HOA DIOCESANA DE CÁDIZ Y CEUTA

[hoac.gif]










UNA MIRADA CRISTIANA DEL TRABAJO HUMANO Y EL BIEN COMÚN
¡ACOGE, ABRAZA, CUIDA, ACOMPAÑA...!
LA VIDA DEL MUNDO OBRERO, CON MISERICORDIA Y COMPASIÓN.


¡Bienvenido/bienvenida! al "blog" de la HOAC diocesana de Cádiz y Ceuta.


martes, 17 de diciembre de 2013

¡FELIZ, GOZOSA Y SOLIDARIA NAVIDAD 2013
Y UN MEJOR AÑO 2014!
Con el mejor deseo de
la HOAC diocesana y sus militantes



Querido amigo/a:

Desde la HOAC de la Diócesis de Cádiz y Ceuta, te deseamos unas gozosas fiestas de Navidad y un año 2014 repleto de compromiso, entrega y amor hacia los que más sufren, las víctimas de un sistema injusto, los empobrecidos, con el deseo de seguir construyendo un Reino de justicia e igualdad en este nuestro pequeño mundo, junto a otras mujeres y hombres que no se conforman con lo establecido.

Recibid un fuerte abrazo en Cristo obrero.



El diseño contiene dos ideas claras: Emigración y Esperanza.
La numeración de la tarjeta de equipaje es la cifra de parados
en el momento de elaborar la felicitación navideña;
las siglas hacen referencia al 50 aniversario
del fallecimiento de Guillermo Rovirosa.



MENSAJE DE NAVIDAD 2013

Encarnarse con los de abajo
como Jesús



Nuestra existencia, la de todos y todas, depende del trabajo –verdaderamente sacrificado– de otras personas. «De niño necesitamos a nuestros padres, que nos alimentaron, nos educaron, nos limpiaron la nariz y nos ataron los cordones de los zapatos. Luego necesitamos maestros que con infinita paciencia nos enseñaron a contar y a escribir…».
La HOAC necesitó un militante como Guillermo Rovirosa para existir. Cada lector puede acumular ejemplos y más ejemplos. Sí, verdaderamente el humano depende de la ayuda de los otros. ¡Un individuo, entregado solo a sí mismo, se atrofia sin remedio!

«Que otros nos ayuden, nos introduzcan en nuevos campos, nos precedan con sus capacidades y sus conocimientos, nos señalen soluciones: esto se mantendrá así hasta el fin de nuestra existencia». ¡Todos estamos embarcados en una misma historia! ¡Todos formamos una sola humanidad! Aquí, en este mundo, el que no recoge…, desparrama. Aquí el que no colabora, el individualista actual de nuestras sociedades encarna al viejo Caín con su infame pregunta: «¿soy yo, acaso, el guardián de mi hermano?».

Todo el que cree vive de la fe de otro que lo ha precedido en la fe, de la fe de sus padres, de la fe de sus amigos, de la fe de los santos…, de la fe de la Iglesia. Sí, para poder creer necesitamos de la ayuda de los demás creyentes.

Qué verdad es que el humano supuestamente «autónomo» de nuestros días, que opina que no necesita ninguna ayuda de nadie, tiene, por supuesto, y a pesar de todo, quien le ofrece esa ayuda subrepticiamente: por ejemplo, los medios de comunicación y la cultura ambiente, que con excesiva frecuencia piensan por él, lo forman de acuerdo con sus ideales y de este modo, y sin que ni tan siquiera lo advierta, lo reducen a la minoría de edad. Y es que, contra cierta interpretación de Kant, uno no puede tomar la vida en sus propias manos, uno no puede llegar a la mayoría de edad, sin ayuda de los demás. El individuo solitario es el famoso cuento con que la modernidad ha mecido al burgués que todos los «modernos» llevamos dentro. Todos necesitamos ser ayudados por otros. ¡Lo importante es elegir por quién queremos ser ayudados!

Los cristianos, con un agradecimiento que estremece todo nuestro ser, sabemos que todo lo que somos se lo debemos a Jesús. Si podemos amar, perdonar, entregarnos hasta la muerte por los empobrecidos del mundo obrero…, si en medio del cansancio de la lucha militante por el bendito Reino de los pobres mantenemos la esperanza, a pesar de todo…, se lo debemos a Jesús, a su amor, a su perdón, a su entrega hasta la muerte por todos nosotros..., pobres pecadores.

Y si Jesús vino a este mundo, ¿no fue porque hubo un pueblo de Dios que preparó su venida? No podemos dejar de pensar en María, y en José, y en Moisés y en Abrahán… Y después de Jesús hemos de recordar a Pedro, a Pablo, a los evangelistas, a tantos cristianos…, a Rovirosa. Aquello que ellos hicieron es ahora nuestra tarea como Iglesia: hacer posible que este mundo nuestro pueda encontrarse con Jesús, el divino obrero de Nazaret.



En Jesús se realizó la dignidad divina
de los pobres


Si alguien dice querer la realización de una vida digna para todos los que habitamos este planeta lleno de injusticias, ha de saber que ello es imposible sin un amor sacrificado como el que vivió Jesús. Y aquí solo entran los verdaderos cristianos, como fue el caso de Rovirosa.

Cuando el amor es amor verdadero, no solo perdona, sino que asume la responsabilidad por las consecuencias de lo que el otro ha hecho. El amor no se desentiende del mal. El amor no asesina al enemigo. El amor ama al enemigo. Y esto tiene su precio. No se produce sin sacrificio. ¡Ahí está la cruz de Jesús como signo luminoso! El asumió en su triturado cuerpo las terribles consecuencias de nuestra inmunda injusticia, fruto abominable de nuestro estúpido egoísmo… Pues bien, a esto mismo estamos llamados los que, por el Bautismo, somos su Cuerpo, miembros del Pueblo de Dios, Iglesia militante.

Solo pueden alcanzarse resultados positivos cuando son muchos los obreros que, habiendo conocido el verdadero sentido de la vida de Jesús, Dios encarnado –desde su oscuro nacimiento marginal hasta su entrega «gloriosa» en el infamante patíbulo romano–, trabajan, con la cruz a cuestas, por sanear las consecuencias (sociales, culturales y políticas)…, de las culpas de los otros. La propia liberación recibida obliga a entregarse por la liberación de los otros…, hasta el final.

Surge así con Jesús una nueva cadena de causas (cuya fuerza reside en el mandamiento nuevo de Jesús) que actúa contra la cadena de causas de la culpa (cuya desgracia es llenar de víctimas nuestra tierra). Pero esta cadena jesuana, mientras tengamos que pedir la llegada de su Reino, tiene una divina particularidad: solo pueden formarla las víctimas y los que se solidarizan con ellas. Y una consecuencia inaudita: para arrancarlo de raíz, hay que cargar sobre las espaldas de uno mismo las consecuencias del pecado del mundo. Y es que ser cristiano es algo inaudito en esta tierra.

«A encarnarnos con los de abajo, como Jesús, y a pertrecharnos con la fe para luchar sin tregua contra el “pecado estructural” que nos deshumaniza a todos…, a eso nos sentimos llamados los obreros cristianos de la HOAC».

Solo los necios pretenden actuar a fuerza de voluntad. Por eso, contra la sentencia kantiana del «puedes, puesto que debes», hemos de decir: «puedes, si quieres que te ayuden». La puerta del cambio de vida se abre al que reconoce su debilidad congénita para la conversión, al que se siente cansado y agobiado por su torpe caminar. Entonces Jesús nos llama: «Venid a Mí, todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de Mí, que soy manso y humilde de corazón y encontraréis vuestro descanso». Y entonces, en el camino de cambio emprendido con los empobrecidos del mundo obrero, a veces torpe y siempre lento, nos atrevemos a levantar la voz que anima a los oprimidos y denuncia al explotador y sus comparsas.

Sí, con su despojamiento divino en aquel pesebre, con su muerte en cruz –que fue total y absolutamente una muerte por los demás, autovaciamiento hasta lo último, ágape en su sentido más radical– ha roto para siempre la conexión de desdicha y perdición del mundo (que nos encerraba en la cárcel del individualismo egoísta) y ha creado un nuevo suelo sobre el que ¡es posible superar las consecuencias del pecado! Sobre este bendito camino del amor hasta el fin, que Dios encarnado nos ha abierto, podemos ahora nosotros caminar con su mismo Espíritu en una nueva vida, propia de los hijos de Dios…, ahora, reunidos en pueblo de Dios por Jesús, podemos proseguir su mismo proceso de liberación, que nos ha capacitado para vivir desde el Amor (y no desde la ley), en la Gracia (y no en el pecado), para la Vida (y no para la muerte).

¡En Jesús y con Jesús podemos y queremos ser verdadera liberación para los pobres de la tierra!

Ahora bien, «no hay mayor mentira que la verdad en labios del mentiroso». Las verdades que aquí escribimos y que anunciamos a tiempo y a destiempo, sentados y dormidos, en la calle y en la iglesia, serán de labios verdaderos si provienen de personas creyentes comprometidas con los últimos de la tierra. Qué así sea. ■

Autor: Àlvar Miralles
(Consiliario Gral. de la HOAC)
Noticias Obreras
Núm. 1.554 - DICIEMBRE 2013