Grupo Socialista Europeo, con 216 y otros grupos como Izquierda Unitaria Europea/Izquierda Verde (donde se integra IU) con 41. En España en las últimas Elecciones al Parlamento Europeo del 2004 el PSOE obtuvo 25 diputados, el PP 24, IU 2 y el bloque nacionalista otros 2.


Estas Elecciones se celebran en plena crisis económica mundial, que lejos de ser una más de las crisis a las que nos tiene acostumbrados el sistema, es mucho más profunda, y pone en cuestión toda una forma de concebir el crecimiento económico, de organizar la vida social y de la orientación ética de nuestra sociedad. Por eso se trata de unas elecciones en las que deberíamos prestar gran atención a todo lo que puede significar un avance o un retroceso en la ineludible necesidad de profundizar en la defensa de los derechos de las personas, de la justicia social, de los valores que nos humanizan y de un modelo social que facilite una vida digna y la lucha contra el empobrecimiento de que son víctimas tantos miles de millones de hermanos y hermanas nuestros.


Presentamos esta reflexión sobre las Elecciones Europeas guiados por el afán de justicia y solidaridad a favor de las personas, colectivos y pueblos empobrecidos. Con ello, queremos, con Cristo y como Él, anunciar la Buena Noticia a los pobres (Lc 4, 18)


El problema de la participación

Como movimiento de militantes obreros cristianos consideramos que un proceso como el de la construcción europea tiene un importante valor desde la perspectiva de la configuración de un amplio espacio de colaboración, cooperación y solidaridad entre los países, que puede orientarse hacia la construcción de una mayor conciencia y vivencia de la vocación de las personas y los pueblos a la fraternidad y la búsqueda conjunta del bien común, elemento esencial y central de toda comunidad política que pretenda estar al servicio de las personas. Sin embargo, tenemos un problema importante de participación, implicación y conciencia de la importancia que puede tener un proceso como el de la construcción europea, que se refleja también en las elecciones al Parlamento Europeo.


A pesar de que, según indican todos los sondeos, los ciudadanos somos cada día más conscientes de nuestra pertenencia a Europa y de que muchas decisiones importantes para nuestro modelo social, nuestros servicios y sobre todo nuestra economía, se toman en el ámbito de la Unión Europea las previsiones de participación en estos comicios lejos de ir al alza van a la baja.


Ya en las Elecciones de 2004 y en otros comicios anteriores hay un dato que destaca de manera sobresaliente sobre los demás: el alto grado de abstención, que en el 2004 fue en nuestro país del 54,86% frente al sólo 45% que ejerció su derecho al voto.


En el último barómetro del parlamento europeo, de este mismo año 2009, solo un 34% de los ciudadanos europeos manifiesta su intención de ir a votar —los españoles estamos por debajo de esta media y nos quedamos en un 27%—. Lo que parece indicar una tendencia al aumento de la abstención en las elecciones de Junio.


Este mismo sondeo indica una bajada en la confianza que los ciudadanos tenemos en relación con las instituciones europeas y que va bajando lenta pero progresivamente, situándose sólo en el 45% el número de ciudadanos que dice confiar en una institución como el Parlamento Europeo.


Tal y como hemos venido reflejando en anteriores reflexiones sobre otros procesos electorales, hay elementos comunes que pueden explicar en parte esta tendencia al aumento de la apatía, el desinterés y lo que es peor, la desconfianza, de los ciudadanos hacia lo político; como son la bipolarización partidista, la tendencia en el debate político más a la descalificación del contrario que a la defensa o exposición de la propia propuesta, el uso y abuso de técnicas de marketing y publicidad que dificultan la percepción de las propuestas reales, la opacidad del funcionamiento interno de los partidos y/o la «profesionalización» de la «carrera política», el retroceso de instrumentos de participación e información ciudadana. En definitiva, el predominio de un modelo político que convierte a los ciudadanos más en objetos que en sujetos de la vida política y que aleja la acción política de la vida cotidiana de las personas.


A estas razones habría que añadir, en el caso singular de este proceso electoral, que los ciudadanos seguimos percibiendo con demasiada lejanía las instituciones europeas; no acabamos de percibir su importancia, nos sentimos muy poco miembros de una comunidad más amplia que es la UE. Asimismo es claro que en esta Europa de los 27 pesan mucho más los Estados que las instituciones europeas, y así las deliberaciones y equilibrios que se producen en el Consejo (donde están los gobiernos nacionales) determinan en gran parte el trabajo de la Comisión y/o del Parlamento. Esta situación de relativa primacía de los Estados miembro sobre las instituciones europeas hace que el proceso de configuración de esta nueva realidad supranacional que debe ser la UE, para conseguir políticas comunes y compartidas en sus aspectos fundamentales —economía, derechos sociales, empleo, seguridad y defensa, relaciones exteriores— esté siendo un proceso lento y lleno de incertidumbres, que favorece poco una percepción clara de su necesidad y operatividad por parte del ciudadano.


En cualquier caso son muy preocupantes estos niveles populares de desconfianza y de desinterés por el proceso de construcción de la Unión Europea y por lo tanto constituye un reto de primera importancia analizar sus causas y aumentar el nivel de información, cercanía y compromiso de las instituciones nacionales y comunitarias hacía los ciudadanos.


En el caso particular de España, mucho nos tememos que como en anteriores comicios electorales, Municipales y Autonómicas de 2007 y Generales de 2008, la bipolarización entre PP y PSOE lo invada todo y diluya cualquier otra perspectiva más plural y que, también de nuevo, la simplificación del debate político al «conmigo o contra mí» vuelva a impedir a los ciudadanos poder percibir nítidamente las diferentes propuestas que se le plantean, incluso las que pretenden defender estos dos grandes partidos.


Asimismo que, como pasó en las Municipales de hace dos años, este proceso se convierta en una especie de anticipo o primarias de las próximas elecciones generales (a pesar de que sólo hace un año que se celebraron las anteriores), para revalidar la confianza o no respecto a las políticas nacionales de estos dos grandes partidos. O dicho de otra manera, que todo el debate se haga en clave nacional y alrededor de quién es o no el «culpable» de la actual situación de crisis económica.


Creemos que, con sus luces y sus sombras, el proceso de construcción europea ha tenido y está teniendo elementos positivos, como los fondos de cohesión europeos, la mejora de infraestructuras, el progreso económico, la consolidación y el reconocimiento de derechos sociales, la estabilidad política…, aunque también importantes déficits en la construcción política y en avances sociales, por ejemplo, que avanza mucho más lentamente que la configuración del mercado común o la política monetaria. Lo que realmente debería debatirse es esta situación de la Unión Europea.


Por lo que otro reto que nos plantean estas elecciones es el de ayudar, en la medida de lo posible, a que los ciudadanos puedan tener una percepción clara de cuáles son las propuestas programáticas que los diversos grupos políticos van a defender en el nuevo Parlamento Europeo. Esta reflexión intenta contribuir, desde nuestra modesta aportación, a esta clarificación.


¿Qué nos jugamos en estas Elecciones? Los trabajadores en la UE

Por lo que se refiere a los contenidos de las propuestas políticas, consideramos que debemos prestar especial atención a valorarlas desde la perspectiva de, en primer lugar, lo que suponen para el respeto y el reconocimiento efectivo de la dignidad de las personas, lo que se traduce y concreta en la promoción de los derechos y las responsabilidades sociales de las personas. En segundo lugar, lo que suponen para la promoción del bien común, es decir, para la creación de las mejores condiciones sociales posibles en este momento para que las personas, familias y grupos sociales puedan desarrollar una vida digna, subordinando para ello los intereses particulares al interés general y, sobre todo, dando prioridad a las necesidades y derechos de los empobrecidos. Y, en tercer lugar, como reconocimiento real de la dignidad de las personas y de la voluntad de buscar el bien común, lo que suponen para la solidaridad con los empobrecidos, la lucha contra el empobrecimiento como objetivo fundamental y central, y el avance de la justicia en la vida social.


Estas Elecciones, como ya hemos dicho, tienen lugar en plena crisis económica mundial, que ha puesto en evidencia al propio modelo económico y social, así como la necesidad de controles sociales y políticos sobre el mercado y de manera especial de nuevas regulaciones del sistema financiero también de carácter global, más allá de los controles nacionales. Pero, más aún, la necesidad de subordinar el modelo económico al desarrollo social.


Es evidente también que en estos momentos hay voces que, aun compartiendo que el origen de esta crisis está en la desmesura de la ambición y el descontrol del sistema financiero, quieren aprovechar la ocasión para provocar un recorte de los derechos sociales poniendo sobre la mesa la supuesta necesidad de reformar, introduciendo aún mayor flexibilidad y precariedad, las actuales condiciones laborales, las prestaciones sociales. Y frente a ellas, otras voces que entienden que hay una necesidad de aumentar las coberturas sociales para paliar los efectos de esta crisis sobre los sectores más empobrecidos que no son responsables de la crisis, consolidar los derechos laborales, aumentar la intervención pública en los procesos económicos sobre todo aumentando el control sobre el sistema financiero a todos los niveles y apostando por modelos económicos que pongan el acento en la formación, en i+d+i (investigación, desarrollo e innovación) en alternativas energéticas más compatibles con el medio ambiente.


Con esta situación de fondo y desde la perspectiva que hemos planteado, en nuestra opinión los asuntos de mayor calado a los que deberían responder las propuestas de los partidos en estas Elecciones al Parlamento Europeo son las siguientes:


1.º Economía–Modelo Social Europeo–Estado del Bienestar y defensa del Medio Ambiente–La lucha contra la pobreza

En la determinación de políticas comunes, en éste, como en otros aspectos que señalaremos a continuación, van a ser muy importantes los avances que se puedan ir dando en la configuración de una auténtica y completa unión política europea, que aumente la capacidad de intervención tanto del Parlamento como de la Comisión, frente a las cumbres de Jefes de Estado y del Consejo Europeo. A mayor unión política, mayor peso a la hora de determinar salidas globales a la crisis o influencia en las decisiones de cumbres como las del G-20 en la dirección de nuestro modelo social europeo.


Nadie parece discutir que la salida de esta crisis, en Europa, pasa por apostar por un modelo económico más competitivo y sostenible social y ecológicamente, pero basando el aumento de competitividad en la Formación (itinerarios profesionales a nivel europeo), la Educación (lucha contra el fracaso escolar), en la apuesta por la i+d+i aumentando de manera considerable la inversión tanto pública como privada, en un cambio de modelo en los sistemas de transporte, en un nuevo modelo energético con inversión en nuevos sistemas de energía menos contaminantes y respetuosos con el medio ambiente; asimismo con una política medio ambiental que combata de manera decidida el cambio climático. Y por supuesto con una apuesta decidida por reformas profundas y control público del sistema financiero. Y también por la subordinación del modelo económico a fines sociales. El debate está en si los Estados Europeos serán capaces de ponerse de acuerdo en un Plan de Choque contra la crisis compartido por todos.


Para los sindicatos y para el conjunto de los trabajadores europeos, parece claro que esta salida que se plantea a la crisis debe hacerse, en cualquier caso, desde el respeto a los derechos sociales, laborales y políticas de igualdad, en el aumento de las coberturas de desempleo, en unos servicios públicos de calidad y accesibles a los ciudadanos, todo ello en el marco de un nuevo Pacto Social a nivel europeo con participación de los sindicatos. Es más, esos derechos sociales y laborales deben ser un pilar fundamental del propio modelo económico europeo. En ese sentido, es fundamental dar mayor prioridad y centralidad a la lucha contra la pobreza y la exclusión social en los países de la Unión Europea, aspecto en el que es decisiva la apuesta por un trabajo digno y la lucha contra la precariedad laboral y el desempleo.


2.º Políticas de cohesión–Presupuesto comunitario y armonización fiscal

En casi todos los territorios de España sabemos de la experiencia positiva que han supuesto las políticas de cohesión, fondos de inversión europeos en infraestructuras de todo tipo, para el crecimiento de nuestros pueblos y ciudades. Hemos venido siendo receptores netos de estas ayudas que nos han permitido estar cerca y en algún caso por encima de las medias europeas. La ampliación a 25 y después a 27 con la incorporación sucesiva, primero de países del Este y en la última ampliación de Bulgaria y Rumanía, países con menos renta que la nuestra, hace más necesario que nunca el aumento de los fondos de cohesión lo que pasaría por una apuesta decidida por la ampliación del Presupuesto comunitario (en estos momentos alrededor del 1% del PIB europeo) y el mantenimiento con las reformas necesarias de instrumentos como la PAC (política agraria común) y otros.


Asimismo para aumentar esta cohesión interna e ir igualando por tanto la prestación de servicios y la calidad de los mismos en todo el ámbito de la UE se hace cada vez más necesario un proceso de armonización fiscal, igualando la capacidad impositiva de todos los Estados al menos a lo que sería la media actual entre todos los países. Porque sin recursos públicos es imposible profundizar en políticas de redistribución, en la lucha contra la pobreza y en mayor justicia social, tanto en ayudas directas como con la mejora de servicios públicos de carácter básico como la Educación o la Sanidad.


3.º Apostar por una cultura europea basada en valores compartidos, políticas de igualdad y libertades.
Política común de inmigración


Estamos convencidos que debe ser objetivo común compartido por todos conseguir que la UE sea un espacio de vida en común donde los valores de referencia sean la justicia, la libertad, la igualdad de oportunidades, la preservación del medioambiente, los derechos sociales y laborales y el pleno respeto por las opciones ideológicas y religiosas de cada cual. Pues bien desde esta perspectiva cultural y política creemos que hay que valorar las diferentes propuestas que se nos planteen en materia de políticas de igualdad hombre-mujer, de discapacidad y/o de origen racial o étnico. Y, en general, sobre el reconocimiento, respeto y promoción de los derechos humanos como fundamento de la convivencia social.


Desde esta perspectiva es fundamental una política común en materia de inmigración, mucho más justa y humana que la actual, que esté basada en políticas de acogimiento y respeto de todos los derechos de ciudadanía de los nuevos vecinos, que persiga no a las víctimas sino a las mafias que se enriquecen alrededor de estos flujos de necesidad y que busque políticas de solidaridad y de encuentro con las economías de origen para ayudar en su desarrollo, para conseguir que los flujos de emigrantes tengan su origen en una opción personal y no en la imperiosa necesidad de supervivencia. En este sentido son también decisivas las políticas laborales basadas en el igual reconocimiento de derechos de los trabajadores inmigrantes y las políticas de servicios públicos en igualdad de condiciones para todos.


4.º Política exterior común y apuesta por un desarrollo integral y por la solidaridad internacional

Como hemos planteado en otros aspectos, nadie cuestiona la necesidad de que la Unión Europea cuente con una política exterior común, que le permita tener una sola voz frente a otras potencias regionales como EEUU, Rusia, China, etc. Pero es evidente también que sigue siendo un objetivo y un deseo más que una realidad, a pesar de los avances que se hayan podido dar en este campo.


Con el cambio de presidencia en los EEUU y la llegada de Obama a la Casa Blanca se abre un nuevo ciclo en las relaciones internaciones, ya que parece que esta nueva administración americana apuesta por el multilateralismo con todas las posibilidades de dialogo que esta nueva postura comporta. En este contexto, la Unión Europea debe apostar decididamente por la promoción del diálogo internacional, el reforzamiento de los espacios de cooperación, la solución pacífica a los conflictos y la desmilitarización y desarme de nuestro mundo, el respeto de la diversidad cultural, y el impulso práctico del desarrollo integral de los pueblos.


Parece claro, por tanto, que hay que apostar de manera decidida por avanzar en una política exterior común de la Unión Europea, para que nuestro modelo europeo pueda tener interlocución y poder suficiente para garantizar una voz propia en relación con la salida de la crisis, las política de defensa más allá de la OTAN, las relaciones con América Latina y África, así como con China y Asia y de una manera relevante con el mundo islámico a través de iniciativas como la del «diálogo de civilizaciones» o la resolución positiva de la ampliación de la Unión Europea a un estado de mayoría islamista como es Turquía.


Asimismo, ahora más que nunca, y precisamente por el impacto que la crisis está teniendo en los países más pobres, hay que garantizar y promover una mayor aportación a fondos de solidaridad y ayuda al desarrollo y una mayor determinación en la UE por potenciar estas políticas de solidaridad. Y, sobre todo, apostar por las necesarias reformas en el comercio internacional concretamente una política agrícola europea que no perjudique la producción y comercio agrícola del Tercer Mundo , en las políticas de cooperación, en la gestión de la deuda externa, para caminar hacia un modelo de relaciones internacionales que ayude a caminar hacia la superación de la actual situación de dependencia y de enriquecimiento de unos a costa del empobrecimiento de otros.


Por último es muy importante también valorar en qué orden de prioridad se establecen estas políticas, a veces falsamente compartidas por parte de cada partido, ya que no es lo mismo poner el acento, por ejemplo, en políticas de control de fronteras respecto a la inmigración o en políticas comunes de acogimiento y dialogo con los países de origen de estos inmigrantes. O considerar que «también» hay que luchar contra la exclusión social, por los derechos laborales…, que hacer de estos elementos un eje central de la política económica.


Un llamamiento a la participación y al compromiso

Como trabajadores cristianos comprometidos en la vida pública queremos recordar que tanto nuestros sindicatos, a través del manifiesto de la Confederación Europea de Sindicatos (CES) «Que se oiga la voz de la Europa Social», como nuestros Obispos, a través de la Declaración de la Comisión de los Episcopados de la Comunidad Europea (COMECE) «Construir una mejor casa Europea», nos instan a que participemos en este proceso y a que lo hagamos nuestro.


Reproducimos a continuación ambas declaraciones, porque consideramos que pueden ayudarnos a todos a comprender mejor la importancia de estas elecciones al Parlamento Europeo y lo que debe orientar nuestra implicación y nuestro compromiso en el proceso de construcción europea. Apostando por defender y promover todas aquellas propuestas que vayan en la dirección de profundizar el reconocimiento práctico y efectivo de la dignidad y de los derechos de todas las personas, de la justicia en la vida social, de crecer en la solidaridad con los empobrecidos, de fomentar la solidaridad internacional hacia la constitución de una verdadera comunidad de personas, de promover la paz, el respeto a la naturaleza y la convivencia humana desde la diversidad.


En un mundo globalizado, en el marco de una crisis como la actual que está provocando tanto dolor y sufrimiento injustos, consideramos que es necesario fortalecer y profundizar un modelo social mucho más justo y solidario como al que aspiramos en la Unión Europea, frente a otros modelos más agresivos y menos respetuosos con los derechos de las personas y con el medio ambiente. Por eso es importante apostar en estas elecciones europeas por la participación y el compromiso y que los cristianos estemos dispuestos y deseosos de contribuir a la satisfacción de estas aspiraciones.
MANIFIESTO DE LA CONFEDERACIÓN EUROPEA DE SINDICATOS

¡Que se oiga la voz de la Europa Social!

1. Las elecciones europeas de junio 2009 conciernen a todos los trabajadores en Europa. Europa ha adoptado más de 60 leyes sociales en beneficio de los trabajadores, sobre todo en cuestiones como salud y seguridad, igualdad, transferencia de empresas e información y consulta. El último avance se refiere al acceso a derechos iguales para los trabajadores de empresas de trabajo temporal y el fortalecimiento de los comités de empresa europeos.


2. Europa puede ser también una amenaza. Las recientes decisiones del Tribunal de Justicia Europeo (TJCE) sobre la libre circulación de servicios han perjudicado a los derechos sindicales fundamentales en lo referido a negociaciones colectivas y huelgas.


3. El Parlamento europeo puede marcar la diferencia. De hecho, ha apoyado a los sindicatos europeos para que fracase la directiva Bolkestein sobre los servicios, la desregulación del trabajo en los puertos y el debilitamiento de la directiva sobre tiempo de trabajo.


4. Los trabajadores deberían pues utilizar su derecho democrático de votar y además movilizar a los candidatos sobre los grandes desafíos que se exponen a continuación.


5. Este es nuestro manifiesto, en el que reclamamos:

• Medidas destinadas a reforzar los derechos de los trabajadores y de los sindicatos mediante la adopción de un Protocolo de progreso social y una revisión de la directiva sobre desplazamiento para corregir las sentencias recientes del TJCE (Laval, Viking, Rüffert, Luxemburgo).

Estas medidas son esenciales para el restablecimiento de nuestros derechos fundamentales sobre la libre circulación de la mano de obra y los servicios. Los candidatos que rechacen esto no merecen el apoyo de los sindicatos.


• Un nuevo Pacto social en la crisis económica, con la plena participación de los sindicatos y de los trabajadores, con el objetivo del pleno empleo, empleos de calidad, mejores salarios y mejores pensiones, estados del bienestar más fuertes, cotizaciones más elevadas, desarrollo sostenible y una fuerte regulación de los mercados financieros —los trabajadores no deben pagar el precio de la incompetencia de los banqueros.

Una política social europea más fuerte y una política fiscal coordinada para poner en marcha una Unión europea social.


• Un acuerdo justo sobre tiempo de trabajo, que proteja a los trabajadores de las largas horas de trabajo, que salvaguarde el papel específico de las negociaciones colectivas en la organización del tiempo de trabajo, y que garantice a todos los trabajadores el derecho de poder conciliar el trabajo y la vida familiar.


• Mayor protección contra el aumento del trabajo precario y a favor de los trabajadores que tienen empleos precarios, ofreciéndoles una mejor cobertura gracias al derecho laboral y a la seguridad social, y el paso hacia empleos de calidad.


• Una nueva estrategia sindical europea basada en la innovación, la investigación y desarrollo, la educación y formación, y el desarrollo sostenible. Queremos garantizar un paso rápido y justo hacia una economía con un baja proporción de carbono, con un impuesto al carbono para las importaciones provenientes de los países industrializados que no respeten las tasas de emisión de carbono de la UE y otras normas medioambientales.


• Una nueva iniciativa sobre la igualdad de oportunidades, destinada a luchar contra la persistente discriminación, en particular la diferencia salarial, y a garantizar que las medidas contra la crisis también beneficien a las mujeres.


• Mejor protección e igualdad de trato para los trabajadores migrantes y móviles y un fuerte compromiso contra el racismo, el nacionalismo y la xenofobia.


• El respeto de los servicios públicos y una mejor protección estatutaria de las inversiones y de los empleos de calidad.


DECLARACIÓN DE LOS OBISPOS
DE LA COMISIÓN DE LOS EPISCOPADOS DE LA COMUNIDAD EUROPEA

Construir una mejor Casa Europea



Las elecciones europeas: una oportunidad para construir
una Europa mejor


Después de 64 años de desarrollo pacífico, y a los 20 años de la caída del Telón de Acero, que puso término a la división del continente, el proceso de integración europea merece ser apreciado, a pesar de algunas lagunas. Por este motivo, los Obispos de la COMECE apoyamos y promovemos la Unión Europea como proyecto de esperanza para todos sus ciudadanos.


Incluso en este tiempo de incertidumbres debidas a la crisis financiera y económica, la Unión Europea ha demostrado que es una casa segura que se esfuerza por preservar la estabilidad y la solidaridad entre sus miembros. Hoy, en 2009, la Unión Europea tiene la capacidad y los medios para responder a los retos más urgentes y apremiantes de nuestro tiempo.


Participando en la elección del Parlamento Europeo, todos los ciudadanos tienen la posibilidad de contribuir al desarrollo y a la mejora de la Unión Europea.


La participación en las elecciones: un derecho
y una responsabilidad


La Iglesia católica ha apoyado desde el principio el proyecto de integración europea y continúa apoyándolo hoy. Todo cristiano tiene, no solamente el derecho, sino también la responsabilidad de comprometerse activamente en este proyecto ejerciendo su derecho de voto.


La participación de los cristianos es esencial para redescubrir el «alma de Europa» que es vital para responder a las necesidades fundamentales de la persona humana y para el servicio del bien común.


El Parlamento Europeo, a través de sus poderes y sus competencias (que serán todavía reforzadas cuando concluya el proceso de ratificación del Tratado de Lisboa), debe contribuir a responder a estas aspiraciones y objetivos.


Lo que esperan los cristianos del Parlamento Europeo

Los principios fundamentales de toda sociedad son la dignidad humana, la promoción del bien común. Por este motivo, estos principios deben encontrarse en el corazón mismo de todas las políticas de la Unión Europea.


Teniendo en cuenta el importante papel desempeñado por el Parlamento Europeo, esperamos de sus miembros que participen y contribuyan activamente en lo siguiente:


Respetar la vida humana de la concepción a la muerte natural, como parte integrante de las legislaciones, programas y políticas de la Unión Europea en su conjunto.


Apoyar a la familia fundada sobre el matrimonio, —entendido como la unión entre un hombre y una mujer— como unidad básica de la sociedad.


Promover los derechos sociales de los trabajadores procurándoles condiciones de trabajo respetuosas de su salud, de su seguridad y de su dignidad.


Promover una gobernanza económica fundada en valores éticos dirigida a un desarrollo humano duradero, en el seno de la Unión Europea y a nivel mundial.


Promover la justicia en las relaciones de la Unión Europea con los países en vía de desarrollo mediante una asistencia financiera y unas relaciones innovadoras.


Demostrar la solidaridad mediante la elaboración de políticas de ayuda para con los más débiles y más necesitados en nuestra sociedades (en particular, los discapacitados, los que demandan asilo, los inmigrantes).


Proteger la Creación mediante la lucha contra el cambio climático y animando a tener un estilo de vida basado en la moderación.


Promover la paz en el mundo mediante una política exterior de la Unión Europea coordenada y coherente.


Iluminados y guiados por la enseñanza de Cristo, los cristianos están dispuestos y deseosos de contribuir a la satisfacción de estas aspiraciones, en el espíritu de la declaración de Su Santidad el Papa Juan Pablo II:


«La inspiración cristiana puede transformar la integración política, cultural y económica en una convivencia en la cual todos los europeos se sientan en su propia casa» (Ecclesia in Europa, 121).


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