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viernes, 31 de julio de 2015

CONSTRUYENDO IGLESIA EN LAS
PERIFERIAS DEL MUNDO OBRERO

Editorial de Noticias Obreras núm. 1574 - Agosto 2015



CONSTRUYENDO IGLESIA EN LAS PERIFERIAS DEL MUNDO OBRERO
Editorial de Noticias Obreras núm. 1574 — Agosto 2015

 

Del 13 al 16 de agosto se celebra en Segovia la XIII Asamblea General de la HOAC.

 

Es la culminación de un proceso de reflexión, diálogo y oración en el que las y los militantes de la HOAC hemos compartido una visión común de la actual situación del mundo obrero y del trabajo, de la situación de la Iglesia, y hemos revisado las propuestas de vida y acción de nuestra XII Asamblea General, celebrada en 2009.

 

Desde esas premisas, la Asamblea servirá para tomar decisiones sobre cómo queremos ser, vivir y actuar en los próximos años como comunidad eclesial que quiere vivir y testimoniar a Jesús en medio del sufrimiento, el empobrecimiento y la inequidad que sufren hoy tantas personas y familias trabajadoras, para seguir construyendo Iglesia en las periferias del mundo obrero, como dice el lema de la Asamblea.

 

 

En la HOAC estamos viviendo este proceso asambleario con ilusión y esperanza, pero también con dolor.

 

Son tiempos de mucho sufrimiento en el mundo obrero y del trabajo.  La crónica injusticia que padece, resultado de la mercantilización de las personas por la reducción del trabajo humano a mercancía, ha devenido los últimos años en más explotación, más desigualdad, más precariedad vital, más empobrecimiento y exclusión, por la extensión de la inmisericorde lógica mercantil que nos ha llevado a la crisis y que se ha seguido aplicando para la salida de ella.

 

Son tiempos difíciles para muchas personas y familias trabajadoras, víctimas sacrificadas al ídolo del dinero, a un individualismo atroz e inhumano.

 

Son tiempos que reclaman cambios muy profundos en la forma de vivir y de hacer las cosas, para poner de verdad la dignidad de las personas, y en particular las necesidades de los empobrecidos y excluidos, en el centro de la vida social.

 

Son tiempos que reclaman a gritos justicia, trabajo digno y solidaridad.

 

Son tiempos, como dice constantemente el papa Francisco, de poner en primer lugar «la inclusión social de los pobres» para acabar con tanto sufrimiento y hacer posible el ser y el vivir con dignidad de todas las personas.  Y, por ello, para la Iglesia, servidora de la humanidad en fidelidad a Jesucristo.

 

Son tiempos de hacer plenamente verdad en nuestras vidas que «cada cristiano y cada comunidad cristiana están llamadas a ser instrumentos de Dios para la liberación y promoción de los pobres» («Evangelii gaudium», 187).

 

 

En la raíz de la enorme fractura social, de las desigualdades y el empobrecimiento que padecemos, hay una profunda disolución de lo humano, una gran deformación del sentido de nuestra humanidad.  Por eso, estamos convencidos de que responder hoy a las necesidades de los empobrecidos del mundo obrero pasa, más que nunca, por proponer un proyecto de humanidad, la forma de vida que nos muestra y propone Jesucristo como la más plenamente humana.

 

Una propuesta de vida cuyo centro es la comunión en el amor y la libertad, uniendo amor y justicia como camino de realización humana y de construcción de una sociedad justa y fraterna.

 
Hemos construido una sociedad deforme y una humanidad deformada porque hemos seguido un camino que rompe en la práctica la dignidad humana; el camino de poner en primer lugar la búsqueda del propio interés, conveniencia o gusto, creyendo que así podemos ser felices y realizar nuestra humanidad. Pero no, ese camino es el que provoca injusticia, empobrecimiento e inhumanidad, porque nos aleja de nuestra vocación a la comunión.

 

Necesitamos redescubrir que nuestra humanidad crece cuando ponemos en el centro al otro, buscando ante todo que el otro pueda vivir. Así podremos construir relaciones personales y sociales humanas, justas y fraternas. Solo así.





Este es el cambio de raíz que necesitamos.


Esa es la propuesta de vida que necesita nuestra sociedad, nuestro mundo obrero y del trabajo, y la que necesitamos vivir con más intensidad la Iglesia y, en ella, la HOAC, haciendo más realidad en nuestra vida que «cuando la Iglesia convoca a la tarea evangelizadora, no hace más que indicar a los cristianos el verdadero dinamismo de la realización personal…, la vida se alcanza y madura a medida que se la entrega para dar vida a los otros.  Eso es en definitiva la misión»Evangelii gaudium», 10).


Pedimos a Dios que nuestra XIII Asamblea General la aprovechemos como una oportunidad para crecer en esta manera de ser y de vivir.¢



Editorial:
Noticias Obreras 1.574 AGOSTO 2015 Pág.313
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NOTICIAS OBRERAS DE AGOSTO 2015:
«CONSTRUYENDO IGLESIA EN LAS
PERIFERIAS DEL MUNDO OBRERO».


Editorial de Noticias Obreras
Núm. 1.574 - AGOSTO 2015


«Nuestra humanidad crece cuando ponemos en el centro al otro, buscando ante todo que el otro pueda vivir».








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EL VÍNCULO ETERNO QUE SELLÓ LA ABUELA



Juani de Miguel | La abuela Sierrita ha dejado un recuerdo que perdurará en todos los que la conocieron. La madre de los militantes de la HOAC Francisco y Miguel Güeto murió a punto de cumplir 99 años. Una de sus nueras, recuerda su fácil integración en su familia y en la vida hoacista.


María de la Sierra, bautizada así en honor de la patrona de la localidad cordobesa de Cabra, siempre vestía de marrón. Ese era el compromiso que prometió antes de ser operada a causa de una enfermedad de su juventud.


Ha vivido con nosotros treinta y tres años, desde que se quedó viuda. Todos sus hijos, repartidos por Cataluña, se ofrecieron a acogerla en sus casas y no tuvo inconveniente en trasladarse por turnos. Al final decidió quedarse con nosotros, con la familia de su hijo pequeño. Llevábamos año y medio casados. Se acopló enseguida a nuestra casa, la clave estuvo en dejarla hacer y que se sintiera útil.


Enseguida asumió las tareas de la casa. Nosotros trabajábamos por las mañanas y estudiábamos por las tardes. Ha estado cocinando sus recetas tradicionales hasta los 94 años. Los nietos recopilaron su saber gastronómico en un recetario con más de 80 platos que todos conservan como un tesoro.


El nacimiento de nuestras dos hijas fue un motivo de gran ilusión para ella, que solo había tenido hijos varones. Sus nietas la han considerado casi como su madre. En la boda de su primer nieto, estaba radiante de alegría y hasta bailó con él, a pesar de no haberlo hecho nunca. En el enlace de su nieta nos vestimos con trajes medievales. Ella también, aunque de color marrón.


En sus últimos cuatro años de vida, la familia se comprometió a celebrar su cumpleaños durante un fin de semana para poder estar todos juntos. Hijos, nietos y biznietos venían de Cataluña, Cádiz, Córdoba y Granada. Éramos conscientes de que era un regalo del Señor el contar con su presencia y lucidez y de que teníamos que aprovecharlo para consolidar las relaciones entre todos, disfrutar de ella y aprender de la historia familiar. Este año, ya sin su presencia física, hemos vuelto a celebrar su cumpleaños, que habría sido el número 100.


Entre suegra y nuera nunca hubo un roce, siempre imperó el respeto, la educación y el cariño. Nunca se inmiscuyó en nuestras decisiones, aunque, eso sí, con tacto, nos daba su parecer y mantenía silencio cuando no compartía del todo nuestras ideas. En el barrio, siempre nos han visto juntas cogidas del brazo, nuestro trato sorprendía a los vecinos. El ejemplo de su madre –una mujer pequeña de estatura pero grande de corazón que ayudaba mucho a sus vecinos, los cuales venían en su busca– siempre fue una referencia.


Con 86 años le operaron de divertículos y le realizaron una coloctomía. Le costó acostumbrarse pero le daba ánimos y aprendimos a cambiar las bolsas y a superar los inconvenientes que suponía. Luego me tocó a mí operarme de un tumor y ella, con 96 años, se empeñaba en acompañarme a las sesiones de radioterapia, de Cábra a Córdoba, y más de una ocasión lo hizo.


Se apuntaba a acompañarnos allí donde fuéramos. Nos hemos movido sin dificultad, casi hasta el final de su vida. Juntos hemos ido a Bélgica, hemos viajado a menudo a Barcelona, hemos ido al teatro, al cine, al campo, de turismo…

María de la Sierra junto a Juani de Miguel.

Era creyente, íbamos juntas a la Eucaristía dominical. Nos acompañaba en todas las actividades de la HOAC. Todos los viernes del curso se venía a las reuniones del Equipo, donde era una más, aunque no hablara, por respeto. También asistía a las asambleas, los retiros, las convivencias, incluso a dos Cursos de Verano y a una Asamblea General. Participó en la manifestación final en Córdoba del gesto de Andalucía «La persona es lo primero». Era muy conocida pues tenía un carácter muy abierto y extrovertido.


En 2010, tras ser operada de un tumor de mama, pasé cuatro meses de baja. En ese tiempo le di vueltas a si podíamos vivir con menos (había pedido una reducción de jornada cuando mis hijas eran adolescentes), para dedicarme al cuidado de la abuela y a mis compromisos como militante cristiana. También era una forma de practicar el «reparto del trabajo». Pedí una excedencia de cuatro años.


Enferma en sus últimos meses de vida, la hemos cuidado con todo el cariño. Por la noche, al ir a la cama, la ayudaba a desvestirse, le cambiaba la bolsa de coloctomía, la arropaba, le daba un beso y le deseaba las buenas noches, a lo que me contestaba: «que Dios te de la gloria». Han sido muchos años de convivencia y de complicidad. Me han ayudado a entender mejor a las personas mayores y reconocer su papel en nuestras familias y en la sociedad.


Toda la familia hemos aprendido mucho de ella. Hemos recibido mucho más de lo que hemos dado. Solo nos cabe dar gracias al Padre por haber podido compartir nuestra vida con ella; las palabras que figuran en su lápida y que son un extracto de la homilía de la Eucaristía de su funeral resumen mis sentimientos y los de toda la familia. «Nos dejó el regalo de sus cuidados, de su ternura y de su buen hacer como guía para toda nuestra familia».

Convivencia de la Familia Güeto, con motivo del cumpleaños de la abuela Sierrita.

¿Qué dice la Iglesia?

El amor se expresa también mediante la atención esmerada de los ancianos que viven en la familia: su presencia supone un gran valor. Son un ejemplo de vinculación entre generaciones, un recurso para el bienestar de la familia y de toda la sociedad: «No solo pueden dar testimonio de que hay aspectos de la vida, como los valores humanos y culturales, morales y sociales, que no se miden en términos económicos o funcionales, sino ofrecer también una aportación eficaz en el ámbito laboral y en el de la responsabilidad» CDSI, 222.