Un abrazo de Paz.
Ángel Corbalán
El compromiso y la implicación
Hay palabras que utilizamos con mucha frecuencia y que, sin embargo, encierran matices diferentes. Dos de ellas son compromiso e implicación.
Podemos comprometernos con una causa, con un proyecto, con una persona o con una idea. El compromiso supone asumir una responsabilidad, mantener nuestra palabra y ser coherentes con aquello que hemos decidido apoyar.
Pero la implicación va un paso más allá. Implicarse significa involucrarse, participar, estar presente, aportar nuestro tiempo, nuestra energía y, sobre todo, nuestro corazón.
La gallina y el cerdo
Quizá la diferencia pueda entenderse mejor con un ejemplo muy sencillo. Hace algo más de cincuenta años, un profesor en Estados Unidos compartió conmigo una reflexión que utilizaba algo tan cotidiano como un desayuno americano de huevos con bacon.
En ese desayuno participan dos animales: la gallina y el cerdo.
El cerdo está implicado: para aportar el bacon, entrega mucho más de sí mismo.
Puede parecer una historia sencilla, incluso graciosa, pero encierra una enseñanza profunda. Una cosa es decir «estoy comprometido» y otra es vivir ese compromiso desde la verdadera implicación.
El compromiso nos lleva a cumplir aquello que hemos asumido. La implicación nos invita a dar un paso más: involucrarnos de verdad, participar, buscar soluciones, estar presentes cuando hace falta y poner una parte de nosotros mismos en aquello en lo que creemos.
Con los años he aprendido que muchas cosas importantes comienzan con las palabras, pero adquieren verdadera fuerza cuando las acompañamos con nuestras acciones.
Y esto adquiere un significado especial cuando hablamos de valores, de solidaridad, de convivencia y de Paz. Porque todos podemos expresar nuestro deseo de construir un mundo mejor.
¿Qué estamos haciendo cada uno de nosotros para ayudar a construirlo?
Ahí comienza la diferencia.
Una palabra puede acercar y unir. Puede animar, inspirar y abrir caminos. También nuestras acciones hablan. Cada gesto puede convertirse en un puente. Cada actitud puede sembrar confianza. Cada pequeño compromiso puede transformarse en una semilla de Paz.
Por eso, cuidemos nuestras palabras, pero cuidemos también aquello que hacemos después de pronunciarlas. Porque cuando nuestras palabras y nuestras acciones caminan juntas, el compromiso se convierte en implicación.
Y cuando muchas personas hacen de ese compromiso una forma de vida, algo comienza a cambiar.
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