HOA DIOCESANA DE CÁDIZ Y CEUTA

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jueves, 18 de septiembre de 2014

«ESPIRITUALIDAD SEGLAR»,
por José Manuel Carrascosa





En Rovirosa se destacan seis notas:

1.- El seglarismo:


La espiritualidad de Rovirosa y de la HOAC, rompe con ese complejo de imperfección en que habían vivido los seglares en la iglesia en distinción al de perfección de clérigos y religiosos. El seglar debe sentirse como es, un miembro del Pueblo de Dios llamado a la perfección evangélica sin dejar de ser seglar.


El Sacramento del Bautismo, sin más, entraña unas exigencias ilimitadas de perfección; nada menos que morir para el mundo, para vivir plenamente la nueva vida de Cristo. En efecto, la vida seglar no es la de perfección, porque esta no puede previamente estar definida y determinada por unas reglas y estatutos, como sí lo son en las órdenes y congregaciones. La vida seglar no puede ser a priori canonizada, tiene que serlo a través de como haya sido la vida de un seglar.


La espiritualidad seglar consiste en recibir los dones de la trascendencia (la Palabra de Cristo, la Gracia de Cristo, el Cuerpo- Sacramental de Cristo), extrayendo de ello fórmulas para la vida personal, familiar, social..., aplicándolas en las costumbres, en las instituciones y en las estructuras.


2.- Sentido obrero:

El obrero es un seglar en el que sus condiciones de existencia engendra una conciencia y un talante que influyen en su actitud religiosa. Los obreros reaccionan con rechazo ante expresiones y manifestaciones de la conciencia religiosa de muchos de los católicos. Hace falta que la Iglesia oriente de modo explícito la acción promocional de los obreros, sus luchas (en todo lo que sea de legítimo) una adecuación de sus expresiones y de su acción a la conciencia obrera.


Así es como la Iglesia podrá convertir en apóstoles a muchos militantes obreros y la Iglesia podrá santificar el mundo del trabajo.


Lo que hizo Rovirosa fue introducir el más puro estilo cristiano en la crítica y en la visión de la realidad social, en las aspiraciones, en las luchas y en la moral propia del mundo del trabajo.


3.- Exigencias:

Otro rasgo que nos presenta esta espiritualidad obrera de G. Rovirosa es que no se contenta con una vida cristiana a base del mínimo esfuerzo, sino de máxima generosidad con Dios.


Esta muy difundida la idea de que el buen cristiano es aquel que cumple los mandamientos. Los libros que tratan de la moral ponen de manifiesto lo que se prohíbe, y la gravedad de cada uno de los preceptos.


La realidad es que al buen cristiano los mandamientos les deben servir para saber de qué tiene que acusarse en el sacramento de la Penitencia y para evitar lo que no tiene que hacer. Los Mandamientos señalan donde está el mínimo, pero los Evangelios no es cosa de mínimos sino de máximos.


Hay dos zonas: la de la injusticia y la de la santidad evangélica que están separada por una estrecha frontera, que es la justicia natural que a todos se le manifiesta en la conciencia. El cristiano ha dejado atrás esta frontera, ha de situarse en la zona de la santidad. Esta zona de la santidad comienza en el Decálogo, se extiende en las Bienaventuranzas. En síntesis, las Bienaventuranza y toda la vida cristiana se encierra en el Mandamiento Nuevo, por el que hemos de amar a Cristo sin medida y por el que la dedicación a los demás se eleva al rango de la Caridad teologal, que encuentra la máxima expresión en la pobreza, la humildad y el sacrificio.


4.- Encarnación:

Pocos vieron antes que Rovirosa la necesidad de un apostolado de encarnación. Frente a la indigencia material y espiritual del mundo, la actitud de muchos cristianos es la limosna. En el fondo, cuando la gente no se propone otra cosa que dar limosna y hacer beneficencias, su modo de pensar es: nosotros vivimos una situación de privilegio, somos los que tenemos que elevar al resto de la sociedad, nosotros somos el alma, la columna vertebral y la fuente del dinamismo de todo el cuerpo social. Los otros son incapaces de hacer nada y lo que hagan lo harán mal o tendrá carácter subversivos. Esta actitud hace mucho daño a la evangelización del pueblo.


El modo cristiano de manifestar ante el pueblo la caridad es muy diferente. Consiste primero en tratar de comprenderlo, aceptarlo y encarnarse en su vida y acompañarlo en la acción para lograr su promoción colectiva. Igualmente ante las distintas culturas y civilizaciones existentes y ante los cambios tecnológicos y la evolución ideológica, la actitud del cristiano no puede ser la de los conquistadores y colonizadores antiguos, que no reconocían las formas de vida de otros pueblos... para que se llegue a un mundo cristiano se requiere una actitud de encarnación (que es comprensión, aceptación y colaboración).


Esta actitud de encarnación puede manifestarse de dos maneras: una, tomándose como punto de partida las realidades sociales, históricas e ideológicas existentes, adoptado una actitud crítica y sistemática. Otro modo que consiste en tomar como punto de partida el pensamiento de la Iglesia (la Revelación, las enseñanzas pontificias, la teología...) y teniendo en cuenta las realidades presentes en el mundo de hoy, tratar de extraer de aquel pensamiento la savia y la fuerza que lo contiene y que nos permitirá ser actuales, criticando con justicia desviaciones y estancamientos... que existen entre los cristianos, siendo respetuoso y amoroso con la Iglesia en su pensamiento y en su historia.


5.- Sentido comunitario:

Lo más corriente ha sido tener un modo de pensar y de hablar de Dios individualista,
-individualista que solo o principalmente va a lo suyo,
-individualistas que se agrupan buscando la propia conveniencia
sin tener espíritu de solidaridad,
-individualistas que protestan de los males que les afectan a él,
pero sin conmoverse por los males que afligen a los demás,
-individualistas cristianos que solo busca salvar su propia alma.


La malicia del individualismo para los cristianos está en que es el principal enemigo del Cuerpo místico de Cristo.


El Dios que el cristianismo nos descubre es una sustancia divina común a las tres personas de la Trinidad. Vemos como una de esas personas de la Trinidad se une a la humanidad sin dejar de ser Dios. Vemos como Cristo funda la Iglesia, cómo Cuerpo místico suyo, vemos cómo Cristo hace esto dándonos ejemplo de vida y de acción con sus apóstoles, vemos la doctrina de Cristo, cómo doctrina de amor y de dedicación a los demás, vemos su muerte en el Calvario haciéndose solidario de todos los hombres, hasta en el pecado.



6.- Valoración de lo humano:

La espiritualidad seglar valora mucho lo humano, sabe cuánto valen las virtudes humanas para actuar debidamente sobre este mundo. Rovirosa daba mucha importancia a lo humano e insistía en la necesidad de la honradez, la cultura, la amistad, la libertad...


La acción del militante cristiano seglar debe tender a la realización de una sociedad más humana, su tarea es, al mismo tiempo, civilizadora y cristianizadora del hombre de nuestro tiempo.


Hay quien se complacen en oponer cristianismo con humanismo, cuando la realidad es que todo en el cristianismo es profundamente humano, pero además un auténtico humanismo no puede lograrse sin el cristianismo.


Más aun, el hombre que se ve a sí mismo como terminado en Cristo, que contempla el mundo, que tiene que ser conquistado por Cristo, es el que mejor dispuesto se haya para la realización más perfecta posible del humanismo.


(Extracto de la introducción de "Militantes obreros",
O.C. de Guillermo Rovirosa, v. 5°, pag. 357-371)

 
José Manuel Carrascosa