HOA DIOCESANA DE CÁDIZ Y CEUTA

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UNA MIRADA CRISTIANA DEL TRABAJO HUMANO Y EL BIEN COMÚN
¡ACOGE, ABRAZA, CUIDA, ACOMPAÑA...!
LA VIDA DEL MUNDO OBRERO, CON MISERICORDIA Y COMPASIÓN.


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viernes, 26 de noviembre de 2010

ORAR EN EL MUNDO OBRERO.- 1º SEMANA DE ADVIENTO (28 noviembre 2010)


En Adviento, alzad la vista,
abrid los ojos, otead el horizonte.

Aguzad el oído.
Captad los gritos y susurros de la vida.
Palpad el paso de Dios, una vez más,
despertando la esperanza.



TESTIMONIO

Marcelino Camacho falleció el 29 de octubre pasado. Modelo de compromiso obrero y político y de esperanza secular desde muy joven hasta el final de su vida. Habitante forzoso de prisiones franquistas. Secretario general de CCOO desde su legalización hasta 1987.

Algunos de sus eslóganes:

“Ni nos domaron, ni nos doblegaron, ni nos van a domesticar”.

“Libertad, justicia social, paz, pero siempre igualdad”.

“El mundo no saldrá de esta crisis si no recupera la igualdad como elemento esencial de la libertad”.

“Compañeros, siempre adelante, siempre a la izquierda”.

Su esperanza hasta el final la resumía su esposa Josefina, contando algunas de sus últimas palabras: “Si uno se cae, se levanta inmediatamente y sigue adelante”.

Junto a M. Camacho, el testimonio histórico de militantes cristianos que fundaron y desarrollaron Comisiones Obreras. CC.OO. nació en la mina asturiana La Camocha durante la huelga de 1958. En su origen y desarrollo tuvo especial relevancia Jacinto Martín Maestre, de la HOAC. “Podemos pues concluir que los militantes de la HOAC, junto con muchos otros de los Movimientos Apostólicos Obreros, estuvieron presentes en la gestación e implantación de las comisiones obreras más representativas en sus inicios del Estado español” (cfr. B. López García, “Aproximación a la historia de la HOAC, EH 1995, 133-139).



    Nuestra oración en el mundo obrero puede celebrar también la vida y la muerte laicas de un hombre fuertemente comprometido con una sociedad y un mundo obrero más dignos, que es lo que Dios realmente quiere. Es un estímulo del Señor a nuestra esperanza de liberación del mundo obrero.

ORACIÓN

Señor:
si dudo de tus promesas, levanta mi esperanza;
si fracaso, levanta mi ánimo;
si me acosan mil dificultades, levanta mi fortaleza;
si me acobardo, levanta mi espíritu;
si me ciega el tener, acerca mi vida a los pobres;
si no te espero, despiértame;
si me equivoco de dirección, reoriéntame;
si caigo en la rutina, zarandéame para descubrir la
originalidad de cada día y de cada persona;
si no te busco, ven a mi encuentro.
Amén.


SALMO 145
¡Aleluya! Alaba, alma mía, al Señor:
alabaré al Señor mientras viva,
tañeré para mi Dios mientras exista.

No confiéis en los nobles,
en hombres que no pueden salvar:
exhalan su aliento y vuelven al polvo,
ese día perecen sus planes.

Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob,
el que espera en el Señor, su Dios,
que hizo el cielo y la tierra,
el mar y cuanto hay en ellos;
que mantiene su fidelidad perpetuamente,
que hace justicia a los oprimidos;
que da pan a los hambrientos.
El Señor libera a los cautivos.

El Señor da la vista a los ciegos,
el Señor endereza a los que se doblan,
el Señor ama a los honrados,

el Señor guarda a los emigrantes;
sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.

El Señor reina eternamente;
tu Dios, Sión, de edad en edad.
¡Aleluya!
    El Adviento viene de muy lejos en el tiempo, de muy atrás. ¡Qué hermoso saborear este salmo de confianza y esperanza en el Dios que sí hace justicia a desgraciados y empobrecidos, frente a líderes o jefes que traicionan su responsabilidad! Pongamos rostros concretos a emigrantes, huérfanos y viudas de nuestro entorno. Acojamos la gracia del amor solidario de Dios para convertirla en acción (de gracias) humanizadora a través de nuestro PE y QAC.

COMENTARIO (Schökel-Carnitti)

Es un salmo de confianza, a cuyo servicio se ponen la alabanza y la bienaventuranza: podemos confiar en Dios porque es nuestro protector y ello es motivo de felicitación.

Lo primero que se afirma del Señor es que es creador; lo último es que reina por siempre.

Se enumeran situaciones físicas: ciegos y encorvados; socioeconómicas: oprimidos, hambrientos, emigrantes; socio-familiares: viudas y huérfanos; éticas: inocentes/honrados y culpables.

La actividad de un rey es hacer justicia, pero los nobles no son de fiar. Yahvé, el Dios de Jacob, es el rey que mantiene su fidelidad y hace justicia a los oprimidos: emigrantes, huérfanos, viudas.

El reinado sobre el mundo ha pasado a nuestro Señor y a su Mesías, y reinará por los siglos de los siglos (Apocalipsis 11,15).

Si bien el reinado pleno del mesías se inaugura con la resurrección, su acción benéfica empieza a desarrollarse y manifestarse en vida: desata a la mujer encadenada (Lc 13,16), abre los ojos a los ciegos (Mt 9,30; 11,5), alimenta a los hambrientos (Mt 14,13-21).


PALABRA DE DIOS

Mateo 24, 37-44

Cuando venga el Hijo del hombre sucederá como en tiempos de Noé. Antes del diluvio la gente comía, bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca; y, cuando menos se lo esperaban, llegó el diluvio y se los llevó a todos. Lo mismo sucederá cuando venga este Hombre: dos hombres estarán en el campo, a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo, a una se la llevarán y a la otra la dejarán. Por tanto, estad en vela, pues no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.

Ya comprendéis que si el dueño de la casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, no le dejaría abrir un boquete en su casa. Pues estad también vosotros preparados, que cuando menos lo penséis llegará este Hombre.


PARA ENTENDER EL TEXTO


Este texto se enmarca en el discurso escatológico sobre el final de la historia, y de la parusía o venida gloriosa y definitiva del Señor Jesús.

La finalidad de este discurso es orientar a los discípulos hacia el futuro desde la vigilancia a la realidad y a su actuación en ella. Se trata de preparar el futuro desde ahora. El final revaloriza el presente, que es lo que realmente tenemos que construir ahora.

La cuestión central es la venida última de Jesucristo, para dar un final feliz a la historia humana llevando a su culminación el plan salvador de Dios; la venida recapituladora de Jesús para llevar la historia a su plenitud: hacer la unidad del universo (Ef 1,10). Esta venida gloriosa y definitiva de Jesús como Señor y Juez de la historia es el horizonte de vida de los cristianos.

Mateo advierte a los discípulos poniendo dos ejemplos: el descuido ante el diluvio (o las desgracias acaecidas especialmente por la acción humana: cambio climático…) y la desidia del dueño que no asegura su propia casa.

    Nuestra contemplación no ha de hurtar la cruda realidad del mundo actual, colgados en el polo opuesto de la nueva humanidad recreada en y por Jesucristo. La experiencia liberadora, llena de gozo, del encuentro e identificación con Jesús en nosotros y en la comunidad cristiana hemos de vivirla en la más profunda encarnación en la realidad de las víctimas de esta sociedad. Como hizo Jesús, que supo integrar la intimidad amorosa feliz con el Padre (y con los discípulos-hermanos) con la solidaridad con los últimos y la confrontación con los poderosos. Hagamos así nuestra oración encarnada de Adviento.

ACTUALIZACIÓN DE LA PALABRA
La novedad y la plenitud final ya son nuestras, nos pertenecen. Jesucristo ha preparado una Iglesia radiante… santa e inmaculada (Ef 5,27).

“… la victoria sobre la muerte ya ha sido definitivamente conquistada; el Espíritu Santo ha sido derramado en los corazones (cf. Rm 5,5) y no cesa de edificar la Iglesia, “germen y principio del Reino” (LG 5)… Dios ha venido a habitar entre los hombres, ha revelado su Amor, ha dado el primer paso (cf. 1Jn 4,19) y nos ha salvado. Pero todavía falta algo porque ahora es Dios quien aguarda. Y lo que espera es que le admitamos en nuestras vidas” (Joël Spronck, Sel.Teol. 196-2010).

En Jesucristo ha aparecido ya la humanidad querida por Dios, el hombre y la mujer auténticos. Jesús es el nuevo Adán (Rm 5,19). Y, por la fe de adhesión e identificación con Jesús, nacemos de nuevo (Jn 3, 3), somos personas nuevas: os despojastesis del hombre que erais antes y de su manera de obrar y os revestisteis de ese hombre nuevo… (Col 3,9-11); donde hay un cristiano, hay humanidad nueva (2 Cor 5,17).

En contraste con la humanidad nueva inaugurada por Jesucristo y que los cristianos, por definición, estamos llamados a vivir y expandir, el actual sistema económico, político y cultural (el capitalismo neoliberal) sigue imponiendo su ley y, en estos momentos de crisis económica, se está consolidando todavía más. Se da por sentado que no hay alternativa a un sistema que genera a raudales empobrecimiento y deshumanización. La realidad es que la actual crisis económica no se superará nunca, sino que se recreará una y otra vez mientras no haya un cambio sustancial de sistema económico, político y cultural.

La sociedad entera, la Iglesia y todos nosotros estamos contaminados por este sistema, que coloniza todas las dimensiones de la persona y todos los ámbitos de la vida personal, familiar, social y cultural. Nos afanamos en trabajar para ganar dinero y para consumir (la “trinidad vital” de ganar-gastar-gozar), en aras del la salud y acrecentamiento del sistema de acumulación de riqueza. Hemos “normalizado” un sistema de vida radicalmente injusto.

Nadamos en contradicciones. “Se descuida la educación ética o se eliminan los fundamentos de la moral, y luego nos extrañamos por la corrupción de la vida pública... Cada uno se dedica a lo suyo, ignorando a quien no le sirva para su interés o placer inmediato, y luego nos extrañamos de sentirnos terriblemente solos… Nos alarmamos ante esa plaga moderna de la depresión, pero seguimos fomentando un estilo de vida agitado, superficial y vacío. Nos sentimos amenazados por las cifras crecientes de desempleo, y al mismo tiempo nos aferramos a nuestro puesto de trabajo y hasta metemos horas extras… Hablamos de justicia y solidaridad, pero son pocos los que se replantean su estilo de vida y estatus social…” (Fl. Ulibarri).

Estad en vela, estad preparados, vigilad. Es la invitación a vivir cada momento como don y señal de Dios, a estar atentos a lo que acontece en el curso de la vida y a discernirlo, sin dejarse embaucar ni seducir por propagandas de ideologías y modas.

“La historia de la salvación acontece en la intrahistoria. Saber leer el paso de Dios por ella y descubrir lo que de oportunidad tiene cada momento es tarea no fácil… Esta lectura creyente no consiste en acercarse al mundo, analizarlo y luego añadir unas consecuencias piadosas o moralizantes, sino descubrir en él a Dios y “escrutar a fondo los signos de los tiempos e interpretarlos a la luz del Evangelio” (GS 4). La realidad misma no deja de ser otra forma de comunicación por parte de quien está detrás de todo y en quien “subsiste todo” (J. L. Segovia, XVIII Curso Fr.DSI 2009, mecanogr.).


Los signos de los tiempos
“La palabra de Dios contenida en las SE y en la Tradición viva de la Iglesia ayuda a la mente y al corazón de los hombres a comprender y amar todas las realidades humanas y lo creado. Ayuda en efecto a reconocer los signos de Dios en todas las fatigas del hombre, tendentes a hacer el mundo más justo y más habitable; sostiene la identificación de los “signos de los tiempos” presentes en la historia; empuja a los creyentes a comprometerse por cuantos sufren y son víctimas de las injusticias. La lucha por al justicia y la transformación es constitutiva de la evangelización (EN, 19; EV 5/1611)” (Sínodo de la Palabra. Proposición 39, en Il Regno 19/2008).

“Que todos los miembros de la Iglesia sepamos discernir los signos de los tiempos, que crezcamos en la fidelidad al Evangelio…” (Plegaria eucarística V/C).
    Vigilancia, discernimiento… No solamente análisis racionales objetivos, aunque también. Lectura de la realidad desde el Espíritu de la libertad y el amor, que genera justicia y crea amistad y fraternidad. ¡Cuánta disponibilidad necesitamos para conectar con la mirada y el corazón de Dios, con-movido por el sufrimiento injusto de los pobres y oprimidos! Para reconocernos, con Jesús, “ungidos por el Espíritu” para liberar, iluminar, levantar, agraciar… Que sea ésta nuestra oración y nuestra vida.

Estar en vela significa:

1º. Oración. En Getsemaní Jesús pide a los suyos: Velad y orad para no caer en la tentación, pues el espíritu es decidido pero la carne es débil (Mt 26,41)…

2º. Sobriedad. Sois todos ciudadanos de la luz y del día; no pertenecemos a la noche y a las tinieblas. Por tanto, no durmamos, como los demás, sino vigilemos y seamos sobrios. Los que duermen lo hacen de noche; los que se emborrachan lo hacen de noche. Nosotros, en cambio, como seres diurnos, permanezcamos sobrios… (1Ts 5, 5-8). Medio mundo pasa hambre: ¿es cristiano que hagamos excesos porque nos sobra de todo?

3º. Esperanza. Porque llega el esposo… hay que tener llena la alcuza y las lámparas encendidas (Mt 25, 11-13).

4º. Trabajo. Hemos recibido unos talentos y tendremos que responder de su empleo ante el Señor que nos los ha confiado (Mt 25, 14-30).

5º. Responsabilidad. De todos ante todos. Porque todos somos guardianes de nuestros hermanos (cf. Gn 4,9)…” (A. González Fraile, Homilética 2004/6, 551).


¡ASESINAD palomas, pero no bostecéis!
(J.L. Martín Descalzo)

Ah, miro el mundo, en un vagón de metro,
amontonados, grises van los hombres.
Mastican un pan sin ilusiones,
unas esperanzas racionadas,
gastan amor prefabricado en almacenes,
rezan oraciones de nylon,
se saludan con besos estudiados en el cine.

Ah, veo la buena gente
besuqueando estampas,
acariciando su egoísmo celeste,
mascando rebanadas de hermosas ceremonias.

Adolescentes veo en los jardines
ya como jubilados de la vida,
convirtiendo los sueños en un largo
cansancio de deseos.

Los jóvenes notarios,
empleados de bancos,
dependientas de comercio,
hablando del buen tiempo.

Muchas conversaciones telefónicas,
muchos hoteles,
dibujos en los márgenes de un libro,
clases de matemáticas,
cansancio.

Esta tarde pecamos si os parece,
después tomamos el aperitivo,
a la noche jugamos
al ajedrez.

El mundo
no gira ya, resbala;
no sufre ya, se cansa;
no vive ya, se aburre.

Oh Dios melodramático,
no caigas así, no gesticules,
no vayas a morirte, no,
ten calma.

Danos en tabletas tu Amor,
tomemos una cada semana.
Sin excederse.
Puede ser contagioso,
contraproducente,
contraindicado,
contra mi descanso.

Aburguésate, Dios,
compra sillones de cuero
en tu despacho,
no tengamos que pasarnos
amando la eternidad,
comprende que sería aburrirse
hasta los huesos.


Oh, Cristo, cae,
quede tu sangre en el camino.
Sepa el mundo
que no fue redimido con horchata.



“Nuestro Proyecto de Vida ha de ser, desde Jesucristo, un continuo Proyecto de Humanización… La experiencia de Jesucristo nos ayuda a desarrollar nuestra existencia desde todas las dimensiones que la componen. Pero nuestro Proyecto de Vida está traspasado por una decisión que libremente hemos tomado y que vivimos como un don: ser apóstoles en el mundo obrero y del trabajo”
(HOAC, Material interno)


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