Comunicado de la HOAC ante el trágico accidente ferroviario en Adamuz (Córdoba)
19 enero 2026 | Por HOAC
La Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) expresa su más profundo pésame y su cercanía a las familias y a todas las personas afectadas por el trágico accidente ferroviario ocurrido en Adamuz (Córdoba).
Nos unimos al dolor de quienes han perdido a sus seres queridos, muchas de ellas familias trabajadoras.
En medio de tanto sufrimiento, reconocemos también los signos de esperanza que brotan de la solidaridad. Dios se ha hecho presente, una vez más, en el gesto sencillo y valiente de un pueblo que ha sabido cuidar a quienes más lo necesitaban. Como ha relatado el párroco de San Andrés Apóstol, Rafael Prados: “La gente del pueblo trajo mantas, comida, agua, calefactores, leche y café caliente, por si tenían que pasar la noche aquí”.
La HOAC se solidariza con las víctimas, sus familias y con todas las personas trabajadoras que están en las labores de emergencia y acompañamiento.
Elevamos nuestra oración para que encuentren consuelo, fortaleza y apoyo en esta hora de dolor, y renovamos nuestro compromiso de seguir cuidando la vida y la dignidad de quienes trabajan y de quienes sufren.
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La Diócesis de Cádiz y Ceuta se une en oración
por las víctimas de los accidentes ferroviarios
de Adamuz y Gelida
La Catedral de Cádiz acogió en la tarde del 27 de enero una Misa funeral por el eterno descanso de las víctimas de los accidentes ferroviarios ocurridos en Adamuz (Córdoba) y Gelida (Barcelona). La celebración reunió a numerosos fieles y a representantes de la comunidad diocesana, que quisieron unirse en oración y solidaridad ante esta tragedia.
La Eucaristía estuvo presidida por el Administrador Apostólico de la diócesis, Mons. Ramón Valdivia Jiménez, y contó con la presencia de un destacado número de autoridades civiles, militares y académicas. Durante la homilía, el prelado invitó a dirigir la mirada a Dios “Señor de la vida y vencedor de la muerte”, para que el dolor y el sinsentido provocados por la muerte inesperada puedan transformarse en esperanza.
Mons. Valdivia subrayó la dificultad de encontrar palabras de consuelo en momentos como este y apeló al silencio, la prudencia y el acompañamiento cercano ante el sufrimiento. En este contexto señaló que, ante la Cruz, “no caben discursos, solo mirar, amar y acompañar”, como hizo la Virgen María. Asimismo, afirmó que cada una de las víctimas forma parte de un misterio que sobrepasa al ser humano y que Cristo quiere acoger con el amor de su entrega.
Durante la celebración se tuvo también un recuerdo especial por Álvaro García Jiménez, ceutí, capitán del Tercio “Duque De Alba”, fallecido el pasado 18 de enero, en el trágico accidente ferroviario sucedido en Adamuz, y por las personas y profesionales que intervinieron en las labores de rescate, atención y socorro tras el accidente, reconociendo públicamente su generosidad, entrega y servicio en medio de la tragedia.
En otro momento de su intervención, el Administrador Apostólico evocó la noche del accidente en Adamuz, marcada por el silencio y el dolor, pero también por la solidaridad de un pueblo que abrió sus casas y su esperanza a los heridos. En este sentido, pidió que el sufrimiento no quede anclado en la oscuridad, sino que pueda abrirse a la luz de Cristo y a la esperanza de la vida eterna.
La Misa concluyó con una oración por las familias y amigos de las víctimas, por la pronta recuperación de los heridos y por el valor de la vida humana, confiando a todos al amor misericordioso de Dios.
¿Dónde estaba Dios en el accidente de tren de Adamuz? El Obispo de Córdoba responde
Mons. Jesús Fernández, Obispo de Córdoba (España), durante la homilía del funeral por el accidente de tren en Adamuz. | Crédito: Diócesis de Córdoba.

Por Nicolás de Cárdenas
26 de enero de 2026
06:52 a. m.
El Obispo de Córdoba (España), Mons. Jesús Fernández, presidió en Adamuz una Misa funeral por los fallecidos en el accidente de tren y afirmó que “Dios estaba allí” a través de todos quienes acudieron a atender a los afectados.
Durante la homilía, el prelado instó a todos a abrir “nuestros oídos y nuestros corazones a la palabra de Dios que nos acerca al que, siendo el Sol que nace de lo alto, siendo luz, sostiene nuestra esperanza”.
Aunque subrayó que “la misericordia de Dios no termina y no se acaba su compasión”, el obispo no fue ajeno a las preguntas que suscita una tragedia como el accidente de tren sucedido el domingo 18 de enero en el que fallecieron 45 personas: "¿Cómo Dios permitió esto? ¿Dónde estaba Dios? ¿Qué hacer para recuperar la esperanza?"
Mons. Fernández animó en un primer momento a “hacer un esfuerzo por apartar nuestros pensamientos de la dirección de lo trágico” y dirigirlos a Dios.
“Él no nos ha ahorrado a nadie pasar este trago amargo de muerte y dolor, ni siquiera a su propio Hijo Jesucristo. También él tenía una madre que lloró la muerte más injusta y dolorosa”, constató el prelado, antes de apuntar que Cristo “sabía que la vida es más fuerte que la muerte”.
Respecto de la pregunta acerca de la presencia de Dios en mitad de la tragedia, Mons. Fernández consideró que la cuestión “parte de un presupuesto erróneo” que consiste en “creer que el Dios que estableció un mundo regido por sus propias leyes ha de contradecirlas continuamente para asumir la limitación de la naturaleza y del propio ser humano”.
Sin embargo, añadió, la pregunta “tiene tal calado que da lugar a otra respuesta”, contenida en la parábola del buen samaritano.
“A la pregunta inicial, dolorida y hasta escéptica, podemos responder que sí, que Dios estaba allí, que la oscuridad fue vencida por la luz en los mismos vagones accidentados”, expresó el prelado.
Su presencia se hizo patente “porque muchos lo invocaron al ver el inminente peligro. Y, estamos seguros, a 45 se los llevó en paz, a otros les curó sus heridas y los trasladó a la posada, en este caso, al hospital”.
Asimismo, el Señor estaba en los “buenos samaritanos” llegados de Adamuz y otras localidades cercanas y que “rescataron a los heridos de los vagones, ofrecieron los primeros auxilios, los trasladaron, organizaron el operativo”.
También en los hospitales, donde “se vistió de blanco para poner en marcha los quirófanos” o en los lugares habilitados en Adamuz y Córdoba “donde los familiares, invadidos por una tristeza y una ansiedad indescriptibles, esperaban noticias y rezaban a Dios para que todo terminara bien”.
“Dios estaba allí, en los servicios de emergencia, en los médicos, en los psicólogos, en los sacerdotes, en las fuerzas y cuerpos de seguridad, en los responsables políticos”, añadió el Obispo de Córdoba.
Los sacerdotes no pudieron administrar los sacramentos en el accidente
Antes de entrar en la parroquia de Adamuz, donde tuvo lugar el funeral, Mons. Fernández fue preguntado por el hecho de que se hubiera impedido a varios sacerdotes acceder en el primer momento tras el accidente para ofrecer el auxilio espiritual.
Mons. Jesús Fernández achacó esta circunstancia a que “fue un momento de tanta confusión al que no estamos acostumbrados, tampoco las autoridades, y quizás no se midió o se tuvo en cuenta esto, porque pensaban que los muertos ya están todos muertos, y que los vivos que se les puede hacer algo por ellos”.
Nicolás de Cárdenas
Nacido en 1980, soy un esposo y padre de familia español y periodista con más de 20 años de experiencia en medios impresos y digitales, especializado en información sociopolítica y religiosa. He trabajado más de 10 años en defensa de los derechos humanos y tengo acreditaciones en Periodismo y Comunicación Integral. Desde julio de 2022, soy corresponsal de ACI Prensa y EWTN Noticias en España, cubriendo eventos internacionales de la Iglesia Católica.
“Dios estaba allí,
en los mismos vagones
accidentados”
El obispo de Córdoba ha presidido la misa esta mañana (domingo, 25 de enero) en Adamuz, en la Caseta Municipal, donde se han concentrado más de setecientas personas
Adamuz vuelve a tener en el centro de su corazón a las 45 personas que perdieron la vida en el trágico accidente de tren ocurrido hace justo una semana, así como sus familiares, al celebrar la misa funeral por las víctimas en esta mañana de domingo, en la Caseta Municipal de la localidad.
El obispo de Córdoba, monseñor Jesús Fernández, ha presidido la santa misa ante más de setecientas personas y en la que, de manera excepcional, ha estado la imagen de la Virgen del Sol, patrona de Adamuz en el altar. Junto a él, el obispo emérito de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, y el párroco de la localidad, Rafael Prados, han concelebrado la Eucaristía junto a un buen número de sacerdotes, autoridades civiles, militares y académicas, además de personas que vivieron en primera persona el accidente, también voluntarios y efectivos de Protección Civil que prestaron un servicio en la noche del 18 de enero y días posteriores. Guardia Civil y Policía Local de Adamuz han estado representadas en esta misa para rezar por los fallecidos y sus familiares.
El Obispo ha recordado esa noche “oscura y trágica” en la que varios cientos de personas emprendieron un viaje en direcciones opuestas. “Cuarenta y cinco de ellas, nunca llegaron al destino buscado. Su trágica muerte llenó de dolor a sus familias y de consternación a toda España. Otras resultaron heridas de distinta gravedad. La preocupación por su recuperación, continúa. Abramos ahora nuestros oídos y nuestros corazones a la Palabra de Dios que nos acerca al que es la luz: Jesucristo, nuestro Señor”, ha comenzado diciendo en su homilía recordando así a las personas que han visto truncadas sus vidas tras el accidente ferroviario.
Monseñor Jesús Fernández ha aludido al autor del Libro de las Lamentaciones cuando expresa su dolor con palabras trágicas: “Me han arrancado la paz, se me acabaron las fuerzas y mi esperanza en el Señor” y se muestra incapaz de olvidar lo sucedido hasta que decide echar mano de algo que tiene en la memoria y le da esperanza: “que la misericordia de Dios no termina y no se acaba su compasión”. Al hilo de esto, el prelado ha manifestado cómo el domingo pasado “se apagaron las luces de los dos trenes y las vidas de cuarenta y cinco hermanos nuestros”. “Hemos escuchado el lamento de sus familias y allegados. También su corazón se vio privado de la paz y sus labios llegaron a dar por agotada la esperanza. Incluso la fe de algunos se tambaleó brotando más preguntas que respuestas: ¿Cómo Dios permitió esto? ¿Dónde estaba Dios? ¿Cómo siendo una persona tan buena le pudo pasar lo que le pasó?”, ha expresado el Obispo recordando a tantas familias y al pueblo de Adamuz que quedó sumido en la tristeza.
“Aunque nos resulta imposible vivir plenamente el gran dolor causado por el trágico accidente, tampoco somos capaces de apartar de nuestra mente y de nuestro corazón la impresión de tristeza y perplejidad que nos embargan”, ha dicho el prelado planteando la siguiente pregunta: ¿Qué hacer, pues, para recuperar la esperanza? El pastor de la Diócesis ha instado a los fieles a hacer un esfuerzo por apartar nuestros pensamientos de la dirección de lo trágico para recordar, “para volver a pasar por el corazón los regalos que nos fueron proporcionando, no sólo a su familia, sino a todos, en su condición de abuelos, padres y madres, hijos, nietos, vecinos, feligreses”. “Recordemos sobre todo su generosidad, su apertura social, su fe y piedad y volvamos nuestro pensamiento a Dios”, ha aclamado.
“Él no nos ha ahorrado a nadie pasar este trago amargo de muerte y dolor, ni siquiera a su propio Hijo Jesucristo, pero no olvidemos que el amor de Dios Padre hacia nosotros fue tan grande que nos entregó a su propio Hijo al que no le ahorró la muerte con el fin de que “no se pierda ninguno de los que creen en Él, sino que tengan vida eterna”, ha subrayado.
Lo acontecido hace una semana en Adamuz ha planteado a muchos preguntar: ¿Dónde estaba Dios cuando esto sucedió? El Obispo ha respondido que a la pregunta inicial “dolorida y hasta escéptica, podemos responder que sí, que Dios estaba allí, en los mismos vagones accidentados. Estaba allí porque muchos lo invocaron al ver el inminente peligro. Y, estamos seguros, a cuarenta y cinco se los llevó en paz, a otros les curó sus heridas y los trasladó a la posada, es decir, al hospital. Se sirvió para ello de buenos samaritanos, alguno muy joven, llegados de Adamuz, de Villafranca y de otros lugares, buenos samaritanos que rescataron a los heridos de los vagones, ofrecieron los primeros auxilios, los trasladaron, organizaron el operativo…”. Recordando que Dios estaba también allí, en los hospitales, en el hogar de jubilados de Adamuz y en el Centro cívico de poniente en Córdoba, ha concluido pidiendo a todos llenarse de fe y esperanza “para levantarnos y seguir caminando”.
Visita a la zona cero
Tras la celebración eucarística, el Obispo y el alcalde de Adamuz, Rafael Ángel Moreno, han depositado una corona en la zona cero del accidente junto al párroco y una representación de la Guardia Civil.
De esta forma, la diócesis de Córdoba ha querido recordar y rendir un sentido homenaje a las víctimas del trágico suceso, así como a todas aquellas personas que han estado al frente para atender, ayudar y colaborar en todo lo que ha sido necesario estos días.
Fuente: https://www.diocesisdecordoba.es/noticias/dios-estaba-alli-en-los-mismos-vagones-accidentados
A continuación, pueden ver la Misa especial desde Adamuz en homenaje a las víctimas del accidente ferroviario: