HOA DIOCESANA DE CÁDIZ Y CEUTA

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lunes, 12 de enero de 2009

DONDE NO HAY UTOPÍA, NO HAY FUTURO



Entrevista concedida por Pedro CASALDÁLIGA al diario Brasil de Fato, de São Paulo, sobre la crisis económica mundial y sobre el 25º aniversario del MST, Movimiento de los Trabajadores sin Tierra. Brasil de Fato, 1 a 7 de enero de 2009, edición 305. Autor: Nilton Viana, redacción.


Dom Pedro Casaldáliga ha sido una voz firme en la defensa de que, «para un Socialismo nuevo,la Utopía continúa». Escribe: «la Utopía de la que hablamos, la compartimos con millones de personas que nos precedieron, dando incluso su sangre, y con millones que hoy viven y luchan y marchan y cantan». Para él, «esta utopía está en construcción, somos obreros de la Utopía».

Aunque conviviendo con el «hermano Parkinson», como él mismo define a la enfermedad -una enfermedad neurológica que afecta a los movimientos de la persona, causa temblores, lentitud de movimientos, rigidez muscular, pérdida de equilibrio, alteraciones en el habla y en el escribir-, respondió cariñosamente a nuestras preguntas. Y, en esta entrevista a Brasil de Fato, Casaldáliga defiende que, hoy, sólo la participación activa, pionera, de los movimientos sociales puede rectificar el rumbo de una política de privilegio para unos pocos y de exclusión para la desesperada mayoría. Y advierte: el latifundio continúa siendo un pecado estructural en Brasil y en toda Nuestra América.


Brasil de fato: ¿Cómo ve usted la devastadora crisis que ya afecta a todos los países, y principalmente a la clase trabajadora?

Pedro Casaldáliga: Con rebeldía y mucha indignación. Con una sensación de impotencia y, al mismo tiempo, con la voluntad radical de denunciar y combatir las grandes causas de esta crisis. Olvidamos demasiado fácilmente que la crisis ha sido provocada, fundamentalmente, por el capitalismo neoliberal. Es irritante ver a gobernantes, y a toda la oligarquía, justificando que las economías nacionales deban servir al capital financiero. Los pobres deben salvar económicamente a los ricos. Los bancos ocupan el lugar de la mesa de familia, la financiación de las escuelas, el equipamiento de los hospitales...

Estaba comentando ayer (19 de diciembre) con unos compañeros de misión que la avalancha de despidos del trabajo acabará justificando una avalancha de asaltos, por desesperación. Está creciendo cada día más el criminal absurdo de constituir la sociedad en dos sociedades, de hecho: la oligarquía privilegiada, intocable, y todo el inmenso resto de la humanidad, arrojada al hambre, al sinsentido, a la violencia enloquecida. Se cierra las empresas cuando no consiguen un lucro voraz, y se cierra el futuro de un trabajo digno, de una sociedad verdaderamente humana.


BF: ¿Cómo ve usted el papel de los movimientos sociales ante la actual coyuntura?

PC: Ya hace un buen tiempo que, sobre todo en el Tercer Mundo (concretamente en nuestro Brasil, en Nuestra América), los científicos sociales y los dirigentes populares vienen proclamando que, hoy, sólo la participación activa, pionera, de los movimientos sociales puede rectificar el rumbo de una política de privilegio para unos pocos y de exclusión para la desesperada mayoría. Los partidos y los sindicatos tienen también su puesto, y deben conservarlo o reivindicarlo; sindicato y partido son mediaciones políticas indispensables. Pero el movimiento social organizado, presente en el día a día del pueblo, es siempre más urgente, como una especie de «vanguardia colectiva».


BF: Ante este panorama, en su evaluación, ¿cuáles son las alternativas para los pobres del mundo de hoy?


PC: La alternativa es creer realmente que «Otro mundo es posible», y entregarse individualmente y en comunidad o como grupo solidario, e ir haciendo real ese «mundo posible». El capitalismo neoliberal es la raíz de esa crisis, y solamente hay un camino para que la justicia y la paz reinen en el mundo: socializar las estructuras, contestando de hecho la desigualdad socioeconómica, la absolutización de la propiedad privada y la propia existencia de un Primer Mundo y un Tercer Mundo, para ir construyendo un solo mundo, igualitario y plural. Con frecuencia respondo a periodistas y amistades del Primer Mundo que solamente la construcción de un solo mundo (y no dos, o tres, o cuatro) podrá salvar a la Humanidad. Es utopía, pero una utopía «necesaria como el pan de cada día». Donde no hay utopía no hay futuro.


BF: Este mes de enero, el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) cumple 25 años. Usted, como incansable defensor de los campesinos pobres, e inspirador del movimiento, ¿cómo ve la lucha por la tierra?

PC: El MST cumple sus 25 años de lucha, de azada, de poesía, de profecía a pie de carretera y a pie de calle. Según muchos analistas, el MST está siendo el movimiento popular mejor organizado y más eficaz de hecho. Sabe muy bien el MST que «la tierra es más que tierra», y por eso se está volcando, pertinaz, esperanzado, a la conquista comunitaria de la tierra, a la educación de calidad, a la salud para todos, en una actitud permanente de solidaridad, en colaboración gratuita y fraterna con todos los demás movimientos populares.


BF: ¿Qué mensaje daría usted a los millares de trabajadores y militantes del MST esparcidos por todo el país?

PC: Los 25 años del MST son una fecha a celebrar, dando gracias al pueblo de la tierra y al Dios de la tierra y de la vida, reafirmando los principios que nortean el objetivo y la práctica del MST. Recordando la palabra de Jesús de Nazaret: «no podéis servir a Dios y al dinero», no podéis servir al latifundio y a la reforma agraria. El latifundio continúa siendo un pecado estructural en Brasil y en toda Nuestra América.


BF: Usted dice en la Agenda Latinoamericana’2009 que «Para un Socialismo Nuevo, la Utopía continúa». ¿Cuáles deben ser los caminos (o el camino) para que continuemos en la construcción de ese socialismo nuevo y garanticemos siempre que la Utopía continúe?

PC: Que el MST continúe siendo un abanderado de ese «socialismo nuevo» y de una verdadera reforma agraria y agrícola, insertado en la Vía Campesina, a la búsqueda de una nueva América. Que mantenga viva, y produciendo esperanza, la memoria de nuestros mártires, sangre fecunda, los mejores compañeros y compañeras de este proceso. Que siga entrando, plantando, cantando, contestando... con aquella esperanza que no falla, porque tiene incluso la garantía del Dios de la Tierra, de la Vida, del Amor.