HOA DIOCESANA DE CÁDIZ Y CEUTA

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lunes, 5 de julio de 2010

COMUNICADO DE LA ASAMBLEA DIOCESANA DE LA H.O.A.C. DE CÁDIZ Y CEUTA



La HOAC (Hermandad Obrera de Acción Católica), tras la Asamblea Diocesana celebrada el 2 de julio. Entre otros puntos analizó, la difícil situación en que viven los empobrecidos del mundo del trabajo. Siendo nuestra fidelidad a Jesucristo y al Mundo Obrero, la que nos ha llevado a esta reflexión, desde los principios y planteamientos de la Dignidad de la Persona y el Bien Común:


Durante el periodo de crecimiento económico, en España no disminuyó el número de pobres ni de personas en riesgo de exclusión, en su práctica totalidad procedentes de las malas condiciones de trabajo (véase Congreso del VI Informe FOESSA). Por otra parte, el crecimiento económico para los trabajadores en general, supuso más bien perdidas de derechos y situación precaria muy difícil, en especial, para los jóvenes (dificultades para formar una familia), para las mujeres y para los inmigrantes.




Recordemos: Que la avaricia de los financieros provocó la mayor crisis económica de la historia moderna. Consecuencia para España: ¡más de cuatro millones de parados! Los gobiernos tuvieron que dar a las instituciones financieras tal cantidad de miles de millones de euros, que hubieran bastado para eliminar el hambre en el mundo durante más de cincuenta años.


Ahora para solucionarlo presiona el sector financiero y fuerza a los Estados a recortes muy importantes a los de siempre: la congelación de las pensiones, la disminución de la ayuda al desarrollo, al recorte salarial de los funcionarios, la reforma laboral…, el gran problema es el horizonte en el que nos sitúan.


Acabado el fabuloso negocio del ladrillo y las hipotecas, los jugadores del “casino financiero” necesitan un nuevo “parquet” en el que seguir haciendo sus “apuestas”, este nuevo parquet es el Estado del Bienestar y el objetivo es doble. Por una parte, reducir la acción política de los gobiernos para crear las condiciones a fin de que el poder financiero -no los mercados- puedan seguir operando con total impunidad. Por otra parte, los gobiernos tendrán que ir cediendo a la iniciativa privada y asumiendo que el gran volumen de negocio que constituye la sanidad, la educación, las pensiones y el resto de políticas sociales sea privatizado y sometido a la lógica del mercado. El negocio es fabuloso; las consecuencias para los pobres, dramáticas.




Nuestro Obispo D. Antonio Ceballos, en su Carta Pastoral del 1º de Mayo de 2009 «Llamada a la sensibilidad, fraternidad y solidaridad, ante el clamor de las familias sin trabajo», en el punto 6 “Preocupación universal”, nos dice: «Permitidme, pues, que os recuerde y trasmita la preocupación de la Iglesia universal y en particular la del Papa Benedicto XVI, la de los Obispos y la mía propia, por la desgarradora situación de tantos hombres y mujeres, con sus respectivas familias, sin trabajo ni subsidio, privados de los más elementales recursos mientras, en otros lugares o incluso a su lado, otros malgastan o derrochan lo que aquellos necesitan».


Ante esta situación no podemos caer en el derrotismo generalizado, y hemos de ver signos de esperanza. A pesar de la claudicación de las estructuras políticas y sociales, al sistema económico explotador, especulador y deshumanizador, surgen movimientos y personas que luchan contra esta situación injusta: plataformas y movimientos de parados, economistas que plantean otra manera de enfocar la economía, sindicatos que se niegan a más perdidas de derechos de los trabajadores.



Todos podemos y debemos contribuir al cambio de este sistema económico injusto, que fomenta una manera de vivir, de pensar y de actuar que deshumaniza a las personas, a las familias y a las estructuras; debiéndose promover e impulsar una cultura más humanizadora (una nueva cultura), vivir, pensar y actuar desde la cercanía a las personas de nuestro entorno, en solidaridad con los más desfavorecidos, el consumo responsable, la participación en la sociedad en lucha por la justicia. Para ello es necesario, la actitud de servicio, de compartir y de austeridad. En otras palabras pasar de una economía de usureros, mercaderes y especuladores, a una economía del compartir, de Comunión. Esto es posible, los militantes de la HOAC así lo hemos visto en la XII Asamblea General, y estamos empeñados en avanzar en este sentido.


Desde nuestro discernimiento como creyentes en Jesucristo, pensamos que la economía se puede y se debe plantear desde otros parámetros, en la Doctrina Social de la Iglesia encontramos los principios para unas relaciones sociales y económicas que humanizan.



Cádiz, a 2 de Julio de 2010






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