HOA DIOCESANA DE CÁDIZ Y CEUTA

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lunes, 10 de agosto de 2009

CARTA A DON ANTONIO CEBALLOS, OBISPO DE CÁDIZ Y CEUTA


Autor: Pepe Carrascosa

Mi querido D. Antonio:

Esta carta es para testimoniarle mi cariño hacia usted y para agradecerle su participación en la vida de los crucificados de nuestra diócesis, sí nuevamente como anteriormente usted hizo con trabajadores del campo, con trabajadores de la mar, con los trabajadores que sufren la siniestralidad laboral, con las víctimas de la crisis, con los parados, ahora con los encerrados en la Iglesia de Santo Domingo usted ha dado muestra de cercanía, de entrega hacia los que sufrimos el paro, sí yo también estoy en el paro y sé lo que sufren los parados encerrados por propia experiencia y por pertenencia a esta Iglesia de Cádiz y Ceuta en la Comunidad de militantes obreros cristianos que es la HOAC, como tal militante acudí a visitar a estos hermanos que reivindicaban un derecho que se les había pisoteado.


De sus propias voces pude escuchar de sus sufrimientos y las injusticias que se les estaban haciendo como trabajadores, también lo escucharon el Secretariado Diocesano de Pastoral Obrera, Cáritas, las Hermandades y las Cofradías, Asociación Cardijn, el Padre Juan Carlos, el Prior del Convento..., y usted mismo mi obispo. D. Antonio, a pesar de las zancadillas e incomprensiones que hacia usted profesa cierto sector de nuestra Iglesia usted se sitúa con los empobrecidos, usted acude en auxilio de quienes están tirados al borde del camino, de los Lázaros que se encuentran en las puertas de los ricos Epulones, con los que nadie cuentan, con aquellos que algunos quisieron usar a la policía para tratarlos como delincuentes.


Últimamente he sentido lo lejana que estaba nuestra Iglesia, lo pasiva que se mostraba hacia los trabajadores, pero a la vista de su presencia, cercanía, mover piezas en defensa de los empobrecidos me da usted razón para la esperanza en la Iglesia de Cristo.


Nuestra fe no es vana D. Antonio y cuando se actúa como usted lo ha hecho historizamos a nuestro Maestro Jesús de Nazaret y entonces si somos coherente en aquellas otras manifestaciones que hacemos en cuestión de moral y en la defensa de la vida del no nacido y también en la del obrero que arriesga su vida en el trabajo y en aquellos que pierden la dignidad por las condiciones de trabajo o por la ausencia de este.


A esta sociedad nuestra, a nuestras organizaciones socio-políticas que pretenden que la Fe no forme parte de nuestra vida social les ha sorprendido mucho esa imagen recogida por la prensa en la que los parados despedían el encierro con una Eucaristía, como solemos hacer los militantes obreros cristianos, unos parados, unos don nadie les han dicho, me han dicho que la Fe envuelve toda la vida, a pesar de sus inexperiencias organizativa y reivindicativa, a pesar de sus errores nos han mostrado que siempre hay que creer en el ser humano, que este es constructor de la historia, que por este aun es posible la construcción del Reino de Dios transformando la sociedad desde la fe, la esperanza y la caridad.


Sí, nuestra Iglesia de Cádiz y Ceuta con su obispo D. Antonio Ceballos Atienza están en Comunión con el Pueblo, que todo él es Pueblo de Dios.

José Manuel Carrascosa Freyre
D.N.I. 31.193.753 A


¡Enhorabuena, don Antonio!, por El Barón Rampante, blog de Religión Digital


Autor: EL BARÓN RAMPANTE <baronrampante@hotmail.es>
Fuente: RELIGIÓN DIGITAL

Los 35 trabajadores encerrados desde el pasado 8 de junio en el convento de Santo Domingo de Cádiz finalizaron ayer (viernes 7 de agosto) su encierro, después de conseguir un compromiso de la Junta, la Diputación y el Ayuntamiento gaditano para una solución a su conflicto laboral.


Un largo camino que, por el momento, parece haber terminado con una buena noticia, tres días antes de que los encerrados iniciaran una huelga de hambre. Una solución que no habría sido posible sin la colaboración, la comprensión y la solidaridad de la Iglesia de Cádiz, comandada por su obispo, don Antonio Ceballos, quien visitó a estas personas en su encierro, consintió y animó esta forma de manifestación pacífica, e hizo las gestiones pertinentes para hallar una solución.


La acción de la diócesis no se limitó a cederles las instalaciones del convento y facilitarles todo lo necesario para una subsitencia digna. Ni tan siquiera a la visita del prelado, que llenó de esperanza a las familias. También el Secretariado diocesano de Pastoral Obrera emitía un duro comunicado en el que exigía a las autoridades que "se tomaran en serio" las necesidades de los obreros y encontraran una salida digna. Y no sólo eso: finalmente, la mediación de la Iglesia ha sido tal que estas 35 personas trabajarán en un proyecto de rehabilitación de edificios, que tendrá como sede un edificio cedido por la diócesis.


Gestos como éstos engrandecen la figura, y la misión, de la Iglesia institución en la sociedad actual, donde los obispos siguen siendo personajes públicos con capacidad de influir para solucionar las miserias que a diario nos ocupan. Y para construir, no sólo para condenar. Porque el mensaje de Jesús sirve para esta época, y no puede quedar encerrado en los templos, sino acompañar a todos los sufrientes de nuestra actualidad: pobres, parados, inmigrantes, sin hogar, drogadictos, madres solteras... y un largo etcétera.


Cuando un obispo baja de su palacio y se une, en presencia, espíritu y actuación, con aquellos que lo necesitan, es necesario -y agradable- resaltarlo.


Así que, una vez más, ¡enhorabuena, don Antonio! Y, en su nombre, a toda la diócesis de Cádiz. Y a los 35 obreros y sus familias.