
Imaginar el fin: «Una invitación para que pensemos sobre los graves peligros que nos amenazan».
Es posible que algunos de nosotros, tras considerar la rapidez con la que se suceden los cambios científicos y tecnológicos, y, opuestamente, las decisiones de líderes políticos mundiales de diferentes ideologías políticas, sociales y religiosas, nos preguntemos hacia dónde nos encaminamos o cuál y cómo será el fin de estas vertiginosas y opuestas carreras. Eudald Espluga, con un lenguaje claro y preciso, nos proporciona datos e ideas para que calibremos algunas de esas sendas y descubramos atisbos de hipotéticos finales del mundo actual.
Detalla cómo, en este horizonte de cataclismo, intensificado por la polarización de los debates en torno a la extinción de la especie bajo las tormentas climática, tecnológica, energética y financiera, nos sitúa en la encrucijada de escoger entre el colapso intergaláctico o la utopía ecomodernista, entre el genocidio tecno feudal o el comunismo de lujo totalmente automatizado.
A su juicio, el impulso utópico y la posibilidad de un futuro postcapitalista es un fantasma atrapado en la equívoca disyuntiva entre imaginar el fin del mundo y el fin del capitalismo. Opina que imaginar el fin es profundizar en esa ruptura y mantener la herida cosmológica abierta, sin sustituirla con fantasías solucionistas. Piensa que la imaginación apocalíptica abre una brecha, pero no para escapar de la Tierra, ni para confiar que la nueva Jerusalén baje del cielo en forma de magalópolis en medio del desierto.
Explica cómo el miedo, originado por la oscuridad ante el abismo de lo extraño, de lo insólito y de lo desconocido, es una sensación de inseguridad que brota del conocimiento de nuestra propia fragilidad y del temor a la muerte. En mi opinión, es especialmente oportuno este análisis sobre el miedo generado por el crecimiento de la capacidad humana para autodestruirnos de una manera total. Me resulta acertado su análisis sobre los miedos de una posible catástrofe provocada por la proliferación de armas nucleares, por la creciente crisis climática, por las guerras y las amenazas biológicas, la exposición a nuevas enfermedades por la falta de regulación de la inteligencia artificial y, sobre todo, por el crecimiento de líderes políticos que, elegidos por los ciudadanos, actúan apoyándose en falsedades, infundiendo miedo y descalificando a los adversarios mediante simples insultos.
A mi juicio, es original, positiva y estimulante su propuesta de la participación de los ciudadanos con la intención prioritaria de hacer visible un modelo de político inhumano y de sustituirlo por otra concepción “vital” más humana, razonable y tranquilizadora. Como el mismo autor nos dice, esta situación “es una invitación para que nosotros pensemos y para que actuemos”.
Detalla cómo, en este horizonte de cataclismo, intensificado por la polarización de los debates en torno a la extinción de la especie bajo las tormentas climática, tecnológica, energética y financiera, nos sitúa en la encrucijada de escoger entre el colapso intergaláctico o la utopía ecomodernista, entre el genocidio tecno feudal o el comunismo de lujo totalmente automatizado.
A su juicio, el impulso utópico y la posibilidad de un futuro postcapitalista es un fantasma atrapado en la equívoca disyuntiva entre imaginar el fin del mundo y el fin del capitalismo. Opina que imaginar el fin es profundizar en esa ruptura y mantener la herida cosmológica abierta, sin sustituirla con fantasías solucionistas. Piensa que la imaginación apocalíptica abre una brecha, pero no para escapar de la Tierra, ni para confiar que la nueva Jerusalén baje del cielo en forma de magalópolis en medio del desierto.
Explica cómo el miedo, originado por la oscuridad ante el abismo de lo extraño, de lo insólito y de lo desconocido, es una sensación de inseguridad que brota del conocimiento de nuestra propia fragilidad y del temor a la muerte. En mi opinión, es especialmente oportuno este análisis sobre el miedo generado por el crecimiento de la capacidad humana para autodestruirnos de una manera total. Me resulta acertado su análisis sobre los miedos de una posible catástrofe provocada por la proliferación de armas nucleares, por la creciente crisis climática, por las guerras y las amenazas biológicas, la exposición a nuevas enfermedades por la falta de regulación de la inteligencia artificial y, sobre todo, por el crecimiento de líderes políticos que, elegidos por los ciudadanos, actúan apoyándose en falsedades, infundiendo miedo y descalificando a los adversarios mediante simples insultos.
A mi juicio, es original, positiva y estimulante su propuesta de la participación de los ciudadanos con la intención prioritaria de hacer visible un modelo de político inhumano y de sustituirlo por otra concepción “vital” más humana, razonable y tranquilizadora. Como el mismo autor nos dice, esta situación “es una invitación para que nosotros pensemos y para que actuemos”.
[Eudald Espluga,
Imaginar el fin,
Barcelona, Paidós (2026)].
José Antonio Hernández Guerrero, reflexiona, semanalmente en nuestro “blog”, sobre las Claves del bienestar humano el sentido de la dignidad humana y el nuevo humanismo. Actualmente, nos envía también una reseña semanal sobre libros de pensamiento cristiano, evangelización, catequesis y teología. Con la intención, de informar, de manera clara y sencilla, de temas y de pensamientos actuales, que gustosamente publicamos en nuestro “blog”.
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